La ceguera del ateísmo; el valor de las imágenes según el Islam.
El nicho vacío del Buda de Bamiyán (*)

Replica21

Jean-François Clément
Trad.
José Manuel Springer

BudaFoto: Reuters.

En febrero de 2001 los talibanes de Afganistán dinamitaron una estatua de Buda perteneciente al periodo del emperador Kouchan Kanichka, soberano de Bactria durante el siglo II de nuestra era. Esta y otras esculturas monumentales de más de 35 metros de alto estaban localizadas en Bamiyán, al oeste de Kabul, una de las dos rutas por las que el budismo se expandió desde la India. La destrucción de estas imágenes de piedra, que el resto del mundo conoció por medio de las imágenes en la prensa y en los medios electrónicos da pie a dos interpretaciones.

En primer lugar, podemos hacer una lectura política. El régimen talibán apoyado entonces por Pakistán y Arabia Saudita y por los mismos Estados Unidos que luego lo derrocaron, se sentía crecientemente amenazado aun en Afganistán. La destrucción de ese símbolo parte de su herencia cultural fue un intento simbólico de conservar el poder que estaban perdiendo los talibanes. Meses más tarde, cuando se vieron amenazados por la guerra, los talibanes negociaron con sus oponentes. Es evidente que lo que se mantuvo en esta negociación fueron las costumbres tribales y el sentido del honor del guerrero afgano, haciendo a un lado el barniz ideológico islámico. La cuestión central dejó de ser la fidelidad al islamismo, lo cual demuestra en retrospectiva que los talibanes eran solo elementos de las tribus afganas del sur que habían hecho uso político de la ideología islámica para tomar el poder.

Lo que se puede concluir a partir del ataque contra las imágenes talladas en piedra es que se trató de una manifestación del ateismo que se desarrolló entre las minorías llamadas “islámicas” durante el siglo XX. Sin embargo, este ateísmo no tiene relación alguna con el ateismo occidental del mismo periodo y de principios del siglo XXI.

Foto: Pascal Maitre/Cosmos.

Al destruir los budas, los talibanes pretendían señalar que todos los musulmanes que los habían precedido en Afganistán, que habían respetado esas estatuas, no eran musulmanes de verdad. En pocas palabras, que nunca había habido verdaderos musulmanes antes de ellos. En el decreto que ordenaba la destrucción de todas las representaciones de criaturas vivientes, el regimen taliban declaró que los Budas de Bamiyán tenían que ser dinamitados porque el budismo podría volver a Afganistán. ¿Qué clase de musulmanes eran estos que podrían prever la inminente desaparición del Islam?

Segundo lugar. La teología muslmana ha sospechado en lo general de las imágenes porque los creadores humanos de las mismas son rivales de Dios. Así como el profeta Mohamed tenía celos de los poetas de la antigua Arabia, Dios es presentado como un ente celoso de los artistas, puesto que Él es el único creador y los artistas son solo imitadores. En varias ocasiones, no solo en el Corán pero también en los hadits o palabras del profeta, se relata como Dios reta a los creadores humanos de imágenes figurativas a que den aliento de vida a sus creaciones. Los hombres que crean imágenes amenazan la única creación auténtica y completa que es la creación divina en materia y espíritu.

Foto: Pascal Maitre/
Cosmos.

La teología musulmana rara vez ha mostrado interés en las imágenes como tales, pero los musulmanes si han comentado extensamente sobre la situación de aquellos que creen o consuman imágenes figurativas. A lo largo de su historia los teologos han cuestionado al observador y nunca al objeto y es fácil ver porque. Omar, uno de los primeros califas, declaró: “Yo nunca he visto nada sin ver simultáneamente a Alá junto a la cosa”. Si dios es el único creador de formas, cualquier forma, no importa de lo que se trate, es una manifestación de su primer creador. Otro de los cuatro primeros califas, Abu Bakar, cuyo califato quieren revivir los musulmanes, señaló: “Nunca he visto cosa alguna sin ver antes a Dios”. Si dios es el bari, o creador, o el musahuir, el creador de imágenes, uno no puede ver una forma sin pensar en Dios, que la puso ante nosotros. El califa Otmán añadió: “Nunca he visto una forma sin ver a Dios después de verla”. O sea que uno puede engañarse y ver solo la forma en sí misma creyendo que su creador es un ser humano, pero Romper con esta ilusión es esencial para ser un auténtico musulmán.

Un teólogo posterior, Ibin Wasi, fue un poco más allá y dijo: “No he visto ninguna cosa sin ver a Alá en la cosa”. De esta manera anunció la teoría fundamental de la unidad de la existencia. Todas las formas, sin excepción, exhiben al ser infinito, que es su verdadero creador. Si este ser es realmente infinito, no existe forma alguna que sea puramente una creación humana. No existe ídolo alguno y cualquier manifestación es necesariamente un icono para el auténtico creyente. Solo los ateos, que no creen en Dios, pueden creer que ven ídolos. Por tanto, la iconoclastía, que era impensable para los cuatro califas del Islam, sería imposible a menos que uno quiera destruir a Dios.

Fotos: Pascal Maitre/Cosmos.

Tiempo después, otro teólogo añadiría una frase sorprendente, “El que ha visto a Dios, no ha visto nada”. En otras palabras, aquellos que tienen fe auténtica en Dios, por esa razón tienen que ver a Dios en cualquier forma y no pueden ver la forma sin ver a Dios en ella. No pueden ver ninguna forma, y son “aicónicos”, incapaces de percibir formas. En consecuencia la idea de destruir imágenes es obsoleta porque no existe nada que destruir. “No he visto otra cosa que no sea Dios”, dijo otro teólogo calificado de “aicónico”.

Al destruir el Buda de Bamiyan, los talibanes afganos demostraron, desde el punto de vista estrictamente teológico musulmán, que eran ateos. “Solo aquel que ha conocido a Dios a través de lo que El mismo ha creado para conocerlo, puede ver a Dios”. Otro teólogo que resultó más estricto o amable, añadió: En realidad, aquel que no ha visto ha Dios lo ha visto (pero no lo ha reconocido)”. Lo que están diciendo estos teologos es que la visión se ajusta al conocimiento y por tanto, como señala el omán Chibli, ya sea que uno abra o cierre los ojos, uno siempre ve a Dios en cualquier estado.

La iconoclástia es una patología moderna ya que no existen ejemplos de ella en toda la historia del Islam. Esta práctica se ha extendido debido a la ceguera y mala fe de individuos que, en realidad, se encuentran ante Dios pero no quieren verlo. Tendrá el mismo éxito que el ateísmo europeo promulgado por Feurback, Marx o Nietzche? Esta es la cuestión esencial.

 

 

 


(*) Tomado de Iconoclash. Ed. B. Latour y P. Weibel, Center for Art and Media/ Karlsruhe, Alemania 2002.

 

Foto: Pascal Maitre/Cosmos

 

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Fecha de publicación: 04.11.2002