Ana MendietaAna Mendieta, Autorretrato con sangre, 1973.

Gabriela Galindo
Que Danto me perdone... pero no cualquier cosa es arte.
“Sólo cuando quedó claro que cualquier cosa podía ser una obra de arte,
se pudo pensar en el arte filosóficamente.”
A. Danto

Esta es una de tantas frases contundentes que Danto utilizó para tratar de explicar qué demonios estaba pasando con el arte por allá de los años 80. Situación que desde mi punto de vista, podía haberse explicado desde Duchamp, pues tras el escándalo del urinario y sus posteriores ready-mades era lógico que en el arte ya podía pasar cualquier cosa.

Sin embargo para Danto, no es Duchamp sino Warhol el que marcará  el inicio de lo que él llamó el “arte posthistórico”, que podemos resumir como aquel arte que adquiere autonomía al liberarse de ciertas ataduras históricas y dejar de ser dependiente de la filosofía misma. Pero paradójicamente, al separarse de la filosofía, se pone de manifiesto que cualquier condición del objeto de arte (sea una gran pintura o una lata de sopa) revela al mismo tiempo y en primer lugar, el problema filosófico del arte. Pero no voy a detenerme en la discusión de los tintes hegelianos de esta caracterización, me concentraré más bien en las consecuencias que esto produjo en la materia de estudio del arte mismo y las pautas que desde entonces vemos en la práctica artística en la actualidad.  

Según Hans Belting, para que algo sea Arte es necesario que la condición artística del objeto esté figurada desde la concepción misma de la obra y que el papel que juega ese objeto en la vida de las personas tenga una condición artística.

La pregunta entonces es, cómo un objeto común que en principio no fue concebido como una obra de arte, de pronto adquiere esa condición, incluso aún cuando no sea intervenido o modificado en lo absoluto. La salida argumentativa que Danto nos ofrece es buena pero un tanto capciosa. Danto, no nos dice lo que el arte debe ser, sino simplemente da cuenta de la estructura teórica que debe poseer la obra de arte, sin importar el estilo o si responde o no a determinadas demandas de la poética de su momento. Es decir, que el juicio acerca del valor artístico de una obra deberá elaborarse independientemente de las consideraciones tenidas en cuenta en su producción concreta. El valor de las obras –nos dice– no es absoluto, sino relativo al universo teórico en el que se constituyen como tales.

Esto puede ser entendido en términos de que la libertad que acompaña la autodeterminación del arte, está expresada también en términos del fin de los estilos artísticos. Es decir, que si un estilo es la expresión de una forma específica del arte acorde con un determinado contexto histórico, una poética y una filosofía; liberar al arte del estilo sería por ende liberarlo también de su condición histórica; sin embargo, esto no significa desprender a la obra de su carácter histórico, sino que nos lleva a una libertad artística que tiene pluralidad de estilos y a ese estado posthistórico del arte. Sin duda esto nos daría para una más larga discusión, pero por lo pronto, tomaremos como punto de partida la idea del arte posthistórico, con su pretendida autonomía y la eminente desemancipación de la filosofía, ya que con ello Danto parece haber abierto una especie de caja de Pandora de la que surgieron inmensos monstruos conceptuales con los que aún nos seguimos peleando.

Actualmente, nadie pone en duda la idea (aunque aún hay unos cuantos necios que se siguen resistiendo) de que “cualquier cosa” tiene el potencial de ser una obra de arte. Según Danto, esto se debe en parte a que, las vanguardias de los años 60 y particularmente después de la famosa pieza de Warhol “Brillo box”, los artistas se vieron liberados de una serie de limitaciones y ataduras que les permitió lanzarse con todo a hacer exactamente eso: “cualquier cosa”.

Artistas conceptuales
Andy Warhol
Andy Warhol, Brillo boxes , 1964.

Pero antes de continuar hay que reconocer que las Brillo Boxes, no son un ready-made al estilo duchampiano, ya que no se trata de objetos comunes que al ser colocados en un lugar distinto al convencional o ser intervenidos, adquieren una significación distinta. Las cajas Brillo en realidad no son cajas comunes, sino réplicas de madera creadas expresamente como objetos de arte, pero asombrosamente parecidas a las cajas que encontramos en cualquier supermercado y no sólo eso, Warhol utilizó los recursos de la “reproducción mecánica” y delegó el trabajo de producción a su grupo de asistentes. Esto, según Danto, es la contribución más importante del arte en la década de los 70, por un lado la reconsideración del trabajo artístico en otro sujeto que no es el creador, y por otro, la apropiación y resignificación de imágenes que no pertenecían al mundo natural del arte. 

Sin embargo, sigue rondando una pregunta que el propio Danto se cuestiona pero que, a pesar de sus esfuerzos por explicarla, continúa siendo motivo de muchas controversias: si “cualquier cosa” puede ser una obra de arte ¿cómo saber cuando una “cosa cualquiera” es arte?, ¿qué es lo que hace que una caja (ya sea de jabón o de zapatos) pase de ser una simple caja a ser una obra que se exhibe en los mejores museos del mundo y vale cientos de miles de dólares?

No pretendo en lo absoluto responder a esta pregunta, sino más bien plantear un cuestionamiento al propio cuestionamiento de Danto, quien enfatiza la idea de que no puede haber arte sin una atmósfera teórica que proporcione una determinada concepción del arte y que, de alguna manera, nos permita reflexionar sobre la naturaleza de su objeto. Y aún estando de acuerdo en que “ningún arte es más verdadero que otro, ni más falso históricamente que otro”, esto no me ayuda a resolver el problema de diferenciar un objeto común de una obra de arte cuando son, al menos en su forma y aspecto, idénticos; y aun más, no por colocar una caja de cartón en un museo, ésta pasa de inmediato a ser una obra de arte; o no cualquier intervención de cirugía estética convierte a una señora en una nueva Orlan.
Volvamos entonces al problema original, si la obra de arte ya no es identificable a primera vista como tal, y puede ser un objeto cualquiera, entonces porqué ese objeto es arte y porqué no todos los objetos cualquiera, son arte.

Aquí es donde la discusión se pone interesante, porque esto significa que a pesar de la liberación de esos lineamientos y ataduras históricas que Danto sugiere; aún cuando el arte ya “no carga con la responsabilidad de su propia definición filosófica” y de que “el arte ya no necesita parecer arte”; siguen existiendo ciertos lineamientos y parámetros que nos permiten discernir cuándo una cosa cualquiera como una caja, es solamente una simple caja y cuándo es, al menos potencialmente o en la intención del artista, una obra de arte.

Así pues, si nuestra intención es reconocer, ya no si la obra es buena o no, sino simplemente si es o no una obra de arte, podemos guiarnos, gracias a Danto, con unos cuantos simples parámetros:

Orlan
Orlan, Surgery-Performances , 1979-2004.

1. El arte ya no necesita estar dirigido hacia una autoconciencia filosófica

Según Danto, la historia del arte puede ser leída como una progresiva toma de conciencia de la naturaleza del arte. Establece puntos cruciales en el desarrollo de las corrientes artísticas. Por un lado coloca a Van Gogh y a Gauguin como el inicio del modernismo y posteriormente marca la fecha puntual de 1962 como el final del expresionismo abstracto. Me parece que esto de la categorización y establecimiento de inicios y fines de corrientes debe tomarse con precaución. Si bien son clasificaciones que nos ayudan a entender la evolución histórica de ciertos  procesos de creación, debemos tener en cuenta que nunca son exactos y sólo sirven como guía de análisis. Pero vamos a asumir que así fue, y que como Danto lo sugiere, el surgimiento del posmodernismo es lo que impulsa el progreso del arte hacia una autoconciencia que provoca una especie de revolución conceptual en nuestra comprensión del mundo.

Regina José Galindo
Regina José Galindo

Y sí, para comprender el mundo, ciertamente se requiere de la conciencia de uno mismo frente a ese mundo. Es imposible entender el entorno si no me comprendo a mi mismo dentro de él. Si esto lo trasladamos hacia la práctica real del arte, debemos preguntarnos ¿qué hacen los artistas de hoy para comprender el mundo? ¿como se expresa esa autoconciencia en obras que, a primera vista, ni parecen obras de arte? La respuesta aunque compleja, parece haber sido respondida ya por varios curadores expertos y museos y galerías importantes. Cualquiera que tenga una mínima conciencia de lo que sucede en la actualidad y de cuál es el rol que debe jugar el artista, sabe que éste deberá oponerse como principio a cualquier cosa: al abuso, la guerra, la violencia, el maltrato hacia los animales, la devastación ecológica, el hambre, la discriminación, los transgénicos o lo que se nos ocurra. El arte de hoy debe ser transgresor, opositor y de preferencia, políticamente incorrecto.  Y sin decir más tenemos el perfecto ejemplo: al Gran Ai Weiwei Ai Weiwei
Ai Weiwei, Grass-mud horse, 2009.

2. El arte puede ser lo que quieran los artistas (y los patrocinadores)

Basta con darse una vuelta por cualquier bienal o feria de arte para reconocer que definitivamente el arte puede ser cualquier cosa que quieran los artistas, pero donde Danto  no acaba de acertar es poner a los patrocinadores en segundo lugar y entre paréntesis. Danto dice que así como los sesenta fue la década de los críticos, los 80 fue el periodo de los marchantes.

Wim Delvoye
Wim Delvoye, Cerdos tatuados, 2010.

El punto clave, y no acabo de saber si Danto lo llegó a ver o lo pasó por alto, es que estos marchantes ya no son considerados solamente como comerciantes que venden y compran obras de arte, sino que se han convertido en la pauta que define, no sólo el valor de las obras en términos económicos, sino que hoy son los regidores de las nuevas corrientes y modas del arte. Basta recordar el caso de Charles Saatchi quien a la edad de 26 años compra su primera obra de arte, una pieza de Sol Lewitt, en el año de 1969. Tan solo una década más tarde, Saatchi estaba comprando un predio de casi 3 mil metros2 en Londres, para asentar lo que hoy es una de las galerías más prominentes de arte contemporáneo. Y fue nada menos que Saatchi, quien dio el primer empujón en la carrera de Damien Hirst a principios de los años 90.

En este sentido, sería un mundo de ilusión pensar que el arte es lo que quieren los artistas, porque en principio no cualquiera que quiere ser artista es en realidad un artista y no todo lo que hace un artista termina siendo una obra de arte, aún cuando él lo quiera. Pero ciertamente si un patrocinador decide convencernos de que un montón de basura, una montañita de dulces en la esquina de una sala, o un cerdo tatuado, son piezas de arte invaluables. Es muy probable que lo consiga, lo sean o no.

3. El arte ya no necesita parecer arte

Si Danto pensaba esto a finales del siglo XX no se equivocó, e incluso, se quedó corto. Parece que hoy en día, para los que hablan, escriben, venden o compran arte, si algo parece arte... seguramente no lo es.

Aunque esto suena como una burla, en el fondo, tiene su razón y casi hasta coincido. El arte de hoy no puede ser simple, no puede ser bello, no puede ser fácil, es decir, no puede parecer arte. Esto se debe no sólo por el contexto violento y económicamente enredado en el que vivimos, sino porque a esto hay que sumarle una complejidad tecnológica que ha cambiado nuestras vidas por completo, seguida de una celeridad existencial infinita.

De esta manera, el arte ha incorporado este enredo tecnológico en la propia práctica artística. Vemos cada vez con más frecuencia obras que incluyen alta tecnología, con largas horas de planeación, cálculo, programación y construcción. El uso de la tecnología se ha convertido como una especie de cámara obscura que permite lograr efectos y simulaciones antes nunca vistas. Los grandes artistas de hoy utilizan técnicas sofisticadísimas para alcanzar algo que ha sido y seguirá siendo uno de los principales retos de cualquier obra: ser original.

De esta manera, aún cuando los movimientos artísticos de los 60 liberó al arte de todas esas ligaduras que Danto detenidamente explica, es muy posible que los artistas sigan amarrados a ese mismo deseo de originalidad que hemos visto desde que el arte, es arte.

4. De la verdad visual (arte mimético) a la ideología, al “todo se vale

A reserva de los cuestionamientos que podemos hacer con respecto al concepto que Danto manifiesta sobre el arte mimético y sus consecutivas implicaciones, tales como que el postimpresionismo representa uno de los primeros retos al arte mimético y con ello el advenimiento de la autoconciencia del arte. Sí podemos estar de acuerdo en que a partir de las vanguardias, mucho del arte hoy enfatiza la importancia en un contenido que se supone más rico de lo que en realidad representa el propio objeto.

Danto propone que es la estructura teórica la que nos deberá ayudar a encontrar las diferencias entre el objeto de arte y el objeto común. Sin embargo, parecería que al final esa teoría acaba por ser un grupo de convenciones que envuelven a ese objeto para darle un carácter de artístico: un marco, una vitrina, un escenario o un espacio definido. Danto reconoce que el dilema de las convenciones será siempre inevitable a menos de que superemos la necesidad de definir el arte en términos de las características perceptibles de la obra. Pero ¿es esto posible?

Sin duda lo es, e insisto que fue Duchamp y no Warhol quien en realidad destapó esta controversia. El surgimiento del arte conceptual, enraizado en las locuras de Marcel, dio origen a la sustitución del cuadro por un concepto que podría definirse como «la reducción del arte a una idea pura que no suponga la intervención de ningún ‘oficio’ artistico» (Atkins).

Luis Camnitzer
Luis Camnitzer, This is a mirror. You are a written sentence, 1966.

Si buscamos un arte que definitivamente no se sustenta en sus propiedades perceptivas, lo que encontraremos son un montón de conceptos e ideas que se presentan en forma de declamaciones habladas o cantadas, conversaciones, reflexiones o citas políticas, sociales, filosóficas o lingüísticas. Y si queremos ver objetos, abundan los libros de pequeño formato, los textos ilustrados, las fotografías y películas, las palabras escritas en las paredes de las galerías o las telas que exhiben fórmulas matemáticas y cuyo objeto consiste en expresar una idea o ejemplificarla a través del cuerpo del artista o de la naturaleza.

Y como todo se vale, se vale también la obra de arte que ya ni siquiera se materialice, tal como Sol Lewitt pronunció en 1969: «las ideas pueden ser obras de arte, pues se encadenan unas con otras y, en ocasiones, acaban por materializarse en forma de obra de arte, pero no todas las ideas requieren ser objeto de tal materialización».

5. La filosofía del arte se ha liberado de ser el rehén de la historia

John Baldessari
John Baldessari, I Will Not Make Any More Boring Art, 1971.

Este es un punto que me parece muy controvertido, y un tanto cuestionable. Quizá sí se liberó de una línea histórica, de una serie de convenciones, de una serie de parámetros; pero creo que si acaso la filosofía del arte se liberó de una cierta dictadura histórica, fue quizá para caer en manos de otra.

La marca del arte posthistórico es el pluralismo de estilos y la libertad total de creación; pero el “free will” también tiene sus limitaciones. Nadie es capaz de hacer lo que nunca se ha imaginado. Nadie es capaz de crear lo que no es posible de ser creado. E incluso aún cuando el artista hoy cuenta con la libertad de hacer lo que le venga en gana, esto no le garantiza en lo absoluto que su obra será valuada y catalogada como “arte”.

Danto sostuvo que la crítica del arte debía deshacerse de los constreñimientos de una determinada concepción del arte y dar la bienvenida a la pluralidad de estilos. Pero todo parece apuntar que la pluralidad de estilos se ha convertido en la nueva convención. Danto salió librado de la discusión gracias a que en realidad nunca establece qué es lo que es el arte, su teoría no es de orden normativo y deriva la idea de obra de arte en un ‘significado encarnado’ que el crítico deberá evaluar.

He aquí, según yo, el nuevo dictador, llámese crítico, galerista o curador, y de lo que hoy nos debemos librar, si queremos seguir haciendo filosofía del arte, es de lo que estos señores dictaminan como arte o no-arte, que también dicen, es arte.

Concluyamos : Debo reconocer que es cierto y aunque les pese a muchos, hoy en día cualquier cosa puede ser arte, pero de lo que no nos hemos podido escapar es de librar al arte de esos relatos legitimadores que dictaminan cierto tipo de obras como artísticas y excluyen a otras. Danto quiso buscar la respuesta del arte en una definición de índole filosófica y no en las propias características del objeto artístico, en estilos o corrientes marcadas por una continuidad histórica del propio arte.

El problema es que mucho del arte contemporáneo que apreciamos hoy sigue siendo rehén de legitimaciones que tienen que ver más con movimientos de índole político, social y económico. Hoy son los curadores los que se han convertido en los jueces que dictaminan el valor artístico, mediados por el mercado del arte y sus sucias maneras de especular con él. Ante este panorama, ciertamente mucho de lo que nos presentan hoy como obra de arte nada tiene que ver con aquello de lo que intentó explicar Danto. Coincido con aquellas sabias palabras con las que Adorno abre su ensayo sobre Estética, ya es evidente que nada en el arte es evidente, pero en lo que no puedo estar de acuerdo es que hayamos perdido por completo la brújula y creamos que la licuadora de mi casa o mi celular sean objetos de arte. Danto acertó al puntualizar que el problema de la demarcación se resuelve al colocar el objeto de arte, unido a sus aspectos simbólicos y formales en un contexto de propiedades que pueden o no ser perceptibles pero que ante todo deben ser analizadas dentro de un marco teórico sustentable y sólido.

De esta forma, lo que hoy debería preocuparnos no es si una montañita de basura es arte o no, sino la falta de sustento teórico que realmente fundamente por qué esa basura es una obra de arte. 

Así pues, aún cuando defiendo fehacientemente el arte contemporáneo como una de las mejores maneras para entender el mundo de hoy, estoy segura de que montones de obras que hemos visto recientemente en grandes museos, galerías y ferias, algún día terminarán en el ático de alguna abuelita rockera, si no es que, en la basura misma (aunque muchísisimas menos de lo que la señora Lésper quisiera).

Varios

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Fecha de publicación: 10.05.2014