| Consolidación de una apuesta
regional. La Cuarta Bienal del Mercosur |
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Allá por 1997,
la Bienal del Mercosur surgió como una consecuencia de la
integración económica que los países del cono
sur americano venían llevando a cabo. Argentina, Brasil,
Uruguay y Paraguay conformaron una alineación regional a
la que luego se sumarían Chile y Bolivia. La Bienal resultó
entonces un evento también regional, afincado en la sureña
ciudad brasileña de Porto Alegre.
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Actualmente, en su cuarta
edición, la Bienal del Mercosur se ha consolidado y ya se instaura
como uno de los principales eventos de arte contemporáneo latinoamericano.
Hay quienes dicen que incluso pisándole los talones a la afamada
(y algo alicaída) Bienal de Sao Paulo.
Esta Cuarta Bienal, cuyo curador principal es Nelson Aguilar, incluye
una menor cantidad de artistas y de sitios de exposición, comparada
con la bienal anterior (2001) pero en cambio exhibe una mayor calidad
y contundencia en las obras seleccionadas.
La estructura de la bienal está compuesta por la sección
histórica, con muestras de artistas consagrados, repartidas
en los tres grandes museos de Porto Alegre, y la sección de
arte contemporáneo, integrada por los envíos nacionales
y por la Muestra Transversal, exposición curada por el alemán
Alfons Hug, que incluye artistas de otros países y cuyas obras
se dispersan por los diferentes locales de la bienal. Además,
incluye el proyecto Arqueología Genética, supuesto panorama
del origen étnico-genético de los integrantes de la
bienal. |

Saint Clair Cemin. Supercuia . 2003.
Escultura (acero y resina sintética) |
| Cada país cuenta
con una muestra que hace un homenaje a un artista consagrado: Antonio
Berni (Argentina), Saint Clair Cemin (Brasil), Pierre Verger (Francia,
con fotos de pueblos bolivianos), Roberto Matta (Chile), Lívio
Abramo (Paraguay), María Freire (Uruguay) y José Clemente
Orozco (México).
Enormes galpones del puerto viejo de Porto Alegre albergan el núcleo
contemporáneo de la Bienal. En uno de estos grandes espacios
coinciden los envíos de Uruguay y Chile, en otro los de Argentina
y México. Un tercero es ocupado por los artistas del país
anfitrión. En otro edificio industrial reciclado se encontraban
los envíos de Bolivia y Paraguay junto con la monumental
escultura del brasileño homenajeado Saint Clair Cemin.
Entre los brasileños destaca la obra de José Damasceno,
Entretanto (2003), propuesta escultórica en la que siete
elementos de mármol, que representan una coma, se dispersan
sobre el suelo. Anclada en el minimalismo, la obra remite a la idea
de temporalidad a través de la pausa, tanto desde lo matérico
(el mármol perdurable de la escultura tradicional) como desde
el lenguaje y en su misma configuración espacial: el intervalo
que la coma significa es traducido por la separación entre
los módulos, que genera un paisaje de lectura discontinua.
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José Damasceno, Entretanto. 2003.
Instalación (siete módulos de mármol
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Lia Menna Barreto, Fábrica . 2003. Instalación |
La instalación de Lia Mena Barreto también incorpora
el tiempo, pero el tiempo social de las horas de trabajo en las
maquiladoras. En Fábrica (2003) hay tres operarios dedicados
a producir una suerte de tapetes a partir de animalitos de juguete.
Unas mamparas de vidrio encierran a los trabajadores y los convierten
en especímenes a ser observados por el público.
Sin embargo, contrariamente a lo que se podía esperar,
el nivel de la selección local resulta algo decepcionante.
A primera vista, lo que destaca es el gigantismo que caracterizó
buena parte de la intensa producción brasileña de
los ochentas, aunque la glosa de aquellas propuestas suena hoy
bastante desafinada. La escultura al aire libre de Ivens Machado
trae a la memoria los heroicos simposios de escultura en países
socialistas de hace dos décadas, mientras la interminable
cinta de crines de caballo de Solange Pessoa, versión exacerbada
de ciertos posminimalismos setenteros, no logra superar esa referencia
a pesar de su gran desplazamiento.
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Los envíos de Argentina y México constituyen lo más interesante
de la Bienal. Incluso el hecho de coincidir en un mismo local arma
un sugestivo contrapunto entre las diversas reacciones a cada situación
nacional. El desencanto escéptico parece prevalecer en las
propuestas de los artistas argentinos seleccionados por la curadora
Adriana Rozenberg, en particular en las de Fabián Trigo y
Sergio Avello, las más directamente críticas de la
situación nacional.
Avello muestra una parodia de la situación del país
mediante una bandera argentina formada por una sucesión de
tubos fluorescentes azules y blancos, cuyas luces intermitentes
nunca logran encenderse todas al mismo tiempo. Trigo elabora la
ficción de una empresa de alto nivel tecnológico dedicada
a exportar argentinos talentosos, enviándolos a otros países.
El proyecto Argentinos Seleccionados (2002) fue lanzado inicialmente
en Buenos Aires como si fuera una convocatoria real y la respuesta
ingenua de mucha gente funcionó como un termómetro
de la decepción popular.
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Fabián Trigo, Argentinos
Seleccionados . 2002. Instalación
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Diego Levy, Sin Título
(serie Sangre). 2000-2001. Fotografía
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Las imágenes del fotoperiodista Diego Levy
muestran la cara atroz de la realidad argentina, aunque como iconografía
puede resultarnos bastante familiar. Los dibujos de León
Ferrari, en cambio, reflexionan sobre la alienación de
la vida urbana mediante composiciones que utilizan elementos icónicos
abandonados por la representación arquitectónica
actual.
En una de las pocas intervenciones públicas presentes en
la Bienal, Jorge Macchi fotografía un pequeño anuncio
callejero para ampliarlo a las dimensiones de la publicidad espectacular,
colocándolo frente a un gran shoping: la incoherencia entre
el medio publicitario y el servicio promocionado conforma una
transposición de códigos que alude a los grandes
contrastes sociales de nuestras metrópolis.
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Entre los artistas de
México parece prevalecer una áspera reacción
a un entorno difícil. Para su selección, el curador
Edgardo Ganado Kim partió de la noción de arqueología
contemporánea, propuesta general de toda la Bienal. Así,
había en las obras de los artistas invitados una actitud
de rescate, en el sentido de sacar a la luz, de poner en evidencia
ciertos elementos, códigos o situaciones de la realidad circundante.
Como extrapolación del burdo sistema de seguridad pueblerino,
Betsabeé Romero cubre un viejo vocho con vidrios de botellas
rotas. El color de Verde botella-verde seguridad (2003) ancla el
referente de los taxis defeños, su superficie erizada lo
vuelve inaccesible, cerrado, agresivo y riesgoso como el mismo contexto
en el que aquellos transitan.
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Betsabeé
Romero, Verde botella-verde seguridad. 2003.
Escultura (auto recubierto con vidrios de botellas rotas)
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Teresa Margolles continúa
con sus reflexiones en torno a la muerte desde una memoria sugerida
que debe ser descubierta. Una mesa y dos bancas de concreto, de
forma minimalista, parecen invitar a un descanso en el recorrido
de la bienal. La información de que el cemento con que están
hechas fue mezclado con agua proveniente del lavado de cadáveres
en la morgue otorga a la pieza una dimensión muy diferente
y genera reacciones encontradas en el público, de rechazo,
de reflexión o de asco.
La estetización de ese asco es la propuesta de Richard
Moszka en su relevamiento de botes de basura y en las cajas de luz
con imágenes de tortillas putrefactas cuya superficie colorida
por hongos y bacterias recuerda los viejos tiempos de la pintura
abstracta.
Los conocidos Zapatos Magnéticos (1994) de Francys Alÿs,
resumen de manera casi humorística la actividad "arqueológica"
de cierto arte de nuestro tiempo. En sus caminatas por La Habana
con esos zapatos puestos, Alÿs iba recogiendo de manera pasiva
(se le iban adhiriendo) diversos detritus metálicos como
si fuera el último eslabón de la cadena tercermundista
de reciclaje del desperdicio. La obra es presentada aquí
como una instalación de video, fotos y documentación
diversa.
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Richard Moszka. Tortillas . 2002.
Fotografía en caja de luz.
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| El desperdicio del gran capital, en
cambio, podría ser una referencia presente en Construcciones
y demoliciones (2003), obra del uruguayo Marco Maggi que semeja
una gran maqueta urbana y a la vez una acumulación de papel
sobrante de oficinas, aunque es también una estructura minimalista
realizada con miles de hojas de papel blanco con sutiles recortes
casi imperceptibles.
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Marco Maggi
, Construcciones y demoliciones. 2003. Instalación (papel
con recortes) |
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Francys Alÿs, Zapatos
magnéticos. 1994-2003.
Documentación de acción |
La memoria, el desvanecimiento, parecen ser temas
recurrentes entre varios de los artistas uruguayos presentes en
la Bienal.
En el video Memorias Sumergidas, Patricia Betancur desarrolla una
especie de ritual en el que distintas personas van sumergiendo objetos
personales en pintura blanca; al sacarlos, estos objetos han perdido
su identidad cubiertos por una capa que los vuelve homogéneos,
indefinibles. El color blanco como metáfora del paso del
tiempo y el olvido.
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Patricia Betancur, Memorias Sumergidas.
2003. Video
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| Juan Ángel Urruzola,
en cambio, apunta a la recuperación de la memoria, no ya
en lo personal sino en lo político, la memoria histórica
de los desaparecidos en las dictaduras que camparon en Sudamérica
hasta hace pocos años. Ausencias y presencias es una serie
fotográfica en la que alguien, una mano anónima, sostiene
una foto de una persona desaparecida mientras al fondo se ve un
paisaje urbano, quizá el lugar donde fue vista por última
vez, con un breve texto que consigna el nombre de la víctima
y la fecha y lugar de la desaparición. Presentada como fotografía
dentro de la sala de exposición, esta serie tiene, sin embargo,
su realización más pertinente como cartel en el espacio
público, en la calle.
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Juan Ángel Urruzola,
Ausencias y presencias. 2000.
Fotografías |

Martín Chambi. Novia en Mansión
Montes . 1930. Fotografía.
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| Así, Urruzola ubica sus imágenes,
ampliadas al tamaño de los anuncios publicitarios, en vallas
callejeras en distintos puntos de la ciudad. Colocadas casi al nivel
de la vista, estas imágenes cobran una presencia urgente,
ineludible.
Las obras de los artistas que forman parte de la Muestra Transversal
se van integrando al resto de la bienal, distribuidas en todos los
espacios de exposición. Además de varios artistas
contemporáneos, como los alemanes Michael Wesely y Frank
Thiel, el colectivo cubano Los Carpinteros y la colombiana María
Fernanda Cardoso, esta Muestra incluye una amplia selección
de obra del clásico fotógrafo peruano Martín
Chambi, que retrató el Perú de los años 30
con gran intensidad dramática. La incorporación de
artistas de otras latitudes, los de México como país
invitado y los presentes en la Muestra Transversal, es algo importante
de señalar como indicativo del crecimiento de esta Bienal:
aunque el énfasis regional es parte de su razón de
ser, la apertura al arte producido en otros ámbitos le está
dando a la Bienal del Mercosur la energía necesaria para
asegurar su despegue.
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