Iconofília e iconoclastía, la guerras entre el arte y la ciencia.

Replica21

Guillermo García

Sudario de TurínFotografía del Sudario de Turín, vista frontal y
posterior (positivo y negativo)

La diferencia entre lo artificial y lo natural, aquello que ha sido construido y lo que aparece a nuestra mirada virgen, ha sido el argumento principal para la existencia de la ciencia. Antes del conocimiento científico. la magia, el arte y las creencias eran las únicas explicaciones disponibles para la humanidad. Creamos la ciencia para tener un asidero conceptual aséptico de dudas, para enfrentar los postulados trascendentes e inmanentes de la religión y la simulación del arte.

Lo que ha sucedido a la humanidad resulta humorístico o trágico. En la medida en que se han ampliado las opciones de conocimiento a través de las imágenes la dificultad de decidir se ha convertido en una disyuntiva agónica. Si la ciencia surgió para responder a las preguntas, también llega al punto en que no sólo no ofrece respuestas sino también hace preguntas sin respuesta.

Si occidente hubiera tenido que escoger entre fabricar la realidad o seguir viviendo en la Naturaleza, no hubieran inventado el arte, la religión o la ciencia. Todos estos campos del conocimiento existen porque la mente humana busca el cuestionamiento incesantemente. Por algún motivo la mente racional al llegar al principio de toda explicación no puede romper con la imagen original –la Gran explosión- que es invisible pero imaginable. Por alguna razón el hombre tuvo que construir y crear su mundo de imágenes, dado que la verdad de la Naturaleza –su falta de cualidades morales- le era insuficiente o le resultaba estremecedora.

Robert FiliouRobert Filiou. Cruz de herramientas, 1969.

La ciencia y el arte modernos son los repositorios de la actitud crítica del humano. En su deseo incesante de ejercer ese espíritu crítico tienen que romper incluso con la rama en que se encuentran parados. Pero sí esta carrera crítica los ha llevado a la teoría del caos y a adoptar posturas tan acomodaticias como la incredulidad (hoy día tan extendidas), construir el mundo y elevar los estándares de vida de sus habitantes siguen siendo tareas impostergables y muy difíciles de lograr. La imagen de cientos de millones de seres humanos desprotegidos, viviendo en la miseria más absoluta es también una realidad construida, pero no por ella inexistente o ilusoria, que han creado la ciencias y las creencias.

Arte y ciencia han sido actores en bandos opuestos. El dogma que establecía a la Tierra como eje del universo, las disposiciones monárquicas que pregonaron que los indígenas americanos carecían de pensamiento lógico y racional, fueron obstáculos contra los que combatió la ciencia, cuando el arte apenas despertaba del medioevo. En el siglo XVI pocas imágenes artísticas reconocían la diversidad cultural como fuente de riqueza, mientras que los científicos estaban empeñados en demostrar que el mundo se rige por las leyes de la física antes que por la voluntad divina. El arte en muchos aspectos se había quedado atrás de la ciencia. Pero, fue la separación entre ambos lo que mantuvo a la humanidad como rehén entre dos polos que describen un círculo vicioso.

Es esta división cismática fomentada por Occidente que en la que debemos reparar, no sin antes reconocer ciertos errores. Hoy caemos en la cuenta que la actitud iconoclasta del pensamiento científico, que rechaza las imágenes producto de la sensibilidad y el espíritu, se debe a un afán purificador, que busca la instauración de ideas universales e inamovibles y a una mala comprensión de la imagen artística y de su recepción. La ciencia también crea, inventa y se retroalimenta de sus intuiciones, tanto como el arte. La diferencia es que la ciencia quiere menos y más breves explicaciones (entre más breves más bellas) y el arte pugna por la multiplicidad y la complejidad, al fin y al cabo el arte más humanista proviene del barroco y se ha tornado en neobarroco.

El artista barroco está a favor del movimiento de imágenes de su prolijidad imparable y no desea, como el científico, detenerse a investigar cada parte para explicar el todo. La iconofilia del arte consiste en crear más imágenes, no en detener su producción. La iconoclastía del a ciencia consiste en resumir las diferencias entre objetos para reducirlos a una idea.

Una imagen científica aislada es insignificante por sí misma, tiene que estar conectada a otras imágenes, su función es ser una instrucción para llegar a otra imagen y estas imágenes sumadas dan origen a un diagrama y este a una afirmación. La representación científica dele átomo es la de una partícula en movimiento y por lo tanto invisible en sí misma, solo es visible cuando se detecta su movimiento. De la misma manera la imagen artística deviene de otra imagen y es solo el continuo de imágenes lo que da significado a las partes y al todo. El supuesto de que el arte debe romper con lo anterior es tan solo eso, un supuesto. Su búsqueda de la verdad se da en el momento en que considera la recuperación de su pasado para poder completar su círculo.

Fotografía microdigitalFotografía microdigital de Eric J. Heller.
Electrones lanzados desde el centro en
todas direcciones, formando enramadas, 2000.

 

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Fecha de publicación: 01.12.2002