Cursi-agridulce de Fernando Llanos (o como la cursilería sirve más que un psicoanálisis)

Fernando Llanos

Gabriela Galindo

"Cursi: que pretendiendo ser elegante, resulta
afectado, ridículo o de poco gusto"
Diccionario Panhispánico de dudas

Fernando LlanosEl libro Cursi-agridulce de Fernando Llanos, recientemente publicado por Trilce Ediciones, es un diario/bitácora donde el tema central es la búsqueda del sujeto amado y su intensa lamentación por no conseguirlo. Con un dejo de infatuación y sarcasmo, el resultado deja ver la polémica consecuencia del inevitable impulso del artista por dibujar sus propias obsesiones y separar la praxis amorosa del pathos artístico.

El título de este pequeño volumen constituye una guía inicial sobre el camino para recorrerlo. Un sinfín de corazones (completos y rotos), manos, paisajes, braguetas, sillitas, sexos femeninos y masculinos, caras, besos, mujeres y más mujeres... la mayoría de estos bocetos, siempre con un dibujo tan realista como posiblemente espontáneo, van acompañados de breves frases, que describen, sugieren, se burlan o remiten, casi todos a la misma cosa: el amor.

En principio, resulta inquietante que para un videoartista que le gusta la controversia y se mete en problemas de todo tipo, viajando de aeropuerto en aeropuerto, de bienal en bienal, el amor sea por definición bastante cursi. A pesar de la ironía, cuando se trata del amor, nos tornamos suaves y rosas. Nos da por dibujar corazoncitos y coleccionamos a manera de tesoro todo cuanto nos remite al ser amado: cartas, papelitos, recados amorosos (aún los no amorosos), boletos de espectáculos a los que asistimos juntos, y sí, hasta los dibujitos que hicimos mientras esperábamos la hora feliz en que el sujeto amado llegaría a nuestros brazos. Sin embargo cuando al amor lo teñimos de sexo la cosa se torna un tanto agria. Y no porque el sexo nos asuste, hoy el sexo, las perversiones y hasta las más oscuras desviaciones gozan de gran aceptación social y un artista que no se atreva a mostrar sus afinidades, inclinaciones o declinaciones sexuales sería considerado como un reprimido o incluso, ni siquiera sería considerado para nada. Si el volumen nos sirve como un indicativo, podría decirse que para el artista Fernando Llanos el amor es rosa y el sexo es rojo. El amor es cursi y el sexo es agridulce. Aunque uno esperaría que para un hombre de su talento y edad las cosas podrían ser al revés.

Fernando Llanos¿Será que el sexo fascina y el amor embrutece? Ciertamente, Fernando Llanos no nos ayuda para nada a dilucidar la respuesta. Su libro es una avalancha de imágenes que en resumidas cuentas, no sirven para aclarar la duda, si acaso para expresarla; sin embargo y a pesar de nosotros mismos,   hay algunas imágenes que nos reflejan: recuerdo que no hace mucho tiempo, encontré una hoja de un cuaderno que guardé por años y años donde había escrito chorrocientas veces el nombre de un chico de la secundaria del cual estaba perdidamente enamorada. Obsesivamente, escribir una y otra vez el nombre de esa persona se convertía casi en un mantra religioso. Esta misma obsesión la vemos cuando Fernando escribe "tequierotequierotequiero", siendo el espacio de la hoja la única forma de detener la neurosis, producto quizá de una sacudida del avión, o de un anuncio sobre el número de horas que faltan para aterrizar, factores que provocan la pulsión de muerte en cualquier viajero.

El amor es neurótico, o más justamente, el amor y los aviones (lejos del ser amado, que se quedó esperando) nos vuelven neuróticos; o ¿será simplemente que es un momento en que dejamos salir a la superficie nuestras más oscuras obsesiones con el pretexto de que estamos enamorados? Cualquiera sabe que una persona cuando se enamora es cuasi-insoportable. Se vuelve monotemática, permanece horas mirando al horizonte embobado sin poner la más mínima atención a nuestra conversación y mucho menos llegar con una tragedia para contar, pues será inevitable para él, no mostrar esa sonrisita de I'm-in-love permanentemente. Esto, o es neurosis o es estupidez. Prefiero pensar en lo primero (para no declararme de antemano estúpida), sin embargo creo que la psicología debería darnos mejores explicaciones para controlar estos estados de embrutecimiento. Este es el mejor ejemplo de por qué el amor es cursi, o, lo que es lo mismo y de acuerdo a su propia definición, es de mal gusto: suspende el sentido común y la inteligencia emocional. El amor es incivilizado, infantil e infame. El sexo lo hace más llevadero.

Fernando LlanosDice Fernando que su libro es una dibujoterapia impresa para apapachar obsesiones, tomando esto como estatuto, decidí revisarlo una y otra vez, con intensidad obsesiva, con el objeto de tener un argumento infalible para deshacerme al fin de mi psicoanalista, que para colmo, es lacaniano. El argumento era clarísimo, me basta estar enamorada y tener un cuadernillo en la mano... con eso se cura todo y si no, después de siete años y trece libretas llenas de dibujitos, podría conseguir que la buena Debbie lo publique. Entonces, ¿para qué necesito un psicoanalista? Sólo Woody Allen lo sabe.

Sin embargo la realidad es infinitamente cruel. Todos los que hemos pasado por un diván, sabemos que ningún psicoanalista se tragará la píldora de que estamos curados algún día (hasta donde he podido verificar, las obsesiones son incurables, simplemente se trasladan de un objeto a otro), y mucho menos funciona eso de las obsesiones apapachadas como argumento para deshacerse del psicoanalista. Es claro entonces, que como terapia, sólo le sirvió a Fernando, el resto tendremos que conformarnos con recorrer página a página cómo es que un sujeto es capaz de llenar tanta libreta y no cansarse. Cursí-agridculce será el resultado colateral de horas de viaje, esperando en el aeropuerto, sin cámara de video (por aquello de los terroristas) y con una pluma y papel como compañeros.

ver proyecto en red: ww.fllanos.com/cursiagridulce

Fernando Llanos
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Fecha de publicación: 08.11.2006