La ceguera del
ateísmo; el valor de las imágenes según
el Islam.
El nicho vacío del Buda de Bamiyán (*) |
En primer lugar, podemos hacer una lectura
política. El régimen talibán apoyado entonces
por Pakistán y Arabia Saudita y por los mismos Estados
Unidos que luego lo derrocaron, se sentía crecientemente
amenazado aun en Afganistán. La destrucción de
ese símbolo parte de su herencia cultural fue un intento
simbólico de conservar el poder que estaban perdiendo
los talibanes. Meses más tarde, cuando se vieron amenazados
por la guerra, los talibanes negociaron con sus oponentes. Es
evidente que lo que se mantuvo en esta negociación fueron
las costumbres tribales y el sentido del honor del guerrero
afgano, haciendo a un lado el barniz ideológico islámico.
La cuestión central dejó de ser la fidelidad al
islamismo, lo cual demuestra en retrospectiva que los talibanes
eran solo elementos de las tribus afganas del sur que habían
hecho uso político de la ideología islámica
para tomar el poder.
Lo que se puede concluir a partir del ataque
contra las imágenes talladas en piedra es que se trató
de una manifestación del ateismo que se desarrolló
entre las minorías llamadas islámicas
durante el siglo XX. Sin embargo, este ateísmo no tiene
relación alguna con el ateismo occidental del mismo periodo
y de principios del siglo XXI.
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Foto: Reuters |
Al destruir los budas, los talibanes
pretendían señalar que todos los musulmanes que
los habían precedido en Afganistán, que habían
respetado esas estatuas, no eran musulmanes de verdad. En pocas
palabras, que nunca había habido verdaderos musulmanes
antes de ellos. En el decreto que ordenaba la destrucción
de todas las representaciones de criaturas vivientes, el regimen
taliban declaró que los Budas de Bamiyán tenían
que ser dinamitados porque el budismo podría volver a Afganistán.
¿Qué clase de musulmanes eran estos que podrían
prever la inminente desaparición del Islam?
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Segundo lugar. La teología
muslmana ha sospechado en lo general de las imágenes
porque los creadores humanos de las mismas son rivales de Dios.
Así como el profeta Mohamed tenía celos de los
poetas de la antigua Arabia, Dios es presentado como un ente
celoso de los artistas, puesto que Él es el único
creador y los artistas son solo imitadores. En varias ocasiones,
no solo en el Corán pero también en los hadits
o palabras del profeta, se relata como Dios reta a los creadores
humanos de imágenes figurativas a que den aliento de
vida a sus creaciones. Los hombres que crean imágenes
amenazan la única creación auténtica y
completa que es la creación divina en materia y espíritu.
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Foto: Pascal Maitre/Cosmos
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La teología musulmana rara vez ha
mostrado interés en las imágenes como tales, pero
los musulmanes si han comentado extensamente sobre la situación
de aquellos que creen o consuman imágenes figurativas. A
lo largo de su historia los teologos han cuestionado al observador
y nunca al objeto y es fácil ver porque. Omar, uno de los
primeros califas, declaró: Yo nunca he visto nada sin
ver simultáneamente a Alá junto a la cosa. Si
dios es el único creador de formas, cualquier forma, no importa
de lo que se trate, es una manifestación de su primer creador.
Otro de los cuatro primeros califas, Abu Bakar, cuyo califato quieren
revivir los musulmanes, señaló: Nunca he visto
cosa alguna sin ver antes a Dios. Si dios es el bari, o creador,
o el musahuir, el creador de imágenes, uno no puede ver una
forma sin pensar en Dios, que la puso ante nosotros. El califa Otmán
añadió: Nunca he visto una forma sin ver a Dios
después de verla. O sea que uno puede engañarse
y ver solo la forma en sí misma creyendo que su creador es
un ser humano, pero Romper con esta ilusión es esencial para
ser un auténtico musulmán. |

Foto: Pascal Maitre/Cosmos
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Un teólogo posterior, Ibin Wasi, fue un
poco más allá y dijo: No he visto ninguna
cosa sin ver a Alá en la cosa. De esta manera anunció
la teoría fundamental de la unidad de la existencia. Todas
las formas, sin excepción, exhiben al ser infinito, que
es su verdadero creador. Si este ser es realmente infinito, no
existe forma alguna que sea puramente una creación humana.
No existe ídolo alguno y cualquier manifestación
es necesariamente un icono para el auténtico creyente.
Solo los ateos, que no creen en Dios, pueden creer que ven ídolos.
Por tanto, la iconoclastía, que era impensable para los
cuatro califas del Islam, sería imposible a menos que uno
quiera destruir a Dios.
Tiempo después, otro teólogo añadiría
una frase sorprendente, El que ha visto a Dios, no ha visto
nada. En otras palabras, aquellos que tienen fe auténtica
en Dios, por esa razón tienen que ver a Dios en cualquier
forma y no pueden ver la forma sin ver a Dios en ella. No pueden
ver ninguna forma, y son aicónicos, incapaces
de percibir formas. En consecuencia la idea de destruir imágenes
es obsoleta porque no existe nada que destruir. No he visto
otra cosa que no sea Dios, dijo otro teólogo calificado
de aicónico.
Al destruir el Buda de Bamiyan, los talibanes afganos
demostraron, desde el punto de vista estrictamente teológico
musulmán, que eran ateos. Solo aquel que ha conocido
a Dios a través de lo que El mismo ha creado para conocerlo,
puede ver a Dios. Otro teólogo que resultó
más estricto o amable, añadió: En realidad,
aquel que no ha visto ha Dios lo ha visto (pero no lo ha reconocido).
Lo que están diciendo estos teologos es que la visión
se ajusta al conocimiento y por tanto, como señala el omán
Chibli, ya sea que uno abra o cierre los ojos, uno siempre ve
a Dios en cualquier estado.
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Foto: Pascal Maitre/Cosmos

Foto: Pascal Maitre/Cosmos
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La iconoclástia es una patología
moderna ya que no existen ejemplos de ella en toda la historia
del Islam. Esta práctica se ha extendido debido a la ceguera
y mala fe de individuos que, en realidad, se encuentran ante Dios
pero no quieren verlo. Tendrá el mismo éxito que
el ateísmo europeo promulgado por Feurback, Marx o Nietzche?
Esta es la cuestión esencial.
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| Foto:
Pascal Maitre/Cosmos |
(*) Tomado de Iconoclash. Ed. B. Latour y P. Weibel,
Center for Art and Media/ Karlsruhe, Alemania 2002. |