|
Cinco Continentes y una Ciudad |
|

Delcy Morelos, Color que
soy; 1999 (América)
|
Se lleva a cabo en la ciudad de
México la tercera versión de Cinco Continentes y una
Ciudad, tercer salón de pintura. "Con
este salón se cierra la primera etapa de tres…"
según apunta en la introducción del catálogo
la directora del evento, Marta Palau. En esta versión los
curadores fueron por África, Olu Oguibe; por América,
Gerardo Mosquera; por Asia y Oceanía, Fumio Nanjo; por Europa
Chris Dercon y por México Víctor Zamudio Taylor.
La presencia este año de creadores que
realmente viven y trabajan su obra dentro de las zonas geográficas
que representan es mayor en esta versión. El año pasado
abundaron quienes, desde las megaurbes, sobre todo Nueva York, fueron
seleccionados por sus orígenes raciales mismos que, aunque
en teoría y por el perfil del evento deberían ser
los condicionantes fundamentales de sus obras plásticas,
se encontraron impregnados de un cosmopolitismo que ya había
marcado algunas de sus trabajos. Esto impidió una lectura
libre de las influencias del main stream de las artes contemporáneas.
|
Aunque esta tercera versión
tuvo aún en algunos de sus representados a creadores que
desde hace muchos años no han vivido en sus lugares de origen,
fue mayoría el grupo que, aunque con larga presencia en galerías
europeas y norteamericanas, sí conserva el apego a las influencias
primeras de donde son oriundos.
Por África estuvieron presentes Mary Evans
y Odili Donald Odita de Nigeria y Julie Mehretu de Etiopía.
Sin duda en este grupo las piezas del polifacético Donald
Odita es de los que llamaron mayormente la atención. Su obra
de evidente placer visual nos remite en una primera instancia a
los juveniles trabajos parisinos del venezolano Carlos Cruz Diez
cuando iniciaba serias investigaciones cromáticas basándose
en largas líneas que, entrecruzándose y desenlazándose
formaban zonas colorísticas que, con los años, han
dado perfil a una escuela que a finales de los años cincuenta
veía sus primeros frutos. Hoy a la distancia creadores como
Odili han viajado más allá de esa mera investigación
cromática para situarse conceptualmente en un terreno que
pone a su obra en el campo de crítica haciendo tambalear
a veces las en apariencia sólidas relaciones humanas.
|

Mary Evans, Ring a
rosie; 1995 (África) |
|

Luis Cruz: Azaceta

Luis Cruz, Head Stone; 1997
(América) |
Obras con títulos como Tropicalia,
Open y PAN AM por mencionar sólo tres, se nos presentan mansamente
con un derroche de precisión colorística que, al poco
de mirarla, nos atrapa en una complicada red de imágenes
evocadas y ausentes que llegan hasta nosotros por la utilización
de los colores prototípicos de lo que al autor le evocan
los temas con los que nombra a sus cuadros.
En el apartado de América dos cubanos y una colombiana se
encargan de representar al continente. Seleccionados por Gerardo
Mosquera ellos son Luis Cruz Azaceta y Jorge Luis Marrero de la
isla antillana y Delcy Morelos por Colombia. De ella se vieron en
la ciudad de México las imponentes piezas de la serie Color
que soy y que reconstruyen amplios trozos de piel, con sus pigmentos,
su sangre y su memoria revelada en un despliegue cromático
apabullante. Se trata de contar la historia racial del continente
americano desde la postura del yo que pinta y que, a todas vistas,
contraviene de manera inteligente aquella otra pintura que por tantos
años se ocupó de denostar y disfrazar a quienes desde
sus diferentes tonalidades dérmicas delataban también
sus disímiles orígenes raciales y sus situaciones
socioeconómicas en un entorno poco grato para aquellos no
iguales racialmente a las clases dominantes y pudientes.
Cruz Azaceta por su parte revela para el público mexicano
una nueva época en su producción y, sin abandonar
la pintura como tal, incorpora en esta ocasión a sus piezas
fotografías y objetos diversos que, al situarlos en el plano,
dan a su obra un lenguaje compositivo distinto al que ya le era
característico. Los alambres de Jorge Luis Marrero, sin duda
entre quienes más llamaron la atención de este grupo,
eran claras transportaciones de dibujos que se habían corporeizado
de manera casi monumental y que ahora habitaban las partes altas
de los muros del Museo de la Ciudad. Su nombre repetido hasta seis
veces al tiempo que se va deformando (Gestalt I), un personaje suspendido
(Buceando en el informe de gestión del 1975), y un hombre
con una suerte de sacudidor gigante en sus manos (El esfuerzo no
legitima), entre otras piezas, dieron a esta sección una
de las propuestas más contundentes de toda la muestra. |
Jacqueline Fraser de Nueva Zelandia
- Oceanía, Agus Suwage de Indonesia, Chatchai Puipia de Tailandia
así como Makoto Aida, Akira Yamaguchi y Maro Sumi de Japón
fueron los representantes de Asia y Oceanía. La obra de Makoto
Aida especialmente su A picture of an Air Raid on New York City,
logra aglutinar frente a ella a numerosos visitantes. En esta obra,
aviones japoneses de la segunda guerra mundial viajan agrupados
formando la infinita cinta de Möebius. Los aeroplanos han sido
realizados en papel tornasolado y vuelan sobre una ciudad de Nueva
York en llamas que entre el caos deja descubrir construcciones icónicas
de la urbe de hierro como son el edificio de PAN AM, el de la Chrysler,
el Empire State Building y las inconfundibles torres de la catedral
de San Patricio. Todo esto ha sido montado como un biombo de seis
secciones dándole a la escena un carácter de contemporánea
constatación de una batalla que bien puede adornar, si así
fuera el caso, una elegante mansión japonesa como en otros
años lo hicieron las escenas de caza, de campo o de costumbres
laborales y folclóricas.
|

Maro Sumi, Aoki No. 6;
1990 (Asia y Oceanía)
|
| Otra obra de gran potencia
fue la Agus Suwage Pressure & Pleasure que consiste
en una casa de campaña o carpa militar que en su exterior
es de gran austeridad y con los colores que suelen identificar a
los milicos, pero en su interior Suwage reconstruyó decenas
de imágenes de carteles de películas soft porno así
como otras escenas de historietas asequibles a los uniformados y
tan comunes y socorridas entre los gremios castrenses de todo el
mundo. En el centro de la carpa se encuentra un sencillo camastro,
también prototípico de los militares, en el que se
pide al público que se recueste para que, desde ahí
y con visibilidad privilegiada, observe un mar de historias que
habitan el interior de una carpa que parecería más
una red que logró atrapar los sueños y las fantasías
de quien la habitaba, incluido su autor que, por cierto, se retrata
en varias de las escenas de la pieza.
|

Stephane Mandelbaum, Luis
Buñuel; 1993 (Europa)
|
Charlotte Scheleiffert de Holanda,
Stéphane Mandelbaum (†) de Bélgica y Gary Hume
de Inglaterra representan a Europa bajo la curaduría de Chris
Dercon dueño, junto con el de su colega el curador de África
Olu Oguibe autor de "The Burden of Painting", de uno de
los dos textos más admirables del catálogo y en los
que parecería que los curadores, más que justificar
un proyecto o de simplemente describir la trayectoria de los seleccionados,
hacen con sus palabras una brillante y lúcida creación
paralela a la de los artistas que seleccionaron.
Dercon, en su selección, incluye a uno de los artistas más
inquietantes de la muestra, precisamente a Stéphane Mandelbaum
(1961-1986) de Bélgica y quien falleció asesinado
a los 25 años, según el parte policiaco, mutilado
brutalmente por algún miembro de la banda de ladrones especializados
en robos de obras de arte mientras se distribuían el botín
de un Modigliani vendido en el mercado negro. Mandelbaum pone ante
el público mexicano imágenes de Nasser, de Luis Buñuel,
de prostitutas y clientes. Dercon se pregunta cómo se verán
esas imágenes en México, en un contexto más
cotidiano para algunas de ellas (sobre todo las de Buñuel),
y cómo responderá el público a ese estímulo.
A reserva de indagar con minucia, vale decir por ahora que esa reconstrucción
de personajes capitales mezclados con los comunes asistentes a los
antros, no pasa de ser una recuperación simbólica
de una sociedad que se construye y deconstruye cotidianamente alimentada
a veces por los rostros y las significaciones de los grandes héroes
culturales y a veces con un perfil de anonimato masivo. Si bien
es verdad que era importante que el trabajo de Mandelbaum llegase
a México, su lectura aquí tal vez cobra sentido sólo
al cerrar un círculo que se propuso el autor y que con esta
muestra culmina una función vital de sus obras. |
Respecto de la sección
referida a México (y si al país entero se refiere
el título con las palabras "…y una ciudad…"),
quedan tantas dudas como certezas. Siendo el contingente de mayor
número con quince participantes seleccionados por Víctor
Zamudio Taylor, encontramos entre quienes lo forman a creadores
cuyas obras ya habían tenido alguna difusión como
el Toy and Horse de Marcos Ramírez Erre (reproducido en el
catálogo con la foto de Tijuana durante INSITE 1998 y en
maqueta en el Museo de la Ciudad), así como una vertiente
nueva de Betsabé Romero derivada justamente del mismo INSITE
98 y en la que retoma nuevamente el trabajo sobre autopartes, muy
afortunado por cierto, y perteneciente a la misma serie de lo que
presentaron en Los Ángeles las hermanas Iturralde. |

Jimmie Durham
|
|

Abraham Cruz Villegas
|
Debido tal vez al elevado número
de participantes en la sección mexicana, la museografía
separó piezas de autores cuyo trabajo hubiera podido apreciarse
mejor de manera conjunta. Es el caso de la misma Betsabé
Romero, Marcos Ramírez Erre y Thomas Glassford entre los
que más padecieron esta disgregación de piezas en
diferentes salas. La señalización no fue en todos
los casos precisa y acertada; la obra de Sofía Táboas
por ejemplo, al no tener una indicación clara de que esa
era su pieza, podía pensarse que se estaba ante una de las
espléndidas intervenciones en muros realizadas por el desaparecido
Mathías Goeritz. De Philippe Hernández los rótulos
sobre vidrio y papel aluminio parecían parte de las muchas
y sobradas indicaciones que suelen tener los museos. Tal vez esto
haya sido una de sus finalidades, mas el público del populoso
centro de la ciudad de México en donde está enclavado
el museo, tiene derecho a saber ante qué está así
como los museógrafos OBLIGACIÓN DE informarle que
éste o aquél objetos son obras que pertenecen a la
exposición que entraron a ver.
Sucede lo mismo con el trabajo de Abraham Cruzvillegas,
autor de textos brillantes y aglutinador de seguidores que presentó
unos interiores para hombre y mujer a los que había impreso
fotografías de políticos y otras personas montándolos
en los conocidos racks que utilizan los vendedores ambulantes del
centro de la ciudad, siendo los de los segundos infinitamente más
creativos y osados en sus diseños y composiciones que los
del artista seleccionado para esta muestra. La diferencia es que
el Maestro Cruzvillegas sí conceptualizó su pieza
y los vendedores de las aceras que circundan el Museo de la Ciudad
sólo lo hacen con la intuición heredada y el apremio
por vender a riesgo de quedarse ese día sin el elemental
sustento para la subsistencia diaria. |
Las puertas y fachadas de Claudia
Fernández recogen una importante vena de la arquitectura
habitacional de la ciudad de México. Seleccionadas por sus
diseños en aluminio, herrería o destacando la pintura
que se ha puesto para vestir y distinguir a las casas de la clase
media mexicana, las fotografías han sido ubicadas de manera
que forman un llamativo mosaico de formas casi todas geométricas
y que pone de relieve una estética que, a fuerza de habitar
de manera tan contundente los barrios de la ciudad, ya casi ha desaparecido
de nuestra mirada cotidiana.
Estela Hussong, entre lo más tradicional en el contexto
del grupo de México, participa con cuidadas piezas al temple
unas y a tinta china otras que reconstruyen plantas y piedras. De
Jimmie Durham se extrañó una obra de mayor contundencia
y -tal vez- mejor factura. Forbidden Things consiste en un arco
detector como los de los aeropuertos sobre el que se han colocado
tres imágenes de cosas que, a propuesta de Durham, está
prohibido pasar por ahí. |

Betsabeé Romero
|

Sofía Taboas
|
Al llegar a su tercera
y última etapa Cinco Continentes y una Ciudad es tal vez el
preámbulo para una Bienal que, por cierto, México no
tiene. La directora de esta muestra, Marta Palau, ha sabido asumir
los riesgos de un evento con este perfil y mucho ha hecho para que
se lleve a cabo. Con curadores y artistas de primera línea
disponibles para colaborar con un suceso de esta envergadura (sólo
habría que afinar la selección, desoír los mandatos
de los Gurús del día y atender más a las obras
de quienes de natural y pese a ellos producen), estamos en las fechas
preliminares de un evento que seguramente acaparará la atención
internacional. Están los espacios, los creadores, los curadores
y la voluntad de hacerlo. Estemos atentos a ver qué derrotero
toma este monumental esfuerzo. |
|