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El 2001 fue un año marcado por las
pugnas de poder entre las instituciones
culturales locales (Museum of Modern Art,
Guggenheim, Whitney, etc.), el declive de
las aportaciones monetarias altruistas,
la zozobra financiera, el colapso de las
Torres Gemelas y el comienzo de una nueva
era de patriotismo y revisionismo americanos.
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| Hacia principios
de este atribulado año, ya se notaban los primeros efectos de
la desaceleración económica en el mundo del arte:
los donativos altruistas y las dotes corporativas que eran tradicionalmente
aportadas a las organizaciones artísticas locales comenzaron
a ser menores y más selectivos. Teatros como el Repertorio
Español y organizaciones caritativas como Robin Hood anunciaban
que los fondos captados a través de donativos poeblicos y privados
habían bajado alarmantemente y ponían en peligro
su existencia y su misión. En contraste, las instituciones
más grandes anunciaban con bombo y platillo ambiciosos
proyectos de expansión o renovación, los cuales
siguen la corriente actual de los museos de sofisticado diseño
y marcado enfoque mercantil, como el Guggenheim de Bilbao, la
Fundación Getty de Los Ángeles o la nueva Tate
Gallery de Londres. El primero en lanzarse al ruedo fue el Museo
de Arte Moderno (MOMA), institución emblemática
del arte local cuyas instalaciones de la calle 52 en Manhattan
habían sido rebasadas ya desde hace un buen tiempo por
el flujo de asistentes tanto locales como foráneos. Con
un ambicioso proyecto valuado en $650 millones de dólares,
el MOMA (como se le conoce localmente), planea transformar sus
actuales instalaciones en un espacio ultra moderno de diseño
japonés que albergue su colección permanente. Se espera
que el proyecto concluya a principios del año 2005. Por el momento,
las instalaciones del MOMA de Manhattan están abiertas
al poeblico en un 10%, y a la espera de la inauguración
del MOMA de Long Island City, un nuevo espacio ubicado justo
al cruzar el río este o East River, el cual separa a
Manhattan de Long Island y Queens. En dicho espacio, cuyo costo
se estima en unos 25 millones de dólares, el MOMA presentará
a partir de fines de 2002 sus exhibiciones temporales.Por su
parte, el Guggenheim, ese monstruo de mil cabezas, símbolo
de la tan traída y llevada globalización, en este
caso, aplicada al arte, continuaba su feroz batalla por afianzar
los terrenos de un muelle ubicado en el bajo Manhattan justo
frente a Brooklyn, en el cual la institución quiere consolidar
su imperio cultural con un nuevo museo. A pesar de que el gobierno
local aoen no ha aprobado el proyecto, se anunció que
el costo de dicha construcción se estima en $678 millones
de dólares; se espera que dicho proyecto genere cientos
de nuevos empleos en la ciudad y cuente, entre otras cosas,
con un auditorio de gran capacidad y decenas de nuevas y espaciosas
galerías que ocupen una superficie total de 20 mil metros
cuadrados. La empresa Guggenheim manifestaba un gran entusiasmo
por el proyecto a principios de año, e incluso presentó
las maquetas del espectacular diseño que Frank Ghery (el genio
de la arquitectura y el marketing que ideó las instalaciones
del Guggenheim de Bilbao) ha preparado para el este nuevo proyecto.
Las maquetas fueron exhibidas en la taquillera muestra retrospectiva
Frank Ghery, presentada de en las instalaciones actuales del
museo Guggenheim, ubicadas en la Quinta Avenida, frente al parque
central. |

Philip-Lorca diCorcia: Igor. 1987. (MOMA)

Gerhard Richter. Pintura abstracta, 1992.
(MOMA)

Laylah Ali: Sin título, 2002. (MOMA)

Frank Ghery: Proyecto arquitectónico,
2001 (Guggenheim)
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| Y las novedades culturales
no paran ahí: en octubre del 2001 abrió la completamente
renovada Asia Society, Institución ubicada en la elegante
y lujosa Park Avenue, la cual se dedica a la difusión
del arte asiático y asiático-americano. ¿El
costo de las obras?, 38 millones de dólares. Por otra
parte, el Museo de Arte de Brooklyn se está renovando
con un costo de 60 millones e inaugurará su anexo a
fines del año 2002. En Beacon, Nueva York, la fundación
DIA está renovando una antigua imprenta de cartón
para convertirla en una mega galería de 7,000 metros
cuadrados, cuyo costo se estima en 20 millones. Por su parte,
el arquitecto de origen chino IM Pei, autor de la famosa pirámide
de cristal del Museo Louvre de Paris está preparando
la expansión de lo que fue su primer edificio: el Everson
Museum of Art en el condado de Syracuse, estado de Nueva York,
el cual está programado para abrir en el año 2005.
Y las nuevas tecnologías también tendrán su
museo, Eyebeam, ubicado en la ciudad de Nueva York, será
el primer museo de esta ciudad dedicado al arte digital.

Shelley Eshkar and
Paul Kaiser : Pedestrian (Eyebeam) Prèt à porter
En el museo Guggenheim, durante
el mes de junio se presentó la muestra-instalación Kagiso; Skeleton House de Merjetica Potrc. Esta artista originaria
de Eslovenia se mencionaba en aquellos tiempos como la ganadora
del premio bienal Guggenheim Hugo Boss, un concurso establecido
en 1996 por el museo y respaldado económicamente por
la famosa firma de ropa alemana. Dicho premio es juzgado por
un pequeño comité de curadores y directivos del museo,
mediante el cual se elige de entre seis artistas preseleccionados
a un ganador que se hace acreedor a un premio de 50 mil dólares
(cabe mencionar que en aquella pequeña lista se encontraba
Francis Alÿs, quien aparece como un artista de nacionalidad
belga).

Merjetica Potrc: Building
a House, 2001
A finales del 2001 se anunció
que Potrc era la ganadora del premio Hugo Boss 2002 y esto
hace honor, sin duda, a su interesante muestra de junio del
2001. Kagiso; Skeleton House constaba de dos estructuras ubicadas
en el centro de la galería; una imitaba un tipo de vivienda
sudafricana de interés social, en la cual al morador se le
entrega un paquete de materiales para la construcción básica
de la vivienda, como son moqueta para el suelo, tubos para
la cañería, asbestos para el techo, etc. y el resto de la
instalación y los materiales corre por cuenta del morador.
La segunda estructura, era una especie de casucha como de
paracaidista en una fabela o ciudad perdida de cualquier ciudad
del mundo. Mientras que la primera estructura es limpia y
práctica, resulta escueta y sin vida; es realmente un esqueleto
(de ahí proviene Skeleton). La casucha, construida con los
materiales más humildes y perecederos, con todo y antena para
el televisor, resulta simpática y hasta cierto punto más acogedora
que la otra estructura de espíritu institucional, homogeneizante
y de alguna manera, desdeñoso. La muestra venía complementada
por una serie de fotografías de otros modelos de vivienda,
desde las casas rodantes hasta un traje creado por la firma
alemana Phillips Segoen la cual, al portarlo, el usuario prácticamente
está habitando su propio espacio individual en el cual se
es cuasi-autosuficiente (sic). |
| Una
nueva sede para el arte también abrió sus puertas muy cerca
del Metropolitan Museum y el Guggenheim; ubicada en la Quinta
Avenida, cerca de la calle 86, la Neue Galerie inauguró con
una primera y brillante exposición denominada New Worlds:
German and Austrian Art, 1890-1940. Esta magnífica muestra
trajo aire fresco a la concepción que tradicionalmente se
viene manejando del modernismo europeo, la cual siempre tiende
a enfocarse a los pintores franceses y en las bellas artes
exclusivamente. En esta retrospectiva se revisan varios movimientos
artísticos que van desde el Succession vienés hasta la Bauhaus
alemana, pasando por el expresionismo y la Wienerwerksatte.
Aquí podemos admirar acuarelas y gouaches de Egon Schiele
así como óleos de Gustav Klimt y pinturas de Oskar Kokoshka.
En esta muestra roban cámara los muebles, platería, joyas
y demás objetos decorativos diseñados por creadores como Otto
Wagner, Joseph Hoffmann o el arquitecto Mies van der Rohe,
los cuales han sido instalados con meticulosa armonía.
Del mismo Ludwig Mies van der
Rohe, se presentaron de junio a septiembre dos exhibiciones
simultáneas: Mies in Berlin y Mies in America. La primera
en el MOMA y la segunda en el Whitney. Calificado por algunos
como demasiado frío, el diseñador y arquitecto alemán se ha
puesto de nuevo en boga vía estas dos muestras que nos traen
una crítica visión de la obra de Mies, la cual se encuentra
diseminada, en su mayoría, a lo largo de Canadá y los Estados
Unidos. De entre sus proyectos y obras destacan el Toronto-Dominion
Center (terminado en 1969) y la insoportablemente rigurosa
Casa Farnsworth (1951) ubicada en Plano, Illinois. A Van Der
Rohe se le consideró el arquitecto más high-tech de su tiempo,
cuya obra lo ubica entre los grandes de la arquitectura, como
Frank Loyd Wright, Le Corbusier o Louis Kahn, sin perder vigencia.
Otras instituciones locales que
entraron en la lucha por la notoriedad cultural fueron el
venerable Metropolitan Museum of Art y el Whitney Museum of
American Art. Apoyados por su talentoso equipo de colaboradores
presentaron muestras que, en algunos casos fueron exitosas
y notablemente sencillas, y en otros francamente pretenciosas
y poco propositivas. Dentro de los primeros encontramos la
exposición de los dibujos del poeta inglés William Blake (1757-1827)
en el Metropolitan Museum. En esta se presentó una colección
de ilustraciones elaboradas por Blake durante la oeltima parte
de su vida de enigmática y complicada belleza que abordaban
temas como la soledad, el erotismo, la locura y lo temas esotéricos
que tanto le apasionaban. Las obras presentadas manifiestan
la enorme destreza que Blake poseía, no sólo para imaginar
las más bellas construcciones líricas, sino para plasmar sus
obsesiones con un carácter y estilo muy propios. Tan es así,
que, muchos años antes, vemos a un Blake que sienta, por medio
de estos dibujos, las bases del Art Nouveau, así como su influencia
en otros trabajos expresionistas de artistas como Anselm Kiefer. |

Merjetica Potrc: Shanty Towns,
2000

Gustav Klimt: Girasol, 1906 |
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En el mismo museo, se presentó en colaboración
con la National Gallery de Londres, la muestra Vermeer y la
escuela de Delft. La muestra se centra en el microcosmos del
poblado holandés de Delft, en el cual Vermeer, maestro de
la pintura del siglo XVII, realizó su obra. La exhibición
estuvo compuesta por quince de los treinta y cinco trabajos
que se conocen del artista. Este conjunto de pinturas explora
tres períodos de su vida y obra. En primer lugar los comienzos,
donde experimenta la boesqueda de un estilo y voz propios.
De este período sobresale "Diana y sus acompañantes". Posteriormente
viene la etapa marcada por su conversión al catolicismo, de
ahí destaca "Cristo en la casa de María y Marta" y finalmente,
su período de maestría consumada, con la famosa obra "El arte
de pintar"(1666-1668), la cual retrata al artista en su estudio,
pitando a la musa, coronada por una guirnalda de laureles
sosteniendo un trombón y un libro en la mano. La muestra,
una verdadera delicia para los amantes de la pintura y la
imagen, brindaba una rara oportunidad de acercamiento al maestro
ubicándonos en su tiempo y espacio, al rodear las pinturas
de objetos y muebles provenientes de la región de Delft, originales
del siglo XVII.
En el rubro de las muestras cuyos resultados
de crítica y poeblico no correspondieron a las expectativas
generadas está Bitstreams, carta fuerte del Whitney Museum
of Art. Con gran aforo, pero pobre acogida entre la crítica,
el Whitney presentó lo que al final parecía, más que a una
muestra de arte con soportes de tecnología de punta, un pretencioso
despliegue de recursos económicos y tecnológicos carentes
de magia y toque humano. Aquella muestra, más que una invitación
al goce artístico, parecía una feria de productos de cómputo:
pantallas led que escupían mensajes repetitivos (OEsin el respectivo
crédito a la artista Jenny Holzer!), pinturas en acrílico
ejecutadas por máquinas y programadas por el "artista" o muros
llenos de circuitos conectados a audífonos, por medio de los
cuales el poeblico podía escuchar las piezas electrónicas experimentales
de audio de artistas y DJ'z tan notables como Dee Jay Spooky.
Todo conjugado en una mélange que al final causaba confusión
y una sensación de vacío que en nada ayudaba al espectador
comoen a determinar cuál es el aporte real de las nuevas tecnologías
al arte contemporáneo.

Robert Lazzarini: Skull. 2001
Solamente
podemos destacar la obra del joven italo-americano Robert
Lazzarini, sobresaliente y conceptualmente acabada: Lazzarini
toma un objeto tridimensional, captura las dimensiones y voloemenes
del objeto mediante el uso de un escáner y posteriormente,
con la ayuda de un programa de diseño tridimensional, distorsiona
la apariencia de dicho objeto sin alterar su aspecto básico.
Con la imagen obtenida, y usando materiales que den la apariencia
del objeto original (en el caso del cráneo, tomado de la pintura
Los embajadores de Holbein, utilizó una resina plástica que
da el aspecto de hueso humano), Lazzarini reproduce el objeto
alterado, cuya nueva apariencia da una sensación espacial
de difícil descripción, que produce alucinaciones ópticas,
ya que es como estar dentro de una pantalla de computadora
percibiendo objetos en un ambiente digital. La intención del
Whitney manifestada a través de Bitstreams es buena; nadie
puede culpar al museo por su intento de introducir el arte
conceptual con soportes altamente tecnificados en la conciencia
colectiva del poeblico norteamericano en general, que dicho
sea de paso desconoce las posibilidades del arte. |
| Y
es que el arte conceptual con nuevos soportes ha pululado
por el circuito de las galerías ya desde hace un buen tiempo.
Una de las muestras más interesantes del año fue sin duda
Electrify Me! presentado por la Frederich Petzel Gallery en
el barrio de moda para los galeristas de Manhattan: Chelsea.
Esta muestra veraniega, sin alardear de grandes recursos,
supo captar la imaginación del poeblico con su colección de
piezas que eran una simpática propuesta que invitaba a reflexionar
sobre la energía eléctrica como punto de partida de gran cantidad
de la práctica artística actual. Del norteamericano Dan Flavin,
pionero en del uso de luces en el arte conceptual del siglo
XX, se presentó un conjunto de neones en suaves tonos lima,
verde y azul que creaban un efecto arco iris. Bruce Nauman,
otro aguerrido defensor de los nuevos soportes de la imagen,
presentó un palíndromo de luces centelleantes que data del
año 1970 y cuyo efecto se siente ya un poco obsoleto. Las
piezas más destacadas sin duda eran Untitled, del artista
Jorge Pardo, un conjunto de pequeños bulbos regados en el
suelo con sus cables como una especie de serpientes invadiendo
el espacio, y Stuck de James Turnell (un cuadrado con un hueco
en forma de triángulo que, con una suave luz de fondo juega
con la percepción. De lejos éste parece una pintura; más de
cerca parece una imagen proyectada y ya, en pleno acercamiento,
una ventana al infinito, al limbo.
La galería Barbara Gladstone presentó en primavera
la muestra de cortometrajes de la iraní Shirin Neshat, tres
historias sencillamente narradas por las imágenes sin diálogos
que recogen, como ya es costumbre en la artista, la vida de
la mujer en el Islam. Estas abarcan la vida íntima dentro
del hogar, la persecución de la mujer en la ciudad y el ritualismo
colectivo. El video más impactante fue musicalizado por el
compositor estadounidense Phillip Glass. En él, un grupo de
mujeres con su obligatorio sari se reoene en el desierto para
realizar una ceremonia aparentemente dedicada a la iniciación
de la mujer en el estricto canon islámico.
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Dan Flavin: La diagonal
del 25 de Mayo, 1963

Shirin Neshat: Soliloquy,
1999.
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| Otra muestra que captó la atención
del poeblico a nivel galerías, fue el del japonés Yasumasa Morimura,
quien es reconocido por su trabajo de camaleónica obra fotográfica
a lo Cindy Cherman. Morimura toma imágenes de fotografías o
pinturas clásicas de iconos culturales como la Mona Lisa y Marilyn
Monroe, y las sobrepone a sus autorretratos, en los cuales el
artista ha sido previamente maquillado y peinado tal y como
aparece el personaje de la imagen original. En esta ocasión
Yasumasa Morimura retoma imágenes de algunas de las pinturas
más emblemáticas de la pintora mexicana Frida Khalo, como son
La venadita o Retrato con trenzas, y a ellas les superpone su
rostro, logrando la yuxtaposición de la imagen a través de manipulación
por computadora. En el caso de Retrato con trenzas, por ejemplo,
Morimura intenta hacer un cross-over cultural al sustituir las
trenzas de Khalo por cuerdas de un ritual shinto japonés. Desafortunadamente,
el resultado de la mayor parte de la obra, aun cuando resulta
vistoso, no logra aportar nada nuevo a la obra del artista japonés
y mucho menos a la obra de Khalo, quedando en un superficial
homenaje a la mítica pintora de la uniceja. La muestra que proveniente
del Hara Museum de Tokyo, se presentó durante el otoño en Metro
Pictures. |

Yasumasa Morimura |
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Adrian Piper, es otra artista
cuya misión ha sido romper con los estereotipos del género,
y especialmente de la raza. En 2001 tuvo una extensa retrospectiva
en el New Museum of Contemporary Art. Desde 1968, año en la
cual Piper saltó a la escena artística norteamericana, la
suya ha sido una incómoda presencia para el establishment
cultural; siempre cuestionando, siempre confrontando con su
franqueza sin tapujos que lo mismo pone en tela de juicio
los valores más fundamentales de la sociedad americana (igualdad,
justicia, libertad), que critica a sus más acérrimos defensores.
Dan Cameron, el comisario de esta muestra, seleccionó obras
como Retrato exagerando mis rasgos negroides, Vanilla Nightmares
o Black box/ white box para ilustrar las obsesiones y discurso
(frecuentemente político) de Piper. A través del video, la
ilustración, fotografía, el performance, etc., Piper nos demuestra
que en su obra hay un interés perenne por la verdad, más que
por la belleza o la perfección estética. Su obra continoea,
aoen hoy en día, cuestionando la validez de la caracterización
racial.

Adrian Piper: Retrato exagerando
mis rasgos negroides, 1999. De plata y gelatina...
La Fundación establecida en Milán por la hija
del fotógrafo colombiano Leo Matiz, rindió sus
primeros frutos al traer a Nueva York una galería privada
una muestra retrospectiva de su trabajo. Pequeña en escala
pero grande en impacto, la muestra presentó por primera
vez algunos de los mejores trabajos de este gran maestro que
vivió en México durante gran parte de su vida
y donde desarrolló su mejor obra, al entrar en contacto
con los figuras más destacadas del en su tiempo como
Orozco, Siquieiros y Manuel Álvarez Bravo. Destacan
sus fotos tomadas durante la realización de los murales
de Siqueiros en el Palacio de Bellas Artes y sus retratos
y imágenes de corte semiabstracto tomados a lo largo
y ancho de México en la década de los treinta
y cuarenta.

Leo Matiz: Anacora,
1957.
Dos de las muestras más cautivantes
en fotografía fueron la emotiva A lo largo del Nilo:
primeras fotografías de Egipto combinada con Harry
Burton: Tutankamón y la expedición del Museo
Metropolitano. Un selecto conjunto de trabajos de más
de siglo y medio de antigüedad que nos presentaban imágenes
tomadas por fotógrafos-exploradores como Maxime du
Camp, a los templos egipcios que rodean el Río Nilo.
Estas fotos de bucólicas atmósferas nos trasportan
a través del tiempo a las páginas de la historia,
como el momento del descubrimiento de la tumba del rey Tut,
una imagen que más bien parecía salida de una
película del cine mudo hollywoodense. El valor de los
documentos visuales no sólo es estético, sino
también histórico, ya que en algunas de estas
fotos aparecen las oeltimas imágenes que quedan del
templo de Ptahmose, general en jefe de Ramses II, estructura
que desapareció hace décadas en las arenas movedizas
del desierto. |
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Finalmente,
en el rubro de Ambient Art, Creative Time trajo una muestra
de esta vertienente del arte contemporáneo a las catacumbas
del puente de Brooklyn. De ahí destacan una instalación del
binomio de arquitectos Antenna Design, que consta de un cuarto
obscuro en el cual una serie de objetos están delineados por
medio de neones. Para guiarse, el espectador requiere la ayuda
de una computadora de mano Palm Pilot, la cual, virtualmente
"pilotea" y nos va llevando a través del espacio. Aquí entra
el sentido del humor de los creadores, los cuales al más puro
estilo de John Waters deciden jugarle una broma al espectador,
el cual, habiendo localizado el objeto que desea ubicar (una
silla, la puerta de salida, una escalera, etc.) se acerca
a éste oenicamente para darse cuenta de que la pantalla de
la Palm ha activado una imagen diferente. Por ejemplo, al
acercarse y pulsar el botón correspondiente a la escalera,
aparece un grupo de ángeles flotando. Dentro de las catacumbas,
el artista mexicano Leo Villareal obtuvo resultados sorprendentes
con su instalación de luces estroboscópicas ubicadas en una
bóveda, arriba de un grupo de sillones de espuma sintética,
en los cuales el poeblico se recostaba para gozar del espectáculo
visual generado en orden aleatorio programado, el cual sugería
imágenes del infinito que lograban efectos de gran intensidad.
Y si de arte bizarro se trata, no podemos pasar por alto la
más reciente exhibición de Jeff Koons en la galería de Larry
Gagosian, también en el barrio de Chelsea. Sus nuevas pinturas,
ejecutadas en óleo, son la resultante de un proceso demodé:
el collage. Koons yuxtapone imágenes de elefantes con las
de vedette maquilladas y ataviadas con exuberantes y diminutos
bikinis y tiaras de pedrería, después escanda los colages
y a través de manipulación digital consigue estas grotescas
composiciones que son, a la vez, atractivas y repelentes.
En cuanto al arte latinoamericano, la exposición más importante
fue una revisión de la imagen brasileña desde el barroco del
siglo XVI hasta los artistas conceptuales del siglo XX más
importantes de esta nación, que dicho sea de paso, han destacado
enormemente a nivel mundial con exposiciones individuales
y participaciones en colectivas de relevancia. Body and Soul,
fue el equivalente de 30 siglos de esplendores de 1990 en
el MET, solo que en una versión más compacta y cronológicamente
mejor organizada. La muestra descubrió para el poeblico local
elementos intrigantes de la asociación entre imágenes cristianas
e imágenes de la tradición africana, ambas transformadas por
su mutua fusión. Acompañaron a la exposición videos de la
cultura popular brasileña, la arquitectura de Oscar Niemayer,
la ecología e incluso la rica diversidad musical de ese país.
Destacaron las piezas de la pintora anticolonialista Adriana
Verejó, el fotógrafo Miguel Río Branco, el escultor Ernesto
Neto y la célebre escultora e instalacionista Lygia Clark. En
Williamsburg, el floreciente distrito artístico de Brooklyn,
la galería Roebling Hall, presentó obras de Christoph Drager,
un artista cuya obra se centra en la temática de los accidentes
y las catástrofes. Sus pinturas sobre diferentes soportes
crean proyecciones sobre el drama de la destrucción, que sin
saberlo iba a marcar a Nueva York unos meses más tarde.
Obviamente, el evento más inesperado durante el 2001 fue
la desaparición de las torres gemelas del World Trade Center.
Ocurrido justo al comienzo del otoño, suprimió de golpe y
porrazo el comienzo de la temporada artística en Nueva York
y cambió el enfoque de las artes hacia dos marcadas vertientes:
una, la de las muestras y transacciones comerciales de obra
clásica de plusvalía garantizada y otra, la del arte unido
a las obras altruistas de la ciudad, documentando la solidaridad
local, los hechos y las historias urbanas que rodearon a los
trágicos hechos. Lo que provoco esto en el arte en Nueva York,
fue el resurgimiento de una conciencia sobre el papel del
arte, manifestada en una serie de subastas, muestras colectivas
que no se habían visto en muchas décadas. |

Leo Villarreal: Esferas estroboscópicas, 2001

Cristopher Wools: Terrorista, 2001

Wolfgang Stahele: Eran dos torres, 2001
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