Corredor Condesa: crónica de un aguacero

Felipe Arturo, Constructivismo espontáneo.

Gabriela Galindo

En su tercera edición, el evento de Corredor Condesa desplegó una fuerte campaña de publicidad para anunciar la noche del 11 de mayo, dedicada a la exposición de proyectos especiales de arte contemporáneo y diseño. Alrededor de cincuenta espacios participantes: galerías, tiendas de arte y diseño, bares y restaurantes, ofrecieron una noche de deleite artístico y culinario a precios muy atractivos.

Los eventos iniciaron a las 6 de la tarde, pero habrá que saber que mucha gente trabaja y suele llegar a las inauguraciones por ahí de las ocho de la noche, es decir, ni muy temprano, ni muy tarde; sabiendo, que será la hora en que encontrará el espacio en plena algarabía y aún alcanzará una o dos copas de cortesía.

Por desgracia, después de tener varias semanas de un clima caluroso en extremo, esa tarde nos amenazaron unos nubarrones que se desplazaron lentamente hacia la zona del centro de la ciudad. Hacia las 7 y media de la noche, la tormenta se dejó venir con toda fuerza. Durante casi dos horas un tremendo aguacero con granizo incluido, azotó nuestra, ya de por sí, caótica ciudad. El tráfico se desquició, los semáforos se apagaron, las calles se inundaron. Todos los planes de los recorridos a pie (y muchos que llevaron sus bicicletas) se vieron parcialmente frustrados. Los que ya estaban por ahí se refugiaron en el primer café que encontraron a esperar a que amainara la lluvia y los que no habíamos logrado llegar, nos tocó esperar pacientemente en el tráfico hasta que aquello se despejó un poco.

Shmael Randall-Weeks Shmael Randall-Weeks. Pieza de la exposición: Un Muro de Tochos

Me quedé de ver con mi amigo Marcelo Balzaretti en la Galería  Arroniz. Tendría lugar la presentación del libro Las Cosas hacen su trabajo, de la artista Mónica Espinosa; sin embargo para cuando llegamos el evento ya había terminado. Así que solo vimos la exposición de Shmael Randall-Weeks titulada Un Muro de Tochos, término coloquial que utilizan en Perú para los ladrillos.

Marcela ArmasMarcela Armas. Resistencia.La pieza central de la exposición era una instalación que simula una especie de gimnasio elaborado con materiales de construcción: pesas de concreto, un costal de ladrillo y una pera de box hecha de acero. Esta pieza estaba acompañada de una serie de láminas de aluminio con foto-transferencias y fotografías intervenidas de espacios urbanos. Sin ser muy espectacular, las obras se sostienen dignamente en torno a la reflexión sobre el paisaje contemporáneo, el concepto de lo urbano y la arquitectura modernista de los años 60. 

 

Al fondo de la galería, había una pieza muy llamativa de la artista Marcela Armas titulada Resistencia. Se trata de un enrejado de alambre grueso, que me hizo recordar estos lotes baldíos que están rodeados con alambres de púas. La línea central de alambre formaba una celosía geométrica conectada a la corriente eléctrica, de forma que los alambres se encendien al rojo por unos momentos.  No era precisamente una barda, sin embargo el espacio oscurecido que hace destacar el rojo candente del alambre y el despliegue del alambrado hacen patente la noción de prohibición y resistencia al paso.

 

Para entonces la lluvianos dió un respir y nos encaminamos a la galería OMR. La exposición de José Dávila nos recibió con un par de enormes monolitos negros con unos cuervos disecados encima, no pude evitar el recuerdo de la escena del Homo-Chango golpeando un palito de madera en Odisea 2001.

Jose Davila José Dávila. Sombras sin líneas 2 Jose Dávila José Dávila. Sombras sin líneas 3

De nuevo aparecieron los temas de la urbe, las fotografías intervenidas y las estructuras geométricas. Particularmente me llamaron la atención un par de piezas que por su pulcritud y sencillez eran de una sutil belleza. Hechas con grandes vidrios recargados en la pared, tituladas Sombras sin líneas, 2 y 3 respectivamente. El vidrio proyecta una pálida sombra sobre la pared, en ella estaba trazada la figura rectangular del vidrio con un gran bloque negro en la primera y una sutil línea en la segunda. Con un resultado encantador, gracias al juego de luz y sombra en interacción con el espacio ocupado por el vidrio transparente que a su vez se proyecta como objeto inerte sobre la pared.

felipe arturoFelipe Arturo, Constructivismo espontáneo.En el segundo espacio de la galería llamado el52, la OMR cuenta con una tienda y otra gran área de exposición. Ahí se presentan las instalaciones del colombiano Felipe Arturo, Constructivismo espontáneo. Una serie de estructuras ambulantes hechas con rejas blancas, huacales de plástico, libros, plantas, hamacas y otros materiales. Al igual que en la ciudad de México y otras ciudades de Latinoamérica, donde la gente construye sus propias viviendas y negocios con lo que tiene a la mano, estas instalaciones arman y desarman según la necesidad y el espacio disponible: “esculturas móviles y acciones que recrean espacios para el ocio y el divertimento, adaptables a las condiciones de cada lugar y emplazadas a manera de intervenciones.”

 

Para ese momento ya eran más de las 9 y media y según el mapa del recorrido, nos faltaban alrededor de 20 galerías por visitar. Así que hicimos un recuento rápido y seleccionamos tres posibles opciones: Nina Menocal, Labor y Traeger-Pinto.

Decidimos ir primero a la galería de Nina, donde se presentaba una instalación de Marianna Dellekamp, que prometía ser “segunda parte” de aquella Biblioteca de la Tierra que presentó en el Museo de Arte Moderno en 2009. El tráfico afortunadamente había amenguado y llegamos poco antes de las 10. Pero vaya sorpresa, la puerta estaba cerrada. Un grupo de gente nos informó que la galería cerró temprano. ¿No que era hasta las 11?  Sin perder el ánimo, pero ya con más precaución, hicimos unas llamadas. Traeger-Pinto: “ya están cerrando; todo el mundo se está moviendo hacia el bar de la esquina”. Labor: “nadie sabe, parece que ya no hay nadie ahí”.

Marianna DellekampMarianna Dellekamp. Instalación en la galería Nina Menocal.Desconcertados y sin saber hacia dónde dirigirnos, fuimos abordados por otro gran amigo que nos impulsó a visitar un nuevo espacio de exposición en la calle de Ámsterdam. De entrada el nombre de la galería nos pareció atractivo: Domicilio conocido. La galería es pequeña pero tiene su encanto. En el espacio de la entrada está la tiendita, con una serie de objetos de diseño como pequeñas miniaturas, juguetes, bolsas y joyería. En la parte del fondo presentaron una colección de dibujos de Iván Villaseñor. En un ambiente fantástico que gira entre lo inocente y lo perverso, Villaseñor trabaja con ese estilo de tira cómica que últimamente vemos por todas partes, en el que se mezcla la caricatura, con el dibujo tipo Manga, ilustraciones como de cuentos para niños retorcidos, graffiti y tatuajes. Y como atractivo destacado, la muestra estaría acompañada por el concierto del mezzosoprano David Gallas.

Como se nos hizo costumbre esa noche, llegamos tarde, el concierto estaba por terminar, pero alcanzamos a deleitarnos con algunas de las canciones que sentidamente cantó el mezzo [sic]. Su atuendo era simplemente espectacular. Una especie de vestido de novia hecho un asco, se veía marrano por todos lados; en el cuello llevaba un arreglo de plumas que se disparaban hacia más arriba de su barbilla. Largos pliegues caían formando la cola del vestido y en la parte de enfrente, la falda estaba fruncida hasta el principio de la entrepierna, y casi dejaba entrever lo que había ahí debajo; como para incrementar la curiosidad de conocer el secreto que ahí ocultaba.

Tras dos o tres canciones, un apagón de luz, dos copas de vino y dos cigarros, todos los concurrentes iniciaron la retirada. Lo que parecía que iba a ser una larguísima noche de juerga, terminó antes de que mi carrito se convirtiera en calabaza.

Ivan VillaseñorIvan Villaseñor. Hijo pródigo.

Ivan VillaseñorIvan Villaseñor.
Dolores premon
itorios.

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Fecha de publicación: 12.05.2010