Fotografías en búsqueda de identidades o sobre Enrique Bostelmann en el Museo de Arte Moderno

Enrique Bostelmann

María Antonia González Valerio

¿Qué hay en una fotografía? ¿Qué es lo que se captura mediante la máquina en ese juego de luces y de realidad? ¿Cómo se postra la cámara frente al objeto, frente al momento, frente al cuerpo? ¿Cómo se trastoca el mundo en imagen técnica? ¿Cómo se establece la distancia entre todos estos aparatos que hacen ver, del ojo a la lente al encuadre a la impresión? ¿Se trata de apresar el instante decisivo, de acomodar el montaje, de buscar el ángulo, de ver por la mirilla, de crear un espacio enmarcado en un tiempo detenido…? ¿Qué es lo que hay aquí, qué es lo que se hace con la fotografía y qué es lo que la fotografía, como técnica, hace (y dice)?

Enrique BostelmannLa fotografía es un asunto de luz. Es también un modo de establecer un cierto trato con lo real; de repensar la mediación y de duplicar o triplicar los dispositivos con los que el mundo deviene imagen desarraigada de sí. Y no es fácil hacerse cargo de eso. Además, está la cuestión del arte allí involucrada (y sobre ello habría también que reparar, en todo caso).

Los elementos que entran en juego con las imágenes, los mundos, las técnicas, los dispositivos y los tratos diversos con lo real están convocados en la exposición “Enrique Bostelmann. Imagen: Espacio inagotable” que se muestra actualmente (mayo-septiembre 2013) en el Museo de Arte Moderno en la Ciudad de México con una curaduría de Eugenia Macías y Elva Peniche.

Pero ¿qué es lo que se mira? Esta pregunta asalta a quien recorre las salas del museo viendo una tras otra las fotografías sobre las paredes. ¿Qué es esto que hay aquí? Y sobre todo, ¿qué es lo que dice, qué cuenta, qué hace? What’s in a name?, preguntaba Shakespeare. Qué hay en una imagen, podríamos preguntar ahora. Mucho se ha dicho sobre la relación entre la cámara y la realidad, sobre la mediación que se establece entre el mundo y la imagen a través de un dispositivo técnico. Reflexiones memorables hay en W. Benjamin, R. Barthes, G. Deleuze, S. Sontag, etc., que dilucidan acerca del espacio y el tiempo, la tecnología, la muerte, el movimiento, el signo y demás. Se busca la razón de lo fotográfico a partir del trato que establece con eso que llamamos realidad, por más diversa, dispar, heterogénea y volátil que nos aparezca, por más versiones disímiles que tengamos de ella (¿quién cuenta qué es lo real, desde qué estrato, desde qué mampara, desde qué butaca?)

Pensar lo real o fundar una manera de ver y allí también fundar una manera en la que aparecen los objetos, sus momentos, las historias, una vida, esta nación, el pueblo, la alegoría de la biometría, la ciudad y sus otros, la publicidad…, esta imagen. Fundar, pues, lo que hay.

La fotografía, si ha de ser pensada como arte (curiosa e inútil discusión esa acerca de qué cabe bajo el concepto arte) no presenta, entonces, objetos estáticos simplemente puestos delante en un espacio extenso y vacío con atributos aprehendibles por la conciencia que observa en un no-tiempo de la representación. Frente al objeto estático, la fotografía hace emerger lo dinámico, es decir, no el nombre que identifica (no se trata de señalar tal o cual objeto), sino la historia que corre detrás de lo que hay y lo hace ser eso que apenas es.  Le da vida pero de un modo muy particular; no por el trato cotidiano que establezcamos y que hace que las cosas estén siempre dinamizadas por las múltiples historias que las cruzan y que les otorgan identidades plurales, sino por un modo de presentar y de representar en las imágenes a partir de las mediaciones técnicas y de los dispositivos con lo que se muestran que hacen que eso emplazado allí, es decir, lo aparecido en la fotografía, sea una “cosa” múltiple y plural atravesada también por historias que la densifican.

Enrique Bostelmann

Este trato con lo real, donde lo que es ya no es considerado como suma de objetos y de unidades discretas, sino como trayectorias cambiantes, es determinado en términos fotográficos por la misma imagen. La imagen es, así, un modo de trato con lo real, un modo de configuración de identidades plurales.

Enrique BostelmannLas fotografías de Enrique Bostelmann crean complejos estratos de realidad [1] donde se va reconfigurando lo que hay de manera muy conspicua, se va contando otra historia, se va forjando otra manera de estar en la tierra y en el entorno (fotografías del campo, su gente, sus devenires), de habitar el espacio, de relacionarse con los cuerpos (¿cómo se mira el retrato?) y de establecer un sistema otro de los objetos (la fascinación constante por la materia reinterpretada).

En la curaduría de Macías y Peniche se divide la trayectoria del fotógrafo mexicano según tres ejes: el del paisaje, el de la experimentación con el medio y el industrial-publicitario. Si nos centramos en esta división tripartita podríamos inventar tres estratos de realidad que se dejan ver a través de la obra de Bostelmann.

Sólo por intentarlo, digamos que en el primer estrato aparece el espacio surcado por las historias de vida, esto es, ni objeto geométrico ni coordenadas de un plano cartesiano, sino que se trata de la construcción de una identidad espacial que está hecha por los cruces de lo que allí sucede. El espacio no es lo neutro, sino lo vivido: los afectos, los relatos, los tiempos, las personas en sus andares. El espacio se convierte aquí, en estas fotografías, en estas imágenes, en testimonio de acontecimientos (y el acontecimiento, epítome del tiempo, deviene espacial).

En el siguiente estrato habría un diálogo de la fotografía consigo misma, hiper-reflexionada en sus alcances y en sus medios. ¿Hasta dónde puede llegar la relación de la máquina con el mundo? ¿Hasta dónde los dispositivos pueden jugar con sí mismos y con sus capacidades para presentar dislocamientos e incluso sinsentidos humorísticos? Volteada sobre sí misma, en este estrato la fotografía se abre como experimento, como tránsito continuo de su propio espejo. Y es que casi como cliché podríamos decir que el arte hoy no puede habérselas sin reflexionarse, convertido a veces en autoconciencia de sí. Hay que pasar por allí para ver un trato con lo real doblado sobre sí mismo (la identidad des-compuesta).

En el tercer estrato se genera la confusión entre el arte y el no-arte (extraños baremos que miden los haceres). Aquí la realidad aparece en un trato diferenciado, que no pretende autonomía contemplativa, sino que funciona en parte desde el sistema de los objetos, y en parte desde los lugares profanos y a veces fabriles (no hay objetos estéticos, no hay lugares estéticos, sino interpretaciones estéticas de lo que hay). Las herramientas y sus sitios no son aquí esa mera cosa con la que producimos efectos prácticos en el mundo, sino también un espacio y un tiempo configuradores de identidades. Hacerse una vida labrando el mundo con todas estas máquinas sin las que ya no somos y en las que hemos entonces de encontrarnos. La máquina –y sus lugares- tiene que ser vista de otro modo, merece pues otra identidad.

El Museo de Arte Moderno ha dado cabida a exposiciones de fotografía en las que se cuenta en parte la historia de lo que hemos sido, de lo que andamos buscando ser (este país, estos pueblos, estas tierras en las imágenes de quienes han habitado aquí creando con miradas maquínicas espectros luminosos en los que sutilmente y a veces incluso con horror nos miramos de frente). En las dos últimas muestras que ha curado Eugenia Macías en el MAM –la anterior fue una retrospectiva “Visualidades inesperadas” del fotógrafo Héctor García donde se ve, entre otras cosas, la ciudad y su gente de manera tan lúcida tan nítida tan impactantemente allí- las imágenes quedan puestas como búsqueda incesante de las identidades de lo que hay (de lo que también de algún modo hubo sido).


[1] En la hoja de sala de la exposición se lee esta cita del propio Bostelmann: “Por qué limitar las técnicas de expresión?... ¿Por qué no romper las barreras y usar foto-pintura, foto-escultura, foto cinética? No hay que encerrarse en la llamada forma honesta. Lo honesto está en el punto del que se parte... Finalmente, cada fotografía crea su propia realidad.”
Fotografías tomadas del sitio del atrista: http://enriquebostelmann.com/

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Fecha de publicación:24.06.2013