Congreso de Purificación Urbana

Replica21

Pablo Helguera

Recibimos en la redacción de Réplica21 este texto enviado por Pablo Helguera que nos parece interesante abrirlo a nuestros lectores. Si quieres opinar sobre este tema, envíanos un mensaje y continuemos con la reflexión

"Les mando mi réplica ante el debate que ha suscitado el congreso de purificación cultural urbana, el cual salió hoy (28 julio 2003) en el Reforma.
Se incluye la version impresa con la introducción del columnista José Luis Paredes Pacho.


¿Puras guasas?
Por Jose Luis Paredes Pacho

REFORMA
25 de julio, 2003
Congre
so de Purificación Urbana

En los corrillos cibernéticos, en las cantinas del "gentrificado" Centro Histórico, en las oficinas de las instituciones culturales y en las trincheras de la contracultura cundió la duda y el temor. El 12 de julio tuvo lugar el Primer Congreso de Purificación Cultural Urbana de la Ciudad de México con la participación de Martina Riedler, Eduardo Olivares, Marco Barrera y Néstor Quiñones, quienes sostuvieron posiciones polarizadas sobre lo que debe ser una política cultural en la ciudad, que oscilaron del anarquismo al fascismo. Y fue esta última postura, sostenida por Ryan Hill, supuesto miembro de una comisión Rudolph W. Giuliani, la que generó el disgusto e incluso la duda sobre la verosimilitud del congreso organizado por Pablo Helguera e Ilana Boltvinik.

Las reacciones fueron diversas; por ejemplo, la ponencia de Ryan fue enviada por correo electrónico a grupos de discusión, con llamados a resistir las intenciones purificadoras y autoritarias del estadounidense. Ryan se pronunció por emprender una profunda limpieza cultural creando una comisión que aprobara "todo proyecto artístico con base en su decencia cívica", con facultades para despedir a aquellos funcionarios con dudosa "disciplina cultural" y donde toda actividad realizada para más de ocho personas debería cumplir con requisitos como "carecer de referencias a actos sexuales", si bien los artistas con becas vitalicias del CNCA estarían exentos de toda regla.

¿Se trataba de una broma? Bueno, no es ficticio que se haya pedido a Giuliani un diagnóstico sobre la inseguridad en el DF sin tomar en cuenta el rechazo que su gestión enfrentó en Nueva York y sin discutir las implicaciones culturales que tuvo para la ciudad. Por ejemplo, la "gentrificación" del lower east side afectó la cultura de la zona.

El encumbramiento de Giuliani como garante de la seguridad urbana es, eso sí, una falacia y una ilusión. Pero las aristas del congreso son muchas. Ante estas reacciones, los organizadores distribuyeron por internet un documento aclaratorio.


 

La región menos transparente, o el beneficio de la duda
Por Pablo Helguera

Pablo Helguera expone a REFORMA sus motivos.
28 de julio, 2003
Congre
so de Purificación Urbana

Ryan Hill, quien leyó la propuesta de la comisión ciudadana Rudolph W. Giuliani en el marco del Primer Congreso de Purificación Cultural Urbana de la Ciudad de México el pasado 12 de julio, aparentemente se ha vuelto famoso por sembrar el terror a manera de Orson Welles en La Guerra de Los Mundos. En lo que un email apocalíptico sobre el tema recorre el país y algunos se preguntan si la propuesta es verdad o ficción, a mí en cambio me parece más interesante reflexionar acerca de lo que dicha reacción revela de nosotros como sociedad.

Ilana Boltvinik y yo organizamos el congreso para analizar y debatir públicamente una serie de temas relacionados al medio cultural mexicano. Nos interesó reflexionar sobre la falta de cuestionamiento, estructuración y dirección que suele caracterizar tanto a las políticas culturales de estado como a las iniciativas independientes. Por otro lado buscamos cuestionar la dinámica tradicional de los congresos académicos, y empujarlo al extremo con posturas claramente polarizadas para de esta manera ocasionar un debate más profundo. Y finalmente, quisimos analizar el nivel de concientización y las opiniones que existen ante la enorme e irreversible influencia que el "mainstream" norteamericano está teniendo sobre la vida cultural de México.

El congreso tomó lugar en el Gran Hotel de la Ciudad de México, y aunque muchos asistieron, incluyendo medios, críticos y artistas, parece que varios aún no saben qué opinar al respecto de lo que se dijo por la duda de si el evento fue realidad o ficción. Un planteamiento poco útil, creo yo.

Como dijimos en un testimonio público, hay que darle énfasis a las ideas y no a la corroboración del currículum académico de los participantes, ya que las ideas se validan (o invalidan) por sí mismas, y no por quienes las presentan o patrocinan. Lo que contó fue el debate, el cual definitivamente experimentamos todos ese día, -a ratos bastante dramático y pasional, y en otros casi como en la guerra fría, al borde del estallido.

Es una lástima que no se le haya prestado más atención a la crítica histórica de Martina Riedler sobre el priísmo y su agenda cultural, la propuesta de Eduardo Olivares para sensibilizar a los políticos, el discurso de Marco Barrera Bassols sobre Messiaen y la ingobernabilidad del arte, o la propuesta de Nestor Quiñones para un consejo de artistas. Otras ponencias, más superficiales pero representativas de nuestra realidad cultural, quizá fueron menos exitosas en sí, pero definitivamente dieron lugar a animados debates que con gusto protagonizaron los críticos mismos del coloquio.

En cuanto a las posturas extremas, lo que nos sorprendió es que se calificaran de inverosímiles, siendo que son tan comunes en nuestra realidad. Gracias a la histeria cibernética que desató la presentación de Hill, salió a relucir que en ningún foro cultural se había debatido hasta ahora el simbolismo de que el gobierno mexicano utilice a Giuliani como asesor de la ciudad. La agenda social de Giuliani en Nueva York culminó en incidentes como el violento asesinato por la policía de Amadou Diallo, un inocente inmigrante africano, con 41 balazos, y la propuesta -fallida, por fortuna- de una "comisión de decencia" para regular al arte en museos financiados por la ciudad

También vale la pena recordar el caso del vecino del sur: los diputados del gobierno de Guatemala y su máximo rector, Efraín Ríos Montt, aprobaron el año pasado la ley 27-2002 que pretende controlar toda producción artística "obscena", formando una comisión de censura dependiente del Ministerio de Cultura y Deportes. Tampoco podemos asumir que nuestra clase intelectual es muy liberal. Por ejemplo bastan señalar las "informadas" declaraciones de Félix de Azúa, quien escribe para Letras Libres sobre arte contemporáneo y que en una entrevista a El País se atreve a decir que hacer "arte político" hoy en día es imposible.

Yo sugeriría que el debate, las pasiones, dudas, y ansiedad que sembró el Congreso (y en particular la presentación de Ryan Hill) son sintomáticas de algo que nos hace falta discutir colectivamente. Si su propuesta alarmó al público no fue por fantasiosa, sino por factible en su temible especificidad.

En el fondo,a y yo organizamos el congreso para creo que esto se debe a que intuímos que las agendas políticas manipuladoras de hoy se esconden no en conspiraciones secretas sino en los abiertos formatos de la claridad. Chesterton, en El hombre que fue jueves, describe a un grupo de anarquistas que conspiran ruidosamente en un balcón al aire libre de un restaurant, bajo el principio que no hay nada más secreto que aquello que se hace a la plena luz del día. El descaro de operar así es lo que hacen nuestros políticos hoy, pues lo común es pensar que la manipulación se encuentra en lo secreto y no en lo explícito.

En general nos gusta cuando todo se nos da claramente, e incluso nos atrae participar en nuestro propio abandono a la ficción. El gran artista sudafricano William Kentridge dijo una vez que cuando asistimos a un teatro de sombras de manos y vemos la imagen de un lobo, nos reímos por tres razones: una, porque vemos la caricatura de un lobo; dos, porque reconocemos las manos humanas que están produciendo el lobo, y tres, porque nos regocijamos de vemos a nosotros mismos caer en nuestra propia credulidad.

Pero en el teatro de sombras de nuestra realidad, desafortunadamente no siempre tenemos el lujo de saber la procedencia de lo que vemos u oímos, ni tampoco de ver las muchas dimensiones que un acto pueda tener. Los parámetros ficción/realidad son equívocos y relativos, ya sea en lo académico, en la política, o en el arte. Solo nos queda juzgar en base a nuestros principios. Quizá tengamos a veces que dudar de todo, pero a la vez podemos actuar sobre esas dudas a través del debate y de nuestro criterio. Es un proceso difícil, pero crucial, de autoafirmación como individuos y como sociedad. Creo que en este caso, el arte es el mejor interlocutor que hay para saber quienes somos y a donde vamos.

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Fecha de publicación: 01.08.2003