Desde sus inicios la fotografía interactuó con
otras disciplinas humanas como la pintura, la medicina y la
geografía. Se convirtió en un medio de expresión
pero también activó el avance de las ciencias
y la tecnología, transformó las ideas estéticas
empujando al nacimiento de las llamadas vanguardias artísticas.
La imagen fotográfica paso de ser una herramienta para
otras disciplinas, a consolidarse como una de las actividades
dominantes del siglo veinte: la imagen impresa o en movimiento
es uno de los ingredientes básicos en la configuración
del rostro de las sociedades y juega un papel determinante en
áreas tan distantes como la publicidad, el arte, la ciencia,
los espectáculos, los negocios, la información,
la educación, etcétera. Esta capacidad camaleónica
de la fotografía se manifiesta en el quehacer artístico
de los últimos años, haciendo que artistas de
todas las disciplinas mezclen su lenguaje plástico original
con imágenes fotográficas, potenciando la técnica
del collage hacia soluciones antes insospechadas. La interacción
de disciplinas creativas se hizo evidente en la última
Bienal de Fotografía y en su Salón de Invitados.
La siguiente entrevista con Patricia Mendoza, directora del
Centro de la Imagen, aborda ese cambio de estrategia creativa
y ahonda en la explicación del porque del caracter híbrido
de la Bienal.
Fernando Gálvez: En las
últimas bienales los jurados y curadores se han inclinado
por los
lenguajes mixtos y alternativos de la fotografía y ha
quedado en segundo plano la fotografía que en México
estábamos acostumbrados a ver, la más tradicional,
la que
captura un momento de la vida o retrata o documenta.
Patricia Mendoza: Hagamos un poco
de historia para encontrar la razón de esto: la primera
Bienal de Fotografía es en 1980 y se debe a que en 1979
la Bienal de Gráfica recibió muchas fotografías
y el jurado se declara incompetente para juzgarlas pues son
un medio gráfico pero no tradicional como el dibujo o
el grabado en sus distintas vertientes, por lo que todas las
fotografías que concursaron son incluidas en la selección
y esto fuerza el nacimiento de una bienal dedicada al quehacer
fotográfico. Pero los años ochenta están
dominados por una postura similar a la frase siqueiriana de
"no hay más
ruta que la nuestra" y esta ruta es la fotografía
documental como la esencia y fundamento de la fotografía
latinoamericana. El hecho es que en los noventa muchos fotógrafos
están haciendo narrativa visual y neográfica pero
de una forma mucho más rígida de como lo hicieron
los artistas en los 80.
FG: ¿Piensas que en los
80 fue muy difícil para los alternativos abrirse paso
frente a los
tradicionalistas?
PM: Definitivamente, porque los
disidentes eran los menos representativos del gremio y
en la historia de la fotografía mexicana el sentido gremial
ha sido muy importante, aunque en los 80 comenzara a atomizarse.
FG: ¿Crees que la debilidad
de los fotógrafos alternativos también radicaba
en que en aquellos años todavía no tenían
muy consolidadas sus propuestas, al grado de que les pesaban
mucho ciertos fotógrafos extranjeros y no lograban articular
un sello totalmente propio?
PM: Puede
ser,pero había trabajos como el de Lourdes Groubet que
desde los setenta tenía obras que hoy en día nos
siguen pareciendo propositivas y revolucionarias. Ella realizó
un trabajo de gran calidad y se movió completamente sola,
ya que era mayor que Gerardo Suter, Olivierio Hinojosa, Lourdes
Almeida o Adolfo Patiño, pero transitó sólidamente
por la instalación y el performance fotográfico,
hizo cajas de luz e innovó haciendo paisaje pintado que
luego fotografiaba.
FG: Permíteme hacer un
salto, pues creo que lo interesante radica en seguir el arco
de la historia y percatarnos de que ahora estamos en el otro
extremo: los artistas tradicionales de la cámara se sienten
desplazados en las últimas bienales en las que dominan
los lenguajes mixtos, la estética conceptual, la instalación
y hasta el video.
PM: De algún modo es cierto,
pero es muy importante señalar que este desplazamiento
de las bienales hacia los lenguajes fotográficos menos
tradicionales, se da paralelamente al nacimiento hace tres años
de la Bienal de Fotoperiodismo, en la cual dominan las corrientes
fotográficas documentalistas. Sería un tanto arbitrario
que los nombres que se seleccionaron en mayo para la Bienal
de Fotoperiodismo repitieran en esta Bienal y controlaran el
espectro de la fotografía en México. Sin embargo,
esta división no ha sido tajante, hay que recordar que
el premio del público en la Bienal de Fotografía
de hace dos años correspondió a Raúl Ortega,
un excelente periodista de la lente. En la siguiente bienal,
Adolfo Pérez Güitrón, que maneja una fotografía
de estudio con una estética muy cercana a la imagen publicitaria,
fue una coincidencia tanto del público como del jurado.
FG: Entrando en materia de esta
última bienal, me parece muy acertada la inclusión
de un Salón de Invitados, porque a través de referencias
como las del arte asiático podemos darnos cuenta que
las preocupaciones de los artistas son similares a las que están
inundando el panorama mexicano.
PM: La presencia de Oriente es
muy importante porque creemos que una de nuestras funciones
es abrir canales hacia otros territorios, pues estamos totalmente
definidos por una mirada norteamericana y europea, siendo que
hay un movimiento fotográfico muy intenso en todas partes
del mundo. Es por ello que invitamos al chino Hou Hanru, curador
del Pabellón de Francia en la última Bienal de
Venecia.
FG: Podríamos decir que
este es un nuevo paso del Centro de la Imagen en este irretenible
andar que con o sin polémicas ha dinamizado indudablemente
el acontecer fotográfico del país.
PM: La Bienal de Fotografía
cambia su sentido a raíz de Fotoseptiembre, que es el
evento en el que se puede visualizar de forma más nítida
ese dinamismo que tú señalas. Antes, el objetivo
de la Bienal era ser un termómetro de la creación
fotográfica nacional, además de que la gente no
conocida podía participar en un intento porque su obra
adquiriese reconocimiento y difusión; cuando surge Fotoseptiembre
esto cambia, puesto que es un evento inclusivo y en extremo
generoso, ya que impulsa la apertura de foros para la foto o
simplemente ayuda a que miremos ciertos espacios de exposición
antes desatendidos porque se ocupan de los artistas que no son
renombrados, pero que en Fotoseptiembre se mezclan con los famosos.
La Bienal empieza a transformarse con una inercia propia
en un "salón de excelencia", sin en la sexta
y séptima Bienal hubo cien seleccionados de quinientos
participantes, es decir un veinte por ciento, en la octava el
porcentaje baja a cinco y esto desencadena una fuerte controversia.
Creo que esto fue sano, el que mucha gente no estuviera de acuerdo
sólo nos hizo darnos cuenta de que la Bienal está
transformándose en una selección con un sentido
curatorial más claro y que al mismo tiempo ya había
una serie de espacios y opciones para quienes no fueran incluidos.
El resultado de esta búsqueda por empatar excelencia
y coherencia nos llevó a la idea de crear un Salón
de Invitados, donde los artistas nacionales pudiesen confrontar
su obra con las ideas creativas del exterior.
FG: ¿Cómo fue que
la Bienal se inclinó por la presencia del vídeo,
del monotipo sobre papel periódico, de la instalación,
de la impresión digital y la foto intervenida?
PM: Pienso yo que en esta Bienal
se encuentran presentes todas la técnicas contemporáneas
sin ningún tipo de diferenciación. Pero también
está el criterio de Guillermo Santamarina, quien se mueve
muy bien por estos territorios, cosa que José Antonio
Navarrete no hace, puesto que él es un cubano radicado
en Venezuela con una trayectoria como historiador de la fotografía
y como curador, pero que de algún modo transita en límites
más tradicionales y eso es notorio en su selección
de artistas invitados, aún cuando incluye instalaciones
como la de Facundo Rodrigo.
FG: El tema de la Bienal son las
fronteras y por ello los lenguajes híbridos o mixtos
embonan bien con la propuesta lanzada en la convocatoria.
PM: Por primera vez se integran
a la convocatoria medios como el vídeo, el disco compacto,
etcétera, y por primera vez también hay un tema:
la frontera. Tema que de por si es abierto pues plantea no sólo
las fronteras geográficas sino también las sexuales,
las raciales, las existentes entre el mundo privado y el público
y, por supuesto, las fronteras que se diluyen entre las distintas
artes. Hay que decir también que con esta exposición
el Centro de la Imagen inicia sus labores pertenecientes a las
actividades del llmado Festival de la Luz, evento en que participarán
los espacios más importantes del mundo que tienen que
ver con la fotografía: museos, bienales, centros de estudios,
festivales, en fin. Creo que es una época en que estamos
cruzando, diluyendo y volviendo a trazar fronteras en todas
las áreas del quehacer humano.
FG: Me parece que la frontera
más grave ahora es la desinformación, pese a que
se habla mucho de la globalización de la información.
Esta muestra prueba que no sabemos nada de lo que se está
haciendo, por ejemplo, en Asia en cuestión de arte y
en sus procesos sociales. Creo que esto demuestra que nuestros
problemas como pueblos son similares y que tenemos que romper
la cortina de la incomunicación y el aislamiento, que
es el eradero muro levantado por el poder financiero global
tras la caída del Muro de Berlín.
PM: Por supuesto, y si te das
cuenta es un poder impuesto con imágenes. Nosotros tenemos
que polemizar hoy todo eso que encasilla e impide el movimiento
y que de algún modo anula y mata, no podemos seguir permitiendo
que la imagen siga construyendo una sociedad a la imagen y semejanza
de los monopolios que manejan la imagen pública. La idea
es gestar un movimiento en que se de una profunda reflexión
sobre la imagen, por ello si una Bienal o cualquier otro evento
o programa del Centro de la Imagen desatan una discusión
a mi no espanta, me parece muy importante. Creo que la multiplicación
de formas de expresión es reflejo de una sociedad que
está cambiando aceleradamente. Es un juego de espejos:
por un lado la tecnología no está mediendo a un
mundo virtual en el que cada vez podemos transtiar más
por la imagen, internanrnos en ella hasta creer que es real,
por su lado, el arte con las ambientaciones y las instalaciones
plantea un discurso crítico hacia esto, utilizando elementos
de esa realidad tecnificada para hacernos pensar En la instalación
de Wineke Gartz, donde se resumen estas inquietudes en un cuarto
habitado por imágenes que van desde la fotocredencial
personal hasta la presencia de héroes fílmicos
como Bruce Lee, sin embargo, la inclusión de un espejo
real cuestiona la injerencia de las imágenes públicas
(que serían las proyectadas) sobre las imágenes
íntimas (representadas por el espejo).
FG: Esto
me hace pensar en que a lo largo de la exposición vi
vmuchas fronteras de cristal. El fotógrafo tiene una
percepción muy aguda para captar fronteras de vidrio
porque finalmente entre el mundo y el artista fotográfico
siempre está una lente. Finalmente el vidrio es el límite
a través del cual la realidad que aparentemente captura
el fotógrafo deja de ser "la realidad" y se
convierte en una realidad propia del hombre creativo ¿Crees
que el fotógrafo puede romper esa frontera de cristal
y entrar en la realidad?
PM: No creo que rompa esa barrera.
¿Qué implica esa frontera? Implica distancia,
una distancia que no necesariamente se transforma en objetividad.
Es una distancia que te permite hacer una síntesis a
partir de un proceso de selección interno o una síntesis
a partir de ilustar lo que estás viendo. Siempre eres
un testigo, Susan Sontag lo definió muy bien al cuestionar
por qué el fotógrafo no intervino en la famosa
foto en que le están volando los sesos a un hombre atado
en Vietnam. En ese caso límite el fotógrafo prefiere
seguir siendo testigo a ser actor, pero esa foto intervino en
la realidad de una forma apabullante: dio conciencia al mundo
para detener eventos como ese, pero no intervino en la realidad
de la cual nos está hablando, de ésta es un testigo.
FG: Creo que las actividades desarrolladas
por la institución que encabezas han incidido no sólo
en la creación de un público para la fotografía
y en una discusión amplia encabezada por los propios
fotógrafos, sino también cuestionó a personas
que dentro de su trabajo manejan cotidianmente la fotografía,
como editores de revistas y periódicos.
PM: Definitivamente, por eso es
un centro que busca movilizar y no somos un Museo en el sentido
tradicional. Somos un espacio gestador de ideas , proyectos,
vínculos, información, polémicas, reflexiones,
etcétera. No nacimos alrededor de una colección
aunque también la hemos ido creando con el tiempo. En
ocasiones nos critican que no tengamos un proyecto de curaduría,
pero es que nuestra curaduría radica en presentar los
opuestos.