| |
Conviértase en artista
con un manual de hágalo usted mismo
|
|
|
| Do it / Museo
Carrillo Gil |
Do it no es meramente una exposición,
es una invitación a interactuar con el arte.
Está formada por un grupo de obras por instrucciones,
es decir, los artistas que participan lo hacen, no con
un trabajo que ha sido creado por ellos, sino enviando
una serie de instrucciones para que un ejecutante las
ponga en práctica y sea éste mismo, mediante
la interpretación de estas instrucciones, quien
desarrolle el trabajo creador.
|
| |
|
|
|
| |
Lo interesante de esto es que el ejecutante, no necesariamente
tiene que ser un artista, puede ser el mismo personal que
trabaja en el museo o el propio espectador quien lo puede
hacer. Esto parece ser el fundamento; la interpretación
como principio artístico añadido a cierto
carácter lúdico en el que se juega y manipula
la obra para darle un toque de movimiento y destacar lo efímero
del trabajo artístico. Esto último es más
evidente cuando vemos que una de las reglas para el montaje
de esta muestra es que las obras deben ser desmanteladas y
destruidas una vez terminado el periodo de exposición.
Do it nace de la idea de Hans Ulrich Obrist, Christian Boltanski
y Bertrand Lavier quienes compartían el interés
del trabajo artístico por medio de instrucciones y
juntos llegan a la idea de una exposición que estuviera
formada por una serie de procedimientos que son estáticos
hasta que sean ejecutados por alguien más, como si
fuera una partitura musical. Do it se llevó a cabo
por primera vez en 1994 en Austria y a partir de entonces
ha sido realizada en más de 12 países al rededor
del mundo.
|
Christian Boltanski: Los escolares, 2001
|
Otro aspecto a destacar es la participación
del público. En la mayoría de los trabajos encontramos
una invitación dirigida al espectador a realizar una
acción. Así, el espectador se convierte en el
actor y creador de la obra en sí, lo que nos hace recordar
lo dicho por Duchamp el espectador hace la obra.
Esto también le da un carácter diferente, sobre
todo, para aquellos que están acostumbrados que en los
museos no se puede tocar y últimamente, ya
ni siquiera acercarse. En cuantas ocasiones no nos hemos encontrado
esa espantosa línea amarilla que nos hace sentir
como si estuviéramos en una estación del metro
pintada a tal distancia que es imposible distinguir si el cuadro
que está allá a lo lejos es una cara, un animal,
si es acuarela o un dibujo. Pues bien, en Do it sí se
vale acercarse, se vale tocar e incluso hasta tal punto, que
es posible cambiar la disposición de la obra hasta convertirla
en algo diferente y personal.
|
Joseph Grigely: Hágalo
Ahora, 1997
|
Esto sorprende a algunos y a otros no. Por
un lado encontramos un público temeroso de participar: lee
la instrucción, la cual lo invita a realizar una acción
(mueve, abre, toca, escribe, etc.) y tímidamente toma el
objeto, no sin antes voltear a ambos lados esperando la típica
reprimenda de algún guardia. Finalmente se atreve y actúa.
Sin embargo, no deja de notarse cierto alivio cuando suelta el objeto
y se retira victorioso de haber superado el miedo.
|

Thomas Glassford: Palillos chinos, 2001
|
Pero también encontramos las reacciones
de un público que parece ser un poco más experimentado,
que se muestra poco sorprendido y participa con cierto aburrimiento.
Quizá es porque también es posible considerar las
obras presentadas en esta exposición como un trabajo ya
conocido, dado que representan la consecución obligatoria
de las vanguardias surgidas en los años 60 y de experimentos
realizados por artistas como Yves Klein, Strerlac o la misma Marina
Abrámovic de la que se presenta una obra. Ellos se atrevieron
a hacer participar al público y se atrevieron a mucho más
y si comparamos su trabajo con lo que aquí se muestra,
pareciera que Do it se quedó un poco atrás. Ni siquiera
el nombre nos resulta sorprendente, pues es inevitable recordar
el slogan Just Do it de Nike, que forma parte fundamental
de su campaña publicitaria desde el año de 1988.
|

Dominique González-Foerster:
XXL Libro de color, 2001
Para montar esta exposición,
sólo es necesario seguir las instrucciones y sus reglas.
El museo deberá seleccionar y realizar por lo menos 15
de las 30 obras/acción que vienen en el instructivo general.
En el montaje realizado en México, uno inicia el recorrido
enfrentándose a una gran caja de madera, con una tapa móvil,
con la que puedes jugar, sentarte o meterte dentro, abrirla, cerrarla,
o simplemente verla y la acción puede quedar registrada
gracias a una pequeña cámara que se encuentra enfrente,
el público es libre de tomarse o no la foto y de llevársela
como una especie de souvenir o dejarla para que forme
parte de la exposición.
|
Más adelante se encuentra
una obra que me llamó la atención, es una titulada
True Crime (Delito Verdadero) en la que el, o los ejecutantes,
deberán entregarle al museo una muestra de algún
acto ilegal. Así, encontramos fotografías de objetos
que fueron robados, narraciones ligeras y breves de algún
delito o evidencias de violaciones a las leyes de tránsito.
Es una obra que en principio parece divertida, luego, casi como
reacción inevitable, uno comienza a recordar una
que otra ilegalidad en la que se ha visto envuelto y acto
seguido, uno se siente como exponiendo sus propios actos delictivos.
Creo que esto último, parece ser el objetivo final de este
trabajo.
|
En el recorrido encontramos trabajos de diversos
orígenes, videos, grabaciones de sonidos ambientales
o música, instalaciones y hasta una pecera volátil
en la que se encuentra un pececillo japonés. Otra de
las obras que destaca por la complicada serie de instrucciones
es aquella en la que se presentan 8 camisas blancas de cuello
alto y manga larga que deben ser planchadas y dobladas de tal
manera que, aún con el instructivo en la mano, no puedo
explicar cómo el que ejecutó esta obra, fue capaz
de hacerlo con tal destreza.

LCM/Fernando Romero: Estanque, 2001
|

Diller y Scofidio: Mal Planchada, 2001
|
Sin embargo no todas las obras fueron
ejecutadas con tanta habilidad. Entre las que me parecen un tanto
fallidas es el Árbol de los deseos. Obra original
de Yoko Ono que pudiera ser considerada por algunos como un tanto
cursi , se titula Wish Piece (Pieza de
deseo) y la instrucción dice que se debe pedir un deseo,
escribirlo en un papelito y con un cordoncito, atarlo a una ramita
del árbol, hasta que éste se llene de deseos; pero
dejando por el momento el juicio de la obra, el problema está
en la ejecución, para empezar, no encontramos un árbol
sino un foto-mural pegado a una pared y en lugar de atar
con un cordoncito tomas una tachuela y clavas en el mural
una especie de post-it de colores. Pero eso no es todo, cuando
uno se acerca a leer los buenos deseos se encuentra mensajes como:
Odio a Roberto de 1°C y Me caga el maestro
de matemáticas, deseo que se muera. Ciertamente todo
esto tiene algo de descepcionante y para terminar con mi frustración,
un par de semanas después de ver esta muestra, me encontré,
en un restaurante de poca reputación culinaria, un arbolito
navideño (y este sí era natural) donde uno podía
atar (sí, con un cordoncito) una esferita de papel con
un deseo, y yo me pregunto ¿quién ha ejecutado mejor
esta obra?.
|
Finalmente, lo más atractivo de este trabajo
es que uno puede comprar el instructivo por módicos 30
pesos y montarse su propia exposición en casa. Es así
como, en un intento por ampliar la sala de mi casa, seguiré
las instrucciones de la obra de Marjetica Potrc:
Cómo
volar un muro
Es fácil, cierre los ojos
Concéntrese y sople
|

Marjetica Potrc: Cómo volar un muro, 2001
|
|