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Una reflexión sobre
la historia reciente de EE.UU.
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ataques terroristas a Nueva York y Washington son atrocidades
a gran escala. En proporción, tal vez no alcanzaran
el nivel de muchos otros, por ejemplo, el bombardeo de
Clinton a Sudán sin pretexto creíble, que
destruyó la mitad de sus provisiones farmacéuticas
y mató a una cantidad desconocida de gente (nadie
sabe, porque Estados Unidos obstaculizó una investigación
en la Organización de Naciones Unidas y a nadie
le preocupó darle seguimiento). Sin hablar de casos
mucho más graves, que fácilmente vienen
a la mente. Pero que fue un crimen horrendo, no cabe duda. |
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Las principales víctimas, como siempre,
fueron trabajadores: conserjes, secretarias, bomberos, etc.
Es probable que a la postre se traduzca en un golpe contundente
contra los palestinos y otros pueblos pobres y oprimidos. También
es probable que conlleve a severos controles de seguridad, con
muchas ramificaciones eventuales que podrían socavar
las libertades civiles y la libertad interna.
Los acontecimientos revelan,
dramáticamente, la necedad del proyecto de "defensa
anti-misiles". Como ha sido obvio desde el inicio, y señalado
reiteradamente por analistas de estrategia, si alguien quiere
causar un daño inmenso a Estados Unidos, incluso con
armas de destrucción masiva, es altamente improbable
que lance un ataque con misiles, pues ello garantizaría
su destrucción inmediata. Existen innumerables maneras
más fáciles, que básicamente son imparables.
Pero los acontecimientos de ahora serán, muy probablemente,
explotados a fin de incrementar las presiones para desarrollar
e implementar tales sistemas.
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La "defensa" es una cortina de humo
para cubrir los planes de militarización del espacio, y
con un buen trabajo de relaciones públicas, incluso los
argumentos más endebles tendrán cierto peso ante
un público atemorizado. En suma, este crimen es un obsequio
para la extrema derecha patriotera, aquella que anhela utilizar
la fuerza para controlar sus dominios. Y ello, incluso sin tomar
en cuenta las probables acciones estadounidenses y lo que éstas
desatarán -posiblemente más ataques como éste,
o peor-. Hacia delante, las perspectivas son mucho más
siniestras de lo que aparentaban antes de las últimas atrocidades.
En lo que concierne a cómo reaccionar,
tenemos opciones. Podemos expresar un justificado horror; podemos
tratar de entender lo que pudo haber conllevado a estos crímenes,
lo cual significa hacer un esfuerzo para penetrar la mente de
los probables responsables. Si escogemos este último camino,
creo que lo mejor que podemos hacer es escuchar las palabras de
Robert Frisk, cuyo conocimiento y claridad en los asuntos de la
región son inigualables, después de muchos años
de un periodismo distinguido.
Al describir "la perversidad y pasmosa
crueldad de un pueblo aplastado y humillado", señala
que "ésta no es la guerra de la democracia contra
el terror, en la cual se incitará al mundo a creer en los
próximos días.
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También tiene que ver con los misiles
norteamericanos estrellados en los domicilios palestinos, y los
misiles lanzados desde helicópteros norteamericanos contra
una ambulancia libanesa en 1996 y los proyectiles norteamericanos
arrojados sobre un pueblo llamado Qana, y con una milicia libanesa
-pagada y uniformada por el aliado de Estados Unidos, Israel-,
que se abrió paso en los campos de refugiados mediante
cuchillazos, violaciones y asesinatos". Y mucho más.
De nuevo, tenemos opciones: podemos intentar comprender, o negarnos
a hacerlo, en cuyo caso, se contribuiría a la probabilidad
de que lo peor está por venir.
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