Nuevos medios en busca de nuevos espacios

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Gabriela Galindo

ReijksmuseumMuseo de Groningen, Holanda.

Caminar por un museo puede ser una grata experiencia, esa sensación de silencio murmurante, luces naturales que se intercalan con las artificiales, mezcla de paz y barullo que producen las obras mismas. Famosos arquitectos han diseñado estructuras perfectas, singulares, redondas, cuadradas, medianas, enormes; todas ellas pensadas para albergar las más bellas (o quizá algunas no tan bellas pero importantes) obras de arte.

Así, uno puede divagar lentamente, detenerse, mirar, regresar y volver a andar. Y qué mejor cuando esos recintos cuentan con jardines o terrazas que permiten tomar breves descansos al aire libre y, porqué no, tomarse un café y hasta fumarse un cigarrillo (si no estás en NY claro está) todo ello en la brevedad del silencio y paz que emanan las pinturas.

Pero últimamente algo parece entorpecer esta paz, algo está sucediendo con las obras que ya no encajan de manera tan fluida y perfecta y, en ocasiones, las obras parecen estar colocadas de manera forzada e incómoda.

Esto está sucediendo sobre todo con obras realizadas en los llamados nuevos medios: videos, instalaciones, arte digital, arte en movimiento, performance, por mencionar algunos. Cuántas veces no hemos encontrado un grupo de videos colocados en pequeños cubículos contiguos, donde no hay espacio para sentarse, donde el sonido de cuatro o cinco obras se mezcla y es imposible distinguir entre uno y otro; y donde no existe ninguna referencia en la entrada de cuánto dura o qué hora empezó (si es que empezó en algún momento), equipos de cómputo que no funcionan, proyecciones apagadas porque no hay personal que sepa cómo encender el mentado aparato.

Mónica DowerMónica Dower, La llamada.
2003, (still de video).

Tomemos como ejemplo la reciente muestra UPX presentada en el Antiguo Colegio de San Ildefonso. La exposición daba inicio con la instalación de Celia Gallardo Pedroza, compuesta de un columpio forrado con una malla transparente en la que se proyectaba un haz de luz tenue que daba la sensación de estar viendo el columpio en movimiento a través de unos árboles y a contraluz. Originalmente la obra no debía llevar una malla sino que la proyección debía contrastar en una cortina de humo, sin embargo, fue imposible montar la obra de esta forma dentro del gran edificio histórico por la imposibilidad de colocar una máquina de humo sin que esto afectase el resto de la exposición (o que terminara ahogando a la concurrencia después de algunas horas).

Lo triste de este asunto es que, aún cuando fue modificada la obra y no se presentó en la forma que fue concebida, sí afectó otros trabajos, ya que en las salas contiguas a esta intalación se proyectaban tres videos de la artista Mónica Dower; uno de ellos, presentaba una secuencia de rostros y cuerpos de mujeres vistas de frente a las que el viento las rozaba de forma suave y simple, haciendo volar sus cabellos y pétalos de rosa alrededor y donde el viento invisible era el único elemento que hacía perceptible el movimiento. La segunda obra presentaba a su abuela en la tarea de hacer una sopa de verduras a la vieja usanza, mientras con gran suavidad va narrando y platicando como lo hubiese hecho con cualquiera al momento de cocinar.

Sin embargo, el sonido de estas dos obras era casi imperceptible y lo único que se alcanzaba a escuchar con claridad era el rechinido permanente del columpio virtual de la sala inicial, obra que supuestamente fue alterada para no afectar el resto de las ahí expuestas.

Bill ViolaBill Viola, Passage, 1987.

Para terminar con este triste ejemplo de una instalación inadecuada, en otra de las salas, una de las más grandes de la muestra, presentaban una serie de videos de varios artistas diferentes. Sin horarios de inicio, sin referencias de cuál era la secuencia y en una proyección contínua con una duración de casi una hora, el espectador que se aventurara a verlos todos tenía que armarse de valor para permanecer una hora parado o sentarse en el suelo frío, sobre los cables pegados al piso con cinta canela; o peor aún para aquel que sólo le interesaran algunos, pues tenía que esperar pacientemente y tener la suerte de ver el que deseaba.
Y no puedo dejar de mencionar la sala donde se presentaba la obra de Ulises Guzmán que estaba cerrada porque el equipo se descompuso y los domingos los técnicos no trabajan

Pero no hay que desanimarse, hay casos de montajes bien pensados y algunos muy afortunados. En el pasado festival Vidarte 2002 que se organizó en el Palacio Postal hubo uno que otro gran acierto de instalación. Las salas de proyección eran pequeñas y en su mayoría presentaban la obra de un solo artista, lo cual facilitaba la elección dada la inmensa cantidad de obras que se presentaron. Es cierto que no pudieron solucionar el problema del audio que, como en la UPX, uno escuchaba el sonido de tres o cuatro videos al mismo tiempo, sin embargo tenían sillas cómodas y bien colocadas de forma que los espectadores podían apreciar cómodamente la obra hasta el final.

Quirijnen, Missoteen y LambrechtsVideoinstalación de Anne Quirijnen, Peter Missoteen
y Ann-Marie Lambrechts.

Las obras estaban bastante bien clasificadas y organizadas y aún cuando fue imposible para la mayoría verlo todo, era fácil hacer una buena elección ya que algunas de las obras importantes, como el caso de la serie de videos de Bill Viola, contaban con datos precisos de tiempos y horarios de proyección.

Una de las instalaciones más eficientes que he visto en este tipo de exposiciones fue en el pasado XX Festival Internacional de Video en Ámsterdam. Montada en un moderno centro cultural, que podría asemejarse al nuevo Centro de Convenciones de Banamex en la Ciudad de México. Las salas eran amplias y cerradas, con espacio suficiente entre ellas de forma que era casi imperceptible el sonido de la sala contigua y con indicaciones precisas y mobiliario adecuado: sillas donde la proyección era larga y había que prestar atención o espacios para caminar, debidamente señalados para apreciar las proyecciones desde los puntos donde el artista lo concibió. Espacios cerrados y oscuros donde la obra lo requería o amplios y abiertos como el caso de la videoinstalación de Quirijnen, Missoteen y Lambrechts que constaba de seis páneles de proyección de 2m de largo cada uno.

En esta ciudad hay varios ejemplos más de buenos logros y grandes esfuerzos, en recintos como el ExTeresa Arte Actual, el Laboratorio de Arte Alameda e incluso el Museo Tamayo hemos visto instalaciones con todos los elementos necesarios para alcanzar la apreciación clara y total de estas nuevas tecnologías. Espacios con proyecciones en el techo que cuentan con sillones y colchonetas para relajarse, ver y escuchar ampliamente. Televisiones de 30 pulgadas con audífonos para no molestar a los demás, o computadoras y equipos virtuales en buenas condiciones y bien cuidados. Estas instalaciones son el primer paso de lo que probablemente serán los nuevos espacios de exposición, y esto no es porque la pintura, el grabado o la escultura dejen de ser materia de exposición, pero sí porque si un museo no es capaz de seguir el paso de los artistas, de las nuevas tecnologías y los nuevos medios, el museo como tal perderá por completo su razón de ser y acabaría por convertirse en un panteón del arte.

Ex Teresa Arte ActualEntrada del Ex Teresa Arte Actual.

Es infinitamente distinta la experiencia de un espectador cuando tiene la posibilidad de apreciar la obra en su totalidad. Un espectador que se asoma por unos segundos a ver un video que está en proyección y se sale de inmediato, es igual que uno que tomara la esquina derecha inferior de un cuadro, la viera por un instante y se despegara de la pintura sin apreciar el resto.

Durante años los museos y centros culturales se han tomado el cuidado de educar al público para que aprenda a apreciar una pintura o una escultura, te enseñan como comportarte y hasta por donde caminar; es quizá tarea nueva de los museos invertir en nuevas estrategias, instalaciones, equipo y personal que permitan que estas nuevas obras se muestren de forma adecuada y que los visitantes se sientan atraídos a ver las obras completas.

Pero también es tarea de los artistas entender los espacios y ubicar sus obras en los lugares adecuados en la medida de lo posible, es tarea de los museógrafos y curadores tomarse el tiempo para estudiar las obras y los espacios para un buen montaje. Sabemos que siempre hay limitaciones, de presupuesto, de tiempo o de personal; sin embargo, no debemos justificar una mala instalación o un equipo defectuoso por falta de recursos, si la obra requiere de un equipo tan costoso que no es accesible para el museo, más valdría buscar otra obra que colocar un aparato que no funciona. Así como los artistas han buscado nuevos medios para expresarse, los museos e instituciones culturales y artísticas deberán encontrar los medios para exponerlas.

 

Mónica DowerMónica Dower, La llamada.
2003, (still de video).

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Fecha de publicación: 05.01.2004