Ante la imposibilidad de eliminar las imágenes...

Replica21

Guillermo García

Establecer la diferencia absoluta entre la verdad y la falsedad de la imagen es una tarea que se antoja imposible. La imagen intermediaria entre el hombre y la naturaleza, es a la vez objeto de adoración e ira. Sobre ella se han levantado imperios ideológicos, como el Egipcio, el Vaticano, o los Talibanes, por nombrar a los que tengo más presentes, y se han creado las obras más sublimes del genio humano, la Esfinge, los frescos de la Capilla Sistina, el Acorazado Potemkin.

Para el idólatra y el iconoclasta la imagen es la justificación de su existencia. Quizá no podemos saber qué sería de un mundo sin imágenes pero tampoco podemos siquiera empezar a describir en palabras lo que es un mundo inundado de imágenes como el que vivimos en la actualidad.

Los pragmáticos podrían vivir sin las imágenes del arte, pero no sin el papel moneda, imagen del valor económico en el cual se tasa la vida humana en la era del Capitalismo. Los científicos dependen de la objetividad de la imagen para sustentar verdades y descubrimientos. La relatividad encuentra en la imagen artística el mejor recurso para hacerse palpable. La imagen nos da acceso a la Verdad, la Belleza, Dios, la Naturaleza, el Universo, y es por eso que el hombre es impensable sin imágenes. El pensamiento funciona con imágenes antes que con palabras.

Miguel ÁngelMiguel Ángel. Imagen del fresco de la Capilla Sistina

La historia de la humanidad puede verse como una sucesión de conflictos de imágenes, pues son estas las que cargan los valores esenciales de cualquier sociedad o ideología. Cualquier gran empresa humana tuvo su correspondiente credo de imágenes. Y la destrucción de imágenes trae consigo la creación de nuevas y más complejas imágenes. La imagen es sinónimo de engaño y verdad, es al fin y al cabo un medio, una intermediaria, entre los hombres, entre la humanidad y el mundo.

Buda de BamiyánBuda de Bamiyán, Afganistán
Fotografìa tomada en 1967.Buda de BamiyánBuda de Bamiyán, Afganistán
Fotografìa tomada en 2001.

Asimismo la recuperación de imágenes es la tarea del presente; en el rescate de la imagen desaparecida aparece dibujado nuestro rostro actual. Las imágenes regresan infinitamente por más que tratemos de destruirlas, ocultarlas o negarlas. Y así como la comida de unos puede ser el veneno de otros, una misma imagen genera repulsión y pasión.

Dado que no podemos imaginar un mundo sin imágenes, una tarea que podría equiparse a la de un moderno Sísifo, lo que se puede hacer es tratar de interpretarlas en todos sentidos, participando de su incongruencia y su efectividad, su falacia y su autenticidad. Todo lo humanamente imaginado, encarnado en imágenes visuales, auditivas, olfativas y táctiles, por trivial que parezca, es la suma de un conocimiento y experiencia. Por tanto, se han establecido categorías de imágenes para clasificar las variedad de impulsos que las crearon. Uno de los extremos de esta categorización consiste en clasificar ciertas imágenes como un producto no humano, como sostienen la mayoría de las religiones del mundo al referirse a sus símbolos sagrados.

Varios estudios científicos sobre la tilma del indio Juan Diego han sido practicados para determinar si la imagen es producto de la mano del hombre o de una aparición divina. para los creyentes en la virgen la fe en la aparición es suficiente para no dudar del milagro. Olvidamos que la ciencia no es infalible y que sus descubrimientos y mediciones están sujetos al principio de incertidumbre. La iconoclastía sucede cuando se evidencia la acción de la mano del hombre en la creación de una imagen. El iconoclasta no tolera creer en algo que haya sido creado por el hombre, a pesar del principio teológico indica que todo hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios.

Aunque el horror a la destrucción de imágenes puede ser tan negativo como su el beneplácito hacia su proliferación indiscriminada (todo iconoclasta ha sido idólatra primero), ambas posturas se aplican a la búsqueda de un sentido verdadero...a lo invisible, a lo infinito, pero desde puntos de vista opuestos.
Y aunque la imagen científica es considerada no como imagen sino como el universo mismo, debemos reconocer que toda imagen científica es producto del mayor intermediarismo de tecnologías, recursos humanos e incluso programas políticos. En contraste, la imagen artística es producida a mano, fabricada directamente por un individuo, con la mayor subjetividad y creatividad. No obstante, la imagen artística contemporánea se opone a la imagen artística tradicional. Busca lo experimental, la polisemia, y frecuentemente es efímera, pero su actitud iconoclasta ha producido nuevas imágenes.

Nuestra época actual es escopofílica, está obsesionada con la visión de imágenes. Nos horrorizamos de la destrucción de ídolos pre-Hispánicos, pero algo satisfacemos el morbo con la visión de la destrucción de las Torres Gemelas el 11 de septiembre. Esta destrucción se ha convertido en un fetiche simbólico para que George Bus ordene la destrucción de todo un país. Las imágenes fetichizan la realidad y sobre esta ilusión se fundan las guerras santas, las revanchas y los ataques terroristas, siempre en búsqueda de cancelar la imagen de lo otro, para sustituir a la imagen que amenaza por la imagen que promete.

Maurizio CattelanMaurizio Cattelan, La Nona Hora, 1999.

 

MandaromImagen de la destrucción del Mandarom,
septiembre 2001 en Castellane, Francia.

 

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Fecha de publicación: 10.12.2002