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El final del eclipse:
la pretensión del descubrimiento
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El final del eclipse.
Exposición presentada en octubre del
2000 en Salamanca, España.
Hoy se presenta en México en el Museo
de Arte Moderno
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¡Nos descubrieron,
por fin nos descubrieron!
(Les Luthiers)
Es bastante sabido que desde hace
ya varios años, gracias a la oleada privatizadora
(y, en el caso específico de Cuba, también
gracias al dúo Helms & Burton), España
se ha dedicado a la reconquista de América,
ahora sin el componente militar de antaño
pero con la voracidad (tradicional, contemporánea)
del neoliberalismo.
La expansión del capital
español y sus intereses económicos
han llevado, desde fines de los 80, a una cierta
política cultural orientada principalmente
a la América hispanoparlante, supuestamente
en aras del intercambio pero en la práctica
más como una manera de promocionar las
manifestaciones culturales españolas en
paralelo con el desarrollo de políticas
de captación de un amplio mercado históricamente
ligado a la metrópoli. |
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Y tras el redescubrimiento de los mercados,
parece que también al arte le toca ser descubierto, como
indica José Jiménez, curador de la exposición
el final del eclipse, que se presenta en la Fundación Telefónica
de Madrid : "... creo que resulta apropiado afirmar que estamos
ante el final del eclipse que hasta ahora nos impedía ver
sin filtros distorsionadores la verdadera situación de
América Latina. El final del eclipse es una metáfora
conceptual, con la que quiero indicar que por fin se dan las condiciones
históricas y políticas para una aproximación
a las culturas y el arte de América Latina, más
allá de los lugares comunes, de la repetición de
estereotipos ya gastados, de la reducción a lo exótico".
En otro momento, Jiménez escribe que "la fundamentación
crítica del Proyecto, las características del Catálogo
y la forma de presentar las obras, buscan reflejar el punto de
inflexión que se está produciendo en el arte, diverso
y plural, de las Américas..."
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Fabiana Barreda.
Proyecto Habitat: reciclables. 2000.
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El tedioso ensayo que pretendida y pretensiosamente
fundamenta la exposición es una mezcla edulcorada de didactismo
y de corrección política, un texto insufrible plagado
de buenas intenciones, lugares comunes y verdades de perogrullo.
La intención manifiesta de hacer del "Catálogo"
un importante referente del arte latinoamericano hace agua inmediatamente.
Se incluyen tres textos literarios para explicar Latinoamérica
y su arte, pero esto más bien evidencia la trampa: falta
una reflexión crítica artística porque la
propuesta de Jiménez no hubiera resistido el análisis.
En cuanto a "la forma de presentar las obras"...
El difícil espacio del palacio de la Fundación Telefónica,
ejemplo suntuoso de la ostentación neobarroca de fin de
imperio, fue convertido en un conjunto laberíntico e ilegible
de subdivisiones triangulares, que parecen haber compartimentado
la exposición más para ocultar la inoperancia a
la hora de integrar las obras en algún discurso que por
las complicaciones museográficas derivadas de la impositiva
ornamentación arquitectónica.
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Pablo Reynoso.
Men • in • A. 2000
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A pesar de todo este ruido, se podría hacer
el intento de establecer relaciones entre algunas obras (un ejercicio,
desde luego, arbitrario y necesariamente a posteriori de la exposición
misma).
El uruguayo Luis Camnitzer (1937) presenta una
instalación de estética setentera con vagas referencias
políticas y sociales. Esta misma vaguedad en cuanto al
comentario sociológico aparece en la obra de Fabiana Barreda
(Buenos Aires, 1967) cuyo proyecto habitat de reciclaje de desechos
se queda en una estetización de la imagen cercana a la
publicidad de moda.
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Alfredo Jaar. Epilogue, 1998
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Frente a estos y otros intentos de comentario social y/o político,
Ernesto Neto (Río de Janeiro, 1964) presenta una escultura
blanda heredera de las investigaciones sensoriales de Helio
Oiticica y Ligia Clark que, como una gigantesca almohada, invita
al descanso participativo del público en un claro revival
de los activismos sesenteros que buscaban recuperar la sensitividad
corporal perdida en el camino de adaptación la vida urbana.
Las obras de Eduardo Kac (Río de Janeiro, 1962) y César
Martínez (México D.F., 1962) hacen referencia
a cuestiones de genética desde lugares muy distantes.
El brasileño ha elaborado un discurso multimediático
sobre el estudio de los genes para investigar el concepto de
lo transgénico, en tanto Martínez aborda el tema
de la clonación desde lo grotesco, con una aglomeración
de muñecos que se inflan y se desinflan a ritmo respiratorio.
Pablo Reinoso (Buenos Aires, 1955) también incorpora
en su trabajo la respiración y los ritmos de cambio,
pero el intrascendente resultado apenas se acerca a ciertas
propuestas de decoración de locales comerciales.

César Martínez
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Luis Camnitzer.
La oficina. 2000

Eduardo Kac.
Génesis. 2001
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La sutil obra de Alfredo Jaar
(Santiago de Chile, 1956), una proyección de video en la
que el rostro de un personaje probablemente africano surge y se
desvanece como el interés de Occidente por lo que pueda
suceder en aquel devastado continente, dialoga de manera inevitable
con la excelente pieza de Jorge Macchi (Buenos Aires, 1963), otra
proyección de video en la que una rabiosa y sanguinaria
declaración de venganza ficticia es entretejida apropiando
fragmentos de mensajes publicitarios callejeros: un thriller sugerido
en pocas frases a la vez que el resultado implícito de
un viaje exploratorio por la ciudad que parece traslucir la habitual
neurosis porteña.
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Ernesto Neto; Acontece un
fin de tarde, 2001
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También Abraham Cruzvillegas (México
D.F., 1968) remite en su obra a un recorrido urbano, pero desde
la experiencia personal del desplazamiento por la interminable
avenida Insurgentes y presentado como banda sonora: la división
geográfica de esta calle en norte, centro y sur es materializada
por el artista-pasajero en sendas grabaciones de la música
popular que se oye continua y cotidianamente al viajar en pesero.
Como en la mayor parte de su trabajo, Cruzvillegas muestra aquí
otro aspecto presumiblemente autobiográfico, como parte
de un eterno intento de consumar un autorretrato tan facetado
que no puede tener fin.
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Carlos Garaicoa. Utopía. Serie
Nuevas arquitecturas. 2001
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Meyer Vaisman (Caracas, 1960), en cambio, construye
un autorretrato desde los fragmentos de la interioridad, en
sentido no sólo metafórico sino netamente fisiológico:
a partir del uso de escáners tridimensionales, Vaisman
reproduce partes de su propio esqueleto. Quizá su obra
no sólo reflexione sobre la identidad personal sino que
también incluya una alusión a los dolorosos procesos
de recuperación de la identidad social perdida que se
han ido dando lentamente en algunos países latinoamericanos,
con la revisión de su historia reciente.
El final del eclipse está integrada por
26 obras de otros tantos artistas, más una selección
de video arte, entre los que destaca la lúcida pieza
del mexicano Joshua Okón que ironiza sobre los mecanismos
de soporte y legitimización a través de los logos
de todo tipo de sponsors, y otra de arte para la red donde podemos
señalar las obras de Arcángel Constantini y Gustavo
Romano, cuya obra Hyperbody, que explora la dispersión
del cuerpo como fragmentos a través de la red, fue censurada
por Telefónica debido a que permitía la navegación
hacia contenidos "que pueden herir la sensibilidad"
del público.
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Meyer Vaisman;
Autorretrato, 2001 |
'Más allá de intencionalidades redentoras
y actos fallidos de redescubrimiento, la pretensión de
"dar una imagen abierta y rigurosa del arte que procede de
América Latina" naufraga en una selección de
artistas arbitraria y por lo menos incoherente, dispersa en un
dédalo de espacios inconexos. Y por si esto fuera poco,
no hay forma de evitar las comparaciones con el proyecto Versiones
del Sur, concretado unos meses atrás también en
Madrid, que revisaba el arte latinoamericano en no una sino cinco
exposiciones curadas por especialistas latinoamericanos, quienes
abordaron el asunto desde perspectivas diversas y con criterios
(ahí sí hubo eso) amplios y no tan correctos.
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Abraham Cruzvillegas.
Sombrero sin título, 2001
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Rosa Ángela Rennó.
Vulgo 7, Tres Hoyos, 1997
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