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Recuento del 2001. Arte en el Interior
de la Républica
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Si tomamos como pretexto el cambio de año para hacer una
suerte de arqueo de la pintura mexicana producida durante el año
2001, habrá que dejar claro que ni por mucho lo que se
constate hoy como definitivo, a la vuelta de los años,
lo seguirá siendo. Sin embargo, este ejercicio de recontar,
más parecido a lo que la Dra. Teresa del Conde llama un
corte sincrónico, es de utilidad en tanto ese inventario
no riguroso sino anímico y subjetivo, bien puede alimentar
la memorabilia anecdotaria que antes de evidenciar su naturaleza
prescindible, será utilizada por investigadores tirando
de estas palabras como de puntas de madeja que, con algo de suerte,
les llevarán a cerrar capítulos aún en proceso
de escritura.
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Al hacer un apresurado recuento de
las exposiciones del 2001 en el interior de la República
(¿me pregunto ahora si el D.F. es entonces el exterior
del país
?), veo que es imposible desligar la producción
plástica generada en los centros (DF, Guadalajara, Monterrey,
Oaxaca, Tijuana), del resto de la periferia. La obra producida
en las grandes ciudades se hace mayormente para un público
local. Su consumo y disfrute (o padecimiento, claro
), recae
en los habitantes de estas capitales sin que sea la provincia
la destinataria directa de todo aquello que sucede. Sin embargo,
pese a que no ha sido destinada a ella, esta producción
(por lo general vasta), alimenta mayormente los espacios expositivos
que se encuentran en otras ciudades de poca o escasa producción
plástica y que, si bien poseen espacios dignos como galerías,
centros culturales y museos, no son en estricto los grandes generadores
de artistas que inunden las demás plazas del país
mas sí, a no dudarlo, buenos anfitriones muchas veces menospreciados
de las más diversas expresiones culturales.
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| Daniel
Lezama, "El Teatro de lo real (El primer día)".
óleo/tela. 1997 |
¿Se trata de que la provincia sea
sólo un receptor de lo producido en los centros o es
conveniente ver en ella a la generadora y alimentadora de los
grandes centros expositivos de la República mexicana?
Si así fuera, ¿cómo se leería la
producción de las casas de la cultura, municipios, centros
culturales, talleres de provincia insertados en las capitales-centros
del país?
Pero revisemos algo de lo qué sucedió
en 2001: Daniel Lezama expuso casi de manera continua (sin que
la exposición tuviese la misma curaduría en todos
los casos), en Veracruz, Querétaro, Ciudad Juárez
y Chihuahua evidenciando uno de los esfuerzos más importantes
por mostrar obra a un público que raramente tiene acceso
a este tipo de expresiones pictóricas. Durante el tiempo
de exhibición en las diferentes sedes, Lezama preparaba
en intensas jornadas de trabajo las exposiciones de la galerías
de Jesús Drexel en Monterrey y la OMR en la ciudad de
México, ambas presentadas a principios del 2002.
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| Alejandra
Echeverría, LA-MX GDE, 1999
Foto (re) construida, 68 x 99 cm. |
Aunque siempre cuestionadas por su curaduría
parcial realizada sobre la base de una nómina dada de creadores
que imposibilita la inclusión o exclusión de participantes
de acuerdo a un proceso de selección ajeno a las políticas
institucionales, las exposiciones Creación en Movimiento
que aglutinan anualmente a los jóvenes creadores del FONCA
siguen siendo una importante ventana en los estados a la que los
artistas locales se asoman a veces con curiosidad, sorpresa o
simple desdén por lo que es avalado por el Estado. Vale
decir que entre quienes circularon en esa muestra durante 2001
(es decir, quienes fueron becarios en el periodo 1999-2000), se
encuentran el propio Daniel Lezama, Fabián Ugalde, Demián
Flores, Alejandra Echeverría, Artemio Rodríguez,
Carla Herrera y Pilar Echezarreta entre los más propositivos
y quienes sin duda son los que ocupan los espacios más
visibles en exposiciones tanto individuales como colectivas en
México y el extranjero.
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Ulises González,
Un beso en la boca
Oleo / lienzo, 200 X 250 cm. 2000 |
Entre las individuales que visitaron algunos
estados hay que destacar Transformaciones de Alberto
Castro Leñero, cuya visibilidad durante casi un año
de itinerancia, fue amplia. Compuesta por algo de lo más
reciente de la producción de este creador, la exposición
fue siempre acompañada del propio Castro Leñero
quien hizo presencia en estudios de pintores locales y con quienes
compartió técnicas de trabajo y experiencias que
sin duda refrescan el ambiente, muchas veces anquilosado, de
los creadores de provincia que no pocas veces se hunden en el
onanismo al ver sólo su obra y la de sus más cercanos
colegas.
Marco Tulio Lamoyi expuso en Xalapa, su
lugar de residencia, una muestra de su trabajo más reciente.
Si antes eran el óleo, los lápices y las acuarelas,
hoy son medios todos que se circunscriben al terreno de la fotografía
armada para crear en ella atmósferas inquietantes
llenas de formas apenas reconocibles.
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Flavio Garciandia, "Toser
la tesis"
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A principios del 2001 se mostró en Mérida, Yucatán,
una de las más singulares exposiciones que se hayan llevado
a cabo en esa ciudad: la colección de Manolo Rivero.
Galerista, hotelero, coleccionista y anticuario, esta sin par
personalidad de la vida yucateca decidió exhibir parte
de su acervo en el MACAY (Museo de Arte Contemporáneo
Ateneo de Yucatán). La exhibición de la colección
de Manolo Rivero, decía, estuvo compuesta por algunas
de sus principales piezas pertenecientes a creadores extranjeros
como Julian Schnabel, José Bedia, Sandro Chía,
Wifredo Lam, Flavio Garciandía, Roberto Matta y nacionales
como Gustavo Monroy, Boris Viskin, Roberto Turnbull, Alberto
y Francisco Castro Leñero, Magali Lara, Irma Palacios
y muchos más.
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| Marco Tulio Lamoyi,
"AMBROSIA".
Cibachrome Color. 1997 |
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Marco Tulio Lamoyi,
"DESLIZ".
Cibachrome Color. 1997 |
Guadalajara
fue escenario del salón Omnilife, cuestionado siempre;
socorrido siempre, perfectible siempre
La Perla Tapatía
vio entre otras la exposición Amantes de Ulises
González apoyado en esa entidad y a larga distancia, por
la Galería Nina Menocal. Ante la muestra se caía
en la cuenta de una nueva ruta en su producción con rasgos
propios, personalidad y singularidad muy diferentes a lo que no
conocimos antes en la obra de este autor. Las mujeres que ahora
ocupan su pintura y la habitan desde una discreción casi
monástica aceptan que sus referencias físicas (mayormente
faciales), que antes las conformaban, fuesen omitidas en aras
de una anónima relación intensa y plena.
Entre las muestras itinerantes organizadas
desde la oficialidad del Consejo Nacional para la Cultura y
las Artes pueden contarse como representativas del panorama
de la producción plástica del país realizada
por quienes se encuentran gozando ahora del estímulo
de Creadores con Trayectoria, se cuentan dos exposiciones curadas
ambas por Arnaldo Coen y que llevan por nombre Bitácora
y obra y Abstracción, transformación
y no-figuración. Heterogéneas, extravagantes,
estas dos exposiciones son ejemplo de ese panorama la mar de
dispar que inunda la producción mexicana contemporánea.
Conviviendo Raúl Anguiano con Roberto Turnbull, Laura
Anderson con Jesús Martínez, Roberto Rébora
con Perla Krauze, esas exposiciones, programadas para tocar
casi la totalidad de las sedes del país, ponen ante nosotros
un panorama turbador no solamente difícil de entender
sino inquietante e imposible de apreciar en una sola mirada.
Zacatecas vio el nacimiento del Museo de Arte Abstracto Manuel
Felguérez que se suma a la importante lista de recintos
en esa ciudad tales como el museo Pedro Coronel, el Rafael Coronel,
el Francisco Goitia y otros más de menor envergadura
pero que son igualmente atractivos al turismo cultural. Realizado
con una propositiva arquitectura interior, este recinto alberga
además del importante número de piezas de los
autores nacionales e internacionales que han cultivado de manera
destacada el abstracto, las históricas telas realizadas
a finales de los años sesenta y cuyo destino era la feria
internacional de Kioto. Para lograr esto, fue necesario recopilar
de diversas partes de la República obra desperdigada:
la de Fernando García Ponce estaba en Mérida,
en Ciudad Juárez la de Francisco Icaza, el Lilia Carrillo
estaba en el Centro Cultural Tijuana, etc. Expuestas en un área
del museo realizada especialmente para ellas, estos murales
se encuentran nuevamente juntos a más de treinta años
de haber sido elaborados.
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Fabián Ugalde, Prodigios
de segunda mano. Polivinilo sobre vinil. Tríptico, 173 x
80 cm, 2001
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Oaxaca, como apuntaba en un principio,
es indudablemente un importante polo de atracción para
las actividades de artes plásticas. El Museo de Arte Contemporáneo
de Oaxaca (MACO), empeñado en mostrar la diversidad imperante
entre los creadores que habitan esa ciudad y de paso dejar claras
las diferencias existentes entre ellos, organizó la muestra
Propios y Extraños que reunió a creadores
oriundos de esa ciudad con los que no lo son pero residen en ella,
confrontándolos en una sana escaramuza que nos da el pulso
de buena parte de lo que sucede en esa ciudad. Tal ha sido el
impacto de esta polémica que a la fecha los pintores de
esa ciudad, entre broma y en serio, se refieren a sí mismos
como propios o extraños, según el caso de su origen
o motivos de estancia en Oaxaca.
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Hágase el diagnostico que
se haga, es importante no perder de vista que de lo producido
en México y especialmente en la provincia, sólo
una que otra propuesta conocerá tiempos más largos,
sin embargo otras más verán su final en el futuro
cercano ahogadas por las más disímiles causas. Pensemos
en que esos factores, aquellos que marcan el destino de una obra,
van del éxito mercantil hogareño a su fracaso comercial
en los centros; de la mala difusión de obra de calidad
a la amplísima divulgación de obra mediocre; de
la restringida asistencia del público nacional a las ferias
y bienales fuera de la República mexicana, a su masiva
asistencia a los grandes centros locales de concentración
de trabajo de autores contemporáneos.
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Algunos ejemplos recientes de esto
último son exposiciones como la de Gabriel Orozco en el
Museo Rufino Tamayo y algunas colectivas en el Museo Carrillo
Gil que han reunido a numerosos asistentes que acuden de manera
prácticamente masiva atendiendo convocatorias institucionales
que muestran el trabajo de autores cuya obra está realizada
en apariencia sólo para conocedores.
Es común que muchos creadores estén en la lista
de espera de sus localidades y sus exposiciones llegan finalmente
a los consagratorios regionales las más de las veces al
margen de la calidad plástica del exponente. Esta complacencia
que tanto daño ha hecho cuando se trata de elevar el nivel
de exigencia de los creadores de una entidad, es sin duda uno
de los principales puntos a discutir cuando se trata de intentar
una toma de temperatura del desarrollo de las artes visuales en
los espacios alejados de los centros tradicionales de producción
y consumo cultural.
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¿Qué sigue? Voltear
la mirada hacia otros espacios menos explorados puede dar sorpresas
agradables pero, las más de las veces, confirma un triste
anquilosamiento de productores que, de haber tenido durante su
etapa de formación un mayor acceso a lo producido en otras
latitudes, no se encontrarían repitiendo patrones localmente
aceptados y prestigiados pero nacionalmente (e internacionalmente,
por supuesto), en total desuso y alejados incluso hasta del folclorismo
ingenuo. Más que sombrío, este panorama se antoja,
gracias a excepciones altamente afortunadas, digno de ser reevaluado
con una mirada no complaciente y que ponga delante de los creadores
la posibilidad de abandonar el onanismo visual en el que se desarrollan
y aplicar buena parte de sus energías en allegarse de información
constante y actualizada.
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