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Enrique Jezik

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Algunas reflexiones sobre juicios y prejuicios : Arte contemporáneo del México globalizado en un mundo cada vez más pequeño.
 
 
  Han dicho por ahí que el año 2001 fue pródigo en la celebración de diversas bienales y trienales y en la presentación y anuncio de muchas otras. La arquetípica Bienal de Venecia, la modesta Primera Bienal de Tirana (Albania); Berlín, Estambul, Santo Domingo (la Bienal del Caribe), por mencionar algunas de las que contaron con la participación de artistas mexicanos.

La conciencia de semejante proliferación me lleva a apuntar algunas observaciones con respecto a la imagen que México da o pretende dar (a nivel oficial) y en cuanto a la imagen del arte de México asumida con prejuicio y, lamentablemente, difundida desde ciertos sectores hegemónicos.

El panorama de esa presencia de artistas de México va desde difusas propuestas internacionalistas contextualizables en el discurso de la globalización, hasta un intento aztequizante tan nefasto como el del LACMA, Museo del Condado de Los Ángeles (El camino hacia Aztlán), en el que el resultado fue un aporte a la confusión general, al mezclar arte prehispánico y colonial con algún ejemplo moderno y una ridícula mezcolanza de artistas chicanos fuertemente politizados junto a artistas del DF que voluntariamente intentan distanciarse de cualquier identificación "mexicanista".

Cildo Meireles

Cildo Meireles

Francis Alÿs
Francis Alÿs

Las que no eran pero pasaron a ser

Dos exposiciones sin un criterio curatorial muy definido resultaron ser, de alguna manera, embajadoras del arte contemporáneo mexicano en el exterior, convertido en producto de exportación oficial. Estas muestras fueron generadas en circunstancias semejantes aunque por instancias no sólo diferentes sino a veces en absurda competencia. Me refiero a Arte Contemporáneo de México, exposición itinerante gestada por Difusión Internacional de la Secretaría de Relaciones Exteriores, y La persistencia de la imagen, organizada por el Museo Carrillo Gil, dependiente del INBA.

Ambas exposiciones provienen de esfuerzos organizativos realizados el año anterior y, por lo mismo, también coinciden en el hecho de participar en el proceso de cambio de gobierno.

La vinculación entre este hecho tan significativo para la vida política del país y algunas exposiciones de arte contemporáneo habría sido nula (acaso un estéril intento de integración) en épocas anteriores, cuando los métodos de legitimación cultural del discurso oficialista pasaban por la referencia a un rancio mexicanismo atado a sus raíces prehispánicas (o, quizá habría que precisar, "raíces aztecas", dado el papel del legado mexica como legitimador histórico de la centralización de un país centrípeto focalizado en México-Tenochtitlán). Sin embargo, la nueva política oficial apunta a utilizar el arte contemporáneo como expresión cultural de los nuevos tiempos: la imagen del México "moderno", actual, no será ya la del legado ancestral, sino la de los nuevos lenguajes. Y es así como el panorama se enturbia un poco: "a contrapelo de las consignas anteriores, el aparato cultural se vio obligado a sacudirse el sopor de 30 siglos para ofrecerse descaradamente en el altar de lo alternativo, las vanguardias, lo independiente, confundidos todos con la contemporaneidad (es decir, el arte en tiempos de globalización)". El intenso llamado de atención que los críticos y curadores Cuauhtémoc Medina y Olivier Debroise hicieran desde el periódico Reforma no debería ser soslayado así nomás.

Hélio Oiticica

Hélio Oiticica

Minerva Cuevas
Minerva Cuevas

Así, la exposición Arte Contemporáneo de México, concebida quizá como un corolario de las actividades del área cultural de Exteriores, termina su itinerancia integrada a un nuevo discurso. Es interesante, con este enfoque, observar el giro que va tomando la exposición considerada como "paquete" de exportación, es decir en cuanto producto cultural destinado a la difusión internacional (a dar una imagen de México en el exterior). La primera sede fue el Museo Ludwig, en Budapest. Allí la exposición fue eso: una exposición de arte contemporáneo generada a partir de los contactos entre el museo y los funcionarios de Asuntos Internacionales del área de cultura de cancillería. La curadora María Eugenia Rabadán reunió un conjunto heterogéneo de artistas para armar una exposición nada pretenciosa que daría una idea de la variedad del arte actual de la ciudad de México. Una exposición digna exhibida dignamente en un Museo serio, como debe ser, ¿no?

Pero al ser llevada a la flamante embajada mexicana en Berlín, la exposición pasó a ser un adorno más del festejo por la inauguración de la primera sede diplomática mexicana construida por un arquitecto nacional. El imponente edificio de Teodoro González de León (que por cierto no contempla ninguna sala de exposiciones, sino un gran espacio multiusos) también resulta ser un producto de todo un proceso desarrollado con anterioridad que va a ser fagocitado por las nuevas directivas de imagen oficial.
Ya en el 2001, la exposición viajó a Costa Rica, donde fue exhibida en varias sedes. Allí cumple con las nuevas directivas de mostrar al mundo la imagen de México como un país moderno y pujante (no quisiera forzar demasiado las interpretaciones ideológicas, pero no puedo dejar de lado el hecho de que en los países centroamericanos, México goza de un prestigio cercano al colonialismo cultural, salvando las distancias, por supuesto, con respecto a nuestro Gran Vecino del norte).

En cuanto a La persistencia de la imagen, su existencia como exposición se debe en realidad al esfuerzo editorial que el personal del Museo Carrillo Gil realizó hacia fines del año 2000, verdaderamente a contrarreloj, para concretar la publicación del libro "Arte Contemporáneo de México en el Museo Carrillo Gil".

Fruto de la tozudez de Osvaldo Sánchez (entonces director del Museo Carrillo Gil) y del equipo del museo para obtener una publicación de arte contemporáneo, de la iniciativa del patrocinador Américo Arte Landucci Editores, que se interesaba originalmente en publicar un ensayo sobre la colección permanente, el libro del Carrillo Gil es un logro verdaderamente notable dentro del magro panorama editorial referido al arte contemporáneo en nuestro país.

Para presentarlo en sociedad se organizó una exposición, en el mismo museo, de los treinta y cinco artistas incluidos en esa revisión. Un conjunto de obras también sin pretensiones, que compendia de manera asumidamente incompleta el panorama artístico local aglutinado por el museo en su historia reciente. Sin embargo, una coincidencia de tiempo, espacio y línea oficial hicieron que esa sencilla muestra pensada para acompañar al libro que fue su origen, viajara al Art Sonje Center de Seúl como telón de fondo de la visita del presidente Vicente Fox a la capital coreana.

Víctor Grippo

Víctor Grippo

Cildo Meireles
Cildo Meireles

"En materia de arte contemporáneo, el Estado sólo debe ser un proveedor de recursos económicos y un distante colaborador: solícito, gris, tolerante y hasta, si se quiere, escéptico". Al leer esta frase del mencionado artículo de Medina y Debroise, no puedo sino recordar (con una ligera sonrisa de lado) los obstáculos que debió sortear el proyecto de exposición Asamblea antes de ser exhibido en el Centro Cultural de México en París. Aquí el Estado indudablemente fue, por lo menos, "escéptico". Finalmente se concretó una muestra heterogénea y diversa, en la que quedaba desmentida cualquier versión de las típicas asimilaciones de "mexicano" con " folklórico".

El casillero latinoamericano

Varias muestras de arte latinoamericano han intentado codificar, interpretar o al menos presentar el trabajo de artistas contemporáneos de diversas áreas de la región. Con o sin fortuna, según hacia dónde se inclinaban las intenciones (o las pretensiones) de sus curadores. En esos casos la presencia de artistas de México evidencia, más allá de la especificidad de cada obra, justamente una diversidad que me parece que es parte intrínseca del arte que se produce en la región, a pesar de los múltiples intentos de meter un universo de propuestas en el costal etiquetado "arte latinoamericano".

Hélio Oiticica

Hélio Oiticica

Como ejemplo de un buen intento, la exposición Da adversidade vivemos, curada por el argentino Carlos Basualdo para el Museo de Arte Moderno de la Ciudad de París, propuso una integración de obras y artistas de distintas generaciones, para enfatizar la lectura de una relación entre "la práctica artística y el entorno social". En ella se relacionaban obras de Minerva Cuevas y Francis Alÿs con, por ejemplo, trabajos de Cildo Meireles, Víctor Grippo y Hélio Oiticica.

Como contraparte, la pretenciosa exposición El final del eclipse, presentada en la Fundación Telefónica, en Madrid, trataba de instaurarse en descubrimiento de un arte relegado por los discursos hegemónicos. Cuando el curador José Jiménez escribe que "por fin se dan las condiciones históricas y políticas para una aproximación a las culturas y el arte de América Latina, más allá de los lugares comunes, de la repetición de estereotipos ya gastados, de la reducción a lo exótico”, sólo enmascara burdamente la misma actitud neocolonialista que ha caracterizado a buena parte del empresariado español en sus relaciones comerciales con los países de nuestro hemisferio y que se prolonga como paternalismo cultural del que viene a descubrirnos.
Y al pretender descubrir el arte latinoamericano, como producto regional, se niegan o al menos se suavizan las diferencias que son probablemente una característica de la producción artística de los distintos países de la región.

Me parece que justamente este asunto es parte central de la propuesta de la exposición Políticas de la diferencia, organizada por los críticos Kevin Power y Fernando Castro y que, iniciado su periplo desde Brasil y Argentina, pasará también por nuestro Museo de Arte Moderno (además de viajar a Puerto Rico, Caracas y Chicago para recalar por último en Valencia, España). La selección de artistas de México estuvo a cargo de Cuauhtémoc Medina, quien invitó a Francis Alÿs, Claudia Fernández, Yoshua Okon, Minerva Cuevas, Santiago Sierra y Daniela Rosell.

Individualidades y diferencias

Lo que creo que queda claro luego de estos vistazos internacionales es que el ente arte contemporáneo de México no logra tener demasiada corporeidad. En cambio, los artistas de México forman más bien un conglomerado de individualidades que se van desarrollando paulatinamente, asumiendo cada uno la diferencia como virtud. Y aunque la bruma del folklorismo pareciera disiparse, todavía restan demasiados prejuicios en ese sentido con respecto a la imagen de un arte originado en la "tierra de los aztecas".

Santiago Sierra

Santiago Sierra

Santiago Sierra

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Fecha de publicación: 01.12.2001
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