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Ante la imposibilidad
de eliminar las imágenes... |
Para el idólatra y el iconoclasta la imagen es la
justificación de su existencia. Quizá no podemos
saber qué sería de un mundo sin imágenes
pero tampoco podemos siquiera empezar a describir en palabras
lo que es un mundo inundado de imágenes como el que
vivimos en la actualidad.
Los pragmáticos podrían vivir sin las imágenes
del arte, pero no sin el papel moneda, imagen del valor económico
en el cual se tasa la vida humana en la era del Capitalismo.
Los científicos dependen de la objetividad de la imagen
para sustentar verdades y descubrimientos. La relatividad
encuentra en la imagen artística el mejor recurso para
hacerse palpable. La imagen nos da acceso a la Verdad, la
Belleza, Dios, la Naturaleza, el Universo, y es por eso que
el hombre es impensable sin imágenes. El pensamiento
funciona con imágenes antes que con palabras.

Miguel Ángel
Imagen del fresco de la Capilla Sistina
La historia de la humanidad puede verse como una sucesión
de conflictos de imágenes, pues son estas las que cargan
los valores esenciales de cualquier sociedad o ideología.
Cualquier gran empresa humana tuvo su correspondiente credo
de imágenes. Y la destrucción de imágenes
trae consigo la creación de nuevas y más complejas
imágenes. La imagen es sinónimo de engaño
y verdad, es al fin y al cabo un medio, una intermediaria,
entre los hombres, entre la humanidad y el mundo.
Asimismo la recuperación de imágenes es la
tarea del presente; en el rescate de la imagen desaparecida
aparece dibujado nuestro rostro actual. Las imágenes
regresan infinitamente por más que tratemos de destruirlas,
ocultarlas o negarlas. Y así como la comida de unos
puede ser el veneno de otros, una misma imagen genera repulsión
y pasión.
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Dado que no podemos imaginar un mundo sin imágenes,
una tarea que podría equiparse a la de un moderno Sísifo,
lo que se puede hacer es tratar de interpretarlas en todos sentidos,
participando de su incongruencia y su efectividad, su falacia
y su autenticidad. Todo lo humanamente imaginado, encarnado en
imágenes visuales, auditivas, olfativas y táctiles,
por trivial que parezca, es la suma de un conocimiento y experiencia.
Por tanto, se han establecido categorías de imágenes
para clasificar las variedad de impulsos que las crearon. Uno
de los extremos de esta categorización consiste en clasificar
ciertas imágenes como un producto no humano, como sostienen
la mayoría de las religiones del mundo al referirse a sus
símbolos sagrados.
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Buda de
Bamiyán, Afganistán
Fotografìa tomada en 1967
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Buda de
Bamiyán, Afganistán
Fotografìa tomada en 2001 |
Varios estudios científicos sobre
la tilma del indio Juan Diego han sido practicados para determinar
si la imagen es producto de la mano del hombre o de una aparición
divina. para los creyentes en la virgen la fe en la aparición
es suficiente para no dudar del milagro. Olvidamos que la ciencia
no es infalible y que sus descubrimientos y mediciones están
sujetos al principio de incertidumbre. La iconoclastía sucede
cuando se evidencia la acción de la mano del hombre en la
creación de una imagen. El iconoclasta no tolera creer en
algo que haya sido creado por el hombre, a pesar del principio teológico
indica que todo hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios.
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Maurizio Cattelan
La Nona Hora, 1999
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Aunque el horror a la destrucción de imágenes
puede ser tan negativo como su el beneplácito hacia su
proliferación indiscriminada (todo iconoclasta ha sido
idólatra primero), ambas posturas se aplican a la búsqueda
de un sentido verdadero...a lo invisible, a lo infinito, pero
desde puntos de vista opuestos.
Y aunque la imagen científica es considerada no como imagen
sino como el universo mismo, debemos reconocer que toda imagen
científica es producto del mayor intermediarismo de tecnologías,
recursos humanos e incluso programas políticos. En contraste,
la imagen artística es producida a mano, fabricada directamente
por un individuo, con la mayor subjetividad y creatividad. No
obstante, la imagen artística contemporánea se opone
a la imagen artística tradicional. Busca lo experimental,
la polisemia, y frecuentemente es efímera, pero su actitud
iconoclasta ha producido nuevas imágenes.
Nuestra época actual es escopofílica,
está obsesionada con la visión de imágenes.
Nos horrorizamos de la destrucción de ídolos pre-Hispánicos,
pero algo satisfacemos el morbo con la visión de la destrucción
de las Torres Gemelas el 11 de septiembre. Esta destrucción
se ha convertido en un fetiche simbólico para que George
Bus ordene la destrucción de todo un país. Las imágenes
fetichizan la realidad y sobre esta ilusión se fundan las
guerras santas, las revanchas y los ataques terroristas, siempre
en búsqueda de cancelar la imagen de lo otro, para sustituir
a la imagen que amenaza por la imagen que promete.
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Imagen de la destrucción del
Mandarom,
septiembre 2001 en Castellane, Francia
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