¿Dónde está el cielo?. Obra de Antonio "Gritón"

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Iris México

Capítulo 1

Gritón¿Dónde está el cielo?. Acrílico/tela, 1999.

En el principio creó Dios los cielos y la tierra. 2 Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la haz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la haz de las aguas. (...) 31 Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera. Y fue la tarde y la mañana el día sexto.

Capítulo 2

Y fueron acabados los cielos y la tierra, y todo su ornamento. 2 Y acabó Dios en el día séptimo su obra que hizo, y reposó el día séptimo de toda su obra que había hecho."

Génesis

Seguramente muchos estamos familiarizados con la versión bíblica de la creación; aunque sabemos que es una versión diferente a la de las mitologías, la ciencia o de algunas filosofías. Como en un examen de opción múltiple, pareciera que tuviésemos que decidir: ¿Quién creó el cielo? El dios cristiano, una explosión, el dios azteca, cualquier otro dios, el hombre ó nadie. ¿Cuándo se creó el cielo? El primer día, a la mitad del tiempo ó después de la creación y multiplicación de los dioses. ¿Es buena la obra de la creación? Sí, más o menos, no.
He experimentado estas reflexiones, y en este desenfado de creer, no creer e invitar al juego, después de observar la obra pictórica de Gritón. La obra combina diversos elementos; por un lado el de los objetos incorporados: mapas, aretes de fantasía y muñecos de plástico; los meramente plásticos: color, textura, composición; y para terminar esta tríada, la palabra escrita que nos ataca desde las obras: "El cielo, el cielo, el cielo, el cielo, el cielo" (señalando una almendra rosa con blanco), "Principio del cuadro" (a la izquierda), "Final del cuadro" (a la derecha), "La tierra, bien asquerosa" (señalando con flechas una mancha café), "Gente de cabeza" (debajo de la zona denominada cielo), "Amor, dinero, destino, salud" (cada palabra junto a un pato rosa, semejante a los que se utilizan para tiro al blanco en las ferias), "Ahora, incluso soy una carga para mi mismo" (debajo de un hombre cerca de lo que parece ser un cubo de basura), "Dónde está el cielo, dónde está el cielo, dónde está el cielo" (una y otra vez, rodeando un conejo rosa), "Nube de el cielo" (en una pequeña nube blanca en la parte inferior de una pintura), "Si sólo tus ojos. El alimento es. Cómete de ti" (Estas tres frases cerca de animalitos de plástico), "Hermosa república mexicana" (perfilando una mujer morena vestida de verde, encerrada en un óvalo blanco).

Gritón Incluso ahora soy una carga para mi
mismo
; acrílico/tela, 1999.

La obra posee gran cantidad de información; sin embargo, su autor juega a evadir la lógica. Nos presenta los símbolos real ¿o aparentemente? desarticulados. Luego de una observación detallada, el espectador descubre la fuerza y la coherencia que posee el discurso. Me complace hablar de una obra así, aunque estoy segura de que a una gran parte del público le incomoda. Gritón no tiene escrúpulos en aproximarse al kitsch o a lo cursi. Literalmente no le tiene miedo al mal gusto: La liebre rosa se instala desenfadadamente en el centro de la obra, con cuatro muñequitos de plástico (una ballena, dos gatos y un oso) de color blanco, rosa, celeste y amarillo colocados por sobre su cabeza. Hace presentes muchos elementos de la vida cotidiana que pueden caer en lo ridículo: los aretes de plástico, los patitos rosa, la misma frase: "mamá, dime que me quieres". Las estrellas, semiesferas, pirámides, óvalos semejantes a mandorlas de luz, círculos naranjas relacionados con soles; las reflexiones sobre el cielo, la tierra y el destino, que tanto abundaron en la pintura de la época colonial, son una reinterpretación de los valores, llámense religiosos o espirituales (lo segundo disminuye el aura de dogma y de institución oficial). 

También cabe interpretarlos como una resistencia al catolicismo oficial, para trivializarlo. Al fin y al cabo, hay un catolicismo popular, que para algunas mentalidades es sincrético. El simbolismo aquí no obedece a intenciones religiosas, sino artísticas, pero no artísticas de viejo cuño. La representación del cielo y la tierra, que ha sido tan socorrida a lo largo de la historia de la pintura y que, en obras de artistas católicos, tiende a aparecer como la representación de la creación, o de principio y fin, de los límites entre lo humano y lo divino, en la obra de Gritón aparece relacionada con el principio y el final del cuadro, con la gente de cabeza, y la tierra bien asquerosa. Es una suerte de burla a la locura del mundo contemporáneo, representado por el mapa que aparece en el centro del fondo de la obra.

GritónTodos somos iguales; acrílico/tela, 1999.

Sin duda estas pinturas no pretenden enfatizar sus atributos formales, el plano sintáctico, o el plano semántico, de relaciones de la figura con la realidad del símbolo representado. El autor subraya el plano pragmático, los efectos de la obra en el receptor. Su descontextualización es compleja y polisémica. Presenta como obra de arte el cuestionamiento irónico y sarcástico (burla en ocasiones fina, otras veces cruel) de nuestra sociedad. ¿Acaso no es divertido gritar "mamá "con grandes letras blancas a la izquierda de la pintura, poner una mamá-animal, flamenco rosa, que nos ve de reojo desde el centro del cuadro? y pedirle "dime que me quieres" con letras verdes, un poco disimuladas a la derecha, del mismo color que los dibujos primitivos que aparentan representar niños; mientras a la derecha aparece una tortuga de plástico cargando a su tortuguita. Además de que por la obra se asoman cuatro máscaras de líneas rosa, lila, rojo y azul, con puntos de otro color, que destacan en un fondo amarillo, y sin faltar el mapa de fondo, que aparece recurrentemente. Gritón renuncia a la solemnidad y a los formalismos culturales. Toma nuestros queridos símbolos de respeto: dios, la cultura, la familia, el país, y juega con ellos.

Son obras que probablemente han sido dolorosas para el autor, expresan un desencanto de nuestro momento histórico. De manera semejante a lo que ocurrió en el dadaísmo (1916), que se caracterizó por una violenta reacción contra las consecuencias de la Primera Guerra Mundial (1914-1918). Creo que los artistas plásticos de la talla de Ernst, Picabia, Duchamp, y los literatos Tzara y Arp, pensaron que si la guerra era lo que podía producir su cultura, entonces la cultura era una mierda y necesitaba una transformación. También era una demostración de dolor. Al igual que transformaron las estructuras artísticas y renovaron los lenguajes, intimidaron al público y ocasionaron grandes peleas. Kunt Schwitters, creador de los Melbilder (cuadros de porquería) en los que reunía elementos de desecho, fue precursor del collage y el ensamble.

Encuentro algo de teatral en las obras de Gritón por su facilidad para pasar de la tragedia a la comedia. La burla posee un sentido del humor que puede provocar nuestra sorpresa o risa, pero la causa de la burla es la tragedia humana: lista para conmovernos ó entristecernos. Sin descartar que - lo he comprobado - hay personas que después de ver estas obras experimentan coraje, un desagrado incomprensivo y palpitante. Sin duda, Gritón renuncia a la categoría estética de la belleza; a lo que "gusta sin interés alguno"(1). En cambio, acoge las categorías estéticas de lo dramático o de lo cómico, incluso de lo sarcástico, lo irónico y lo cursi. La obra de Gritón, citando a Kant, está más cerca de "lo bueno" donde la satisfacción está unida con el interés, que de "lo bello": "Bueno es lo que place por medio de la razón; es decir, no es un interés sensible inmediato, como lo agradable, sino un interés racional que depende de un concepto que el hombre se forma de las cosas en vista de sus necesidades, sean ellas económicas o de naturaleza moral. Por ello, entre la noción genérica de "bueno" hay que distinguir lo que es "bueno para algo" (lo útil) y lo que es "bueno en sí" (el bien moral). En ambos, empero, está encerrada la idea de un fin y, por consiguiente, la relación de la razón con el querer"(2). Gritón acentúa el plano pragmático, el conceptual, que va dirigido a la razón del espectador. Depende que el espectador tenga un interés racional en este tipo de obra para que la encuentre valiosa. Es obra que no busca agradar ni entretener a un consumidor; por el contrario, su objetivo es llegar a un diálogo con receptores activos: aficionados al arte que conozcan la lógica del devenir del campo artístico y sepan de sus reglas del juego.

GritónEL RÍO; acrílico/tela, 1999.

Entre las constantes que aparecen en esta serie de obras destacan los mapas. "Mapa, mapamundi, del latín mappa mundi, mapa celeste: Representación convencional, sobre un plano, de la distribución de fenómenos geográficos, geológicos, astronómicos. Mapa que representa el globo terráqueo dividido en dos hemisferios. Mapa plano de la bóveda celeste en el que figuran las constelaciones." El mapa es para nuestra cultura un retrato o una tarjeta de presentación (bastante sofisticada por cierto) del cielo o de la tierra. Recuerdo haber visto mapas antiguos, de cuando aún se pensaba que la tierra era plana, mapas de la ciudad de México, cuando aún era la región más transparente del aire. Sin duda, el mapa es un testimonio del paso del tiempo, tanto porque deja testimonio del estado del cielo, o de la tierra en ese momento, de la forma en que el hombre los denomina o los entiende, de los recursos científicos o tecnológicos con que se cuenta para lograrlo. Gritón utiliza únicamente mapas actuales, evidencia de nuestro tiempo.
Una de las cosas que me llama la atención es que el mapa es plano: suprime el espacio, evita escorzos, sombras y volumen,porque las dimensiones con profundidad requieren, para su interpretación, de una activa intervención del espectador -digamos que complica la cosa. Por otro lado, el plano simplifica la captación del objeto (el cielo, la tierra, el mundo, la cultura, el hombre), presentándonos la situación objetiva, en un imperativo afán de abstracción. "Entre otras razones, por ser el espacio precisamente aquello que vincula entre ellas las cosas, que les da su relatividad en el panorama universal y, también, porque el espacio no se deja individuar" (3). Y no es plano solamente el mapa, el dibujo de Gritón es de un realismo conceptual que renuncia precisamente a la representación espacial del realismo visual. Exige mayor actividad perceptual. El dibujo puramente lineal es importante para la sensibilidad o visión del hombre moderno, habituado a la lectura de publicidad y no de arte. Nos permite analizar los elementos básicos, la figura vacía es más conceptual y visual que la poblada de rasgos. Dibujo plano sobre mapa plano.

En relación con la vinculación del yo con la obra de arte, que recibe toda su vida exclusivamente del yo, el artista tiene el afán de proyectarse en su obra, de salir de sí e introducir su actividad en otro objeto, hasta encontrarse dentro de él. Queda absorbido el afán de vivencia interna del artista por la forma exterior de la obra de arte, y el artista queda redimido de su ser individual. El ansia de enajenarse(4) del propio yo no se manifiesta como un anhelo de despojarse del ser, sino en forma de un impulso de redimirse por la contemplación de un algo (que puede ser la obra de arte) inalterable. De acuerdo con Lotze: "El hombre llega a aprehender toda forma como un escenario en que actúan fuerzas indecibles, y a sentir la dicha de proyectarse a ellas"(5). Con base en esta catarsis del yo en una obra polisémica y crítica, probablemente el cielo de Gritón se encuentra en la pintura. 


1. ALTIERI Angelo, Kant: estética y teleología. México, Universidad Autónoma de Puebla, 1997.
2. Ibid.
3. WORRINGER Wilhelm, Abstracción y naturaleza. México, Fondo de Cultura Económica, 1953.
4. Salirse de sí, transmitir el dominio de sí a una cosa o persona fuera de uno; a algo o alguien que provoque tal deleite que se quede uno absorto en su contemplación o gozo.
5. ALTIERI Op. Cit.

 

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Fecha de publicación: 20.08.2000