La belleza y sus contradicciones

Replica21

Gabriela Galindo

Aziz + CoucherAziz + Coucher, "Zoe", 1995.

Llegar a una definición de lo bello es una tarea que puede costar más de una vida; la trayectoria de la estética, la belleza y el arte mismo está estructurada en conceptos tan abstractos que no nos llevan fácilmente a una respuesta satisfactoria. En principio, la primera conclusión a la que pude llegar es a la conciencia de que uno no es más que un portador efímero del testimonio de su contemporaneidad.

Hablo desde mi tiempo y espacio; y desde ahí, sentada en ese minúsculo punto de la historia, me atrevo a decir que lo bello es lo que mis sentidos reconocen como real –aún cuando esto no sea más que un hecho repentino, fortuito y muy posiblemente efímero– y que provocan un sentimiento positivo, agradable y trascendente. ¿De qué manera puedo explicarme la belleza si no es a través de aquello que me provoca una reacción emotiva profunda, sublime o placentera? ¿Hay diferencia entre la belleza de las cosas y la idea de belleza como una categoría del conocimiento sensible?. Lo cierto en esto es que es imposible imaginar una emoción (y más aún describirla) sin incurrir en contradicciones. El sentir estético nunca se revela como una manifestación idéntica en todos y cada uno de nosotros, ni siquiera es igual en todos los momentos. Se muestra igualmente diverso, de acuerdo a culturas, individuos, historias y experiencias personales.

Helios Buira, un joven escritor de origen argentino, escribió un ensayo sobre la belleza donde argumenta que “lo bello está fuera de lo estético”. En principio, me pareció que esto contradice las enseñanzas tradicionales de algunas teorías básicas de la estética. Sin embargo, en la actualidad la estética es considerada como una disciplina autónoma que “especula”, entre otros problemas, sobre el fenómeno del arte, considerando el proceso creativo que lo produce y las características del objeto producido. Y entrecomillo el término “especula” porque no dejará de ser un proceso altamente subjetivo pero que ya no sólo se ocupa del sentimiento sensible de lo bello, sino que estudia el proceso creativo completo, como un acto de conocimiento. La estética, ciertamente se ocupa de estudiar la belleza, pero como uno más de los valores sensibles.

Andrea MantegnaAndrea Mantegna. "The Lamentation over the Dead Christ"
c. 1490. Pinacoteca di Brera, Milan.

Kant reconoce que lo Bello es un valor que, al lado de lo Verdadero y lo Bueno, constituyen los valores fundamentales de la actividad humana y que el deleite producido por la belleza es el único verdaderamente desinteresado y libre. Pero… ¿habrá alguien que pueda considerar que sus actividades están realmente fundamentadas en la belleza, la verdad y la bondad?… casi a manera de confesión podría declarar que yo no. Y si fuera así, ¿quiere decir entonces que, la depravación, lo escandaloso, la perversión, lo feo, lo malo, lo inmoral y otros tantos, no son una parte esencial de esta actividad? Ciertamente, resulta un tanto aterrador responder que sí; recordemos las enseñanzas del Marqués de Sade quien, llegó al extremo de considerar que la sensibilidad humana se excita y activa más y naturalmente por la maldad.

En el terreno de lo Verdadero, se ha considerado que el trabajo del artista consiste en expresar lo que siente, en relatar lo que vive y le acontece a él y al mundo; es un testigo y debe, ante todo, decir su verdad. El artista se encuentra inserto en las coordenadas de espacio y tiempo, vive en ellas. Nadie -ni siquiera el artista con su imaginación- puede despojarse de ello como lo haría de sus vestiduras. Nadie puede saltar sobre su realidad histórica tanto como que nadie es capaz de "saltar sobre su propia sombra". El artista entonces es un ‘narrador’ que, a través de su obra expresa el sentir de su propia realidad. Sin embargo, Platón desconfiaba de los artistas ya que mediante su capacidad seductora podían objetivar universalmente lo subjetivo, es decir, podían "hacer real lo irreal".

Por otra parte, cuando planteamos el problema de la belleza desde su contrario (aunque es lo mismo) resulta más interesante: “lo feo, es también estético”. Pienso de inmediato en Baudelaire quien, entre otros, introdujo en sus obras un claro y decisivo rechazo (¡para nuestra fortuna!) al artificioso concepto de belleza impoluta en el arte que planteó Hegel en el siglo XVIII. Personajes espantosos, deformes y repugnantes inspiraron a escritores y artistas y lograron conmover al mundo, provocando, ya no un rechazo, sino compasión y piedad (por ejemplo el famosísimo jorobado de Notre Dame o los personajes horrendose indigentes que pintó Goya).

Yves KleinYves Klein. "Pared y fuego", 1961.

Quentin MassysQuentin Massys , "The Ugly Duchess",
1525-30. National Gallery, London.

Es fea la guerra, la injusticia, la tortura, la miseria y demás atrocidades humanas. Feo puede ser el dolor, la angustia, el sufrimiento y el pánico generado por esta realidad. Pero no dejan de contener elementos que nos permiten encontrar una experiencia estética en todo ello. La categoría estética de lo feo nos conduce a una catarsis en la que se manifiestan nuestros sentimientos más profundos y nos permite tener conciencia plena de lo real. Sólo entonces seremos capaces de discernir entre aquello que es feo y distinguir en esta realidad lo que nos parece bello.Rosekranz publicó en 1853 una Estética de lo feo donde plantea que la belleza es sólo posible gracias a su complementario y que esta disonancia de contradictorios (feo-bello, bueno-malo, repulsión-agrado, etc.) crean el balance estético. Asimismo, Kierkegaard dice que "la fealdad es una forma de comunicación y ésta nos ayuda a recuperar la realidad de aquí y de ahora". Mientras que Theodor Adorno, considera que la naturaleza de lo feo es 'superior' a la de lo bello, debido a una asociación real y directa con lo auténtico, ya que lo feo pone al desnudo las inmundas y repugnantes verdades del mundo real y subordina la concepción convencional de la belleza.

GoyaGoya "Saturno devorando a uno de
sus hijos". 1821-23. Museo del Prado.

El camino para el entendimiento de la experiencia de la belleza es complejo y pedregoso. Hay que partir de la idea de belleza que nos lleva hacia la estética de lo verdadero, lo divino (Santo Tomas, San Agustín) y lo perfecto (Rafael Alberti), luego hay que brincar los obstáculos de lo feo, colgarse de la libertad, arrastrar como lastre a la verdad y al final me parece que llegamos a un problema ético.

Aún cuando lo bello frecuentemente ha estado ligado a la noción de lo bueno, no necesariamente se refiere a la idea del bien. Afirmación que hace aún más difícil la ruta para el entendimiento de lo bello. Me pregunto entonces ¿podríamos decir que algo puede ser estéticamente bueno pero moralmente malo? o bien ¿algo puede ser bello (con su referencia inmediata a lo bueno) pero perverso?

Lo complejo de este asunto es poder diferenciar entre la idea de belleza como tal y la belleza de “algo”. Bello es el David de Migue Ángel, no hay duda, pero también utilizamos el mismo término para referirnos a una actividad, por ejemplo, al decir: “tuvo un gesto muy bello”, cuando alguien actúa de forma altruista, o bien al presenciar un atardecer nos referimos a él como bello.

El mundo de la belleza artística es un mundo compuesto de imágenes que han sido creadas por el hombre, mientras que la realidad natural existe al margen de la acción humana, La belleza artística no forma parte de esta realidad, delata un origen superior y posee un valor mayor al de las cosas dadas en la naturaleza, simplemente por ser producto de la actividad humana bajo la inspiración de aquello que podemos llamar el espíritu. La belleza natural es pasajera y cambiante, se da de manera inmediata y una sola vez. Podemos presenciar veinte atardeceres hermosos y nunca será igual uno del otro. En cambio, la belleza artística persiste a través del tiempo como una presencia de lo anímico, no en términos de duración, sino como una experiencia sensible.

El mundo real es limitado en sus dominios, a diferencia de la capacidad creativa y la imaginación humana que son infinitas. La misión del arte consiste en hacer aparecer a través de la sensibilidad, el despliegue libre de la vida y la manifestación del espíritu. Lo bello, es en sí mismo infinito y no se rige por reglas ni leyes.

Entonces, el punto de partida ya no es la pregunta de qué es lo bello, sino qué factores intervienen para que algo sea considerado bello por todos y para otras épocas. Si una cosa es bella en sí o si somos nosotros los que le asignamos el carácter de bello.

El juicio de valor es siempre subjetivo y juzgamos subjetivamente a las cosas a través de nuestros sentidos. Sin embargo, es posible que una cosa sea bella aún sin ser observada, pero no habrá quien pueda referirle el carácter de bella. Bello puede ser un bosque, una piedra, un automóvil o un tatuaje, pero si no hay nadie que le asigne ese valor ¿sigue siendo bello?

Lo bello es difícil, tratar de entender la belleza sólo evidencia la existencia de un problema que es aparentemente sencillo pero que desencadena la conciencia de la propia ignorancia (o de lo difícil que es aislar lo bello y percibirlo). Lo bello es inexpresable, indefinible, la belleza es peligrosa, poderosa, sutil, trascendente y efímera. Tratar de definir la belleza con el lenguaje nos obliga a hacer una disección casi quirúrjica de sus partes que, al final, nos lleva a convertirla en un concepto cuando en realidad es una experiencia. Cada uno vive la belleza, la experimenta, la siente… es casi imposible pensarla, simplemente existe, es.

Grabado de “L’Encyclopédie” "Anatomie". Grabado de “L’Encyclopédie”
Diderot, 1750.

Ameli TancicaAmeli Tancica, "Homage to Yves Klein".
In the City of Sarajevo - September 4, 1997.

 

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Fecha de publicación: 20.10.2002