Dos estéticas de 1968: el diseño institucional y el graffiti callejero

Gráfica olímpicaReinterpretaciones de la gráfica olímpica México68. Imagen tomada de: www.exploramex.com/epocaIndep/Mexico68.htm

Paula López Zambrano

Boleto de las olimpiadas

Dos tipos de artistas con tendencias estilísticas e ideológicas muy diferentes definieron la plástica mexicana en 1968: los que realizaron sus obras a través de máquinas de imprenta y los que trabajaron con esténciles, unos que hicieron sus imágenes en los espacios oficiales y otros que intervinieron espacios públicos, aquellos que buscaron dar una imagen del país frente a los extranjeros y aquellos que se preocuparon por mostrar otra realidad que se encontraba debajo de este retrato internacional.

En vísperas de la XIX Olimpiada México 68 el imaginario visual urbano se dividió en dos. Por una parte, se produjo una gráfica olímpica impecable a través del mundo del diseño institucional que pudiera decir que México era un país moderno capaz de albergar los Juegos Olímpicos. Pero, por otra parte, surgieron artistas que interpretaron la protesta obrero estudiantil con un tono de demanda y transgresión, realizando intervenciones con graffiti e impresiones clandestinas distribuidas en distintos lugares de la ciudad.

A raíz de  la revisión que se hizo a cuarenta años de estos acontecimientos socio-culturales han surgido dos exposiciones:  En marzo 2008 se inauguró Las calles están diciendo cosas en el Museo de la Ciudad de México, con obras de graffiti, esténcil y calcomanía, por iniciativa del K.O.M.A.L. (Kolectivo Mexicano de Arte Libertario). Sin embargo, aunque la exposición presentó obras que se contextualizan en nuestro siglo XXI, es posible encontrarnos con una continuación de los conceptos planteados por los artistas callejeros de 1968 y que han hecho del espacio público “…un foro de expresión popular”[1]. Por su parte, el Museo de Arte Moderno presenta la exposición Diseñando México 68: una identidad olímpica, una muestraque “…constituye la primera revisión de este proyecto integral de diseño, mismo que agrupó a un brillante equipo de profesionales, nacionales y extranjeros, encabezados por el arquitecto Pedro Ramírez Vázquez” [2].

Diseñando con efectos visuales

México 68Fig. 1 Variante del logotipo México 68.

El principal objetivo de la campaña gráfica y de publicidad olímpica fue construir una identidad e imponer una imagen cohesiva y contemporánea del país. Con el retrato de un México “sorprendente” y rescatando el original espíritu pacifista de las Olimpiadas griegas, México adoptó el papel de foro de tregua y negociación internacional ante la Guerra Fría, aún cuando a diez días de la inauguración de los Juegos Olímpicos México vivía uno de los peores momentos de su historia, en lo que se conoció como La Noche de Tlatelolco [3].

Con arquitectos, diseñadores, editores, traductores, artistas, escritores, fotógrafos y otros profesionistas, encabezados por el arquitecto Eduardo Terrazas (director del departamento de diseño urbano) y a Beatriz Trueblood (directora del departamento de publicaciones del Comité Organizador), se creó un ambicioso programa cuyas imágenes siguieron las tendencias estéticas mundiales al mismo tiempo que pretendieron dar un lugar a las formas más tradicionales del arte mexicano.

Los símbolos pertenecientes a este programa gráfico encontraron su inspiración en el Op-Art norteamericano y europeo. Es posible que la exposición de 1965 The Responsive Eye en el MoMA influyera en la producción plástica creando una pauta a seguir en el lenguaje gráfico mexicano. Podemos observar similitudes formales muy marcadas en una de las variantes del logotipo México 68 o en algunos de los carteles publicitarios de las olimpiadas con obras de artistas como Frank Stella y Víctor Vasarely, por ejemplo. La gráfica olímpica se apropió del  Op-Art para producir imágenes con una carga de efectos cinéticos obtenidos por medio de  la combinación y repetición de líneas y formas. Pero, al mismo tiempo, también nos encontramos, en esta vasta producción de imágenes, con referencias a la tradición plástica popular e indígena mexicana:

México 68Fig. 2

“En ese momento el arte de moda era el Op […] Me di cuenta de que el Op usa líneas convergentes, paralelas y concéntricas, tal como lo hace el arte de los indios huicholes. Hacia finales de los 60 los dos estilos chocaron. Se podía decir que el concepto surgió de esta coincidencia temporal.”
(Arquitecto Pedro Ramirez Vazquez).

Las imágenes de las olimpiadas de 1968 fueron el resultado de una mezcla estilística que une a lo más innovador en el mundo del arte internacional con la estética indígena mexicana. Las similitudes entre las formas de una imagen huichol con el logotipo de la Olimpiada México 68 construyen una identidad gráfica en la que se reafirma el origen híbrido de México, aquello que lo hace diferente a los demás países, por la mezcla de los modos visuales indígenas con los de  la vanguardia europea y norteamericana.

Las intervenciones de la gráfica olímpica se hicieron en sedes deportivas y rutas de tránsito; en el mobiliario urbano y a través de objetos de orientación; en un extenso programa editorial que realizó boletines, cartas, programas, carteles, calcomanías, timbres postales, catálogos y folletos; a través de un sistema codificado de colores para identificar a los distintos equipos de trabajo; y con señalización e iluminación urbana [4]. Sin embargo, lo más interesante es analizar que, mientras se utilizaron estos espacios oficiales como lienzo para la creatividad artística, en los lugares públicos, es decir, fuera del marco de las sedes oficiales de la Olimpiada, los estudiantes y artistas  urbanos crearon imágenes que abordaron la realidad del país: la de la intolerancia, la represión, la censura y el autoritarismo.

Frank Stella
Fig. 3 Frank Stella, Harran II, 1967, pintura sobre lienzo,
Guggenheim Museum, Nueva York.
Los muros tienen la palabra

El complejo sistema de símbolos que tuvo una finalidad práctica en la orientación para los eventos olímpicos cambió de significado en el momento en el que se reciclaron y utilizaron a manera de parodia. “…Desde una postura contestataria se reinterpretaron los íconos olímpicos, dotándolos de una visión política incriminatorias ante los actos de represión en Tlatelolco”[5].

De esta manera, “…los anillos olímpicos se vuelven ruedas de un tanque, y el logo diseñado por Lance Wyman en un estilo inspirado por el Op-Art México 68, acompaña la representación de un casco y un garrote…” [6]. En la imagen del México no-oficial hay injusticias, pobreza y corrupción. En este perfil menos conocido pero igualmente público, el pueblo no se quiere equiparar con países extranjeros, más bien quiere producir una imagen ante si mismo y exponer la problemática más inmediata que el arte oficial desea ignorar.

Victor VasarelyFig. 4 Victor Vasarley, Zebras, 1950.

A través de  “pintas”, hojas volante, carteles  o “pegas” se intervinieron edificios públicos (como el Palacio Nacional) y se dio voz e imagen a las marchas. Con la  producción gráfica colectiva, que se hacía en los talleres estudiantiles de la Escuela Nacional de Artes Plásticas de San Carlos y en academia de arte La Esmeralda, se buscó contrarrestar la falsa propaganda de “Todo es posible en la paz” (eslogan propuesto por el célebre caricaturista Abel Quezada) y mostrar a todo público que en México habían fuertes injusticias sociales.

La gráfica de protesta política “…ofrece un testimonio ejemplar del paralelismo que existe entre la toma de palabra característica del movimiento estudiantil que sacudió aquel año a varios países, la ‘toma de imagen’ visible en esta producción y la ‘toma de posesión’ simbólica del espacio urbano, misma que pone de manifiesto otro aspecto más de la gran fuerza enunciativa de esta gráfica” [7].

De esta forma, la campaña  institucional modernizadora se enfrentó con el graffiti, y el “arte urbano” que surgió como respuesta al régimen represivo, para contrarrestar la propaganda oficial, y dar a conocer la indignación frente a una represión salvaje y con la finalidad de llegar no sólo a los ciudadanos “más influyentes”[8] que visitaban México, sino a toda la población mexicana. La indignación de los estudiantes, trabajadores y maestros que participaron en el movimiento de protesta fue doble: ante la represión policiaca (alumnos de preparatoria) y ante el control de los medios de comunicación.

 

Mientras en mayo de 1968 en Paris se leía Las paredes tienen orejas, las orejas tienen paredes,  en México se escribía también una página de la protesta gráfica en las calles con lemas como Este diálogo no se entiende. En la capital francesa el arte de la calle surgió a partir de un movimiento que estaba en contra las autoridades universitarias; mayo de 1968 fue el “…punto culminante de una serie de protestas, huelgas y ocupación de edificios universitarios…” [9]. En México, por su parte, el graffiti y la gráfica espontánea surgieron como oposición para hacer visible a la represión contra los estudiantes y la clase trabajadora y oponerse a la campaña de silencio y manipulación de los medios de comunicación controlados desde el gobierno.

Cada país se encontraba inserto en un contexto sociopolítico específico, pero algunos de los mensajes recopilados por Tchou fueron aplicables en los dos países: Les murs ont la parole (Los muros tienen la palabra), “El sueño es realidad”, “Nuestra esperanza no puede vivir sino de los que no tienen esperanzas”, “El derecho de vivir no se mendiga. Se toma”, “Prohibido prohibir”, entre otros, [10] fueron frases utilizadas tanto en México como en Francia en el mismo año.

Reminiscencias de 1968

México 68Fig. 5 Cartel oficial México 98.

Dos tipos de manifestaciones artísticas se enfrentaron en 1968: por una parte, se forjó un tipo de imagen que, a través del  movimiento simulado y los efectos visuales tomados del Op-Art, buscó dar a conocer un México idealizado y primer mundista.  Por otra parte, reciclando la iconografía oficial, surgió otro tipo de estética que hizo visibles las problemáticas sociales más inmediatas, crudas y realistas.

A partir de este momento y con estas dos tendencias, el graffiti, el esténcil y la gráfica clandestina ha persistido a lo largo de los años. Después de 1968 el arte urbano cobró tal impacto que terminó por desbancar al muralismo como discurso público y se convirtió  en el medio de expresión que da a conocer un discurso visual, popular y urbano. Una de las consecuencias de esa producción clandestina  fue la llamada generación de Los Grupos que se dio en los años setentas (por ejemplo, el grupo MIRA, Proceso Pentágono, TAI, Peyote y la compañía, No grupo, entre otros muchos). La herencia de esa generación es visible hoy en día no sólo en una exposición Las calles están diciendo cosas, sino también en el entorno citadino. El arte de la calle propone una estética en la que persiste la idea identidad generacional, actitud crítica, convivencia y cuestionamiento, lo que da lugar a una estética en la que, finalmente, se revela el inconsciente social [11].

A partir de ese choque de imágenes, la del discurso oficial y la de las grupos informales, se construyó un imaginario social que sigue operando. Se abandonó la idea de que la gráfica era una subsidiaria de las artes plásticas, para convertirse en la lengua franca de la gente de la calle, de los oprimidos y de los redimidos del sistema.  Varias cosas deja en claro la exposición del MAM: el museo se ha convertido en depositario de los discursos estéticos hegemónicos del Estado, mientras que el discurso vivo de las minorías y los grupos marginales pertenece al espacio urbano; que los discursos del diseño gráfico siguen apropiándose de la producción de imaginarios populares, y que hoy día el mercantilismo de logos y símbolos ha suplantado el discurso del estado como fuente de legitimación de sistemas económicos neoliberales.

México 68Fig 6. Logotipo de las Olimpiadas México 68.

Artesanía HuicholFig 7. Obra huichol.
México 68Fig. 8 Movimiento estudiantil. México 68.NOTAS
 
[1] Apanco, Jorge Alejandro, 13 de Marzo de 2008, Las calles están diciendo cosas, http://www.dfinitivo.com/archivos/2008/03/13/las-calles-estan-diciendo-cosas/, revisada el 26 de septiembre 2008.
[2] Ortega, María Josefa, y Ragasol, Tania, Diseñando México68, una identidad olímpica, Folleto de la exposición, revisión julio 24 08 / 09.
[3] Ibidem.
[4] Ibidem.
[5] Ibidem.
[6] Roque, Georges, Gráfica del 68, París, Centro Nacional de Investigación Científica, p. 229.
[7] Roque, Georges, Op. Cit.,  p. 232.
[8]Se enviaban folletos bimensuales con las noticias relacionadas al evento olímpico.
[9] Roque, Georges, Op. Cit.,  p. 220.
[10] Apanco, Jorge Alejandro, Op. Cit.
[11] Ibidem.
Bibliografía
Apanco, Jorge Alejandro, 13 de Marzo de 2008, Las calles están diciendo cosas, http://www.dfinitivo.com/archivos/2008/03/13/las-calles-estan-diciendo-cosas/, revisada el 26 de septiembre 2008.
Martell, Celso, y Villa, Jorge, Las calles están diciendo cosas, folleto de la exposición, 11 de marzo a 22 de junio 2008.
Ortega, María Josefa, y Ragasol, Tania, Diseñando México68, una identidad olímpica, Folleto de la exposición, revisión julio 24 08 / 09.
Roque, Georges, Gráfica del 68, París, Centro Nacional de Investigación Científica, 218 a 233 pp.
Roque, Georges, Gráfica del 68, París, Centro Nacional de Investigación Científica, 218 a 233 pp.
Fotografías:
Fig. 1 Foto tomada de: http://fernandorevilla.blogspot.com/2008/09/mxico-68.html
Fig. 2 Foto tomada de: http://fernandorevilla.blogspot.com
Fig. 3 Foto tomada de: http://www.guggenheimcollection.org/site/artist_work_lg_148_1.html
Fig. 4 Foto tomada de: http://www.artinthepicture.com/blog/wp-content/uploads/2007/12/zebra.jpg
Fig. 5 Cartel oficial México 98. Imagen proporcionada por el Museo de Arte Moderno
Fig 7. Obra huichol. Foto tomada de: http://yurata.og
Fig. 8 Imagen tomada de: www.exploramex.com/epocaIndep/Mexico68.htm

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Fecha de publicación: 02.10.2008