Memoria fotográfica. Uno sin el otro.
Fotografías y películas de viaje de Rufino Tamayo / Retrato de su curador.

uno sin el otro

Roberto Barajas

Uno sin el otroEn Uno sin el otro… las preguntas que más inquietan al  artista uruguayo Alejandro Cesarco (Montevideo, 1975) se definen a partir del interés por desmembrar la historia del artista en fragmentos visuales, buscando definir la relación, quizá poco conocida, entre el artista y el compromiso incansable del curador, especialista en la vida y obra del muralista.

¿Cómo presentar visualmente dicha relación?, ¿Por qué hacer que estos dos personajes compartan escenario?, ¿Cuál es la relación entre las dos series de informaciones que pretendía presentar? son algunas de las preguntas que Cesarco tuvo que hacerse, para generar el diálogo íntimo entre los dos protagonistas de su intervención artística, una vez inmerso en los archivos y materiales documentales.

Con una cantidad que rebasa las 2 mil fotografías y 50 películas inéditas pertenecientes a los archivos personales de Tamayo, la propuesta del uruguayo se compone de 320 fotografías y 19 películas, aludiendo a los viajes del muralista mexicano en compañía de su esposa Olga. Realizados entre 1950 y 1980 a Nueva York, Perú, Grecia, Francia, Brasil, Italia, Israel, India, Tailandia, Japón, Guatemala, y  estados de la Republica Mexicana.

Conocido como un pintor de colores y formas líricas básicas, la muestra evidencia la desconocida afición del oaxaqueño por la fotografía realista y documental. Una duda surge al ver la obra: influyeron estas fotografías en la composición plástica de la obra del artista? o en la  representación de su universalismo pictórico que resalta  en su obra mural y pictórica? Duda que, por cierto, queda en la opinión de quien se lo pregunta, pues el objetivo de la exposición no centra su atención en resolver esta incógnita, sino a realizar un estudio sobre las distintas formas en las que el mundo se le presentaba a Tamayo mediante la fotografía.

Uno sin el otroTamayo fue un incansable observador de la cotidianidad. En su obra retrata los instantes que también, en muchos de sus viajes, solía documentar en la fotografía y el cinematógrafo. Sin duda y una vez vista las imágenes elegidas para esta muestra, se entiende por qué los viajes ilustraran su percepción y definieran el enfoque de su mirada, casi instintiva, al reinterpretar la naturaleza y definiendo el devenir de sus imágenesencausadas a la acción de recordar, para retomar y plasmar imágenes de cotidianidad en la disciplina que mejor que valió desenvolverse, la pintura.

La labor artística más interesante de Cesarco fue desentrañar la relación del especialista en la obra del oaxaqueño y el mismo Tamayo con el objetivo de evidenciar esta relación, aunado al reto artístico por presentar el ámbito histórico y consecuente de la percepción y sus principales atracciones, en la mirada del pintor.

Uno sin el otro… destaca por la ausencia en las obras de Tamayo (pintura de caballete, murales, gráfica) intercambiadas por fotografías e imágenes documentales de sus viajes, proyectadas como parte de la iniciativa artística del uruguayo. Enfocado en trabajar sobre los archivos del pintor y su entrañable relación con Juan Carlos Pereda, diseña un diálogo entre ambos: artista-curador, como prioridad de su investigación e intervención artística.

En gran medida, el concepto de la exposición se ilustra bajo la referencia del largo título y su doble intencionalidad; la evidencia y el retrato. Para el uruguayo el primer reto consistió en contar con una perspectiva amplia y sensible de los dos protagonistas de la muestra, Rufino Tamayo y Juan Carlos Pereda, aún cuando el archivo de Tamayo yace sumergido en la total clandestinidad de su resguardado. Creador de olvidos o historia silenciada, parafraseando el texto curatorial a la entrada de la exposición, Tamayo se muestra como el coleccionista de imágenes y momentos inalcanzables en el tiempo, pero capturados por su lente de turista y antropólogo.

Uno sin el otroBajo esta relación entre artista-curador se funda el trabajo artístico del uruguayo. Lo que deviene de esta iniciativa es la estrecha relación y el conocimiento archivístico de un curador que, apoyado en las imágenes que se conservan, presenta una faceta poco conocida de la personalidad de Tamayo. Aspectos que Cesarco traduce al encontrarnos con las imágenes urbanas tomadas de Nueva York, las sandias amontonadas en pirámide dentro del tianguis, los azules de fondo provinciano y las indígenas sirviendo de musas en sus enfoques, frente a fondo coloridos.

Junto a este trabajo de investigación, nos encontramos con una serie de textos realizados por Pereda, acompañando el recorrido de la exposición, bajo una museografía modesta y destacando la minuciosa labor archivística.

La regulación de las imágenes fotográficas, las ediciones fílmicas y los textos de Pereda se conjugan para formar una estructura lógica y secuencial, similar a la bitácora de viaje o metáfora de una realidad histórica en constante movimiento. El artista y curador uruguayo se sirve de estas imágenes, encaminado por las consecuencias que la propia historia le dicta desde el documento (archivos del artista) y la memoria (en este caso protagonizada por las imágenes y el propio Juan Carlos Pereda), mientras realiza un ejercicio de inclusión sobre cada uno de estos elementos, a partir de su acervo. 

Todo aquello que se desea conocer sobre el pasado, descansa bajo la tutela privilegiada del documento como archivo. Contar con un pasado documentado por el cual se alimenta el antecedente histórico que define el presente, ya sea éste sobre una nación, un lugar o una personalidad en particular, se pronuncia por una estética de la memoria, al abordar contextos sobre los cuales la intrusión del arte rearticula el concepto del documento y el archivo, a partir de los principios de resguardo, conservación y difusión de la información como huella testificante de la historia. 

Uno sin el otro Uno sin el otro

En este sentido, la muestra nos invita a fijar especial atención en el medio de representación como documento, en este caso, la fotografía, así como la actividad reflexiva por rememorar y representar en dicho documento, la función de la memoria, persiguiendo una relectura de la información con fines estéticos.

Uno sin el otro… presenta una faceta distinta del pintor, traducida primero por un curador que funge como intérprete de éste y un artista que convierte toda esta comunión en una elocuente dinámica, con fines estéticos y en diálogo con la historia que se resguarda bajo su acervo.

Uno sin el otroLos textos que acompañan la cara contraria a las proyecciones destacan por su narrativa anecdótica, delineando datos biográficos y sobre la técnica utilizada en las obras elegidas por Pereda para comentar.  Aunque también podrían simular la voz en off dentro del propio recorrido museográfico, mientras la voz silenciada de Tamayo, no menos presente, acompañan al imaginario del visitante detrás de las anotaciones biográficas de las 5 obras que habla el curador, y que yacen ausentes en la sala. Haciendo de la labor archivística un referente figurado con títulos y colores de piezas determinadas, sin que necesariamente se encuentren presentes en la exposición.

Los textos biográficos del artista, en ausencia de las obras y montados sobre las imágenes de archiveros, sólo pueden hablar del retrato insinuado del curador en relación con la propia historia que él mismo se ha encargado de conservar y de la que también ahora forma parte, dentro del proyecto de Cesarco.  

En la sala de exhibición no están presentes las pinturas citadas por Pereda, sin embargo, el afán por ilustrar características biográficas y técnicas de su autor, invitan a una relectura dentro del universo archivístico de la interpretación y la representación de una mente especializada y sensible a una imagen ausente, pero, más aún, a la presencia de un artista que, creamos o no, (y esta podría ser una de las aportaciones más importantes en la propuesta de Alejandro Cesarco) se encuentra presente en cada una de las imágenes encontradas en su archivo, así como en la narrativa planteada por el curador.

Lejos de insinuar una postura sobre las ideas políticas del pintor, sus relaciones con otros muralistas o posibles ideologías, las imágenes muestran la imagen de un pintor despreocupado por ninguno de estos ideales perseguidos en su época. Sus imágenes hablan de los contrastes sociales sumergidos en la riqueza de sus paisajes provincianos, el crecimiento urbano y su refinamiento familiar, plasmado en la imagen de su esposa Olga recibiendo el cariño de sus dos perros.

Uno sin el otroLuego de una vida dedicada a la obra del artista, poco importa la precisión sobre los detalles descritos por Pereda, el retrato del curador y el artista se retroalimentan uno al otro, según plantea el uruguayo, al mostrar imágenes inusuales sobre el trabajo y la vida de Tamayo, como una versión de su acervo y los textos de su curador.

Como muestra encontramos la historia dedicada a Retrato de niño, 1928, texto en el cual el curador habla de las posibles inspiraciones y la etapa adolescente de su autor, o Autorretrato, 1946, repintado en 1967, que hace referencias mucho más personales sobre el carácter del pintor, o bien, sobre su vida en pareja contada a partir de la obra pictórica Rufino y Olga, 1934. 

La muestra juega con el retrato de una cotidianidad ilustrada por la fotografía, en movimiento con las imágenes y los paisajes filmados sobre disciplinas que el pintor sólo ejerció como afición. Difícilmente podremos saber si Tamayo habría imaginado contar la historia de sus viajes junto a su esposa, a través de sus archivos. Sin embargo, la legitimación de estos, la labor de resguardo y difusión como investigación archivística, adquieren una importancia protagónica en la propuesta del Cesarco, escapando de todo escepticismo posible y apoyado en la historia que se conserva.

La inclusión de un artista uruguayo y la mediación de éste con la historia del oaxaqueño, nos hace pensar en la urgencia, siempre viable, por reinterpretar a grandes artistas de la historia del arte, en busca de un pasado actualizado, siempre con aportaciones e hipótesis que repercutan en el presente y que dejen abierto el contexto de su reinterpretación a nuevas generaciones.

Lo interesante en estas aportaciones y que hasta la fecha parece quedar la mayoría de las veces pendiente, es mostrar una visión crítica y resonante a la contemporaneidad de su autor, sin que con ello las referencias a los grandes maestros de la pintura en cualquier lugar del mundo sea sólo homenajear la figura de un personaje que logró representar una nación y desarrollar un estilo personal en la historia del arte. Uno sin el otro… obedece a las exigencias del curador especialista y a la mediación negociante de un artista extranjero que promueve, con fines estéticos y contemporáneos, el estilo de un pintor que se muestra en la propia historia de sus documentos, como archivo.

Uno sin el otro Uno sin el otro Uno sin el otro

Comentarios

Comenta esta nota.
Envía tu mensaje en la sección CONTACTO

 

Fecha de publicación: 30.04.2011