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De la muerte del arte al Registro
como postura vital
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Son
varias las reflexiones que se han suscitado en torno a
la eminente desaparición del arte de nuestros tiempos.
La reflexión comenzó con Hegel en el siglo
XIX y su postulación de "el fin del arte".
El filósofo alemán hizo una revisión
a la historia del arte y concluyó, incidiendo en
la producción artística de su contexto,
sugiriendo el triunfo del "espíritu absoluto"
sobre el arte, una profecía sugerente a lo que
sucede en la actual cultura de la imagen y la práctica
artística de nuestros días. |
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Según Hegel, el "espíritu absoluto"
es la unidad de la objetividad y subjetividad del espíritu,
equilibrio entre forma y contenido y, la realidad que corresponde
rigurosamente al concepto, el espíritu absoluto es en definitiva
Dios. Hegel ve el triunfo del espíritu absoluto en el momento
romántico y con ello el fin del arte como hecho específico,
es decir como acto rescatado e integrado del resto de la experiencia.
Hegel ve en sus contemporáneos, los artistas románticos,
la culminación del arte; criticable por sostener una postura
germanocentrísta pero no en demérito de la reflexión,
el filósofo cree que el arte llaga a su cenit con estos
artistas.
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Para que quede mas clara la reflexión centrémonos
en un ejemplo artístico coetáneo al pensador,
pensemos en Caspar Friederich (1774 - 1840) y su cuadro "La
cruz en las montañas". De evidente impronta religiosa
- panteísta, característica del trabajo de Friederich
como de muchos de los románticos alemanes, vemos en esta
pintura de una cruz apenas discernible sobra la cima de una
montaña, el contraste entre lo finito del hombre, de
la humanidad encarnada por Cristo en la cruz y, lo infinito
del paisaje, de la naturaleza indeterminada; estos contrastes
cual tragedia, se concilian en el silencio.
En "El precipicio de Rugen" Friederich nos muestra
que hay algo que nosotros no alcanzamos a ver, los personajes
representados en la obra ven más que nosotros y nos invitan
a experimentar la atracción al abismo. ¿Qué
hay en la atracción hacia un precipicio natural?: una
experiencia de lo sublime, "la suspención de las
facultades mentales" como diría Kant, una representación
mas allá de lo mesurable de lo bello. Para Hegel la belleza
es la manifestación sensible de la idea, esta idea, que
en definitiva es el espíritu absoluto, fue representada
por los artistas románticos en un perfecto equilibrio
de forma y contenido entre lo general y particular. Hegel como
Caspar Friederich hablan del triunfo del espíritu absoluto,
desde el punto de vista del arte, como un momento en que la
naturaleza ya no pose ningún carácter independiente.
Ya no es la creación cuya magnitud emociona a los seres
humanos, si no la respuesta espiritual que la naturaleza puede
darnos.Es así como Hegel proclama el fin del arte como
hecho específico, rescatado e integrado del resto de
la experiencia, muere el arte por un agotamiento de géneros
y estilos ya no hay nada más que el arte como tecné,
que como representación, pueda hacer por el espíritu
absoluto, este ente inmensurable ya no encuentra su expresión
en el arte .
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Caspar Friederich, Cruz en las montañas
(1807-8),
óleo/tela, 115 x 110.5cm
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El arte no es capaz de lograr la manifestación de la
profundidad del espíritu precisamente por que no logra
superar plenamente la distinción entre lo interno y lo
externo distinción que no trata lo interno infinito frente
a lo externo finito, como había representado Caspar Friederich,
si no la profundidad que domina ambos. En términos artísticos
ya se ha cumplido el acometido teológico, y es ahora
el turno de la filosofía pues es la única disciplina
quien puede ocuparse esencialmente de esta unidad que es el
espíritu absoluto.
Otro texto que tiene gran eco en nuestros tiempos es "La
obra de arte en la era de la reproductibilidad técnica"
de Walter Benjamin; en éste se habla de la muerte del
Aura de la obra, es decir "la pérdida de una manifestación
irrepetible de una lejanía". Surge la masa y con
ella el deseo irremediable de acercar espacial y humanamente
al objeto artístico adueñándoselo y sacándolo
de los límites institucionales (museos, salas de concierto
etc,) mediante catálogos fotografías, y otro tipo
de reproducciones técnicas. La reproducción tecnológica
de la obra artística da lugar a una estetización
de masas, lo cual, en palabras del autor, puede tener un doble
efecto, corre el riesgo de caer en la "percepción
distraída", ya que los medios de comunicación
de masas pueden ejercer un dominio negativo. Para Walter Benjamín
acercar espacial y humanamente al objeto con relación
al sujeto, mediante la reproducción técnica, es
sacar el objeto de su aura pues pierde su ritual su religiosidad
de experiencia única.
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Más cercano contemporáneo en su enfoque, está
el filosofo francés Regis Debray, quien menta una vez
más, el aforismo de la muerte del arte. En su caso lo
posición es mucho más conciliadora habla de la
Muerte y su complementario: la vida de la imagen. La muerte
de la imagen es interpretada como la muerte de una imagen manipuladora
y consecuencia la vida de la misma surge gracias a una no -
alienación de la imagen con respecto al espectador.
Frente a estas importantes postulaciones teórico estéticas
y una producción artística contemporánea,
controversial, provocadora, híbrida y proclamada a veces
como antiarte; es innegable que cierto sentimiento de suspicacia
nos desafía a reflexionar en torno a la legitimidad del
arte de nuestros días. De entrada tenemos un arte que
ha abandonado la tradición antigua y cristiana, como
arte de inspiración mística y por otra parte tenemos
un arte como provocación y expresión propia del
artista contemporáneo. Así mismo el entrañable
trinomio artista-obra-espectador ha cambiado.
Ciertamente ya no se nos obliga penetrar en una obra, mediante
el dolor de un Cristo agonizante, ni, por citar otro ejemplo,
a través de los grandes lienzos que a la usanza romana,
propagandística, alababan y provocaban la idolatría
de un déspota como Napoleón. Ni la Iglesia ni
los intereses políticos de un emperador están
detrás de la obra y del artista. Ahora, las obras albergan
intereses individuales y contextuales que proclaman la autonomía
de la obra de arte.
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Caspar Friederich. El precipicio
de Rugen (1818-19),
óleo/tela, 90.5 x 71 cm
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Aunados a estos cambios desde el siglo XIX con Ruskin o Morris
la figura del crítico adquiere gran importancia con pero,
y es en el siglo XX donde el crítico adquiere un papel
fundamental en el arte para llegar en nuestros tiempos a tener
una plena participación bajo la posición de "curador"
o "comisario", que le permite mayor libertad para ejercer
la investigación estética bajo la postura de un
"interés desinteresado". El curador es mediador
entre el artista y la institución, ya no son los poderes
políticos religiosos o económicos los que moldean
el arte. Hoy artistas y espectadores somos responsables de el
espacio interpretativo.
Pero no pequemos de optimistas, ni todos los artistas y curadores
son necesariamente neutrales y, por otra parte es importante matizar,
diferenciar, entre una percepción consciente y la hipnosis;
aquí sí y definitivamente, "percepción
distraída" o pervertido triunfo del espíritu
absoluto que la publicidad ha procurado. Me interesa que el lector
- espectador lo tenga en cuenta y que pese a los límites
cada vez más estrechos, discierna entre la disciplina publicitaria,
así como de cuestionables criterios del mercado del arte,
y, el arte.
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Para efectos de foco y aterrizando las ideas, me gustaría
centrarnos en los dos ejemplos que anuncia el texto: las exposiciones
de "Registro" y "Más allá del documento".
Fruto del trabajo de tres críticos de arte: Víctor
Palacios, Paola Santos Coy mi persona y, tres artistas plásticos:
Erick Beltrán, Mariana Castillo y Sebastián Rodríguez;
se presentó el invierno pasado en la Galería d´Art
Banyoles en Girona España, la exposición Registro,
Registre. De hecho la reflexión original de este texto
nace de esta exposición cuando pretendí hacer una
justificación teórica como "curadora"
de la exposición. Para mi sorpresa hace tan solo unos días
me tope con una nueva adquisición de la Biblioteca de Casa
Lamm; el título, Más allá del documento,
llamó mi atención de inmediato, la confluencia de
ideas se acentúo al enterarme que se trataba de una exposición
del Museo de arte Contemporáneo Reina Sofía paralela
a la de "Registro". Pese a que la estructura teórica
de los textos de la exposición "mas allá del
documento" tan solo nombran el registro y no profundizan
en el término, pues si muestran obra que se acerca más
al documento como es la obra de Marc Ferrez ( Río de Janeiro,
1843 - 1923), si lo aluden claramente en el título, como
en el trabajo artístico presentado. La confluencia de ideas
en ambas exposiciones no es gratuita, algo esta pasando. Ambas
sirven de referente para dar forma a las ideas aquí planteadas.
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Cajetilla de cigarros inspirada en su obra
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¿Qué queremos decir
cuando hablamos de registro en el arte? La historia es en sí
un gran registro. Los historiadores del arte vemos el origen de
la historia del arte en las pinturas rupestres, fue el primer
momento en que el hombre expresó su necesidad por registrar,
transcribir un evento mediante una marca delimitada en un contexto
y con una intención determinada por ende, con un sentido
interpretativo. Hoy en día, el acto de registrar vuelve
a tener relevancia en el arte. Dentro de la gama de posibilidades
que trajo consigo la tecnología, la fotografía (de
reproductibilidad constitutiva) permitió registrar espectros
y frecuencias. Con la foto se resolvió la necesidad de
documentar la realidad, los hechos ( no es gratuito que desde
este momento la pintura se desprendiese y adquiriese su definitiva
autonomía frente a aspectos de una realidad inmediata,
pensemos en los impresionistas). Así se conforma el género
de fotografía documental de veracidad "incuestionable"
y utilizado hasta nuestros días para efectos de índole
como la Ciencia. Entre el espacio de documentación y veracidad
y el objeto - sujeto, entre los documentos y nosotros, aparece
el fenómeno del registro en el arte actual, como en las
pinturas rupestres pero bajo un baño de sutilezas.
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A partir del arte de post guerra para una gran mayoría
de artistas cuya producción dialoga con acciones, con
lo efímero, la fotografía es el medio que permite
transcribir este hecho. El conjunto de obras de las dos exposiciones
a las que me referí comprende a artistas latinoamericanos
y es principalmente en el continente americano donde encontramos
artistas que trabajan con el concepto de registro. ¿Qué
es este giro de lo efímero? y ¿qué relación
tiene con el registro?. Efímero viene de la raíz
griega ephemoros, significa literalmente "un día"
y se entiende como un evento de corta duración; se les
llama también así a las flores que abren una sola
vez y que luego se marchitan. Acciones, gestos, sutilezas, ambigüedades,
cotidianidades, todos estos, eventos de corta duración,
son rescatados e integrados por medio de un registro.
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Marc Ferrez, Sin Título, plata/gelatina,
1919
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Pensemos en la pieza de Gabriel
Orozco presentada en el museo Reina Sofía, La extensión
del reflejo. Después de que el artista ve como unos niños
jugando en bicicleta en un charco dejan sus huellas, decide experimentar
la misma acción; dando vueltas en su bicicleta de charco
a charco y creando un círculo visible por el movimiento
y el paso de las llantas por el agua; posteriormente registra
la acción.
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El registro sin interpretación se convierte en documento,
por ende el registro es interpretación, creación
y no mero reflejo como en el documento. La interpretación
del artífice, está justamente en esta elección
de eventos, provocados o simplemente rescatados del mundo para
ser mostrados y así continuar con la característica
inherente del arte de comunicar y hacer visible lo invisible.
Es difícil negar la relación del espíritu
absoluto, con estos actos efímeros. Hay algo más
en los actos humanos que la simple impronta. Caspar Friederich,
ya había indagado con un espíritu (hegeliano)
que aludía al registro. Sus cuadros son recreaciones
a partir de anotaciones que registraba en su bitácora
durante sus viajes, jamás pintaba la naturaleza directamente
pues el artista debía pintar a partir de su interior.
Este proceso de abstracción del objeto que en el caso
de Friederich es la naturaleza a partir del hombre es llevado
en nuestros días al extremo.
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Gabriel Orozco, La extensión
del reflejo, fotografía b y n, 1998
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Lo que Friderich en "El precipicio de Rugen" nos enseñaba
como inaccesible a la voluntad humana por obra de la naturaleza
sublime y desbordada , es superada por la voluntad de los seres
humanos al conformar su propia vida. La acción del registro
hace énfasis en este hecho de la voluntad encarnada en
acciones humanas. La serie "Alineaciones", del artista
cubano Claudio Perna (1938 - 1997) es bastante sugerente respecto
a esta última observación: haciendo uso de la foto
de una mano en tamaño natural el artista hace una serie
de registros fotográficos en diferentes situaciones pero
el símbolo de la mano no varia, así tenemos calles
con gente, un tubo de estaño en medio del campo; o una
carretera donde una señal de tránsito contiene la
mano. Esta pieza además de hacer énfasis del registro
como una actividad semiótica habla claramente de la voluntad
humana tanto por los paisajes humanos como por la repetición
de la mano, ¿qué representa la mano sino encarnación
de la voluntad humana y en el arte por contener el espíritu
absoluto?
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Claudio Perna, Alineaciones, plata/gelatina, 1999
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El arte, una vez más, rompe límites, pero ordena
e institucionaliza (ya sea mediante un espacio de galería,
museo, los llamados "espacios alternativos", catálogos,
libros - objeto o incluso Internet) para mostrarnos algo, y ese
algo esta vez es un lenguaje común, cotidiano e inherente
a una "estetización de masas", un ojo avizor
de órdenes supremos en una percepción mundana y
cotidiana, haciendo de cada uno de los eventos algo único.
Se pierde el Aura como manifestación irrepetible de una
lejanía pero se gana el Aura de una manifestación
repetible de una cercanía. Permanencia de arte como hecho
específico pero integrado del resto de la experiencia.
La hipotética muerte del arte en Hegel es tan solo el
inicio de un arte con formas nuevas. Autónomo aunque no
independiente del contexto el arte actual abandona el misticismo
para incidir en una consistencia ontológica que reflexiona
en un ser aquí y ahora. Mientras el hombre, antinatural
(artífice) por naturaleza, conforme su propia vida, el
arte no desaparecerá.
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