Beltrán y Maachi. Exploraciones en la tipografía de los lenguajes
Museo Universitario de Ciencias y Artes

Replica21

Guillermo García

Erick BeltránErick Beltrán.

Erick Beltrán y Jorge Macchi, de México y Argentina, respectivamente, presentan Réplica una exposición que revela el juego lingüístico perverso de la prensa , mostrándonos un lado alterno de la comunicación gráfica así como la contestación, en tono de réplica, y el uso de símiles, réplicas, extraídos de los medios de comunicación impresos.

La exposición se presenta en la antigua casona de principios de siglo que alberga al Museo de Ciencias y Artes. Las dos primeras habitaciones alojan varios textos de la nota roja de la prensa bonarense bajo el título Un charco de Sangre (1998). Macchi utiliza los textos recortados en líneas para crear figuras de contornos caprichosos. El público puede leerlos linealmente y enterarse de crímenes y la violencia, tan comunes en las grandes urbes. La estrategia consiste en revelar los clichés de los medios de comunicación, que recortan la realidad con tonos seudo literarios. Las obras nos obligan a examinar la prensa escrita como una masa tipográfica de contornos sinuosos, connotaciones de las manchas de Rausch. Viéndolos más de cerca se nota que las largas líneas de frases desembocan en algunas palabras clave: mancha de sangre, violencia, explosión. Estas palabras son el nudo visual de la comunicación y las que destaca el artista.

¿Qué recordamos de lo que leemos de lo que vemos? se pregunta Macchi. Entre la masa de mensajes mediáticos, muchas veces la estructura del lenguaje se nos escapa y nos quedamos solo con la reiteración, con aquello que a fuerza de repetición se vuelve una compulsión. Los estilos de comunicativos del diario Crónica de Buenos Aires, especializado en asuntos de nota roja, dan lugar al escándalo y la moralina que impregnan estos textos y no obstante operan como registro, dejando su impronta en la mente.

El trabajo de Macchi recuerda que la profundidad del arte se encuentra en la exploración de lenguajes. Su trabajo artístico consiste en detectar los nodos de la comunicación, poner bajo la lupa a la pretendida objetividad del lenguaje reporteril y evidenciar las falacias que construye. La prensa vende violencia y su estructura comunicativa retroalimenta en el lector aquello que pretende juzgar.

Jorge MacchiJorge Macchi.

Para Macchi las formas lingüísticas dan paso a formas visuales desencadenando otros procesos de significación. En La canción del final, un video que incluye los créditos de una producción cinematográfica cualquiera, los caracteres no son legibles, lo único que puede percibirse son las manchas tipográficas corriendo de abajo hacia arriba sobre la pantalla, acompañadas de música atonal, concreta. Aunque demasiado ambigua en su objetivo, la intención de usar el lenguaje movil da a esta instalación un tono más lírico y menos crítico que Charco de Sangre.
Poco efectiva en su vinculación formal-estética, se encuentra una partitura musical Nocturno, cuyo pentagrama impreso ha sido inscrito con clavos. Tanto los créditos como el pentagrama resultan obvios, dejando la impresión de que se trata de un ejercicio formal de la estética Fluxus, colectivo de artistas conceptuales de los 60 que exploró estos temas.

Los registros de Macchi responden a la necesidad de obviar una comunicación alterna. Aunque los canales no son los mismos, podemos encontrar tres niveles de comunicación: la forma externa, el estilo lingüístico, y la distribución del texto en el espacio. La suma de mensajes lingüísticos está contenida en un pequeño libro que los visitantes firman y donde consignan sus recuerdos, obra que lleva por título Cosas que no debo olvidar.

En conclusión la obra se centra en la reproductibilidad gráfica, la creación de sublenguajes gráficos y lingüísticos, y la intersección de lenguajes: el musical con el visual, el auditivo con el visual y el formal con el textual.

Tabernak!

En Latinoamérica y particularmente en México ha sido frecuente el trabajo con formatos no ortodoxos, como el libro-obra, el múltiple y experimentos que ligan el arte público con los lenguajes gráficos. De esta vertiente proviene el trabajo de Erick Beltrán (Ciudad de México, 1974), quien ha transitado de la gráfica convencional (la monotipia, el libro de artista) a la intervención gráfica y ha puesto una minuciosa atención sobre los procesos gráficos en general y quién los produce.

El resultado de su trabajo en la intersección de los lenguajes (visuales y lingüísticos) se puede observar en esta exposición en obras como Made in China, consistente en la presentación de un sistema convencional de impresión de serigrafía por medio del cual se producen planillas de minúsculos sellos autoadheribles con la leyenda Made in China. Las mismas son utilizadas por los visitantes para escribir mensajes en la pared o realizar imágenes sencillas, pegándolas directamente sobre la pared de la galería. Esto es algo que siempre ha atraído la atención de Erick Beltrán, el provocar a la gente para que ellos también escriban, expresen lo que sienten ante su obra. Podría decirse que su papel es el de un provocador que utiliza seducciones gráficas y soluciones de muy bajo costo y baja tecnología.

Con esa idea de crear múltiples con las técnicas más baratas y menos sofisticadas, Erick realiza una pieza performance que consiste en llenar un cuarto con varios kilos de confeti impreso con siluetas negras de hombrecitos, logotipos, y cualquier cantidad de pequeñas imágenes resueltas en alto contraste. Aunque la pieza se debe activar con un ventilador que hace volar los confeti, ver las montañas de imágenes regadas en el piso multicolor es una apuesta a un tipo de gráfica que subsiste aun en la era de las computadoras.

Más interesante para el dueto con Jorque Maachi, hubiera sido presentar los periódicos intervenidos por Beltrán en Brasil, Alemania, Holanda. Con gran destreza negociadora ha logrado convencer a directores de periódicos importantes para que le permitan intervenir sus páginas con ideas como: eliminar todos los signos de puntuación y sustituirlos por la figurita de un hombre corriendo. Coincide con la estrategia del confeti que invade el espacio con una diminuta gráfica multiplicada por miles.La obra de Beltrán se centra en los procesos de reproducción técnica.

Erick BeltránErick Beltrán.

Su idea es clara: el mundo está lleno de imágenes que persisten cotidianamente por ganar espacio en nuestra conciencia. Mensajes políticos, económicos, ideológicos son transmitidos a través de cientos de miles de imágenes. El artista replica, responde, a esa sobresaturación construyendo un mundo alterno, donde la réplica devuelve la estrategia de la imagen institucional y del texto oficial. Y quizá ahí radica también el punto débil de la propuesta, en su imposibilidad de reflejar un sentimiento que vaya más allá de una presencia gráfica. Recientemente el gobierno de la Ciudad de México inició una campaña contra los anuncios espectaculares (billboards)en las calles.

El espacio urbano ha sido saturado de mensajes comerciales que mantienen al peatón secuestrado. Le impiden ver la ciudad y concentran su atención en la lectura estructurada alrededor de consumo, el costo-beneficio y la instrumentalización de los sentimientos. Varios de los dueños de compañías han colocado carteles en las calles que retan al jefe de gobierno a no continuar la guerra contra las imágenes, la batalla contra las carteleras que se han reproducido como hongos por la ciudad. Cuando vemos ese horizonte plagado de anuncios, de tipografías y textos de una a cinco palabras, lo mínimo que se puede pensar es que Erick Beltrán es el un David en lucha contra un Goliat, que un día ofrece una posibilidad de cambio en lo cotidiano, a través de sus intervenciones gráficas.

 

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Fecha de publicación: 13.05.2004