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II Simposio de Arte Contemporáneo
en la UDLA
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Se esperaba con ansiedad conocer el tema de esta convocatoria
después de los temas de procesos de creación, legitimación
y promoción abordados en el I
Simposio Internacional de Teoría de Arte Contemporáneo
(SITAC) en Enero del 2002 en el DF. La controversia de la
curaduría requería mayor profundización y
se convirtió en la trama de este II Simposio: "El
malestar de la curaduría". Estuvo dirigido por Osvaldo
Sánchez invitando a curadores del grupo "CURARE",
a otros independientes como La Panadería y Mónica
Mayer, y a varios que trabajaban en Caracas, Guayaquil y Nueva
York. Las ponencias escritas para este Simposio serán publicadas
en Junio 2003 por la revista CURARE como fueron publicadas las
del I Simposio en el número 17 de la revista.
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La actividad de curador, "curator" en inglés,
conservador o comisario en España, ha adquirido relevancia
en la última década, a pesar de no ser bien definida
por sobreponerse a actividades ya existentes en el campo museológico.
La figura del curador se situaba en el limbo. Desde finales de
los ochenta su perfil se ha delimitado en búsqueda de una
postura independiente de los lineamientos oficiales del arte y
su actividad ha opacado al director de museo, al crítico
y al artista. La curaduría adquirió una naturaleza
crítica en su ejercicio, orillando en su ascenso al papel
de la crítica de arte misma coincidiendo con la difusión
de las nuevas tecnologías de información de masas.
El curador se ha instituido como un agente necesario en el panorama
del arte. Uno de los roles que asume es el de "facilitador",
mediando entre el público y las instituciones de exhibición.
Hacía falta delinear cómo surge la noción
de curaduría al no existir un seguimiento de la misma.
Francisco Reyes aportó en el Simposio una arqueología
de su aparición. El ámbito del museo en México
era dominado por las instituciones del estado. Los cargos directivos
de las instancias culturales recaían en funcionarios de
la administración pública.
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Las esferas de poder y los creadores se distanciaron. Para
los años setenta la actividad ejercida hoy por el curador
aparecía en los créditos del catálogo de
exposiciones como "coordinación" después
de mencionar el responsable de la "museografía".
En el año 85 se describe su actividad en la exposición
"¿A qué estamos jugando?" como "Director
Huésped". Y no es hasta el año 1989 cuando,
en el catálogo de la exposición organizada por
Mariana Yampolski celebrando los 150 años de la fotografía
se le menciona como curadora. Así que, es al final de
los ochenta cuando surge la figura del curador independiente
impulsando la nueva escena postmoderna en el arte. En México
este grupo llega a monopolizar la práctica curatorial
determinando nuevos rumbos a las artes plásticas arrogándose
lo que Oliver Debroise, en el Simposio, señalaría
quizás atrevida y ostentosamente en la frase "Si
no hubiera sido por los curadores, en México todavía
se seguiría haciendo pintura abstracta".
Presentó el Simposio Osvaldo Sánchez relatando
un cuento que dejó a los asistentes con la impresión
de quien se quiere "curar en salud". Los comentarios
de un crítico a la obra de una artista señalando
que a pesar de su calidad "le falta profundidad" se
vuelven para la pintora una persecución interna obsesionante
que le lleva, tras abandonar su producción artística,
al suicidio, el cual tampoco pudo consumar con "profundidad"
en su caída mortal al planear hacia la superficie del
mar. El crítico, escribiendo entonces sobre la muerte
de la artista, se lamenta paradójicamente que la artista
no supo darse cuenta en su comienzo de la profundidad que guardaba
su obra.Las ponencias del día transcurrían sin
que se tratara la temática del "malestar de la curaduría"
a la que el Simposio emplazaba.
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Los avatares de la, hoy, extinta galería
independiente "La Panadería" fueron presentados
por Artemio Narro y Paola Santoscoy perfilando la problemática
de los espacios independientes de exposición organizados
por los propios artistas. Después, una densa, y difícil
de seguir, ponencia de Oliver Debroise auscultaba el entramado
de las cuatro exposiciones, recientemente organizadas en el extranjero,
de arte mexicano contemporáneo señalando las diferencias
de criterio en la curaduría y el problema de lo mexicano
en el arte contemporáneo y cómo se llega a los clichés
de representación nacional. Sofía Hernández
desde su experiencia en "The Americas Society" en Nueva
York señalaba la excesiva atención puesta en el
curador y no en la estrategia compartiendo su impulso de nuevos
modelos curatoriales con maniobras de apertura y diálogo
entre artistas, instituciones y curadores en su institución.
Es de notar en el vocabulario de las ponencias la palabra "plataforma"
que fue utilizada profusamente añadida al derroche de elucubración
intelectual como autorreferencialidad, instrumentalización,
hegemonía, legitimación, estrategias, ideologización,
discursos estéticos, practicas artísticas, narrativa
histórica, imaginarios...
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Artemio Narro y Paola Santoscoy
de "La Panadería"
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Francisco Reyes, fundador y presidente de CURARE,
planteó la esencia de la curaduría en su ponencia
con una lúcida profundización y certero análisis
del pasado, la situación en el presente y su futuro. Delineó
la situación de la curaduría en lo que José
Luis Brea denomina la nueva "Era Postmedia". Nuevos
medios traen nuevos curadores. El perfil del curador se modifica
en esta situación que proclama el fin de la materialidad
del objeto y la muerte del autor en la nueva era postmedia. La
creación en Internet se elabora con la incorporación
activa del espectador participante que altera la obra en constante
conformación. El artista trabaja con impulsos digitales
y el curador ha de transformarse en un INVESTIGADOR TRANSDISCIPLINARIO
EN EL NUEVO ENTORNO DE RED. De cualquier modo, finalizaba, no
habría que preguntarse sobre qué tipo de curador
sino quién es el verdadero encargado del control en los
nuevos esquemas de la cultura. Posteriormente, Itala Schmeltz,
directora de la Sala de Arte Público Siqueiros, repasa
los espacios de ese lugar como actividad expositiva de arte público
interdisciplinario experimental. Y luego, Ruth Auerbach, directora
de la sala Mendoza en Caracas ofreció una mirada a la paradójica
y controvertida situación del arte venezolano envuelto
en su crisis socio-política.
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Como remate y degustación del Simposio,
Mónica Mayer, finalmente, pone el acento en el tema y
el "malestar de la curaduría" sale a relucir
sin tapujos. Mónica Mayer antepone en su ponencia que
el malestar está sustentado por la atmósfera de
insatisfacción de orden general en la cultura. Existen
varios malestares fundados en diversas clases de curadurías.
Predominantemente se centra en la actividad del poder ostentado
por los grupúsculos surgidos del cambio generacional
de poder en el arte, promovedores internacionales del arte actual
propositivo de México y que con el cambio de sexenio
tomaron por asalto el sistema. La bronca es, como dice Mónica
Mayer, que estas células activas han privilegiado una
línea de arte, una línea de curaduria haciendo
visible o apoyando solamente la estrategia de los pertenecientes
a este corpúsculo o mafia. También denunció
el malestar contra los "trepadores ignorantes" que
abundan como organizadores de exposiciones, que no curadores,
artistas sin capacidad o funcionarios con aspiraciones artísticas
preocupados más bien por escalar la rampa del prestigio
artístico apoyándose en la difusión de
los artistas doblegados a las imposiciones del mercado artístico
del momento. Mónica Mayer, irónicamente, resaltaba
también otro malestar de la curaduría afirmando
su inexistencia. Apenas, decía, hay 50 curadores dedicados
al arte contemporáneo en todo el país y "Es
más fácil salir en la pagina del HOLA que ser
tomado en cuenta por un curador de arte contemporáneo".
Así que instaba a los artistas a aceptar la triste realidad
de que "jamás ningún crítico y ningún
curador nos va a pelar".
Hubo entre el público quien, incluso, caracterizó
a los curadores como "artistas conceptuales pretenciosos".
Definitivamente hay muchas formas de practicar la curaduría,
pero muchos tipos están determinados por la actitud "discjockey".
Eligen los artistas y las piezas que les interesan para entonar
su visión o idea identificándola como "proyecto",
que es el término en uso, usurpando el protagonismo de
la creación. Éste y el cómo detentan el
poder exclusivizando su visión fueron los descontentos
más señalados en las opiniones.
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Oliver Debroise

Francisco Reyes
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