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Pilar Ramos: Secuencias de vida |
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Desde hace algunas décadas,
la naturaleza se ha convertido en una protagonista ineludible de los
medios de comunicación. Si bien es verdad que desde siempre
han existido terremotos, derrumbes, inundaciones, es hasta hace poco
que, gracias a las nuevas tecnologías mediáticas entre
otras cosas, estos fenómenos son cubiertos y difundidos ampliamente
al grado que ya no es inusual contemplarles, en tiempo real, mientras
se suceden en diversas partes del mundo. |
Como la naturaleza,
también los desastres producidos por seres humanos como las
guerras, los atentados, los colapsos de obras hechas por la mano
del hombre, han sido también alimento visual de cualquier
persona expuesta de manera más o menos regular a los noticiarios.
Los acontecimientos del once de septiembre del 2001 en Nueva York
sin duda son un parte aguas no sólo en las relaciones de
los Estados Unidos de Norteamérica con el resto del mundo,
sino también en nuestra forma de leer una realidad que rebasaba
toda posibilidad de imaginación. Al margen de la tragedia
y de los muertos que hubo ese día, las escenas de los aviones
chocando contra las torres, el humo que despedían antes de
su colapso y las nubes de polvo y concreto persiguiendo sobrevivientes
en las calles cubriendo todo a su paso, son de una belleza descomunalmente
feroz. Ahí quizá su mayor atractivo. |
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Pilar
Ramos pertenece a esa generación de creadores cuyos años
formativos coincidieron con la explosión de imágenes
verdaderamente potentes que años atrás eran sólo
difundidas de manera parcial en las páginas de los diarios.
Como las de los desastres es también la historia de las sociedades,
de los países, de los seres humanos, es decir, la historia
de vida que antes apuradamente descubríamos en una esforzada
búsqueda mediante las imágenes que nos relataran a
trazos gruesos aunque fuera, el entorno sorprendente en el que existimos.
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| De eso trata justamente el trabajo pictórico
de Pilar Ramos: es una historia de vida. Su obra es una de las aproximaciones
más frontales a la simultaneidad temporal en la que habitamos.
Al tiempo que se suceden los hechos que podemos circunscribir al mundo
de lo real, pasan de manera sincrónica los otros hechos, los
que debemos leer en silencio e intimidad para poder enfrentarnos a
los otros, a los que son vistos por las multitudes. Por ello los títulos
de sus trabajos nos remiten a la alquimia, a las viejas historias
de superstición que nos dicen que es necesario pronunciar una
palabra o darle el significado a un objeto porque ahí, en esa
secreta codificación casi mágica, se encuentran las
claves para entender lo que parecería inexplicable. |

Presagio. Díptico,
óleo sobre tela. 2002 |
La señal, Presagio, Habitantes del cubo
optimista, son sólo algunos de los nombres que dan pie a
la seducción de una meta lectura que iniciamos día
a día muchas veces sin advertirlo coherentemente. Ahí
el encanto, en la posibilidad de búsqueda de los espacios
que han escapado de la realidad racional (que no es pleonasmo...),
para convertirse en una atractiva entelequia congruente.
Presagio, por ejemplo, es la documentación pictórica
de dos momentos de una misma construcción. Llevada al extremo
en el detalle narrativo, estas dos piezas comparten, cierto, una
misma forma arquitectónica, pero difieren en el momento en
el que han sido constatadas. En la primera la casa sobre un fondo
azul nos permite ver que todo está en aparente orden, excepto
una escalera que ha sido recargada frágilmente sobre uno
de los muros del inmueble. La segunda pieza deja ver la misma construcción
esta vez sobre un agresivo e intimidante fondo rojo. La escalera
se ha derrumbado y levanta polvo. El presagio se ha cumplido. |
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Otro importante díptico
es Colapso, donde vemos en la primera sección, dos enormes
silos cilíndricos que en su parte superior tienen una botella
que publicita el producto de esa empresa. La gente, al pie de ambos,
mira hacia arriba como si se estuviese llevando a cabo algún
evento especial. En la segunda pieza, el silo de la derecha explota
estrepitosamente: hay humo que brota de la parte alta (pintado muy
a la manera de las tiras cómicas), se descubre una cuarteadura
muy poco prometedora y las columnas que soportan el enorme cilindro
se han quebrado inexplicablemente. El momento exacto del colapso
está ante nosotros con toda la belleza de lo instantáneo
irrepetible, de la photo opportunity, y del desastre no anunciado
y del que somos testigos de privilegio.
Catástrofe de una empacadora de carnes es igualmente llamativa
justamente por ese punto de tiempo en el que es vista la escena
mientras un edificio se derrumba. Aunque el polvo y el humo esconden
los cimientos heridos y las personas en su derredor parecerían
no alterarse mayormente por los hechos, la tragedia evidente de
la escena está ahí, como también los complementos
plásticos (líneas, mapas urbanos, círculos
encerrando figuras), que complementan la composición.
Ya otros autores han abordado la temática de los colapsos
urbanos o de sus mutaciones visuales. Martín Peregrina sustituyó
algunos elementos de la arquitectura de su Puebla natal por objetos
a la mitad del camino entre lo que vemos y lo que creemos que es;
Antonio Luquín por su cuenta, ha mirado la ciudad de México
desde su deterioro y ha reproducido en sus telas algunas de las
referencias urbanas más significativas de la Capital de la
República. Vienen ambos a colación, porque a partir
de esa modificación estructural de las urbes en su pintura,
al igual que Pilar Ramos replantean las posibilidades de existencia
de una zona urbana. Esa nueva forma de verla, reproducirla, entenderla,
es también parte de la existencia y desarrollo (ese ir siendo
en el tiempo...), de las casas y los edificios. |

Colapso Díptico,
óleo sobre tela. 2002

Trato frente a la
empacadora de carnes
Óleo sobre tela. 2003
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Habitantes del cubo
optimista
Óleo sobre tela. 2002 |
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El trabajo compositivo
de Pilar Ramos tiene de suyo la solidez que brinda lo que comúnmente
se conoce como el Photo based art, sin embargo, ella agrega elementos
que enriquecen plásticamente los espacios que constata en
sus telas. Un círculo aquí (en algunas ocasiones denotando
una acción, en otras simplemente balanceando la estructura
de la pieza), una línea allá, son apenas algunos elementos
que hábilmente utiliza para que todo quede en su lugar exacto
sin que se tenga la sensación de que la pintura está
caída, como comúnmente se dice cuando tiene una pobre
resolución estructural.
No basta para esto que el tema nodal de cada cuadro se encuentre
en el centro, como es el caso de Habitantes del cubo optimista,
sino que hay que hacer algo más que Ramos ha resuelto acertadamente.
En esta pieza, con una clara referencia a los acontecimientos del
once de septiembre del 2001, encontramos que un silo destruido está
dentro de un cubo que existe (en la pintura), pero que al mismo
tiempo es imaginario (su solidez denota los espacios dibujísticos
que lo delatan). |
| En otra vertiente de su trabajo
se encuentran piezas como Gran ruina, El cine y Despojos, fundamentalmente,
en las que Pilar nos hace testigos de los paisajes en los que ya
sucedió todo. Vemos ahora no ya el instante de la destrucción,
no ya lo atractivo de un desplome, sino la verdadera tragedia que
es la de la evidencia del estrago, especialmente en el caso de estas
tres piezas, por una inundación. |
| Personajes sin orientación que recorren
el nuevo paisaje, construcciones sumidas a medias en el fango, autos
semi sepultados y una naturaleza antes exuberante hoy inexistente,
son también algunos de los temas que nos enfrentan a ese
mundo verdadero en el que los fenómenos naturales nos demuestran
una y otra vez que el hombre no es quien manda en las leyes de la
naturaleza.

click en la foto
Sin complacencias, Pilar Ramos pone ante nuestros ojos lo que
ella llama escenas del infortunio, y en el fondo es esa suerte de
homenaje de vida, de la que no queremos ser protagonistas personales
pero en la que somos testigos cuando los actores son los otros,
vida que quiebra las frágiles reglas del devenir social con
la simple deformación de las construcciones que los humanos
discurrimos que nos son útiles para sobrevivir, vida en fin,
que es también esa otra parte no sólo de la destrucción,
sino de lo fundacional, de lo que inicia a partir de que le hemos
visto, de lo que de ahora en adelante toca nuevamente (por fortuna
esta vez), edificar. |
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