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Francis
Alÿs, la conjetura de la imagen |

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Desde el principio, la
obra pictórica de Alÿs provoca una transmisión
de dominio; las pinturas del autor trastocan de tal manera nuestro
imaginario que nos devuelven a la etiología de los significados.
Las imágenes del artista se involucran con el espectador a
nivel subconsciente: el origen de, por ejemplo, su “paseante”
no es un nombre o una persona es una causa, un concepto que será
traspuesto y traspolado para encontrar en las artistas de estas vueltas
de frente, de cabeza, de lado, por todos los ángulos, una semántica
del objeto, cosa o noción. Esa es su poética: despojar
de lo aparente a lo evidente. |
Con una bibliografía abundante,
se ha escrito acerca de sus “paseos”, de sus videos,
de su participación en la Bienal de Lima (en la que 500 participantes
“movieron” un ápice de una duna), de sus acciones
e instalaciones, de su flamboyante participación en la Bienal
de Venecia con un pavorreal como su representante, éste no
es el Alÿs que a mi me interesa. Yo opto por el Alÿs que
me conmovió con sus imágenes–pinturas–documentación
en la exposición: “El profeta y la mosca. Obra pictórica
1992-2003” en el Museo Reina Sofía en Madrid.
A partir del aislamiento de personas y cosas y de la atemporalidad
que imprime en sus bocetos, dibujos y pinturas, Alÿs llega
a su punto culminante: pequeñas obras donde se propone una
sencilla metáfora de la anécdota (no todo es concepto,
y sí). Desde la entrada de la muestra, el artista preparó
para el espectador una serie de mesas de trabajo (con banquitos
incluidos) en los cuales se documentaba —a partir de bocetos,
recortes de revistas y periódicos, y apuntes mecanografiados—
la manera en que el autor descubre su iconografía: El mentiroso,
el ladrón, el profeta, el soñador; temas que más
que conceptos son sujetos anecdóticos que muestran una realidad
del acontecer cotidiano de la vida. México es un referente
obligado, recortes del subcomandante Marcos e imágenes del
Centro Histórico de la Ciudad de México se dan la
mano. Imágenes que, en su conjunto, a pluma, recortados o
en fotocopia, y en su desarticulación crean una colectividad
conjeturada en la que se rastrea la posibilidad de lo mundano y
lo profundo, de los matices absurdos de nuestro mundo. |

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En más de seis salas, las pinturas de
Alÿs estaban presentes y ausentes, en una museografía
que incitaba a buscar la imagen. Por ejemplo: en la esquina de una
sala se apreciaba el cuadro “El mentiroso”, obra en
la cual aparecía una imagen de un hombre de espaldas con
las manos cruzadas. La luz apenas lo hacía visible, la museografía
utilizó la iluminación de la sala adyacente para,
apenas, resaltar el cuadro, en un claro efecto de claroscuros y
contrastes y de juego de escondidillas.
En las salas de entrada, la colocación de las mesas de
trabajo permitía indagar sobre el proceso creativo del autor:
rostros tapados u ocultos por plastas, fotocopias con lecturas para
contextualizar trazos y dibujos que terminaban de gestarse con fragmentos
de líneas dibujadas en pedazos de papel: bosquejos que hacían
otros esbozos, conceptos que se retraen, conjeturan y se aislan,
para desenvolverse en la materia de “otra cosa” que
no es sino la misma esencia de la que salieron (aunque permanecían
atrapados en la conjetura misma de la “cosa” o “concepto”),
todo ello unido por pedazos de masking tape.
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| Alÿs alude a una
exploración poética, la profundidad de cuadros como
el hombre en la balsa o el cuadro donde se muestra una vista del estudio
del pintor o el del bosque o entorno rojo con un niño solitario
que duerme (el soñante) con su rifle a la espera de ser usado,
son claras realidades de un padecer-acontecer de la realidad mexicana,
universal, y que le ha permitido al artista volcarse, y ser comprendido,
en cualquier parte del mundo. Las imágenes son tan antiguas
como la propia religión...su origen está en la debilidad
de la mente humana, dice Michael Guadio, esas debilidades que nos
interrelaciona son el punto de toque del cual se asiste Alÿs
para hacerse comprender. Los contrastes en los cuerpos (moreno/blanco)
de su serie “Las dos hermanas” son elocuentes: ambas son
entidades separadas y sin embargo la una y la otra cuentan con algo
que su opuesto desea, lo mismo en las relaciones amorosas, filiales
y personales: nunca habrá una entidad completa. |

Sin
título, 2002
Óleo, esmalte y encáustica sobre madera |
La muestra incluye un video de dibujos animados
de un hombre de espaldas (tema recurrente en su obra) que va caminando
y que, de pronto, cae porque un perro se le atraviesa, el fondo
es una música de tipo big band americana de jazz. Apenas
voltea a mirar al espectador, el rostro del personaje es realzado
con una luz que surge del mismo. Es uno más de sus “paseos”
sólo que en animación. Distintas posibilidades de
lenguaje para percibir el concepto: el avance, el trayecto, la jornada,
la situación, el movimiento y su huella.

| Las dos hermanas.
1999-2002
Óleo y encáustica, sobre tela sobre madera. |
Las dos hermanas.
1999-2002
Óleo y encáustica, sobre tela sobre madera. |
Alÿs también utiliza la superposición de imágenes,
ciertos gestos sígnicos (ilusionismo pictórico) que
nos permiten acceder a otros estados imaginativos. En algunos de
sus cuadros —pequeños, casi insignificantes—
hay un acento simulador, lo que miramos es y no, la primera imagen
es una simulación del verdadero significado de lo que el
artista nos quiere revelar. Bajo la actitud de sus personajes hay
toda una historia no revelada, pero está ahí, encerrada
en las pequeñas dimensiones de sus pinturas, donde situaciones,
colores y paisajes envuelven a los personajes haciendo del conjunto
un signo que podría dar lugar a una anécdota. Llena
de guiños y fabulaciones, la pintura de Alÿs es una
investigación de las representaciones usadas por las diferentes
tradiciones de la imagen (artesanal, artística, mediática)
para reconstruir y matizar retratos psicológicos de la condición
humana. |

Walking a painting. The project.
26 abril al 6 de mayo, 2002
Los Ángeles, Cal.
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| “El profeta y la mosca. Obra pictórica
1992-2003” presentó 49 pinturas y 90 dibujos del autor
que ofrecen un panorama amplio y profundo de su trayectoria visual
y su lenguaje gestual. La muestra, curada por Enrique Juncosa, dio
origen al libro-catálogo El profeta y la mosca, coproducido
por el Centro Nazionale per le Arti Contemporanee de Roma, la Kunthaus
de Zurich y el Museo Nacional de Arte Reina Sofía de España.
El libro, editado por Catherine Lampert, publicado por editorial Turner.
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