Hay una telaraña en el Museo...  Spider Galaxy de Carlos Amorales

Carlos Amorales

Gabriela Galindo

Una gran telaraña tridimensional es el soporte de la acción-performance presentada hace unos días por Carlos Amorales en el museo Rufino Tamayo de la Ciudad de México. Decenas de piezas de madera armadas a manera de un gigantesco rompecabezas, son el escenario donde una mujer-pájaro ejecuta una danza de movimientos que se repiten sobre una música arrítmica que combina  largas tonalidades graves y agudos contrapuntos.

Apartándose de las usuales imágenes en alto contraste o la iconografía popular, como sus muy conocidos luchadores, con la pieza Spyder Galaxy, Amorales incurre en el uso de formas geométricas tridimensionales, en un juego de fragmentación y unión continuos. Como una pequeña galaxia que está formada por millares de pequeños elementos unidos por la fuerza de atracción que genera el propio universo, la telaraña, como una trampa y un refugio, es el espacio donde acontece el movimiento.

¿Pero qué hay en la pieza además de una telaraña donde habita no una araña sino una mujer-pájaro, una galaxia que en lugar de estrellas tiene espectadores y una danza minimalista que simplemente es la repetición de 17 movimientos? Buscamos siempre lo simbólico en el arte, porque el símbolo es capaz de mostrar, a través de imágenes cerradas o incluso herméticas, ciertas realidades difícilmente aprehensibles a simple vista. A diferencia de la alegoría que supone una operación racional en ocasiones fría y fatigosa, el símbolo es el reflejo de lo ininteligible en lo inteligible. El símbolo conjuga lo sagrado y lo profano. Mircea Eliade dice al respecto: "La existencia más mediocre está plagada de símbolos. El hombre más realista vive de imágenes … jamás desaparecen los símbolos de la actualidad psíquica: los símbolos pueden cambiar de aspecto; su función permanece la misma. Se trata sólo de descubrir sus nuevas máscaras."[1]

Carlos AmoralesLas aves y, en un sentido más amplio, todo ser alado ha sido un símbolo de lo espiritual desde tiempos ancestrales. La significación del pájaro como alma o espíritu es común en casi todas las mitologías y religiones y con frecuencia se le relaciona con deidades creadoras. Esta clase de figuras no son una novedad en el trabajo de Amorales, recordemos su pasada exposición en el MUCA en Ciudad Universitaria, donde la las aves  fungían como motor de movimiento en todo el recorrido y recordaba a aquella paloma usada como emblema de la paz (por demás inexistente en esos años) en las Olimpiadas de México en 1968. Pero en esta ocasión hay una fusión interesante, una mujer es la que le da vida y movimiento al ave. El símbolo de lo sagrado del pájaro se combina con la figura de la mujer que es evocada a menudo como reflejo de sensualidad, placer y pecado.

En movimientos repetidos y lentos, esta conjunción de lo sacro y lo profano, representada por la mujer-pájaro, comenzará a envolvernos en su danza en un escenario también simbólico: una telaraña. Por su forma espiral, la telaraña representa la idea de creación y movimiento, tejida en una trama perfecta, símbolo del centro del mundo. Esta red que está permanentemente en construcción y destrucción, simboliza la inversión continua a través de la cual se mantiene en equilibrio el cosmos. René Guenón[2] interpreta la trama y urdimbre de un tejido como equivalentes a las líneas verticales y horizontales de la cruz cósmica y alude la identificación de ambos elementos con los principios masculino y femenino. La telaraña es a la vez el refugio de la araña y la trampa de la mosca. Es la vida y es la muerte.

Carlos Amorales      Carlos AmoralesTodo esto suena muy bien, pero ¿realmente necesitamos buscar tan complicadas referencias para entender la obra Spyder Galaxy? ¿Por qué un pájaro en una telaraña? ¿son correctas estas interpretaciones o estoy tratando de poner un significado a algo que no lo tiene? Quizá sea necesario contextualizar esta pieza dentro del cuerpo de obras del artista. Decíamos que los pájaros son una figura simbólica presente en mucha de la obra de Amorales, así lo es también la imagen del humano-animal como una referencia del hombre salvaje moderno, que a pesar de la tecnología, la ciencia y la civilización se sigue manifestando como una bestia que arrasa con lo que esté enfrente para sobrevivir y en ocasiones, termina siendo simplemente la bestia la que prevalece, eliminando por completo el referente humano. Dentro de esta temática creo que una de sus obras más destacadas es la pieza titulada Dark Mirror (2004), una video-instalación musicalizada por José María Serralde que presenta una animación con imágenes oscuras que invaden una ciudad devastada y vacía. Siluetas en alto contraste de aviones de guerra, árboles muertos y unos cuervos sobre postes de luz abandonados anuncian el escenario apocalíptico donde el hombre ha desaparecido y solo queda esa huella de horror ante la catástrofe.

La muerte, la violencia, el temor al futuro y el azar han sido temáticas frecuentes en muchas de sus obras, donde la combinación de lo visual, el audio y el movimiento es con frecuencia una mezcla afortunada de elementos que concluyen en una experiencia completa. Creo que un acierto de Amorales ha sido correr el riesgo en el uso de distintos tipos de soportes, desde el dibujo y obra en papel, animaciones, performance, video y ahora esta mezcla de instalación, escultura  y performance. Sin embargo, en esta ocasión, con la pieza Spyder Galaxy encuentro algunos desfases donde quizá el proceso de creación de la pieza, la complejidad de su manufactura y los elementos que la conforman son más interesantes por separado que el resultado final.

Carlos AmoralesDark Mirror (2004)

La experiencia visual del vestuario de la mujer-pájaro es muy atractiva, sus movimientos rítmicos atraen la atención y la música que contrasta con gran fuerza los graves y agudos crean un ambiente que nos transporta en instantes de la paz a la tensión, pero para mí lo más destacado es la gran telaraña que funciona como escenario.

Me parece que la atracción que provoca esa gran red es tan fuerte, que los demás elementos, incluida la delicada y bien cuidada coreografía, quedan disminuidos por la fuerza de esa espiral que nos hace sentir como moscas a punto de caer en la trampa de muerte. De toda la experiencia, sin dudarlo, me atrapó la telaraña.


1. Eliade, Mircea. Imágenes y Símbolos. Taurus. 1999.
2. René Jean Marie Joseph Guénon, Filósofo y metafísico francés (1886-1951)

Carlos AmorlesSpyder Galaxy (2007)

Fotografías y video de Gabriela Galindo

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Fecha de publicación: 22.10.2007