Otra vez Cattelan se entrega a la justicia impedida de procesar al falso ladrón por sus atracos referenciales. Jorge Luis Borges decía que la literatura es un eterno plagio. El arte contemporáneo también lo es y vale aclarar que la similitud no debe avergonzar a nadie. Dicha analogía reafirma otro lugar común: la ansiedad de las influencias como detonante para reciclar operatorias capaces de reactualizar a los clásicos. ¿Y qué significa reactualizar a los clásicos? Simplemente citar con ironía y seducción a lo que ya forma parte de la memoria cultural. Lo paradójico de esta muestra consiste en que logra decepcionar a los seguidores del artista y, de igual manera, cautivar a quienes lo consumen por vez primera en términos de una curiosidad inevitable.
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La retrospectiva de Maurizio Cattelan en The Menil Collection prueba que los grandes artistas están destinados a luchar frente a la dimensión de su pasado. En esta ocasión, el autor de piezas controversiales, sobrecogedoras y espectacularmente universales como La Nona Hora (1999), Him (2001) o Hollywood (2001) ha sido superado por él mismo. Es decir; que se posterga el reto de superar el listón de sus obras emblemáticas. Aunque ello no significa que el combate ha terminado. En tales casos, la humilde soberbia del talento deberá imponerse a la arrogancia de creerse inmortal antes de merecerlo. |