La transgresión del vacío. Una mirada a la obra Shibboleth de Doris Salcedo

Gabriela Galindo

Doris SalcedoSi uno visita en estos días la Tate Modern en Londres descubrirá que una grieta de 167 metros ha partido en dos la Sala de Turbinas, la fractura comienza como una delgadísima línea que va avanzando y abriéndose peligrosamente hasta el fondo de la sala. No, no es producto de un terremoto o del descuido en el mantenimiento de la galería, sino de otra catástrofe peor: de la intolerancia, el racismo y la segregación.

Se trata de la pieza más reciente de la artista colombiana Doris Salcedo. La obra marca esa división dolorosa que existe en la humanidad, marca ese abismo infranqueable entre mundos que jamás se tocan, y que da la impresión de hacer tambalear la estructura completa del museo y con ello nuestra propia historia. La experiencia del racismo y la segregación es un crimen contra la dignidad humana y con este adviene un segundo crimen que es la indiferencia: "Yo creo que el racismo no es, digamos, un síntoma de un malestar que sufre la sociedad del primer mundo, sino que es la enfermedad misma"[1]. El arte entonces constituye un resquicio de resurrección y aliento ante la canalización y aletargamiento de la sociedad que presencia estos delitos y se niega a reconocerlos. Esta obra no sólo transgrede el espacio, rompiendo de cuajo el piso; transgrede también las conciencias de una cultura hegemónica, colonizadora y dominante.

Shibboleth es el título de la obra, una palabra de origen hebreo que significa espiga o torrente y hace referencia a un pasaje del Antiguo Testamento donde se narra la historia del triunfo de la tribu de Galaad, quienes tras una batalla a la orilla del río Jordán, obligaron a los que intentaban cruzar el río a repetir esta palabra como prueba para identificar a los vencidos. Ante la incapacidad de pronunciar el fonema "sh" más de 40 mil judíos del pueblo de Efraín fueron brutalmente masacrados.

Doris SalcedoShibboleth es el símbolo de la intolerancia, de la separación y de la más profunda segregación. Alude también a un poema de Paul Celán quien utiliza este mismo referente para evocar el exterminio de los republicanos españoles en 1934 y es también el título que Jaques Derrida utilizará para su ensayo sobre este poeta. Shibboleth es una pieza que es y no es, la ausencia y el vacío que muestra la grieta es la revelación de lo que nos hace falta: la conciencia y tolerancia de lo diferente.

Doris Salcedo

 

 

 

 

 

 

En el terreno del arte, el espacio, como lugar de exposición y muestra de la obra artística, representa un elemento fundamental para su comprensión, es decir, aquello que hace posible la relación extrínseca de las obras con los espectadores. Por otro lado cuando pensamos en la obra de arte, inevitablemente nos viene la idea de un objeto, una cosa que se interpone entre el mundo real y el imaginario y que nos provoca una experiencia sensible; pero ¿qué sucede cuando la obra no "llena" el espacio, sino más bien extrae de él un pedazo? ¿cuándo no es sino un no-objeto? Nos enfrentamos a una pieza en la que el vacío es el objeto que ocupa el espacio. La negación del objeto, se convierte entonces en el objeto y por ende es aún más confrontativa. Un hueco que representa la incapacidad para franquear las diferencias, una zanja que delimita la frontera de la más absurda intransigencia humana. "Yo pienso que el espacio que marca la obra es un espacio negativo, que es el espacio que, en últimas, ocupamos las personas del tercer mundo en el primer mundo."[2]

Doris SalcedoPero la pieza no termina ahí, de hecho no terminará. El acto transgresor de romper el suelo dejará una marca, aún cuando la pieza sea "removida" (o en un sentido más literal "rellenada") quedará una cicatriz, unas líneas que indicarán que algo ahí está quebrado y no será posible borrarlo. Tal como no es posible borrar las cicatrices de esos actos inhumanos y crímenes históricos. Volviendo a la evocación de Paul Celán, el poeta hace una referencia al duelo permanente, porque no hay manera, ni siquiera través del arte, de recuperar las vidas perdidas por la guerra y los magnicidios. "Todo lo que resulta adecuado para excitar las ideas de dolor y peligro, es decir, todo lo que es de algún modo terrible, o se relaciona con objetos terribles, o actúa de manera análoga al terror, es una fuente de lo sublime; esto es, produce la emoción más fuerte que la mente es capaz de sentir"[3].

Cuando el arte nos deja una cicatriz, una marca imborrable, es cuando trasciende.


1. Entrevista con Doris Salcedo: Canto contra el racismo (www.humanidadenred.org)
2. Ididem.
3. Burke, Edmund. Indagación sobre el origen de nuestras ideas acerca de lo sublime y de lo bello.  Madrid. Tecnos. Col. Metrópolis, 2a. ed., 2001, p. 29.
FOTOGRAFIAS TOMADAS DE: [www.clusterflock.org] [london-se1.co.uk] [www.rcn.com.co] [www.flickr.com] [www.semana.com]

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Fecha de publicación: 10.12.20076