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Santiago Ortiz. Net art y sensibilidad
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Proyecto Quiasma |
Hay ocasiones en que nada de lo que se planea
sale como uno quiere ¿o debería decir, como la ley
de Murphy, que lo ocasional es que sí salga como uno lo espera?.
El asunto es que la mañana en la que había establecido
una cita con Santiago Ortiz, se rompió una tubería
de agua de mi casa y tenía que esperar al plomero. Así
que llamé al Museo Tamayo para disculparme; afortunadamente,
Santiago tomó el teléfono y tuvimos la oportunidad
de charlar un poco.
Es probable que como entrevistadora me moriría
de hambre, le boté algunas preguntas deshiladas, más
con la intención de conocerlo que de establecer un criterio
para escribir un artículo. Pero algo que me tranquilizó
saber, fue que no era un matemático y científico riguroso
(como lo anuncia su currículum) que había transgredido
la exactitud de las ciencias para caer en las garras del arte. Santiago
es antes que nada un artista, apasionado de la música y la
literatura. Me agradó bastante reconocer que coincidíamos
además de en gustos literarios (Borges, Eco, Calvino, Auster…por
ejemplo), en la opinión sobre el uso de la tecnología
en el arte; que más que ser la panacea de las nuevas vanguardias,
es un “mal necesario” que los artistas padecemos en
aras de buscar un medio alternativo de representación.
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La llamada fue breve, dado que
ese día sería la presentación de su performance,
acordamos continuar la plática esa noche, una vez que yo
tuviera la oportunidad de verlo en acción. Pero repito…
hay veces que las cosas no salen como deberían. Esa noche
salí rumbo al museo (confieso que tenía el tiempo
un tanto justo) pero no contaba con que era 14 de febrero…
Sí, me parece que todos los habitantes del Distrito Federal
decidieron salir a celebrar el día del amor. Un trayecto
que por lo general me lleva 20 minutos, ese día me costó
una hora y cuarto. Cuando llegué al museo todo había
terminado y para rematar mi deseperación, solamente escuchaba
“estuvo sensacional… lástima que no llegaste”… |

Triada Binaural
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Con una conversación trunca
y un performance que no vi, escribo esta nota (aquí es donde
se permite dejar la lectura sin que la autora se pase a ofender).
Pero para quien se arriesgue un poco más, la fortuna (para
mi) de la obra de Santiago es que mucha de ella, está en
la red (http://moebio.com).
Gran parte de su proyecto es la creación de espacios comunes
y la divulgación de construcciones de información.
Y no cabe duda que Internet es el medio por excelencia para la divulgación
libre y gratuita, además de que en el ciberespacio, el exceso
de tráfico no repercute de manera tan brutal como el tráfico
vehícular en la Ciudad de México.
En las estructuras y construcciones de Ortiz,
algunas más narrativas que visuales, lo esencial es la interactividad.
La acción del usuario remite a la reflexión tiempo-espacio
donde la obra se materializa únicamente cuando hay un interlocutor
que la active y detona el movimiento. Estructuras geométricas
que sostienen palabras, que al enlazarlas crean una idea y que al
moverse muestran el dinamismo de una vida simulada. Seres vivos
que se plasman a través de un código, que como el
DNA, repercute en la formación y transformación del
ser que crece. |

Colores en el tiempo |

Oráculo (red circular).
Gramatrama |
Es el caso de la pieza Gramatrama
que representa una red de textos que pueden ser leídos linealmente
o cambiando hacia sub-textos a través de los vínculos.
Con caminos diversos de navegación, las palabras se mueven
dinámicamente y van encontrando el espacio por donde caminar.
Los textos de pronto se convierten en líneas y trazos y de
pronto vuelven a ser palabras, siempre en movimiento, (escritura,
gesto) y bifurcación. La obra se consolida en la premisa
de que una “misma red se puede representar de mucha formas;
y cada una de ellas puede ser también la base gráfica
de una interfase de creación y modificación de redes”
[1]
La obra de Santiago Ortiz se basa en estructuras artificiales
creadas sobre un código que representa modelos de vida, donde
los pequeños organismos virtuales, formados por líneas,
letras o palabras, se desplazan intercambiando información,
como analogía del código genético sintéticamente
simulado. Esto recrea la capacidad de los elementos de evolucionar.
Este sistema dinámico genera una sucesión de eventos
infinitos y en ocasiones impredescibles. Un ejemplo de esto es su
obra GNOM, proyecto de investigación con interfaces
digitales y físicas para la visualización y experimentación
de de redes genéticas que ofrecen mecanismos de desplazamiento
y diferentes sistemas de visualización. En él se combinan
esencialmente dos factores: el azar y los algoritmos deterministas.
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Pero aunque esto suena bastante complejo, el
trabajo del artista colombiano se caracteriza por la búsqueda
de la simplificación; a pesar de que la naturaleza y el hombre
–como parte de ella– se resiste a ello. La sencillez
es una de las tareas más difíciles en el terreno de
la comunicación, tanto para un artista como para un científico.
Me imagino que es parecida la dificultad de un científico
que trata de explicarle a un artista un algoritmo matemático
como para el artista explicarle a él una obra conceptual.
Muestra de la capacidad de ello es uno de sus “experimentos”
favoritos. Se trata de la obra El Neme que es un simple
pajarraco dibujado por su novia en un arranque de furia, al que
le asignó una serie de variables asociadas a un estado de
ánimo “alterado”. |

El Neme |

Oráculo (prototipo).
GNOM |
Como mencioné anteriormente,
la obra de Santiago Ortiz no es únicamente gráfica.
El artista considera que la visualización de espacios de
información plantea muchas más vías de investigación
que solamente la visual. El sonido es parte fundamental dentro de
este intercambio. El sonido se relaciona con las formas de movimiento
y las estructuras matemáticas de cada elemento y se plantea
como un “aliado” de la luz para enfatizar la percepción
de la pieza. Una de las obras que me parece que captura con mucha
fortuna esta coordinación entre sonido, interactividad y
movimiento visual es la pieza El cerebro de Edgardo (el inventor
de Historias), se trata de una instalación audiovisual
donde el personaje Edgardo narra, sin descanso, historias de todo
tipo. Como lo expone el artista: “Esta narración emerge
de un algoritmo aleatorio que recorre una red semántica,
recombinando palabras y manteniendo una gramática correcta“
[2]
En una alegoría poética se crea una red gramatical
donde por medio de juegos y experimentaciones se generan relaciones
direccionales que inducen la concatenación de un segmento
de frase con otro, preservando siempre la corrección gramatical.
La gráfica se combina con los textos literarios y se enredan
creando breves instancias narrativas, completamente aleatorias,
tan sinsentido que al final… hacen sentido. La instalación
completa se compone del cerebro [algoritmo digital], el rostro [video],
y el cuerpo [fotografía]. |
La obra de Santiago Ortiz es el resultado de
la búsqueda permanente de experiencias perceptuales. Muestra
la complejidad de nuestra realidad a través de modelos simples.
Para el artista “hacer modelos se ha convertido en una forma
de expresar ideas. Escribir código puede ser una forma activa
de proponer visiones y formas de entender el mundo. Escribir nunca
ha dejado de ser simular” [3]

Estudio t.4: privilegio
de punto de vista
El éxito de la produccion artística
de Santiago consiste en su capacidad de relacionar el mundo real
con las interfaces creadas por él para viajar, experimentar
con el sonido (él mismo es un músico consumado), escribir
literatura y abrir horizontes para conjugar infinitas posibilidades
efímeras en planos concretos y tiempo real. A diferencia
de otros proyectos de net art, donde el usuario se ve abrumado por
interfaces complicadas, Santiago propone modelos de interacción
donde los contenidos juegan un papel más claro y determinante
que los dispositivos de programación. |
Es evidente en su trabajo que la experiencia
cotidiana de su país, Colombia, atribulado por décadas
de guerra de guerillas, ha dejado una impronta de carácter
ético y estético sobre su trabajo. Sus propuestas
no parten de un mundo fícticio, cibernético, sino
de condiciones comprobables de la experiencia humana en el mundo.
Esto tiene como resultado que, a través de la interacción
con sus dispositivos, el interlocutor puede sentir cómo el
mundo virtual es una prolongación del mundo real, usando
el primero como un plano cartesiano, un mapa, para recorrer el segundo.
Esto, pienso yo, es el mérito de sus investigaciones en la
tecnología y su sensibilidad.

Santiago Ortiz expone
en el Cyberlounge del Museo Tamayo.
La muestra incluye una retrospectiva de su obra y permanecerá
abierta hasta el 7 de mayo del 2006.

1. Sobre Gramatrama. http://moebio.com/santiago/gramatrama/acerca/index.html
2. El cerebro de Edgardo (el inventor de Historias).
http://moebio.com/cerebro/#
3. Modelos informáticos y visiones de la vida.
http://moebio.com/santiago/textos/transtextos/modelos.html
Autorretrato
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