Caminar para existir

Replica21

Iván Gardea


Descifrar un libro, cuando el libro es un camino, caminarlo sin previa explicación, sin mapa ni brújula, con la posibilidad de perdernos, dejarnos arrastrar como si tuviéramos la fragilidad de una hoja y atravesar las sombras que los pinos acuestan sobre el camino con la ligereza atenta de una libélula, me parece la mejor manera de andarlo, de recorrerlo, de habitarlo, porque un camino y más cuando el camino es un libro se puede habitar y se debe recorrer sin previo simulacro. Habitarlo, si, vivirlo. Porque un libro se habita y se recorre, se vive, se camina. Y este libro de García Crespo no invita ha hacerlo.

Rosario Garc'a CrespoHabitar el libro de Rosario García Crespo por un instante breve o solamente con hojearlo, nos daremos cuenta que está tejido con el mismo hilo, largo, sinuoso, sorpresivo y resistente con el que están tejidos los caminos. Atravesar la satinada sucesión de sus páginas con la mirada, detenernos en las fotografías o los textos nos invitan, nos inducen a recorrer el camino, el largo camino que todos, o cada uno de ustedes, o yo, deberíamos recorrer, con la alegría del gamo o con la elegancia parsimoniosa del unicornio, caminando sin intencionalidad ninguna, sin finalidad, por el solo placer de caminar, por el solo placer de besar con las plantas de nuestros pies esta Tierra tan injuriada, ofendida, hollada.
Decía apenas unas líneas arriba, que la mejor manera de entrar en este camino-libro, sería sin una previa explicación, porque éste es un camino-libro abierto, abierto a tantas posibilidades, que intentar una explicación sería falsear la entrada al camino, arrojar un puñado de tierra a los ojos del caminante. Pero aquí estoy para comentarlo. Voy a intentar una breve, espero que sea breve, suscinta explicación, un comentario desde mi muy particular y falible punto de vista.
Para empezar, no quiero abordar este libro-camino desde una perspectiva artística, es decir, con una visión que se sirva de conceptos, prejuicios, lugares comunes, vana palabrería, provenientes de eso que llamamos, con bien cuidado eufemismo, "Mundo del Arte", y que tal vez sería más correcto llamarlo "Industria de la Cultura". Así, no precisaré posibles influencias, antecedentes o coincidencias en el trabajo de Rosario, ni la etiquetaré, ni la enmarcaré en la posible tendencia en la que se situaría su obra. Esto sería, para mí, y desde mi muy particular punto de vista falible, no sólo echar un puñado de tierra a los ojos del caminante-lector, sino una torta de lodo. Trataré de abordarlo desde una perspectiva (y perdónenme la pedantería de los términos) desde una perspectiva vitalista o experiencial.

Es decir, como y de que manera me afecta el libro, que acciones o transgresiones me impulsan a cometer sus páginas, como incide en mi ámbito vital, cómo podría trastocar mi cotidianidad o enriquecerla, que me aporta como habitante de este planeta tan ofendido, tan injuriado, hollado.

Que me aporta el libro, no como artista (palabra tan dudosa como hipotética) sino como persona, a mí o a ustedes, cualesquieran sean sus conocimientos del Arte, del Arte con A mayúscula (término tan extenso y vago como pocos). Trataré, por tanto, de prescindir de algunos aspectos que sugieran la lectura del libro, para reconcentrarme en lo que a mi particular modo de ver, falible, pudiera ser lo esencial.

Rosario García Crespo

Si el arte está al servicio de la vida, ¿porqué nos empeñamos en convertir el arte en un fetiche?. Todos los justos intentos por desfetichizar el arte a lo largo del siglo XX pareciera que a principios del XXI solo ha conducido a convertirlo en un Super Fetiche. Pradojas de la vida, que no se deja apresar. En este contexto Rosario García Crespo se nos planta enfrente con su libro y parece decirnos, con atinada sencillez: caminen, y al caminar estaremos al servicio de la vida. ¿y luego? Emprendemos entonces el camino olvidado y así redescubrimos tal vez el filo de la roca en el que el viento se corta, y oímos la música de los pinos cuando el viento hecho jirones los hace cantar, y así, aquí, caminando y viendo como se deshilvana o se desdobla la nube, recobramos el arte, no sé si el arte con a mayúscula o minúscula, pero el arte, el arte como sinónimo de la vida, la vida como camino. El arte, la vida, el camino, ¿no se parecen tanto que pudiera decirse que son lo mismo?.

Rosario García CrespoGarcía Crespo nos hace con su libro una invitación inesperada y sencillísima: recobrar nuestros pies. Y esto nos atañe a todos, puesto que no somos ángeles y por tanto no poseemos alas y nuestra única posibilidad para ser plenamente humanos es poner los pies sobre la tierra y ...emprender el camino. Parece recordarnos con su propuesta –disculpen ustedes por usar una palabra tan manoseada impunemente- digo, parece recordarnos con su propuesta, que hemos olvidado una parte esencial, importantísima del ser humano, confundidos como estamos por nuestras ciber-existencias, rodeados por una tecnología cada vez mas inhumana, que hace abstracción de la vida.

Esta parte esencial del hombre que es lo lúdico, la capacidad de sorpresa y de juego, y el cuerpo que la expresa. Esta capacidad innata de desenvolverse con el cuerpo en el mundo, sintiéndolo, experimentándolo, experimentándonos. Este cuerpo que también nuestra época quiere profanar.

Rosario Crespo nos quiere devolver a nuestro primer contacto, a nuestro contacto primigenio con la tierra, nos recuerda que nuestros pies con raíces porque hace mucho olvidamos, que en vez de columna vertebral, tenemos un árbol dentro.

Pero los pies, nuestros pies, ¿dónde están?. Ha, pues le hemos hecho a la vida una jugarreta insólita, inédita, "magistral". Los hemos guardado en el armario y ahí están empolvándose.

Hemos hablado de los pies, del caminante, pero falta hablar de el correlato esencial de ese caminate, que es la naturaleza. Las acciones de García Crespo van encaminadas a celebrar una reconciliación con esa Naturaleza, a poblarla de nuevo, a resignificarla, a buscar establecer un rito, tal vez una ceremonia que nos limpie la mirada y nos devuelva al corazón, la capacidad para volvernos a relacionar emotivamente, amorosamente, con un bosque, con el silencia de ese bosque, con la vida secreta, milenaria que alberga. Nos sugiere de nuevo el bosque como refugio.

Puede ser que en estos tiempos ya no se escriba "en busca del tiempo perdido", pero juntando diversos autores y libros pudiéramos reunir una serie de volúmenes bajo el título de "en busca de la Naturaleza perdida". Independientemente de la Ecología como moda, de su uso político, de su tergiversación ideológica, hay una búsqueda desesperada, aquí y allá por rehacer el cordón umbilical que nos liga a nuestra madre naturaleza.

En el libro de Rosario García Crespo, hay una búsqueda, yo diría casi desesperada, aunque a primera vista el libro no lo muestre, por restaurar a través de las acciones que realiza, el vínculo primigenio, prístino, con la naturaleza, echando mano, si es preciso, de lo que sea, Sea esto el yoga, tai chi, o con las vestimentas cargadas de simbolismo o la sim ple desnudez del cuerpo. Tal vez estemos muy lejos ya, por lo afectados que estamos, viviendo en esta burbuja en la cual vivimos, convertidos en niños-burbuja como decía Baudrillard, de la sonrisa sabia, la sonrisa como ofrenda, que recomendaba G. Santayana para encarar el misterio o el enigma de la naturaleza , para que ésta nos revele su secreto.

Rosario García Crespo

Rosario García Crespo

El libro de García Crespo parece que implícitamente nos dice con sus hermosas imágenes: inténtalo, como tu quieras, como puedas inventa el reencuentro amoroso con este mundo, con esta Tierra tan hollada, tan injuriada, tan ofendida.
Busca el bosque, porque el bosque es refugio, una catedral de coníferas donde puede ser que tal vez nos encontremos de nuevo con lo sagrado.
Recorre el camino con la alegría de un gamo o con la elegancia parsimoniosa de el unicornio y tal vez la naturaleza te abra de nuevo sus brazos y te albergue en su seno como el hijo pródigo que deserta de nuestras grandes urbes, dinámicas, excitantes, pero enfermas. No creo que sea prudente ni pertinente decir más, sólo invito al lector-espectador y caminante de este libro, a que lo recorra sin prejuicios ni tapujos.

Texto leído durante la presentación del libro Caminar para descifrar de Rosario García Crespo en la librería Gandhi
en Cuernavaca, Morelos.
Diciembre, 2002.

Rosario García Crespo

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Fecha de publicación: 20.05.2003