Paisaje artificial; Inmaculada Abarca,  reflexiones de la artista sobre su obra

Inmaculada Abarca

Inmaculada Abarca

Retales en clave de flor / Paisajes migratorios.

Inmaculada Abarca, Retales en clave de flor, 2011Ropa usada de mujer con una abrumadora presencia de flores y elementos vegetales particularizan esta pieza. Una reflexión en torno a la representación misma, como una manera de subversión, en la que la mirada que contempla puede transformarse por la mediación del objeto contemplado, en aquella otra mirada capaz de recordar las ausencias.

El reciclaje de estas vestimentas femeninas impregnadas de historias y la acumulación de bastidores, esqueletos de madera, revestidos con esas telas, construyen paisajes, tiempos y espacios, lugares por los que transitan personas y culturas. La reutilización de esos estampados vegetales, permite una nueva narrativa, fruto de la obsesión botánica que nos reviste de naturaleza. De la misma manera, la representación de las flores y su presencia más allá de lo natural, permite la experiencia de la hibridación entre lo sublime y el kitsch.

Estos retales de realidad mantienen la huella y la medida de las personas que en un tiempo fueron sus dueñas y a modo de regeneración hacen que las flores resurjan entre los montones de ropa desechada que germinan en nuestros mercados populares, testimoniando los hábitos de las sociedades desarrolladas. Productos del exceso, la sola presencia de estos montones de ropa denuncia la “globalización” de una economía mundial, infinita productora de basura, en donde todo es desechado tarde o temprano por la moda, a favor de un mundo de, por y para el consumo.

Retales en clave de flor es una metáfora de los movimientos migratorios. Esta pieza se sirve de la indumentaria como elemento físico, pero usa su específica ornamentación vegetal y floral como metáfora de lo social, de lo doblemente utilizado, haciendo incluso referencia a los recursos exprimidos. Resignifica la problemática actual de las migraciones contemporáneas.

Inmaculada Abarca, Retales en clave de flor, 2011Los bastidores acumulados nos remiten al mundo de la pintura. Son representaciones de flores, ornamentos y paisajes que nos remiten a otro tiempo y nos resultan reconocibles y cercanos. Pero también son escultura. Con Retales en clave de flor/ Paisajes migratorios, la realidad vivida se concreta en una acumulación de bastidores con motivos florales que construyen un paisaje compuesto por la proliferación y la multiplicidad de estos pequeños montones de cuadros.

Situándose entre la pintura y la escultura, simultanea el universo de la representación en una transposición de realidades económicas entre los países en desarrollo y las sociedades desarrolladas. Los ornamentos textiles son recuperados con el afán de acercarnos a una serie de hábitos que  pasan desapercibidos en su conceptualización de imagen de lo natural como alternativa de esperanza.

Hechos a veces a medida y cosidos a mano, estos vestidos son retales de una infancia, recuerdos de madres que cosen, historias personales, agujas y máquinas de coser, cuerpos femeninos que se entrelazan con manos hábiles para unir, reciclar y mirar de nuevo. Si la palabra encarna dando nombre y existencia al ser, las imágenes constituyen imitan nuestro mundo, al punto de convertirse en el éxtasis de la mirada, en una perversión. El reverso de esta mirada, nos introduce en el mundo de la seducción a través del simulacro. Baudrillard [1] nos hace reparar en la utilidad de este proceso apuntando sobre el uso de la seducción y el trompe l´oeil, no para confundirnos con lo real, sino para producir un simulacro con plena conciencia del juego y del artificio. Sobrepasar el efecto de lo real y sembrar la duda es la clave. , al fin y al cabo, las verdades son ilusiones de las que nos olvidamos que lo son, son metáforas gastadas y sin fuerza.

No estamos pues ante una serie de objetos prefabricados que respondan al juego de la seducción desde la frivolidad, ni tampoco al juego lúdico del gusto por lo kitsch. En esta ocasión el desdoblamiento de la realidad, pasa por la resemantización de la cotidianeidad doméstica, proyectando más allá de las apariencias, una verdad que devela el aspecto íntimo de nuestras pequeñas y diarias muertes, pero que fluye a través del río constante de la vida, así como también de los goces del amor, del dolor y a veces, por extensión, del hogar y de la familia.

Estos cuadros no ponen entre paréntesis ni suspenden el referente al que nos remiten estas flores, modelos generadores aparentes de felicidad, sino que trabajan, por un lado, teatralizando la representación para cuestionar la referencia y por el otro, ofrecer la posibilidad del ritual mágico, para aludir a las múltiples y calidoscópicas caras de la convivencia con nuestro entorno.

Anhelo vegetal

Inmaculada Abarca, Retales en clave de flor, 2011El mundo vegetal es fundamental en todos los aspectos de la cotidianeidad, desde el cobijo y la posibilidad de un hábitat, a la vestimenta, medicinas, alimento, armas y herramientas. No es de extrañar que en todas las civilizaciones se aprecie una gran relevancia en las representaciones de lo vegetal. El simbolismo presente en la mayoría de dichas representaciones es innegable y como tal, ha sido estudiado por la heráldica, tanto en las imágenes que se presentan de la manera más esquemática, como en aquellas que conservan un sentido botánico más fiel al aspecto externo de lo representado.

Siguiendo a Mircea Eliade [2], una de las razones específicas por las cuales el humano se ha sentido identificado con todo lo vegetal es, su posición erecta, que le hizo sentirse muy relacionado con los árboles, los arbustos e incluso con la hierba. Por otro lado, el aspecto esencial de las plantas y su ciclo anual, hacen posible que el ser humano, experimente en el plano simbólico, el misterio de la muerte y la resurrección. La carga semántica del ornamento vegetal extiende de esta manera, su ámbito de influencia. El ornamento se torna soporte material de una idea que conforma una unidad difícilmente escindible, fuente fundamental de conocimiento de lo humano y de su relación con la Naturaleza.

Desde la perspectiva espacio-tiempo, el mundo vegetal siempre nos sorprende. Debemos considerar que si bien desde nuestra perspectiva, las plantas nos parecen aparentemente inmóviles, lo cierto es que los vegetales tienen parámetros temporales diferentes a los nuestros. El vegetal domina el tiempo, el animal el espacio. El vegetal no puede desplazarse, pero en contraposición puede esperar, la planta espera a que el medio cambie [3]. Si pensamos en su capacidad de propagación, la imposibilidad de movimiento se presenta en cuanto al individuo, no así con respecto a la especie. Podríamos decir que los vegetales viven en otro tiempo distinto al nuestro, tienen una capacidad diferente para aliar la vida y la muerte. Son capaces de detener el crecimiento de un embrión hasta que las condiciones medioambientales sean las propicias, cosa que animales no han podido evolutivamente desarrollar. Es lo que conocemos como vida latente y  pareciera que el gusto humano por las flores y las plantas, por vestirse con la naturaleza, es lo que secretamente anhela.

Una las características fundamentales del mundo vegetal que más atrae al humano y por lo tanto, también influye en el mundo de la plástica, es su poder de transformación. De las fases que experimenta la planta en su proceso vital desde su ser semilla, al brote, el tallo, el rizoma, la rama o la flor, lo que asombra es su capacidad para adoptar formas tan diferentes. De manera intuitiva en cada uno de estos procesos el hombre ha encontrado una proyección simbólica que le permite explorar su propio ser esencial.

Manto floral

Inmaculada Abarca, Retales en clave de flor, 2011Es en el campo de la representación floral donde se va más allá del juego estético, encerrando las imágenes incluso contenidos morales y filosóficos. Desde la perspectiva de la simbología podemos decir que el hombre ha identificado siempre las flores como imagen de vida.

Así, las flores se han considerado un medio para la expresión de los sentimientos más nobles. Símbolos de lo bello, de la alegría, del placer e incluso del amor, generalmente están asociadas con lo efímero y vulnerable. Son para el hombre un signo dual que por su esencia y por su forma, hacen referencia tanto a la vida más exuberante como a la muerte y la posibilidad de renacimiento. Las flores han desarrollado, dentro de la cultura de todos los pueblos, patrones que aún siendo ambiguo, establecen un lenguaje, una forma de comunicación capaz de trasmitir valores.

Dentro del arte contemporáneo, el uso de las flores ha encontrado diferentes nichos. Gill Saunders nos dice que lo que más nos atrae de las mismas es su poder de metamorfosis. Nuestra fascinación por ellas, más allá del atractivo de sus formas y colores radica en su capacidad de transformación, en especial, en la rapidez con que se abre el capullo, la flor se expande y luego se marchita, vívida metáfora del ciclo de la vida humana y de la fugacidad de la belleza, el vigor y la vitalidad [4].

Para Georges Bataille, la visión de una flor, no solo revela esta parte esencial de la planta, sino que fundamentalmente provoca reacciones mentales mucho más significativas, porque la flor expresa una resolución vegetal oscura [5] y sus cualidades simbólicas van más allá de la apariencia seductora que las flores ejercen sobre los seres humanos. En esta metáfora y a la vez metonimia sexual, en este movimiento entre lo que se expone como bello, la parte externa de la planta y lo que se oculta (raíces), surge una dirección de arriba hacia abajo que define esencialmente implicaciones de carácter moral, significaciones que se asignan a los fenómenos naturales de manera causal. En este contexto es definitivo que todas aquellas representaciones que sigan la pauta vegetal encuentren un eco en nuestra percepción.

El ornamento floral forma parte del mundo de la indumentaria femenina. De ello dejan constancia estos cincuenta y un, paisajes floridos en los que podemos observar, la acumulación abrumadora de elementos florales.

La idea de expandir la reflexión sobre arte y naturaleza partiendo de la posibilidad de dinamizar la mirada del espectador, me lleva a explorar sistemas participativos en los que el imaginario popular concibe las flores como parte de una supuesta identidad femenina. El elemento vegetal como símbolo femenino de procreación nos trasmite al concepto de crecimiento, maduración y conclusión. Este concepto es el  eje vital de todo ser vivo, y constituye un planteamiento que lleva a equiparar el arte con la vida como proceso vital, en esencia creativo, basado en la relación entre naturaleza y cultura y,  por  tanto, entre el mundo natural y el artificial.

La reutilización del vestido como objeto y soporte ornamental devuelve el valor de icono a la flor y la convierte en medio capaz de moldear, subvertir y trastocar las representaciones sociales de lo femenino y lo creativo. Cada cuadro-objeto revestido con estos tatuajes florales, adquiere una identidad particular, convirtiéndose en escenario posible para la metáfora. A través de estos trabajos contribuyo a discurso visual concebido como crítica social, en donde el motivo floral fluye y transita entre las reminiscencias del mismo en diferentes culturas y la búsqueda de la esencia de lo humano. Mediante un proceso de apropiación de la memoria colectiva y sobre el teatro de la misma, y a través de la recuperación de un imaginario popular, Retales en clave de flor construye una mirada contemporánea que devela una naturaleza común entre humanos.


Notas

1 BAUDRILLARD, Jean, De la seducción, Cátedra, Madrid, 2007, (1ª edición, 1981).

2 ELIADE, Mircea, Lo sagrado y lo profano. Paidós Orientalia, Barcelona, 2003, (1ª ed. 1957).

3 GIRARDON, J.; PELT, J. M.; MONOD, T.; MAZOYER, M., La historia más bella de las plantas, Anagrama, Barcelona, 2001.

4 Gill Saunders, De especímenes a símbolos sexuales: flores en fotografía. Revista Exit, Nº 28, Flores/Flowers, Olivares y Asociados, S.L., Madrid, 2007, p. 27.

5 BATAILLE, Georges, El lenguaje de las flores, Revista Exit, Nº 28, Flores/Flowers, Olivares y Asociados, S.L., Madrid, 2007, p. 108-117. Publicado por 1ª vez en Documents, 1, 1929.

Fotografías de la pieza Retales en clave de flor, 2011.
Cortesía de la artista.

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Fecha de publicación: 08.05.2011