Estas ruinas que verás

Replica21

Juan Caloca

“Aquí y ahora, y no mañana en un futuro radiante,
 más tarde…, porque mañana no es hoy…”
Michel Onfray

Hoy lunes 12 de noviembre del 2024 caminando sobre los escombros del monolito conocido como el Monumento a la corrupción, oficialmente llamado Estela de Luz , por los ganadores del concurso regresa a mi un recuerdo de años atrás.

Invitación no-oficial a la exposición
A partir de mañana todo”.
Foto: Alonso Gorozpe.

El monumento fue  erguido hace veintitrés años en medio de una serie de controversias sobre la malversación de fondos por parte del gobierno federal, que buscaba dejar su huella en la historia con un obelisco que celebrara el Bicentenario de la Independencia de México, en aquel ya lejano 2010.

Luego de que el régimen dictatorial de Enrique Peña Nieto se extendiera por doce espeluznantes años, llenos de violencia y corrupción, en donde cualquier expresión crítica en contra del estado fue reprimida brutalmente con telenovelas de 5 horas por capítulo, sin cortes comerciales y acallada por completo; y ahora que los jóvenes, trabajadores e indígenas del país lograron derrocarlo mediante una quimérica revolución; puedo acceder a la memoria y por fin he logrado publicar mis ideas sin tener que esconderlas en carpetas virtuales bajo nombres tan absurdos como “declaración de impuestos del mes de enero“ o “departamento de aceleración de trámites”.

Así, en medio de la emoción de sentirme parcialmente libre, es que puedo recordar entre humaredas todo lo acontecido. En octubre del 2012, ya diluido el movimiento estudiantil “yo soy 132”, el gobierno federal (en ese entonces del PAN) inauguró con bomba y platillo la primera de sus últimas aportaciones a la cultura del país, el llamado Centro de Cultura Digital, inmerso en el estomago de la ballena, es decir en las entrañas de lo que hoy son las ruinas de la Estela de Luz. Éste substituto de centro digital comenzó sus actividades con una exposición titulada A partir de  Mañana Todo, muestra por demás criticada, la cual utilizaba como discurso central, el tiempo de revuelta y algunas de las estrategias usadas por los movimientos sociales y emancipatorios a nivel global, muy similares en estructura pero tangencialmente diferentes a los que hoy me permiten expresarme de manera abierta.

Al igual que las controversias suscitadas por la construcción del antiguo monolito, dicha exhibición logró provocar una serie de juicios y críticas tanto a favor como en contra. Los primeros, juicios de orden institucional y en contra del espacio per se. Las segundas sobre la pertinencia de la participación de los artistas emergentes en el mismo espacio. Se nos cuestionó ferozmente a los artistas nómadas de la exposición  sobre el por qué participar de una iniciativa conmemorativa que a todas luces parecía maquiavélica, que tomó la forma escultórica de una lápida de ónix sedentaria, que parecía tallada en la Edad de Piedra.  

Centro de Cultura DigitalVista del Centro de Cultura Digital.

Recuerdo a detalle como al día siguiente de su apertura un gran camarada (hoy se encuentra desaparecido en el fondo del golfo de la ballena) escribió una de las primeras críticas, que desencadenaría un debate dentro de las redes sociales entre diversos actores culturales de aquellos tiempos; la cual cito a continuación:

“es impresionante como el montaje de la exposición hizo un ejercicio metódico de desactivación y anestesia quirúrgica del sentido vital  de crítica de las obras. La arquitectura avasallante del monolito, con  sus colores y  sus grandes espacios se convirtió en el enemigo más grande de los videos. ¿Huele a cooptación? Sin querer queriendo….”[1]

Documentos encontrados en las entrañas de la ballena de ónix  demuestran que de igual manera un grupo de artistas y escritores  habían propuesto como protesta no participar ni colaborar con los sistemas de legitimación, para evitar contradicciones. Para  aquellos pedernales ancestros de la era digital participar  en el evento  inaugural significó colaborar con el sistema al cual  se había repudiado y seguimos repudiando en la memoria. Sin embargo, hasta hoy me sigo preguntando ¿Será que al haber entrado a un recinto institucional uno dejaba su calidad de ciudadano autónomo y comenzaba el proceso de su  cooptación? ¿Éramos tan ingenuos para creernos realmente fuera de las estructuras del sistema?

A mi entender las contradicciones no sólo se manifestaban de facto si uno participaba o no de las instituciones; es más, consideré importante insertarme en las instituciones, tomarlas,  y desde ahí fracturarlas, expandirlas al extremo, derribar al dinosaurio, no atacándolo desde el tobillo, sino desde la punta de su cabeza o, mejor aún, enclavados en sus tripas. De otra forma estos organismos buscarían instaurarse de manera definitiva y lograrían perdurar por siempre, tal   como la historia de la humanidad nos lo enseñó una y otra vez. ¿Por qué no repensamos las formas en las que cuestionamos el desastre?

Sanja Ivekovic, Trokut [Triángulo], 1979.
Documentación de performance.

“Efectivamente, la política no era en principio el ejercicio del poder y la lucha por el poder. Ante todo fue la configuración de un espacio especifico, la circunscripción de una esfera particular de experiencia, de objetos que fueron planteados como comunes y que responden a una decisión común de sujetos considerados capaces de designar a esos objetos y de argumentar sobre ellos” , nos decía el buen Jacques Rancière. [2]

No hay duda que los recintos del arte fueron generadores de conocimiento y catalizadores de procesos creativos, y al mismo tiempo fungieron como aliados del sistema para construir una HISTERIA (con mayúsculas) en función a las necesidades del mismo. Empero, esos espacios contribuyeron a reconfigurar las relaciones afectivas utilizando diversos métodos de acción, ya  fueran talleres apocalípticos y charlas bizantinas, etc. No podemos negar que el museo fue uno de los espacios comunes por excelencia y permitió que diversos actores culturales pronunciasen sus enunciados, experiencias, vivencias y demás formas de expresión (llamémoslas microhistorias). Por lo tanto esta defensa no fue a favor de la preservación de las instituciones, fue en pro de los espacios públicos, pues estos fueron campo fértil para la generación de correspondencias afectivas donde se repartió lo sensible, según el maestro Rancière.

Escudriñando más a fondo en los despojos, por mera casualidad descubrí una video proyección encendida (no me pregunten cómo, ni por qué seguía encendida, sería un destello de luz y fuerza); en esta se veía casi de manera intangible la imagen de varios manifestantes. Por su fisionomía pude deducir que se trataba de estudiantes colombianos. Al verlos reconocí el video, se trataba de las marchas organizadas efectivamente por estudiantes Bogotanos que le reclamaban a su gobierno (el de aquel lejano 2011) la posible privatización de la educación pública. Esto no es lo importante, lo que realmente fue significativo para mi, era el discurso con el que terminaba la proyección. Un hombre de aproximadamente 30 años se dirigía a los estudiantes y al gobierno exhortándolos a “entender que la educación (tanto pública como privada) debe llevar a la mente del ser humano a pensar universalmente y crear vehículos para andar por todo el universo… “ Esta sentencia me hace reflexionar ahora una vez más sobre lo que fueron los espacios museísticos y el compromiso que tuvieron con la educación.  Es un hecho que los museos poseyeron intenciones pedagógicas y que en algunas ocasiones las llevaron a cabo; sin embargo, hoy que han sido destruidos en su mayoría ¿donde podremos construir un pensamiento crítico?, ¿Donde reconstruiremos nuestro pensamiento universal? ¿Dónde construiremos redes espaciales?

Yollotl Alvarado,Naves Espaciales, 2011, still de video.

Ya lo decía Rancière en aquel lejano 2005 (d.C.) , habría que “entender el arte como una forma de ocupar un lugar en el que se distribuyen las relaciones entre los cuerpos, las imágenes, los espacios y los tiempos”[3], puesto que “el arte consiste en construir espacios y relaciones para reconfigurar material y simbólicamente el terreno común”[4]

Fue en este terreno (no el de lo sensible, sino el derruido) donde encontré vestigios que alguna vez fueron críticos del régimen que nunca llegamos a predecir. Una de las obras que logré rescatar de los escombros (por cierto muchos de estos escombros pertenecían no sólo a la Estela de Pus, sino también a la Torre Mayor que fue el primer edificio en caer en el cataclismo). me confundió al principio pues su materialidad era imperceptible situada  al lado de tanto instrumento de construcción. Después al mirarla a detalle comprendí que se trataba de la pieza que el colectivo  IPUT mostró en aquella primera exhibición. Ésta consistió en una serie de ladrillos pintados con sulfuro, que hacían alusión a los radios usados en la primavera del 68 en Praga y que fueron confiscados por la policía. La población pretendía sobre cargar y hacer más lenta a la policía Checa con su peso. En nuestro régimen sucedió todo lo contrario. Los radios y los televisores se ofertaban a granel,  en campañas mercadotecnicas como el Buen Fin, pues funcionaban como su principal arma de represión y control.

La exposición “a partir de mañana todo” en su intento por generar un discurso crítico (desde un lugar honesto) falló. Mas allá del discurso curatorial y de las obras exhibidas,  la ingenuidad (de los artistas participantes, curadores, museógrafos y demás)  se vio representada en las relaciones personales que se desencadenaron en la muestra. Una especie de autocensura opero desde nuestra subjetividad. Olvidamos las máximas de Ranciere o tal vez nunca las tomamos en cuenta. Teníamos muy interiorizado el poder. Telehit, Discovery Chanel y el canal de las estrellas (en su retransmisión diferida) se nos insertaron hasta lo mas profundo del pensamiento y moldearon nuestra percepción. Al igual que estas formas de control social podríamos decir que la idea de revuelta e insurrección jugaron un papel importante en nuestra concepción de lo que fue y pudo ser una revolución. Tal cual como la muestra lo intentó. Pero ahora sabiendas de lo que pasa después de una revolución.

¿Seguiremos creyendo que ese es el único modelo a seguir?

Tamas St. Turba, Radio Checoslovaco,1968, 1969-2012.

Hoy que la mayoría de los museos han sido destruidos por el régimen y los pocos que quedaron han sido inutilizados por el estado impuesto que los utiliza como vehículo propagandístico; hoy que los libros han sido sustituidos por  sets de televisión y que su programación atiende a los intereses  empresariales, más que a los de la sociedad y de los agentes culturales; hoy  tengo la impresión de poder hablarle al pasado. Quiero exorcizar sus temores. Entiendo necesaria la crítica (es peor si no la hay) pero me pregunto ¿de dónde viene la crítica? y sobre todo ¿hacia dónde va? ¿Contra quién estamos luchando? Es evidente que las prácticas culturales estaban rodeadas de contradicciones, malos funcionarios y ejecutadas por pésimas  instituciones. Pero también  fueron  ricas en posibilidades, promover encuentros y multiplicar afinidades.

“La política consiste en reconfigurar la división de lo sensible, en introducir sujetos y objetos nuevos, en hacer visible aquello que no lo era, en escuchar como a seres dotados de la palabra a aquellos que no eran considerados más que como animales ruidosos.” [5]

El ejemplo es claro, en 2018 los burócratas habían tomado las instituciones y las allanaron. Se apropiaron de museos, centros culturales, salas de conciertos y de todos los teatros posibles. No hubo otra opción más que confrontarlos. Al principio de manera simbólica había que tomarlos  por medio de la palabra. Con los años no quedó otro remedio mas que invadirlos físicamente. En esa lucha los espacios no cedieron. El fuego consumió lo indispensable. La desolación reinó a partir de entonces. Nunca lo previmos. Quisimos presenciar el espectáculo desde el exterior. Seguíamos pensando que era una  falta participar de las instituciones.  Le dejamos toda la responsabilidad al futuro. A partir de mañana todo.


Estela de luzEstela de luz.

 

[1] Rocha Minter Emiliano, en Facebook, http://www.facebook.com/notes/emiliano-rocha-minter/sobre-la-reciente-inauguraci%C3%B3n-del-el-centro-cultura-digital-en-la-estela-de-luz/4639823158074.
[2] Rancière Jacques. Sobre políticas estéticas. Barcelona. Museo de Arte Contemporáneo de la Universidad de Barcelona. 2005.
[3] Ibid., p. 12.
[4] Ibid., p. 13.
[5] Ibidem.

Ver nota relacionada: Una estela de amnesia

 

 

 

 

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Fecha de publicación: 16.12.2012