Pic-nic en Nueva York

Replica21

Mayra García

Philip-Lorca diCorciaPhilip-Lorca diCorcia: Igor.
1987. (MOMA)

Gerhard RichterGerhard Richter. Pintura
abstracta
, 1992. (MOMA)

Laylah AliLaylah Ali: Sin título,
2002. (MOMA)

Frank Ghery: Proyecto
arquitectónico
, 2001
(Guggenheim)

El 2001 fue un año marcado por las pugnas de poder entre las instituciones culturales locales (Museum of Modern Art, Guggenheim, Whitney, etc.), el declive de las aportaciones monetarias altruistas, la zozobra financiera, el colapso de las Torres Gemelas y el comienzo de una nueva era de patriotismo y revisionismo americanos.

Hacia principios de este atribulado año, ya se notaban los primeros efectos de la desaceleración económica en el mundo del arte: los donativos altruistas y las dotes corporativas que eran tradicionalmente aportadas a las organizaciones artísticas locales comenzaron a ser menores y más selectivos. Teatros como el Repertorio Español y organizaciones caritativas como Robin Hood anunciaban que los fondos captados a través de donativos poeblicos y privados habían bajado alarmantemente y ponían en peligro su existencia y su misión. En contraste, las instituciones más grandes anunciaban con bombo y platillo ambiciosos proyectos de expansión o renovación, los cuales siguen la corriente actual de los museos de sofisticado diseño y marcado enfoque mercantil, como el Guggenheim de Bilbao, la Fundación Getty de Los Ángeles o la nueva Tate Gallery de Londres. El primero en lanzarse al ruedo fue el Museo de Arte Moderno (MOMA), institución emblemática del arte local cuyas instalaciones de la calle 52 en Manhattan habían sido rebasadas ya desde hace un buen tiempo por el flujo de asistentes tanto locales como foráneos. Con un ambicioso proyecto valuado en $650 millones de dólares, el MOMA (como se le conoce localmente), planea transformar sus actuales instalaciones en un espacio ultra moderno de diseño japonés que albergue su colección permanente. Se espera que el proyecto concluya a principios del año 2005. Por el momento, las instalaciones del MOMA de Manhattan están abiertas al poeblico en un 10%, y a la espera de la inauguración del MOMA de Long Island City, un nuevo espacio ubicado justo al cruzar el río este o East River, el cual separa a Manhattan de Long Island y Queens. En dicho espacio, cuyo costo se estima en unos 25 millones de dólares, el MOMA presentará a partir de fines de 2002 sus exhibiciones temporales.Por su parte, el Guggenheim, ese monstruo de mil cabezas, símbolo de la tan traída y llevada globalización, en este caso, aplicada al arte, continuaba su feroz batalla por afianzar los terrenos de un muelle ubicado en el bajo Manhattan justo frente a Brooklyn, en el cual la institución quiere consolidar su imperio cultural con un nuevo museo. A pesar de que el gobierno local aoen no ha aprobado el proyecto, se anunció que el costo de dicha construcción se estima en $678 millones de dólares; se espera que dicho proyecto genere cientos de nuevos empleos en la ciudad y cuente, entre otras cosas, con un auditorio de gran capacidad y decenas de nuevas y espaciosas galerías que ocupen una superficie total de 20 mil metros cuadrados. La empresa Guggenheim manifestaba un gran entusiasmo por el proyecto a principios de año, e incluso presentó las maquetas del espectacular diseño que Frank Ghery (el genio de la arquitectura y el marketing que ideó las instalaciones del Guggenheim de Bilbao) ha preparado para el este nuevo proyecto. Las maquetas fueron exhibidas en la taquillera muestra retrospectiva Frank Ghery, presentada de en las instalaciones actuales del museo Guggenheim, ubicadas en la Quinta Avenida, frente al parque central.

Y las novedades culturales no paran ahí: en octubre del 2001 abrió la completamente renovada Asia Society, Institución ubicada en la elegante y lujosa Park Avenue, la cual se dedica a la difusión del arte asiático y asiático-americano. ¿El costo de las obras?, 38 millones de dólares. Por otra parte, el Museo de Arte de Brooklyn se está renovando con un costo de 60 millones e inaugurará su anexo a fines del año 2002. En Beacon, Nueva York, la fundación DIA está renovando una antigua imprenta de cartón para convertirla en una mega galería de 7,000 metros cuadrados, cuyo costo se estima en 20 millones. Por su parte, el arquitecto de origen chino IM Pei, autor de la famosa pirámide de cristal del Museo Louvre de Paris está preparando la expansión de lo que fue su primer edificio: el Everson Museum of Art en el condado de Syracuse, estado de Nueva York, el cual está programado para abrir en el año 2005. Y las nuevas tecnologías también tendrán su museo, Eyebeam, ubicado en la ciudad de Nueva York, será el primer museo de esta ciudad dedicado al arte digital.

En el museo Guggenheim, durante el mes de junio se presentó la muestra-instalación Kagiso; Skeleton House de Merjetica Potrc. Esta artista originaria de Eslovenia se mencionaba en aquellos tiempos como la ganadora del premio bienal Guggenheim Hugo Boss, un concurso establecido en 1996 por el museo y respaldado económicamente por la famosa firma de ropa alemana. Dicho premio es juzgado por un pequeño comité de curadores y directivos del museo, mediante el cual se elige de entre seis artistas preseleccionados a un ganador que se hace acreedor a un premio de 50 mil dólares (cabe mencionar que en aquella pequeña lista se encontraba Francis Alÿs, quien aparece como un artista de nacionalidad belga).

Shelley Eshkar and Paul KaiserShelley Eshkar and Paul Kaiser : Pedestrian
(Eyebeam) Prèt à porter.
Merjetica PotrcMerjetica Potrc: Building a House, 2001.

A finales del 2001 se anunció que Potrc era la ganadora del premio Hugo Boss 2002 y esto hace honor, sin duda, a su interesante muestra de junio del 2001. Kagiso; Skeleton House constaba de dos estructuras ubicadas en el centro de la galería; una imitaba un tipo de vivienda sudafricana de interés social, en la cual al morador se le entrega un paquete de materiales para la construcción básica de la vivienda, como son moqueta para el suelo, tubos para la cañería, asbestos para el techo, etc. y el resto de la instalación y los materiales corre por cuenta del morador. La segunda estructura, era una especie de casucha como de paracaidista en una fabela o ciudad perdida de cualquier ciudad del mundo. Mientras que la primera estructura es limpia y práctica, resulta escueta y sin vida; es realmente un esqueleto (de ahí proviene Skeleton). La casucha, construida con los materiales más humildes y perecederos, con todo y antena para el televisor, resulta simpática y hasta cierto punto más acogedora que la otra estructura de espíritu institucional, homogeneizante y de alguna manera, desdeñoso. La muestra venía complementada por una serie de fotografías de otros modelos de vivienda, desde las casas rodantes hasta un traje creado por la firma alemana Phillips Segoen la cual, al portarlo, el usuario prácticamente está habitando su propio espacio individual en el cual se es cuasi-autosuficiente (sic).

Una nueva sede para el arte también abrió sus puertas muy cerca del Metropolitan Museum y el Guggenheim; ubicada en la Quinta Avenida, cerca de la calle 86, la Neue Galerie inauguró con una primera y brillante exposición denominada New Worlds: German and Austrian Art, 1890-1940. Esta magnífica muestra trajo aire fresco a la concepción que tradicionalmente se viene manejando del modernismo europeo, la cual siempre tiende a enfocarse a los pintores franceses y en las bellas artes exclusivamente. En esta retrospectiva se revisan varios movimientos artísticos que van desde el Succession vienés hasta la Bauhaus alemana, pasando por el expresionismo y la Wienerwerksatte. Aquí podemos admirar acuarelas y gouaches de Egon Schiele así como óleos de Gustav Klimt y pinturas de Oskar Kokoshka. En esta muestra roban cámara los muebles, platería, joyas y demás objetos decorativos diseñados por creadores como Otto Wagner, Joseph Hoffmann o el arquitecto Mies van der Rohe, los cuales han sido instalados con meticulosa armonía.

Del mismo Ludwig Mies van der Rohe, se presentaron de junio a septiembre dos exhibiciones simultáneas: Mies in Berlin y Mies in America. La primera en el MOMA y la segunda en el Whitney. Calificado por algunos como demasiado frío, el diseñador y arquitecto alemán se ha puesto de nuevo en boga vía estas dos muestras que nos traen una crítica visión de la obra de Mies, la cual se encuentra diseminada, en su mayoría, a lo largo de Canadá y los Estados Unidos. De entre sus proyectos y obras destacan el Toronto-Dominion Center (terminado en 1969) y la insoportablemente rigurosa Casa Farnsworth (1951) ubicada en Plano, Illinois. A Van Der Rohe se le consideró el arquitecto más high-tech de su tiempo, cuya obra lo ubica entre los grandes de la arquitectura, como Frank Loyd Wright, Le Corbusier o Louis Kahn, sin perder vigencia.

Otras instituciones locales que entraron en la lucha por la notoriedad cultural fueron el venerable Metropolitan Museum of Art y el Whitney Museum of American Art. Apoyados por su talentoso equipo de colaboradores presentaron muestras que, en algunos casos fueron exitosas y notablemente sencillas, y en otros francamente pretenciosas y poco propositivas. Dentro de los primeros encontramos la exposición de los dibujos del poeta inglés William Blake (1757-1827) en el Metropolitan Museum. En esta se presentó una colección de ilustraciones elaboradas por Blake durante la oeltima parte de su vida de enigmática y complicada belleza que abordaban temas como la soledad, el erotismo, la locura y lo temas esotéricos que tanto le apasionaban. Las obras presentadas manifiestan la enorme destreza que Blake poseía, no sólo para imaginar las más bellas construcciones líricas, sino para plasmar sus obsesiones con un carácter y estilo muy propios. Tan es así, que, muchos años antes, vemos a un Blake que sienta, por medio de estos dibujos, las bases del Art Nouveau, así como su influencia en otros trabajos expresionistas de artistas como Anselm Kiefer.

Merjetica PotrcMerjetica Potrc: Shanty Towns, 2000.

Gustav KlimtGustav Klimt: Girasol, 1906.

En el mismo museo, se presentó en colaboración con la National Gallery de Londres, la muestra Vermeer y la escuela de Delft. La muestra se centra en el microcosmos del poblado holandés de Delft, en el cual Vermeer, maestro de la pintura del siglo XVII, realizó su obra. La exhibición estuvo compuesta por quince de los treinta y cinco trabajos que se conocen del artista. Este conjunto de pinturas explora tres períodos de su vida y obra. En primer lugar los comienzos, donde experimenta la boesqueda de un estilo y voz propios. De este período sobresale "Diana y sus acompañantes". Posteriormente viene la etapa marcada por su conversión al catolicismo, de ahí destaca "Cristo en la casa de María y Marta" y finalmente, su período de maestría consumada, con la famosa obra "El arte de pintar"(1666-1668), la cual retrata al artista en su estudio, pitando a la musa, coronada por una guirnalda de laureles sosteniendo un trombón y un libro en la mano. La muestra, una verdadera delicia para los amantes de la pintura y la imagen, brindaba una rara oportunidad de acercamiento al maestro ubicándonos en su tiempo y espacio, al rodear las pinturas de objetos y muebles provenientes de la región de Delft, originales del siglo XVII.

En el rubro de las muestras cuyos resultados de crítica y poeblico no correspondieron a las expectativas generadas está Bitstreams, carta fuerte del Whitney Museum of Art. Con gran aforo, pero pobre acogida entre la crítica, el Whitney presentó lo que al final parecía, más que a una muestra de arte con soportes de tecnología de punta, un pretencioso despliegue de recursos económicos y tecnológicos carentes de magia y toque humano. Aquella muestra, más que una invitación al goce artístico, parecía una feria de productos de cómputo: pantallas led que escupían mensajes repetitivos (OEsin el respectivo crédito a la artista Jenny Holzer!), pinturas en acrílico ejecutadas por máquinas y programadas por el "artista" o muros llenos de circuitos conectados a audífonos, por medio de los cuales el poeblico podía escuchar las piezas electrónicas experimentales de audio de artistas y DJ'z tan notables como Dee Jay Spooky. Todo conjugado en una mélange que al final causaba confusión y una sensación de vacío que en nada ayudaba al espectador como en a determinar cuál es el aporte real de las nuevas tecnologías al arte contemporáneo.

Solamente podemos destacar la obra del joven italo-americano Robert Lazzarini, sobresaliente y conceptualmente acabada: Lazzarini toma un objeto tridimensional, captura las dimensiones y voloemenes del objeto mediante el uso de un escáner y posteriormente, con la ayuda de un programa de diseño tridimensional, distorsiona la apariencia de dicho objeto sin alterar su aspecto básico. Con la imagen obtenida, y usando materiales que den la apariencia del objeto original (en el caso del cráneo, tomado de la pintura Los embajadores de Holbein, utilizó una resina plástica que da el aspecto de hueso humano), Lazzarini reproduce el objeto alterado, cuya nueva apariencia da una sensación espacial de difícil descripción, que produce alucinaciones ópticas, ya que es como estar dentro de una pantalla de computadora percibiendo objetos en un ambiente digital. La intención del Whitney manifestada a través de Bitstreams es buena; nadie puede culpar al museo por su intento de introducir el arte conceptual con soportes altamente tecnificados en la conciencia colectiva del poeblico norteamericano en general, que dicho sea de paso desconoce las posibilidades del arte.

Y es que el arte conceptual con nuevos soportes ha pululado por el circuito de las galerías ya desde hace un buen tiempo. Una de las muestras más interesantes del año fue sin duda Electrify Me! presentado por la Frederich Petzel Gallery en el barrio de moda para los galeristas de Manhattan: Chelsea. Esta muestra veraniega, sin alardear de grandes recursos, supo captar la imaginación del poeblico con su colección de piezas que eran una simpática propuesta que invitaba a reflexionar sobre la energía eléctrica como punto de partida de gran cantidad de la práctica artística actual. Del norteamericano Dan Flavin, pionero en del uso de luces en el arte conceptual del siglo XX, se presentó un conjunto de neones en suaves tonos lima, verde y azul que creaban un efecto arco iris. Bruce Nauman, otro aguerrido defensor de los nuevos soportes de la imagen, presentó un palíndromo de luces centelleantes que data del año 1970 y cuyo efecto se siente ya un poco obsoleto. Las piezas más destacadas sin duda eran Untitled, del artista Jorge Pardo, un conjunto de pequeños bulbos regados en el suelo con sus cables como una especie de serpientes invadiendo el espacio, y Stuck de James Turnell (un cuadrado con un hueco en forma de triángulo que, con una suave luz de fondo juega con la percepción. De lejos éste parece una pintura; más de cerca parece una imagen proyectada y ya, en pleno acercamiento, una ventana al infinito, al limbo.

Robert LazzariniRobert Lazzarini: Skull. 2001.Dan FlavinDan Flavin: Diagonal del 25 de Mayo, 1963.

La galería Barbara Gladstone presentó en primavera la muestra de cortometrajes de la iraní Shirin Neshat, tres historias sencillamente narradas por las imágenes sin diálogos que recogen, como ya es costumbre en la artista, la vida de la mujer en el Islam. Estas abarcan la vida íntima dentro del hogar, la persecución de la mujer en la ciudad y el ritualismo colectivo. El video más impactante fue musicalizado por el compositor estadounidense Phillip Glass. En él, un grupo de mujeres con su obligatorio sari se reoene en el desierto para realizar una ceremonia aparentemente dedicada a la iniciación de la mujer en el estricto canon islámico.

Otra muestra que captó la atención del poeblico a nivel galerías, fue el del japonés Yasumasa Morimura, quien es reconocido por su trabajo de camaleónica obra fotográfica a lo Cindy Cherman. Morimura toma imágenes de fotografías o pinturas clásicas de iconos culturales como la Mona Lisa y Marilyn Monroe, y las sobrepone a sus autorretratos, en los cuales el artista ha sido previamente maquillado y peinado tal y como aparece el personaje de la imagen original. En esta ocasión Yasumasa Morimura retoma imágenes de algunas de las pinturas más emblemáticas de la pintora mexicana Frida Khalo, como son La venadita o Retrato con trenzas, y a ellas les superpone su rostro, logrando la yuxtaposición de la imagen a través de manipulación por computadora. En el caso de Retrato con trenzas, por ejemplo, Morimura intenta hacer un cross-over cultural al sustituir las trenzas de Khalo por cuerdas de un ritual shinto japonés. Desafortunadamente, el resultado de la mayor parte de la obra, aun cuando resulta vistoso, no logra aportar nada nuevo a la obra del artista japonés y mucho menos a la obra de Khalo, quedando en un superficial homenaje a la mítica pintora de la uniceja. La muestra que proveniente del Hara Museum de Tokyo, se presentó durante el otoño en Metro Pictures.

Adrian Piper, es otra artista cuya misión ha sido romper con los estereotipos del género, y especialmente de la raza. En 2001 tuvo una extensa retrospectiva en el New Museum of Contemporary Art. Desde 1968, año en la cual Piper saltó a la escena artística norteamericana, la suya ha sido una incómoda presencia para el establishment cultural; siempre cuestionando, siempre confrontando con su franqueza sin tapujos que lo mismo pone en tela de juicio los valores más fundamentales de la sociedad americana (igualdad, justicia, libertad), que critica a sus más acérrimos defensores. Dan Cameron, el comisario de esta muestra, seleccionó obras como Retrato exagerando mis rasgos negroides, Vanilla Nightmares o Black box/ white box para ilustrar las obsesiones y discurso (frecuentemente político) de Piper. A través del video, la ilustración, fotografía, el performance, etc., Piper nos demuestra que en su obra hay un interés perenne por la verdad, más que por la belleza o la perfección estética. Su obra continoea, aoen hoy en día, cuestionando la validez de la caracterización racial.

Shirin NeshatShirin Neshat: Soliloquy, 1999.

Yasumasa MorimuraYasumasa Morimura

La Fundación establecida en Milán por la hija del fotógrafo colombiano Leo Matiz, rindió sus primeros frutos al traer a Nueva York una galería privada una muestra retrospectiva de su trabajo. Pequeña en escala pero grande en impacto, la muestra presentó por primera vez algunos de los mejores trabajos de este gran maestro que vivió en México durante gran parte de su vida y donde desarrolló su mejor obra, al entrar en contacto con los figuras más destacadas del en su tiempo como Orozco, Siquieiros y Manuel Álvarez Bravo. Destacan sus fotos tomadas durante la realización de los murales de Siqueiros en el Palacio de Bellas Artes y sus retratos y imágenes de corte semiabstracto tomados a lo largo y ancho de México en la década de los treinta y cuarenta.

Dos de las muestras más cautivantes en fotografía fueron la emotiva A lo largo del Nilo: primeras fotografías de Egipto combinada con Harry Burton: Tutankamón y la expedición del Museo Metropolitano. Un selecto conjunto de trabajos de más de siglo y medio de antigüedad que nos presentaban imágenes tomadas por fotógrafos-exploradores como Maxime du Camp, a los templos egipcios que rodean el Río Nilo. Estas fotos de bucólicas atmósferas nos trasportan a través del tiempo a las páginas de la historia, como el momento del descubrimiento de la tumba del rey Tut, una imagen que más bien parecía salida de una película del cine mudo hollywoodense. El valor de los documentos visuales no sólo es estético, sino también histórico, ya que en algunas de estas fotos aparecen las oeltimas imágenes que quedan del templo de Ptahmose, general en jefe de Ramses II, estructura que desapareció hace décadas en las arenas movedizas del desierto.

Leo VillarrealLeo Villarreal: Esferas
estroboscópicas
, 2001.

Cristopher WoolsCristopher Wools: Terrorista, 2001.

Wolfgang StaheleWolfgang Stahele: Eran dos torres,
2001.

Finalmente, en el rubro de Ambient Art, Creative Time trajo una muestra de esta vertienente del arte contemporáneo a las catacumbas del puente de Brooklyn. De ahí destacan una instalación del binomio de arquitectos Antenna Design, que consta de un cuarto obscuro en el cual una serie de objetos están delineados por medio de neones. Para guiarse, el espectador requiere la ayuda de una computadora de mano Palm Pilot, la cual, virtualmente "pilotea" y nos va llevando a través del espacio. Aquí entra el sentido del humor de los creadores, los cuales al más puro estilo de John Waters deciden jugarle una broma al espectador, el cual, habiendo localizado el objeto que desea ubicar (una silla, la puerta de salida, una escalera, etc.) se acerca a éste oenicamente para darse cuenta de que la pantalla de la Palm ha activado una imagen diferente. Por ejemplo, al acercarse y pulsar el botón correspondiente a la escalera, aparece un grupo de ángeles flotando. Dentro de las catacumbas, el artista mexicano Leo Villareal obtuvo resultados sorprendentes con su instalación de luces estroboscópicas ubicadas en una bóveda, arriba de un grupo de sillones de espuma sintética, en los cuales el poeblico se recostaba para gozar del espectáculo visual generado en orden aleatorio programado, el cual sugería imágenes del infinito que lograban efectos de gran intensidad. Y si de arte bizarro se trata, no podemos pasar por alto la más reciente exhibición de Jeff Koons en la galería de Larry Gagosian, también en el barrio de Chelsea. Sus nuevas pinturas, ejecutadas en óleo, son la resultante de un proceso demodé: el collage. Koons yuxtapone imágenes de elefantes con las de vedette maquilladas y ataviadas con exuberantes y diminutos bikinis y tiaras de pedrería, después escanda los colages y a través de manipulación digital consigue estas grotescas composiciones que son, a la vez, atractivas y repelentes. En cuanto al arte latinoamericano, la exposición más importante fue una revisión de la imagen brasileña desde el barroco del siglo XVI hasta los artistas conceptuales del siglo XX más importantes de esta nación, que dicho sea de paso, han destacado enormemente a nivel mundial con exposiciones individuales y participaciones en colectivas de relevancia. Body and Soul, fue el equivalente de 30 siglos de esplendores de 1990 en el MET, solo que en una versión más compacta y cronológicamente mejor organizada. La muestra descubrió para el poeblico local elementos intrigantes de la asociación entre imágenes cristianas e imágenes de la tradición africana, ambas transformadas por su mutua fusión. Acompañaron a la exposición videos de la cultura popular brasileña, la arquitectura de Oscar Niemayer, la ecología e incluso la rica diversidad musical de ese país. Destacaron las piezas de la pintora anticolonialista Adriana Verejó, el fotógrafo Miguel Río Branco, el escultor Ernesto Neto y la célebre escultora e instalacionista Lygia Clark. En Williamsburg, el floreciente distrito artístico de Brooklyn, la galería Roebling Hall, presentó obras de Christoph Drager, un artista cuya obra se centra en la temática de los accidentes y las catástrofes. Sus pinturas sobre diferentes soportes crean proyecciones sobre el drama de la destrucción, que sin saberlo iba a marcar a Nueva York unos meses más tarde.

Obviamente, el evento más inesperado durante el 2001 fue la desaparición de las torres gemelas del World Trade Center. Ocurrido justo al comienzo del otoño, suprimió de golpe y porrazo el comienzo de la temporada artística en Nueva York y cambió el enfoque de las artes hacia dos marcadas vertientes: una, la de las muestras y transacciones comerciales de obra clásica de plusvalía garantizada y otra, la del arte unido a las obras altruistas de la ciudad, documentando la solidaridad local, los hechos y las historias urbanas que rodearon a los trágicos hechos. Lo que provoco esto en el arte en Nueva York, fue el resurgimiento de una conciencia sobre el papel del arte, manifestada en una serie de subastas, muestras colectivas que no se habían visto en muchas décadas.

Leo MatizLeo Matiz: Anacora, 1957.Adrian PiperAdrian Piper: Retrato exagerando
mis rasgos negroides
, 1999. De plata y gelatina...

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Fecha de publicación: 20.02.2002