La tentación de resistir es algo más que un anagrama clave para los cubanos sometidos a carencias materiales y espirituales. Resistir es la causa de que un pedazo de tierra flotando en el mar haya perdurado como utopía para unos y distopía para otros. Ángel Delgado se ha valido de su anhelo de supervivencia para sentirse emblema de una isla que no consigue olvidar sus momentos difíciles. Los dibujos y objetos le han permitido recrear el complejo de impotencia en situaciones límite donde la fuerza es una ilusión colectiva. Las acciones de enterrarse con utensilios domésticos de los habitantes de Cayo Carenas o de hundirse en la superficie enjabonada de un ataúd encarnan el vértigo de la soledad y, al mismo tiempo, el miedo del artista a desaparecer aislado de su razón de ser. Todo ello se configura en una visualidad agónica regida por el masoquismo simbólico.
Constancias muestra el giro estratégico de una poética articulada por el residuo testimonial de lo autobiográfico. Si antes el invento del recluso propiciaba la invención del creador, ahora se acentúa el peso de lo arquetípico como sustituto de lo típico de un proceder sucio y marginal. Pero la transición formal no implica un abandono de los contenidos vitales. Como un productor visual de la experiencia, Ángel toma distancia de su tiempo para fabular desde otro espacio ajeno a los traumas insulares. La resistencia a la política cede su protagonismo a la resistencia al mercado. Por lo que resalta un interés por estetizar el caos sin banalizar la esencia del relato Las sutilezas alegóricas presentes en esta exhibición reafirman que el dramatismo de las historias reales no es un salvoconducto para el buen arte. Estos objetos e instalaciones ilustran esta paradoja de la complicidad entre el arte y la vida.
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