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Gabriela Galindo

 

Conviértase en artista con un manual de hágalo usted mismo

 

 Do it / Museo Carrillo Gil

Do it no es meramente una exposición, es una invitación a interactuar con el arte. Está formada por un grupo de obras por instrucciones, es decir, los artistas que participan lo hacen, no con un trabajo que ha sido creado por ellos, sino enviando una serie de instrucciones para que un ejecutante las ponga en práctica y sea éste mismo, mediante la interpretación de estas instrucciones, quien desarrolle el trabajo creador.

 

Lo interesante de esto es que el ejecutante, no necesariamente tiene que ser un artista, puede ser el mismo personal que trabaja en el museo o el propio espectador quien lo puede hacer. Esto parece ser el fundamento; “la interpretación como principio artístico” añadido a cierto carácter lúdico en el que se juega y manipula la obra para darle un toque de movimiento y destacar lo efímero del trabajo artístico. Esto último es más evidente cuando vemos que una de las reglas para el montaje de esta muestra es que las obras deben ser desmanteladas y destruidas una vez terminado el periodo de exposición.

Do it nace de la idea de Hans Ulrich Obrist, Christian Boltanski y Bertrand Lavier quienes compartían el interés del trabajo artístico por medio de instrucciones y juntos llegan a la idea de una exposición que estuviera formada por una serie de procedimientos que son estáticos hasta que sean ejecutados por alguien más, como si fuera una partitura musical. Do it se llevó a cabo por primera vez en 1994 en Austria y a partir de entonces ha sido realizada en más de 12 países al rededor del mundo.

 

Christian Boltanski

Christian Boltanski: Los escolares, 2001


Otro aspecto a destacar es la participación del público. En la mayoría de los trabajos encontramos una invitación dirigida al espectador a realizar una acción. Así, el espectador se convierte en el actor y creador de la obra en sí, lo que nos hace recordar lo dicho por Duchamp “el espectador hace la obra”. Esto también le da un carácter diferente, sobre todo, para aquellos que están acostumbrados que en los museos no se puede “tocar” y últimamente, ya ni siquiera acercarse. En cuantas ocasiones no nos hemos encontrado esa espantosa línea amarilla —que nos hace sentir como si estuviéramos en una estación del metro— pintada a tal distancia que es imposible distinguir si el cuadro que está allá a lo lejos es una cara, un animal, si es acuarela o un dibujo. Pues bien, en Do it sí se vale acercarse, se vale tocar e incluso hasta tal punto, que es posible cambiar la disposición de la obra hasta convertirla en algo diferente y personal.

Joseph GrigelyJoseph Grigely: Hágalo Ahora, 1997


Esto sorprende a algunos y a otros no. Por un lado encontramos un público temeroso de participar: lee la instrucción, la cual lo invita a realizar una acción (mueve, abre, toca, escribe, etc.) y tímidamente toma el objeto, no sin antes voltear a ambos lados esperando la típica reprimenda de algún guardia. Finalmente se atreve y actúa. Sin embargo, no deja de notarse cierto alivio cuando suelta el objeto y se retira victorioso de haber superado el miedo.

Thomas Glassford

Thomas Glassford: Palillos chinos, 2001


Pero también encontramos las reacciones de un público que parece ser un poco más experimentado, que se muestra poco sorprendido y participa con cierto aburrimiento. Quizá es porque también es posible considerar las obras presentadas en esta exposición como un trabajo “ya conocido”, dado que representan la consecución obligatoria de las vanguardias surgidas en los años 60 y de experimentos realizados por artistas como Yves Klein, Strerlac o la misma Marina Abrámovic de la que se presenta una obra. Ellos se atrevieron a hacer participar al público y se atrevieron a mucho más y si comparamos su trabajo con lo que aquí se muestra, pareciera que Do it se quedó un poco atrás. Ni siquiera el nombre nos resulta sorprendente, pues es inevitable recordar el slogan “Just Do it” de Nike, que forma parte fundamental de su campaña publicitaria desde el año de 1988.


Dominique González-Foerster

Dominique González-Foerster: XXL Libro de color, 2001

Para montar esta exposición, sólo es necesario seguir las instrucciones y sus reglas. El museo deberá seleccionar y realizar por lo menos 15 de las 30 obras/acción que vienen en el instructivo general. En el montaje realizado en México, uno inicia el recorrido enfrentándose a una gran caja de madera, con una tapa móvil, con la que puedes jugar, sentarte o meterte dentro, abrirla, cerrarla, o simplemente verla y la acción puede quedar registrada gracias a una pequeña cámara que se encuentra enfrente, el público es libre de tomarse o no la foto y de llevársela como una especie de “souvenir” o dejarla para que forme parte de la exposición.

Más adelante se encuentra una obra que me llamó la atención, es una titulada True Crime (Delito Verdadero) en la que el, o los ejecutantes, deberán entregarle al museo una muestra de algún acto ilegal. Así, encontramos fotografías de objetos que fueron robados, narraciones ligeras y breves de algún delito o evidencias de violaciones a las leyes de tránsito. Es una obra que en principio parece divertida, luego, casi como reacción inevitable, uno comienza a recordar “una que otra” ilegalidad en la que se ha visto envuelto y acto seguido, uno se siente como exponiendo sus propios actos delictivos. Creo que esto último, parece ser el objetivo final de este trabajo.

En el recorrido encontramos trabajos de diversos orígenes, videos, grabaciones de sonidos ambientales o música, instalaciones y hasta una pecera volátil en la que se encuentra un pececillo japonés. Otra de las obras que destaca por la complicada serie de instrucciones es aquella en la que se presentan 8 camisas blancas de cuello alto y manga larga que deben ser planchadas y dobladas de tal manera que, aún con el instructivo en la mano, no puedo explicar cómo el que ejecutó esta obra, fue capaz de hacerlo con tal destreza.

LCM/Fernando Romero: Estanque, 2001

Diller y Scofidio

Diller y Scofidio: Mal Planchada, 2001


Sin embargo no todas las obras fueron ejecutadas con tanta habilidad. Entre las que me parecen un tanto fallidas es el “Árbol de los deseos”. Obra original de Yoko Ono que pudiera ser considerada por algunos como un tanto “cursi” , se titula “Wish Piece” (Pieza de deseo) y la instrucción dice que se debe pedir un deseo, escribirlo en un papelito y con un cordoncito, atarlo a una ramita del árbol, hasta que éste se llene de deseos; pero dejando por el momento el juicio de la obra, el problema está en la ejecución, para empezar, no encontramos un árbol sino un foto-mural pegado a una pared y en lugar de “atar con un cordoncito” tomas una tachuela y clavas en el mural una especie de post-it de colores. Pero eso no es todo, cuando uno se acerca a leer los buenos deseos se encuentra mensajes como: “Odio a Roberto de 1°C” y “Me caga el maestro de matemáticas, deseo que se muera”. Ciertamente todo esto tiene algo de descepcionante y para terminar con mi frustración, un par de semanas después de ver esta muestra, me encontré, en un restaurante de poca reputación culinaria, un arbolito navideño (y este sí era natural) donde uno podía atar (sí, con un cordoncito) una esferita de papel con un deseo, y yo me pregunto ¿quién ha ejecutado mejor esta obra?.

Finalmente, lo más atractivo de este trabajo es que uno puede comprar el instructivo por módicos 30 pesos y montarse su propia exposición en casa. Es así como, en un intento por ampliar la sala de mi casa, seguiré las instrucciones de la obra de Marjetica Potrc:

Cómo volar un muro
Es fácil, cierre los ojos
Concéntrese y sople
   

 

 

 

 

Marjetica Potrc: Cómo volar un muro, 2001

 
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Fecha de publicación: 30.12.2001