La belleza y sus contradicciones
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Llegar
a una definición de lo bello es una tarea que puede costar
más de una vida; la trayectoria de la estética, la belleza
y el arte mismo está estructurada en conceptos tan abstractos
que no nos llevan fácilmente a una respuesta satisfactoria.
En principio, la primera conclusión a la que pude llegar es
a la conciencia de que uno no es más que un portador efímero
del testimonio de su contemporaneidad.
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Hablo desde mi tiempo y espacio;
y desde ahí, sentada en ese minúsculo punto de la
historia, me atrevo a decir que lo bello es lo que mis sentidos
reconocen como real aún cuando esto no sea más
que un hecho repentino, fortuito y muy posiblemente efímero
y que provocan un sentimiento positivo, agradable y trascendente.
¿De qué manera puedo explicarme la belleza si no
es a través de aquello que me provoca una reacción
emotiva profunda, sublime o placentera? ¿Hay diferencia
entre la belleza de las cosas y la idea de belleza como una categoría
del conocimiento sensible?. Lo cierto en esto es que es imposible
imaginar una emoción (y más aún describirla)
sin incurrir en contradicciones. El sentir estético nunca
se revela como una manifestación idéntica en todos
y cada uno de nosotros, ni siquiera es igual en todos los momentos.
Se muestra igualmente diverso, de acuerdo a culturas, individuos,
historias y experiencias personales.
Helios Buira, un joven escritor de origen argentino, escribió
un ensayo sobre la belleza donde argumenta que lo bello
está fuera de lo estético. En principio, me
pareció que esto contradice las enseñanzas tradicionales
de algunas teorías básicas de la estética.
Sin embargo, en la actualidad la estética es considerada
como una disciplina autónoma que especula,
entre otros problemas, sobre el fenómeno del arte, considerando
el proceso creativo que lo produce y las características
del objeto producido. Y entrecomillo el término especula
porque no dejará de ser un proceso altamente subjetivo
pero que ya no sólo se ocupa del sentimiento sensible de
lo bello, sino que estudia el proceso creativo completo, como
un acto de conocimiento. La estética, ciertamente se ocupa
de estudiar la belleza, pero como uno más de los valores
sensibles.
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Aziz + Coucher
"Zoe", 1995
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Andrea Mantegna. "The
Lamentation over the Dead Christ"
c. 1490. Pinacoteca di Brera, Milan |
Kant reconoce que lo Bello es un valor que, al lado de lo Verdadero
y lo Bueno, constituyen los valores fundamentales de la actividad
humana y que el deleite producido por la belleza es el único
verdaderamente desinteresado y libre. Pero
¿habrá
alguien que pueda considerar que sus actividades están
realmente fundamentadas en la belleza, la verdad y la bondad?
casi a manera de confesión podría declarar que yo
no. Y si fuera así, ¿quiere decir entonces que,
la depravación, lo escandaloso, la perversión, lo
feo, lo malo, lo inmoral y otros tantos, no son una parte esencial
de esta actividad? Ciertamente, resulta un tanto aterrador responder
que sí; recordemos las enseñanzas del Marqués
de Sade quien, llegó al extremo de considerar que la sensibilidad
humana se excita y activa más y naturalmente por la maldad.
En el terreno de lo Verdadero, se ha considerado que el trabajo
del artista consiste en expresar lo que siente, en relatar lo
que vive y le acontece a él y al mundo; es un testigo y
debe, ante todo, decir su verdad. El artista se encuentra inserto
en las coordenadas de espacio y tiempo, vive en ellas. Nadie -ni
siquiera el artista con su imaginación- puede despojarse
de ello como lo haría de sus vestiduras. Nadie puede saltar
sobre su realidad histórica tanto como que nadie es capaz
de "saltar sobre su propia sombra". El artista entonces
es un narrador que, a través de su obra expresa
el sentir de su propia realidad. Sin embargo, Platón desconfiaba
de los artistas ya que mediante su capacidad seductora podían
objetivar universalmente lo subjetivo, es decir, podían
"hacer real lo irreal".
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Quentin Massys , "The
Ugly Duchess",
1525-30. National Gallery, London |
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Yves Klein. "Pared
y fuego", 1961
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Por otra parte, cuando planteamos
el problema de la belleza desde su contrario (aunque es lo mismo)
resulta más interesante: lo feo, es también
estético. Pienso de inmediato en Baudelaire quien,
entre otros, introdujo en sus obras un claro y decisivo rechazo
(¡para nuestra fortuna!) al artificioso concepto de belleza
impoluta en el arte que planteó Hegel en el siglo XVIII.
Personajes espantosos, deformes y repugnantes inspiraron a escritores
y artistas y lograron conmover al mundo, provocando, ya no un
rechazo, sino compasión y piedad (por ejemplo el famosísimo
jorobado de Notre Dame o los personajes horrendose indigentes
que pintó Goya).
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Es fea la guerra, la injusticia, la tortura, la miseria y demás
atrocidades humanas. Feo puede ser el dolor, la angustia, el
sufrimiento y el pánico generado por esta realidad. Pero
no dejan de contener elementos que nos permiten encontrar una
experiencia estética en todo ello. La categoría
estética de lo feo nos conduce a una catarsis en la que
se manifiestan nuestros sentimientos más profundos y
nos permite tener conciencia plena de lo real. Sólo entonces
seremos capaces de discernir entre aquello que es feo y distinguir
en esta realidad lo que nos parece bello.Rosekranz publicó
en 1853 una Estética de lo feo donde plantea que la belleza
es sólo posible gracias a su complementario y que esta
disonancia de contradictorios (feo-bello, bueno-malo, repulsión-agrado,
etc.) crean el balance estético. Asimismo, Kierkegaard
dice que "la fealdad es una forma de comunicación
y ésta nos ayuda a recuperar la realidad de aquí
y de ahora". Mientras que Theodor Adorno, considera que
la naturaleza de lo feo es 'superior' a la de lo bello, debido
a una asociación real y directa con lo auténtico,
ya que lo feo pone al desnudo las inmundas y repugnantes verdades
del mundo real y subordina la concepción convencional
de la belleza.
El camino para el entendimiento de la experiencia de la belleza
es complejo y pedregoso. Hay que partir de la idea de belleza
que nos lleva hacia la estética de lo verdadero, lo divino
(Santo Tomas, San Agustín) y lo perfecto (Rafael Alberti),
luego hay que brincar los obstáculos de lo feo, colgarse
de la libertad, arrastrar como lastre a la verdad y al final
me parece que llegamos a un problema ético.
Aún cuando lo bello frecuentemente ha estado ligado a
la noción de lo bueno, no necesariamente se refiere a
la idea del bien. Afirmación que hace aún más
difícil la ruta para el entendimiento de lo bello. Me
pregunto entonces ¿podríamos decir que algo puede
ser estéticamente bueno pero moralmente malo? o bien
¿algo puede ser bello (con su referencia inmediata a
lo bueno) pero perverso?
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Goya "Saturno devorando a uno de
sus hijos".
1821-23. Museo del Prado
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Lo complejo de este asunto es poder diferenciar
entre la idea de belleza como tal y la belleza de algo.
Bello es el David de Migue Ángel, no hay duda, pero también
utilizamos el mismo término para referirnos a una actividad,
por ejemplo, al decir: tuvo un gesto muy bello, cuando
alguien actúa de forma altruista, o bien al presenciar
un atardecer nos referimos a él como bello.
El mundo de la belleza artística es un mundo compuesto
de imágenes que han sido creadas por el hombre, mientras
que la realidad natural existe al margen de la acción humana,
La belleza artística no forma parte de esta realidad, delata
un origen superior y posee un valor mayor al de las cosas dadas
en la naturaleza, simplemente por ser producto de la actividad
humana bajo la inspiración de aquello que podemos llamar
el espíritu. La belleza natural es pasajera y cambiante,
se da de manera inmediata y una sola vez. Podemos presenciar veinte
atardeceres hermosos y nunca será igual uno del otro. En
cambio, la belleza artística persiste a través del
tiempo como una presencia de lo anímico, no en términos
de duración, sino como una experiencia sensible.
El mundo real es limitado en sus dominios, a diferencia de la
capacidad creativa y la imaginación humana que son infinitas.
La misión del arte consiste en hacer aparecer a través
de la sensibilidad, el despliegue libre de la vida y la manifestación
del espíritu. Lo bello, es en sí mismo infinito
y no se rige por reglas ni leyes.
Entonces, el punto de partida ya no es la pregunta de qué
es lo bello, sino qué factores intervienen para que algo
sea considerado bello por todos y para otras épocas. Si
una cosa es bella en sí o si somos nosotros los que le
asignamos el carácter de bello.
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"Anatomie".
Grabado de LEncyclopédie
Diderot, 1750
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El juicio de valor es siempre subjetivo y juzgamos subjetivamente
a las cosas a través de nuestros sentidos. Sin embargo,
es posible que una cosa sea bella aún sin ser observada,
pero no habrá quien pueda referirle el carácter
de bella. Bello puede ser un bosque, una piedra, un automóvil
o un tatuaje, pero si no hay nadie que le asigne ese valor ¿sigue
siendo bello?
Lo bello es difícil, tratar de entender la belleza sólo
evidencia la existencia de un problema que es aparentemente
sencillo pero que desencadena la conciencia de la propia ignorancia
(o de lo difícil que es aislar lo bello y percibirlo).
Lo bello es inexpresable, indefinible, la belleza es peligrosa,
poderosa, sutil, trascendente y efímera. Tratar de definir
la belleza con el lenguaje nos obliga a hacer una disección
casi quirúrjica de sus partes que, al final, nos lleva
a convertirla en un concepto cuando en realidad es una experiencia.
Cada uno vive la belleza, la experimenta, la siente
es
casi imposible pensarla, simplemente existe, es.
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Ameli Tancica, "Homage
to Yves Klein".
In the City of Sarajevo - September 4, 1997 |
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