La estética de la dualidad

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Germaine Gómez Haro


“Dejándonos atraer por ella entramos en un camino que parece poder
conducir más allá de la luz, es decir, más allá de toda sensación y noción”.
André Virel, La sortie de l´Imaginaire et l´expérience de la Lumiere.

 

Arturo GuerreroArturo Guerrero, Mi vida sin tí.

Hace dos años —al exponer El oxidado espíritu del siglo en el Museo José Luis Cuevas— Marisa Lara y Arturo Guerrero plasmaron plásticamente sus tribulaciones existenciales y sus cuestionamientos ontológicos en torno a la crisis de fin de milenio. Ahora, contra el caos, el escepticismo, la indiferencia y la deshumanización que caracterizan nuestra era, la pareja de artistas invoca a las fuerzas contrarias y se centra en la búsqueda de la luz como metáfora inequívoca de la esperanza y el cambio, en un intento por expresar el misterio de lo sublime y evocar la capacidad de sorpresa del ser humano ante los fenómenos naturales y espirituales. El resultado de estos dos años de trabajo se presenta ahora en la Casa Lamm bajo el titulo de El hábito de la luz.

Tras concluir el último círculo dantesco en su exposición anterior, Marisa y Arturo se cobijan bajo la intensidad de una profusa luz creadora y propician que el sol irrumpa en su nuevo estudio y, por ende, que invada plenamente sus cuadros. En esta exposición, dedicada a las alegorías de la luz, podemos apreciar —en contraposición con el ámbito nocturno y un tanto sombrío de la obra anterior— una fascinante serie de pinturas luminosas y brillantes.

Más allá de la investigación técnica —que la hay— y rebasando el terreno de la óptica, el interés de los artistas ha sido, en definitiva, la indagación metafísica del tema: la luz como fenómeno a un tiempo científico y espiritual con relación a la tradición filosófica que probablemente tiene su lejano origen en el mundo persa que adoró en Mitra al “Espíritu de la Luz”. Textos filosóficos, mitológicos, espirituales y poéticos subyacen en la concepción teórica de esta obra plástica: Mircea Eliade, Goethe, Dante, Bachelard y Joseph Campbell, entre otros, han proporcionado su “toque de luz” a estas pinturas jubilosas y pródigas de energía vital.

Marisa LaraMarisa Lara, Los Depósitos de la Luz.

Al contemplar estas obras, mi percepción inmediata fue el cambio evidente en el colorido y el tratamiento de la materia. Si el cromatismo en su obra anterior tendía más bien a las tonalidades telúricas —ocres, óxidos y marrones—, en su trabajo reciente Marisa y Arturo captan la luz mediante matices mucho más sutiles y variados: amarillos, verdes, azules grisáceos…  El óleo espeso y las texturas se diluyen en capas finas, translúcidas y homogéneas, causando en el espectador la sensación volátil y etérea de la luminosidad que se intenta encarnar.

Luz y tinieblas constituyen una dualidad universal que está presente en las mitologías y religiones de todas las épocas, en tanto que el espíritu y el cuerpo, símbolos de los principios luminoso y obscuro, coexisten en el mismo ser. Así, vemos en sus personajes la doble connotación de diurnos y nocturnos, celestes y terrenales: el ying y el yang. Particularmente llama la atención el hálito solar abrasador que emana de las obras de Arturo, mientras que las de Marisa revelan el sereno candor plateado de la luminosidad lunar.

Vivimos rodeados de espacios luminosos y al mismo tiempo de invisibles obscuridades. La totalidad del mundo físico está determinada por la difusión de la luz y, sin embargo, ¿cómo pintar su naturaleza incorpórea? La luz que nos permite ver las cosas es la misma que hace a algunas de ellas invisibles. De ahí las teorías de Goethe sobre luz y color, fuente de la que abrevan Marisa y Arturo para recrear poéticamente imágenes metafóricas del entendimiento humano, de la búsqueda de la verdad, del buen sentido o la razón:  la luz del alma que aclara y matiza las emociones y sensaciones.

Arturo GuerreroArturo Guerrero, El Secreto.

Percibo a Marisa y a Arturo, en su dualidad, como haces de luz opuestos y complementarios que se funden sutilmente —como el sol y la luna en la inmensidad del cosmos— para conformar la sólida pareja creadora que han sido a lo largo de dieciséis años. En El hábito de la luz los artistas aluden a la metafísica y a los cambios en la estética de los halos luminosos con el afán de plasmar el abrigo celestial que nos arropa, el rayo refulgente que ilumina la sonrisa y enaltece el abrumado rostro del hombre finisecular, en un sentido afín al de Dante al preguntarse en El Banquete:

¿Qué es la sonrisa si no un destello del gozo del alma, una luz que expresa lo que ocurre en el interior?

 

 

 

 Casa Lamm
  Alegorías de la luz

 

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Fecha de publicación: 20.07.2000