Pilar Ramos: Secuencias de vida

Replica21

Santiago Espinosa de los Monteros

Pilar RamosEl Cine. Óleo sobre tela. 2001.

Desde hace algunas décadas, la naturaleza se ha convertido en una protagonista ineludible de los medios de comunicación. Si bien es verdad que desde siempre han existido terremotos, derrumbes, inundaciones, es hasta hace poco que, gracias a las nuevas tecnologías mediáticas entre otras cosas, estos fenómenos son cubiertos y difundidos ampliamente al grado que ya no es inusual contemplarles, en tiempo real, mientras se suceden en diversas partes del mundo.

Como la naturaleza, también los desastres producidos por seres humanos como las guerras, los atentados, los colapsos de obras hechas por la mano del hombre, han sido también alimento visual de cualquier persona expuesta de manera más o menos regular a los noticiarios. Los acontecimientos del once de septiembre del 2001 en Nueva York sin duda son un parte aguas no sólo en las relaciones de los Estados Unidos de Norteamérica con el resto del mundo, sino también en nuestra forma de leer una realidad que rebasaba toda posibilidad de imaginación. Al margen de la tragedia y de los muertos que hubo ese día, las escenas de los aviones chocando contra las torres, el humo que despedían antes de su colapso y las nubes de polvo y concreto persiguiendo sobrevivientes en las calles cubriendo todo a su paso, son de una belleza descomunalmente feroz. Ahí quizá su mayor atractivo.

Pilar RamosPilar Ramos pertenece a esa generación de creadores cuyos años formativos coincidieron con la explosión de imágenes verdaderamente potentes que años atrás eran sólo difundidas de manera parcial en las páginas de los diarios. Como las de los desastres es también la historia de las sociedades, de los países, de los seres humanos, es decir, la historia de vida que antes apuradamente descubríamos en una esforzada búsqueda mediante las imágenes que nos relataran a trazos gruesos aunque fuera, el entorno sorprendente en el que existimos.

De eso trata justamente el trabajo pictórico de Pilar Ramos: es una historia de vida. Su obra es una de las aproximaciones más frontales a la simultaneidad temporal en la que habitamos. Al tiempo que se suceden los hechos que podemos circunscribir al mundo de lo real, pasan de manera sincrónica los otros hechos, los que debemos leer en silencio e intimidad para poder enfrentarnos a los otros, a los que son vistos por las multitudes. Por ello los títulos de sus trabajos nos remiten a la alquimia, a las viejas historias de superstición que nos dicen que es necesario pronunciar una palabra o darle el significado a un objeto porque ahí, en esa secreta codificación casi mágica, se encuentran las claves para entender lo que parecería inexplicable.

Pilar RamosPresagio. Díptico, óleo sobre tela. 2002.

La señal, Presagio, Habitantes del cubo optimista, son sólo algunos de los nombres que dan pie a la seducción de una meta lectura que iniciamos día a día muchas veces sin advertirlo coherentemente. Ahí el encanto, en la posibilidad de búsqueda de los espacios que han escapado de la realidad racional (que no es pleonasmo...), para convertirse en una atractiva entelequia congruente.

Presagio, por ejemplo, es la documentación pictórica de dos momentos de una misma construcción. Llevada al extremo en el detalle narrativo, estas dos piezas comparten, cierto, una misma forma arquitectónica, pero difieren en el momento en el que han sido constatadas. En la primera la casa sobre un fondo azul nos permite ver que todo está en aparente orden, excepto una escalera que ha sido recargada frágilmente sobre uno de los muros del inmueble. La segunda pieza deja ver la misma construcción esta vez sobre un agresivo e intimidante fondo rojo. La escalera se ha derrumbado y levanta polvo. El presagio se ha cumplido.

Pilar RamosColapso Díptico,
óleo sobre tela. 2002.Pilar RamosTrato frente a la
empacadora de carnes

Óleo sobre tela. 2003.

Otro importante díptico es Colapso, donde vemos en la primera sección, dos enormes silos cilíndricos que en su parte superior tienen una botella que publicita el producto de esa empresa. La gente, al pie de ambos, mira hacia arriba como si se estuviese llevando a cabo algún evento especial. En la segunda pieza, el silo de la derecha explota estrepitosamente: hay humo que brota de la parte alta (pintado muy a la manera de las tiras cómicas), se descubre una cuarteadura muy poco prometedora y las columnas que soportan el enorme cilindro se han quebrado inexplicablemente. El momento exacto del colapso está ante nosotros con toda la belleza de lo instantáneo irrepetible, de la photo opportunity, y del desastre no anunciado y del que somos testigos de privilegio.

Catástrofe de una empacadora de carnes es igualmente llamativa justamente por ese punto de tiempo en el que es vista la escena mientras un edificio se derrumba. Aunque el polvo y el humo esconden los cimientos heridos y las personas en su derredor parecerían no alterarse mayormente por los hechos, la tragedia evidente de la escena está ahí, como también los complementos plásticos (líneas, mapas urbanos, círculos encerrando figuras), que complementan la composición.

Ya otros autores han abordado la temática de los colapsos urbanos o de sus mutaciones visuales. Martín Peregrina sustituyó algunos elementos de la arquitectura de su Puebla natal por objetos a la mitad del camino entre lo que vemos y lo que creemos que es; Antonio Luquín por su cuenta, ha mirado la ciudad de México desde su deterioro y ha reproducido en sus telas algunas de las referencias urbanas más significativas de la Capital de la República. Vienen ambos a colación, porque a partir de esa modificación estructural de las urbes en su pintura, al igual que Pilar Ramos replantean las posibilidades de existencia de una zona urbana. Esa nueva forma de verla, reproducirla, entenderla, es también parte de la existencia y desarrollo (ese ir siendo en el tiempo...), de las casas y los edificios.

El trabajo compositivo de Pilar Ramos tiene de suyo la solidez que brinda lo que comúnmente se conoce como el Photo based art, sin embargo, ella agrega elementos que enriquecen plásticamente los espacios que constata en sus telas. Un círculo aquí (en algunas ocasiones denotando una acción, en otras simplemente balanceando la estructura de la pieza), una línea allá, son apenas algunos elementos que hábilmente utiliza para que todo quede en su lugar exacto sin que se tenga la sensación de que la pintura está caída, como comúnmente se dice cuando tiene una pobre resolución estructural.

Pilar RamosHabitantes del cubo optimista.
Óleo sobre tela. 2002.

No basta para esto que el tema nodal de cada cuadro se encuentre en el centro, como es el caso de Habitantes del cubo optimista, sino que hay que hacer algo más que Ramos ha resuelto acertadamente. En esta pieza, con una clara referencia a los acontecimientos del once de septiembre del 2001, encontramos que un silo destruido está dentro de un cubo que existe (en la pintura), pero que al mismo tiempo es imaginario (su solidez denota los espacios dibujísticos que lo delatan).

En otra vertiente de su trabajo se encuentran piezas como Gran ruina, El cine y Despojos, fundamentalmente, en las que Pilar nos hace testigos de los paisajes en los que ya sucedió todo. Vemos ahora no ya el instante de la destrucción, no ya lo atractivo de un desplome, sino la verdadera tragedia que es la de la evidencia del estrago, especialmente en el caso de estas tres piezas, por una inundación.

Personajes sin orientación que recorren el nuevo paisaje, construcciones sumidas a medias en el fango, autos semi sepultados y una naturaleza antes exuberante hoy inexistente, son también algunos de los temas que nos enfrentan a ese mundo verdadero en el que los fenómenos naturales nos demuestran una y otra vez que el hombre no es quien manda en las leyes de la naturaleza.

Pilar RamosGran Ruina. Políptico de 35 piezas. 2002.

Sin complacencias, Pilar Ramos pone ante nuestros ojos lo que ella llama escenas del infortunio, y en el fondo es esa suerte de homenaje de vida, de la que no queremos ser protagonistas personales pero en la que somos testigos cuando los actores son los otros, vida que quiebra las frágiles reglas del devenir social con la simple deformación de las construcciones que los humanos discurrimos que nos son útiles para sobrevivir, vida en fin, que es también esa otra parte no sólo de la destrucción, sino de lo fundacional, de lo que inicia a partir de que le hemos visto, de lo que de ahora en adelante toca nuevamente (por fortuna esta vez), edificar.

Pilar Ramos

 

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Fecha de publicación: 04.08.2003