| |
ABCDF:
Ciudad de la memoria
|
|
|
Los diccionarios pueden llegar a provocar
una cierta fascinación, quizá, porque son el prototipo
del libro que es capaz de resolver todas las dudas. Aunque generalmente
no resuelven casi nada y es común, después de consultarlo,
quedar con más dudas que antes. Sin embargo, el orden perfecto,
el listado enorme de palabras, referencias y conceptos pueden resultar
muy atractivos, incluso aún cuando no se encuentre lo buscado.
Al visitar la exposición ABCDF me sucedió lo contrario
que con un diccionario común. Entré con pocas expectativas
de encontrar lo que buscaba y me equivoqué. Me topé
con un grupo de imágenes, recuerdos, símbolos, lugares
y situaciones, todos perfectamente ordenados alfabéticamente
y estructurados tal y como uno lo espera en un diccionario. Ciertamente
también encontré grandes ausencias, pero no hablaré
de lo que faltó, sino de lo que encontré. |
Siguiendo el orden alfabético que da la estructura a
esta exposición, entre las primeras obras, se encuentra
un gran letrero luminoso realizado para una feria de pueblo
con la palabra "Amor", acompañado de un texto
que habla del amor a la ciudad. Pero ¿amor a esta ciudad?,
hoy en día la mayoría de los que habitamos esta
inmensa urbe no hablamos exactamente de amor, sino de asaltos,
tráfico, smog y demás calamidades. Cuántos
de nosotros no hemos pensado, en más de una ocasión,
salirnos de este atolladero urbano.
De entrada, hablar de amor, me pareció un tanto aventurado.
Sin embargo poco a poco, esta idea empezó a cobrar sentido.
Porque, inmediatamente después encontramos una fotografía
bajo la palabra Apañón, imagen violenta de unos
policías que, borrosamente debido al movimiento brusco,
están atrapando a un sujeto que muestra una expresión
de miedo evidente y un poco después otra foto de una
camioneta medio destartalada, cargada de ataúdes. Este
contraste de ideas, Amor-Apañón-Ataúd es
meramente casual, el orden de las imágenes es por palabras
y no por ideas, sin embargo, juntas construyen historias que
son típicas de esta ciudad, que son representativas de
lo que somos, de lo que vivimos o padecemos a diario los capitalinos
y que se van armando con la misma casualidad que nos da el orden
alfabético de esta exposición.
|
|
Una banca de un parque, un balneario atascado de bañistas
en calzones, un baño público y un grupo de mujeres
recogiendo cartones en un inmenso basurero, no sólo nos
muestran situaciones o lugares comunes del DF, también
nos hablan de una circunstancia de diferencias sociales desbordantes
y aterradoras. La ciudad está llena de miseria y casi se
nos olvida.
|
Es posible distinguir dos clases de imágenes, a manera
de esquema simple para entender la multitud de sensaciones que
una exposición de esta magnitud puede provocar en algunos
espectadores. Por un lado están aquellas que nos representan
ante otros y en segundo lugar se encuentran aquellas en las que
encontramos una representación para nosotros mismos.
Las primeras, son las que muestran de forma gráfica, ritos,
cultos o tradiciones que nos representan como grupo, género
o clase social. Las otras, son de carácter más personal,
son en las que encontramos un punto de identificación y
que nos caracterizan como seres individuales. La imagen de Pedro
Infante vestido de charro, cantando a dúo con Abel Salázar
puede ser tan representativa para el capitalino como para cualquier
mexicano, igualmente, hay pocos mexicanos que no puedan reconocer
la imagen del Chipote Chillón, artefacto usado por el famoso anti-héroe de la televisión el Chapulín Colorado. Sin embargo hay otras imágenes
que sólo tienen sentido por un particular personal, un
símbolo o un elemento que sólo tiene significado
a partir de la experiencia individual.
|
|
En este sentido, creo que me es difícil discernir si mi
atracción se debió a la calidad artística
de las obras o a los recuerdos que me trajeron y me remontaron
a mi propia historia. Por ejemplo, bajo la palabra Café
está una fotografía que podría parecer bastante
común, es una imagen de una pareja mayor sentada en una
cafetería típica del centro, que está hablando
con el mesero, en la vidriera se alcanza a distinguir el nombre
del lugar: "Café Trevi". Tal vez eso no le dice
mucho a la mayoría, pero habrá quien recuerde ese
lugar, es una cafetería con un estilo y sabor muy particular
que se encuentra a un costado de la Alameda. Lo atractivo (para
mi) de esta imagen, es que era un lugar que yo solía frecuentar
y varias veces me senté justo ahí, donde está
sentada la señora.
Por momentos, pasearse por las salas fue una experiencia más
cercana a estar viendo un álbum de fotos familiares que
una exposición en un museo.
|
 |
Durante el recorrido por casi todas las letras, encontramos una
gran cantidad de imágenes de calles, colonias y barrios
diferentes. Es inevitable el tratar permanentemente de reconocer
los lugares. Algunos, son extremadamente conocidos y populares
y eso justifica su presencia, como el Estadio Azteca, La Catedral
o el Zócalo que son espacios simbólicos de esta
ciudad. Sin embargo también encontramos otros poco o nada
conocidos. Una de las fotografías que me llamó la
atención (también por efectos de remembranzas personales)
fue la fotografía de Mundo Feliz. Era un centro de diversiones
para niños, con decorados setenteros y que no duró
mucho. Poca gente lo recuerda, no es un lugar que sea particularmente
simbólico, sin embargo, también estaba ahí.
|
 |
Otro de los elementos interesantes de la exposición,
son los textos que acompañan cada una de las letras,
además de un glosario que describe de manera muy breve
alguna particularidad de cada una de las palabras contenidas
en la exposición. Por ejemplo, uno de los textos, narra
la forma en que un citadino común puede deshacerse de
los molestos ladridos del perro del vecino. Esto es posible,
gracias a un remedio infalible: Las Bombas de Valium.
Se decribe perfectamente como se debe tomar un par de rebanadas
de pan y usarlas para envolver un valium y lanzar esta mezcla
al lugar donde se encuentran los canes ruidosos. No es dañino,
asegura, esto le hace bien al perro, quien dormirá plácidamente
por un periodo de dos o tres días y le permitirá
descansar y relajarse tanto como todos los vecinos de alrededor.
Y seguimos con el alfabeto, peinado, peine, peligro, peluche;
esta secuencia me hace recordar aquel comercial de Pepe
Pérez peluquero, peina con peines pirámide
y algunos otros que son inolvidables, como: Mejor, Mejora,
Mejoral o aquel que con una tonadilla cantaba: Siga
los tres movimientos de Fab: lave, escurra y tienda. Me
parece que el resultado de esta exposición, es exactamente
eso, no olvidar, recuperar la memoria a través de las
historias, la gente y las experiencias de los habitantes de
esta ciudad. ABCDF es un breviario histórico, que no
intenta presentar la historia de la ciudad misma, sino las historias
de sus habitantes.
|
|
|