Nuevos medios en busca de nuevos espacios
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Caminar por un museo puede ser una
grata experiencia, esa sensación de silencio murmurante,
luces naturales que se intercalan con las artificiales, mezcla de
paz y barullo que producen las obras mismas. Famosos arquitectos
han diseñado estructuras perfectas, singulares, redondas,
cuadradas, medianas, enormes; todas ellas pensadas para albergar
las más bellas (o quizá algunas no tan bellas pero
importantes) obras de arte.
Así, uno puede divagar lentamente, detenerse, mirar, regresar
y volver a andar. Y qué mejor cuando esos recintos cuentan
con jardines o terrazas que permiten tomar breves descansos al aire
libre y, porqué no, tomarse un café y hasta fumarse
un cigarrillo (si no estás en NY claro está) todo
ello en la brevedad del silencio y paz que emanan las pinturas.
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Pero últimamente algo parece
entorpecer esta paz, algo está sucediendo con las obras que
ya no encajan de manera tan fluida y perfecta y, en ocasiones, las
obras parecen estar colocadas de manera forzada e incómoda.
Esto está sucediendo sobre todo con obras realizadas en
los llamados nuevos medios: videos, instalaciones, arte digital,
arte en movimiento, performance, por mencionar algunos. Cuántas
veces no hemos encontrado un grupo de videos colocados en pequeños
cubículos contiguos, donde no hay espacio para sentarse,
donde el sonido de cuatro o cinco obras se mezcla y es imposible
distinguir entre uno y otro; y donde no existe ninguna referencia
en la entrada de cuánto dura o qué hora empezó
(si es que empezó en algún momento), equipos de cómputo
que no funcionan, proyecciones apagadas porque no hay personal que
sepa cómo encender el mentado aparato. |

Reijksmuseum, Ámsterdam
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| Tomemos como ejemplo la reciente muestra UPX presentada
en el Antiguo Colegio de San Ildefonso. La exposición daba
inicio con la instalación de Celia Gallardo Pedroza, compuesta
de un columpio forrado con una malla transparente en la que se proyectaba
un haz de luz tenue que daba la sensación de estar viendo el
columpio en movimiento a través de unos árboles y a
contraluz. Originalmente la obra no debía llevar una malla
sino que la proyección debía contrastar en una cortina
de humo, sin embargo, fue imposible montar la obra de esta forma dentro
del gran edificio histórico por la imposibilidad de colocar
una máquina de humo sin que esto afectase el resto de la exposición
(o que terminara ahogando a la concurrencia después de algunas
horas). |
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Mónica Dower, La
llamada.
2003, (still de video). |
Lo triste de este asunto es que, aún
cuando fue modificada la obra y no se presentó en la forma
que fue concebida, sí afectó otros trabajos, ya que
en las salas contiguas a esta intalación se proyectaban tres
videos de la artista Mónica Dower; uno de ellos, presentaba
una secuencia de rostros y cuerpos de mujeres vistas de frente a
las que el viento las rozaba de forma suave y simple, haciendo volar
sus cabellos y pétalos de rosa alrededor y donde el viento
invisible era el único elemento que hacía perceptible
el movimiento. La segunda obra presentaba a su abuela en la tarea
de hacer una sopa de verduras a la vieja usanza, mientras con gran
suavidad va narrando y platicando como lo hubiese hecho con cualquiera
al momento de cocinar.
Sin embargo, el sonido de estas dos obras era casi imperceptible
y lo único que se alcanzaba a escuchar con claridad era el
rechinido permanente del columpio virtual de la sala inicial, obra
que supuestamente fue alterada para no afectar el resto de las ahí
expuestas. |
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Para terminar con este triste ejemplo de una instalación
inadecuada, en otra de las salas, una de las más grandes de
la muestra, presentaban una serie de videos de varios artistas diferentes.
Sin horarios de inicio, sin referencias de cuál era la secuencia
y en una proyección contínua con una duración
de casi una hora, el espectador que se aventurara a verlos todos tenía
que armarse de valor para permanecer una hora parado o sentarse en
el suelo frío, sobre los cables pegados al piso con cinta canela;
o peor aún para aquel que sólo le interesaran algunos,
pues tenía que esperar pacientemente y tener la suerte de ver
el que deseaba.
Y no puedo dejar de mencionar la sala donde se presentaba la obra
de Ulises Guzmán que estaba cerrada porque el equipo se descompuso
y los domingos los técnicos no trabajan. |
Pero no hay que desanimarse, hay casos
de montajes bien pensados y algunos muy afortunados. En el pasado
festival Vidarte 2002 que se organizó en el Palacio Postal
hubo uno que otro gran acierto de instalación. Las salas
de proyección eran pequeñas y en su mayoría
presentaban la obra de un solo artista, lo cual facilitaba la elección
dada la inmensa cantidad de obras que se presentaron. Es cierto
que no pudieron solucionar el problema del audio que, como en la
UPX, uno escuchaba el sonido de tres o cuatro videos al mismo tiempo,
sin embargo tenían sillas cómodas y bien colocadas
de forma que los espectadores podían apreciar cómodamente
la obra hasta el final.
Las obras estaban bastante bien clasificadas y organizadas y aún
cuando fue imposible para la mayoría verlo todo, era fácil
hacer una buena elección ya que algunas de las obras importantes,
como el caso de la serie de videos de Bill Viola, contaban con datos
precisos de tiempos y horarios de proyección. |

Bill Viola, Passage,
1987.
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Una de las instalaciones más eficientes
que he visto en este tipo de exposiciones fue en el pasado XX Festival
Internacional de Video en Ámsterdam. Montada en un moderno
centro cultural, que podría asemejarse al nuevo Centro de
Convenciones de Banamex en la Ciudad de México. Las salas
eran amplias y cerradas, con espacio suficiente entre ellas de forma
que era casi imperceptible el sonido de la sala contigua y con indicaciones
precisas y mobiliario adecuado: sillas donde la proyección
era larga y había que prestar atención o espacios
para caminar, debidamente señalados para apreciar las proyecciones
desde los puntos donde el artista lo concibió. Espacios cerrados
y oscuros donde la obra lo requería o amplios y abiertos
como el caso de la videoinstalación de Quirijnen, Missoteen
y Lambrechts que constaba de seis páneles de proyección
de 2m de largo cada uno.

Videoinstalación
de Anne Quirijnen, Peter Missoteen y Ann-Marie Lambrechts |
| En esta ciudad hay varios ejemplos más
de buenos logros y grandes esfuerzos, en recintos como el ExTeresa
Arte Actual, el Laboratorio de Arte Alameda e incluso el Museo Tamayo
hemos visto instalaciones con todos los elementos necesarios para
alcanzar la apreciación clara y total de estas nuevas tecnologías.
Espacios con proyecciones en el techo que cuentan con sillones y
colchonetas para relajarse, ver y escuchar ampliamente. Televisiones
de 30 pulgadas con audífonos para no molestar a los demás,
o computadoras y equipos virtuales en buenas condiciones y bien
cuidados. Estas instalaciones son el primer paso de lo que probablemente
serán los nuevos espacios de exposición, y esto no
es porque la pintura, el grabado o la escultura dejen de ser materia
de exposición, pero sí porque si un museo no es capaz
de seguir el paso de los artistas, de las nuevas tecnologías
y los nuevos medios, el museo como tal perderá por completo
su razón de ser y acabaría por convertirse en un panteón
del arte.
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| Es infinitamente distinta
la experiencia de un espectador cuando tiene la posibilidad de apreciar
la obra en su totalidad. Un espectador que se asoma por unos segundos
a ver un video que está en proyección y se sale de
inmediato, es igual que uno que tomara la esquina derecha inferior
de un cuadro, la viera por un instante y se despegara de la pintura
sin apreciar el resto.
Durante años los museos y centros culturales se han tomado
el cuidado de educar al público para que aprenda a apreciar
una pintura o una escultura, te enseñan como comportarte
y hasta por donde caminar; es quizá tarea nueva de los museos
invertir en nuevas estrategias, instalaciones, equipo y personal
que permitan que estas nuevas obras se muestren de forma adecuada
y que los visitantes se sientan atraídos a ver las obras
completas.
Pero también es tarea de los artistas entender los espacios
y ubicar sus obras en los lugares adecuados en la medida de lo posible,
es tarea de los museógrafos y curadores tomarse el tiempo
para estudiar las obras y los espacios para un buen montaje. Sabemos
que siempre hay limitaciones, de presupuesto, de tiempo o de personal;
sin embargo, no debemos justificar una mala instalación o
un equipo defectuoso por falta de recursos, si la obra requiere
de un equipo tan costoso que no es accesible para el museo, más
valdría buscar otra obra que colocar un aparato que no funciona.
Así como los artistas han buscado nuevos medios para expresarse,
los museos e instituciones culturales y artísticas deberán
encontrar los medios para exponerlas. |

Entrada del Ex Teresa Arte
Actual
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Mónica Dower, La llamada.
2003, (still de video).
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