Iconofília
e iconoclastía, la guerras entre el arte y
la ciencia.
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La diferencia entre lo artificial y
lo natural, aquello que ha sido construido y lo que
aparece a nuestra mirada virgen, ha sido el argumento
principal para la existencia de la ciencia. Antes
del conocimiento científico. la magia, el arte
y las creencias eran las únicas explicaciones
disponibles para la humanidad. Creamos la ciencia
para tener un asidero conceptual aséptico de
dudas, para enfrentar los postulados trascendentes
e inmanentes de la religión y la simulación
del arte.
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Lo que ha sucedido a la humanidad resulta humorístico
o trágico. En la medida en que se han ampliado las opciones
de conocimiento a través de las imágenes la dificultad
de decidir se ha convertido en una disyuntiva agónica.
Si la ciencia surgió para responder a las preguntas,
también llega al punto en que no sólo no ofrece
respuestas sino también hace preguntas sin respuesta.
Si occidente hubiera tenido que escoger entre fabricar la realidad
o seguir viviendo en la Naturaleza, no hubieran inventado el
arte, la religión o la ciencia. Todos estos campos del
conocimiento existen porque la mente humana busca el cuestionamiento
incesantemente. Por algún motivo la mente racional al
llegar al principio de toda explicación no puede romper
con la imagen original la Gran explosión- que es
invisible pero imaginable. Por alguna razón el hombre
tuvo que construir y crear su mundo de imágenes, dado
que la verdad de la Naturaleza su falta de cualidades
morales- le era insuficiente o le resultaba estremecedora.
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Fotografía del Sudario de Turín,
vista frontal y posterior (positivo y negativo)
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La ciencia y el arte modernos son los repositorios
de la actitud crítica del humano. En su deseo incesante
de ejercer ese espíritu crítico tienen que romper
incluso con la rama en que se encuentran parados. Pero sí
esta carrera crítica los ha llevado a la teoría
del caos y a adoptar posturas tan acomodaticias como la incredulidad
(hoy día tan extendidas), construir el mundo y elevar los
estándares de vida de sus habitantes siguen siendo tareas
impostergables y muy difíciles de lograr. La imagen de
cientos de millones de seres humanos desprotegidos, viviendo en
la miseria más absoluta es también una realidad
construida, pero no por ella inexistente o ilusoria, que han creado
la ciencias y las creencias.
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Arte y ciencia han sido actores en bandos opuestos.
El dogma que establecía a la Tierra como eje del universo,
las disposiciones monárquicas que pregonaron que los indígenas
americanos carecían de pensamiento lógico y racional,
fueron obstáculos contra los que combatió la ciencia,
cuando el arte apenas despertaba del medioevo. En el siglo XVI
pocas imágenes artísticas reconocían la diversidad
cultural como fuente de riqueza, mientras que los científicos
estaban empeñados en demostrar que el mundo se rige por
las leyes de la física antes que por la voluntad divina.
El arte en muchos aspectos se había quedado atrás
de la ciencia. Pero, fue la separación entre ambos lo que
mantuvo a la humanidad como rehén entre dos polos que describen
un círculo vicioso.
Es esta división cismática
fomentada por Occidente que en la que debemos reparar, no sin
antes reconocer ciertos errores. Hoy caemos en la cuenta que la
actitud iconoclasta del pensamiento científico, que rechaza
las imágenes producto de la sensibilidad y el espíritu,
se debe a un afán purificador, que busca la instauración
de ideas universales e inamovibles y a una mala comprensión
de la imagen artística y de su recepción. La ciencia
también crea, inventa y se retroalimenta de sus intuiciones,
tanto como el arte. La diferencia es que la ciencia quiere menos
y más breves explicaciones (entre más breves más
bellas) y el arte pugna por la multiplicidad y la complejidad,
al fin y al cabo el arte más humanista proviene del barroco
y se ha tornado en neobarroco.
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Robert Filiou
Cruz de herramientas, 1969 |
El artista barroco está a favor
del movimiento de imágenes de su prolijidad imparable
y no desea, como el científico, detenerse a investigar
cada parte para explicar el todo. La iconofilia del arte consiste
en crear más imágenes, no en detener su producción.
La iconoclastía del a ciencia consiste en resumir las
diferencias entre objetos para reducirlos a una idea.
Una imagen científica aislada es insignificante por
sí misma, tiene que estar conectada a otras imágenes,
su función es ser una instrucción para llegar
a otra imagen y estas imágenes sumadas dan origen a un
diagrama y este a una afirmación. La representación
científica dele átomo es la de una partícula
en movimiento y por lo tanto invisible en sí misma, solo
es visible cuando se detecta su movimiento. De la misma manera
la imagen artística deviene de otra imagen y es solo
el continuo de imágenes lo que da significado a las partes
y al todo. El supuesto de que el arte debe romper con lo anterior
es tan solo eso, un supuesto. Su búsqueda de la verdad
se da en el momento en que considera la recuperación
de su pasado para poder completar su círculo.
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Fotografía microdigital de
Eric J. Heller
Electrones lanzados desde el centro en todas direcciones, formando
enramadas, 2000
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