Un punto clave en la muestra es el tríptico. Desconcertante,
porque en él cada una de las secciones parecería
estar a punto de dispararse en una dirección distinta,
es un punto de partida, pues contiene latentes muchos de los motivos
pictóricos que desarrollan otros de los cuadros; es un
vínculo dinámico entre reunión y dispersión.
Celebrante en sus colores vivos, en su ímpetu y su reposo,
la pintura de Masha Zepeda se revela aquí como un viaje
de exploración de la forma y sus límites, así
como de la ruptura de esos límites y las posibilidades
que genera.
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