Chiapas: Lo Nuevo

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Sylvia Navarrete

Región apartada geográficamente y durante mucho tiempo olvidada en la agenda de prioridades del gobierno mexicano, Chiapas, en el campo de las artes plásticas, se las ha arreglado como ha podido. Muchos de los artistas nacidos en este estado han emigrado: son precisamente los que han trascendido a nivel profesional, en la difusión de su obra y su cotización en el mercado. Entre ellos, destacan Raymundo Sesma, Roberto Cortázar y los escultores Jorge du Bon y Reynaldo Velázquez, quienes dejaron atrás la tradición costumbrista e indigenista asumida durante la primera mitad del siglo por los numerosos grabadores locales.

Ignacio Chincoya¿Qué se produce actualmente en las artes visuales de Chiapas?. Mucha pintura, de calidad discutible en la realización técnica y en los planteamientos discursivos. Deficiencias endémicas que se explican por la falta de un sistema profesional docente en el estado: la Escuela de Artes Plásticas, dependiente de la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas, se limita a talleres libres y diplomados. Esta carencia se ha visto compensada en los últimos tres años por la organización de seminarios, talleres, bienales, premios y becas por parte del Consejo Estatal para la Cultura y las Artes. Los artistas que han sido favorecidos por este sistema paralelo e improvisado de perfeccionamiento, han pepenado aquí y allá bibliografías, temas de reflexión, métodos de conceptualización y nuevas aptitudes técnicas.

Pero quienes poseen un potencial indudable, que rebasa la mera inquietud experimental y es susceptible de dar resultados, siguen siendo pocos. En concreto, son cuatro artistas, de entre 22 y 42 años, que recurrentemente exponen en las colectivas del Centro Cultural Jaime Sabines de Tuxtla ó, a falta de espacios comerciales, en eventos efímeros en bares y en casas de unos y otros. Claudia López Terroso, la más joven, al igual que los otros, se dedica lo mismo a la pintura abstracta, la escultura en madera, la instalación y el performance. En cualquiera de estas expresiones, articula una idea rectora: las emociones, traducidas en construcciones que juegan con lo compacto, lo amovible, las ataduras y los desprendimientos.

Ignacio Chincoya, de 26 años, desarrolla en su pintura neoconceptual abecedarios que al retomar elementos de la infancia y proyectarlos con ironía, evidencian una exploración de la poética del objeto por medio de la nostalgia y de la rabia de haber crecido. Hugo Huitzilopchtli Marín, de 26 años, es quizás el más maduro entre los integrantes de esta nueva camada. De extracción post-punk, le fascina la relación cotidiana que tiene su propia generación con la publicidad y con cualquier objeto consumible, llámese cómic, arte contemporáneo, música o video porno. Sus proyectos abarcan desde la revista-objeto Reciclomic, elaborada por despachos de diseñadores y ensamblada por él, hasta la fabricación de fragmentos de meteoritos, pasando por su pintura, muy interesante, en la que las figuras abocetadas de cajas de detergentes o de tocadiscos combaten con graffittis sobre fondos de colores estridentes.

Lucía Ovilla (1958) tiene más años de talacha en su haber, lo cual se percibe en la solución técnica de su pintura e instalaciones. Emplea hielo, humo, fuego, periódicos, cristales, jaulas, sillas, para desarrollar una reflexión sobre la memoria colectiva e individual, que en algunos momentos logra un comentario lúcido y muy crítico acerca de la realidad del artista contemporáneo chiapaneco. Este grupito de artistas produce endemoniadamente. Ahora les falta buscar vías de difusión fuera de Chiapas: participar en concursos a nivel nacional, relacionarse con los espacios de arte contemporáneo en el D.F., Monterrey, Guadalajara y Tijuana, solicitar becas del gobierno federal... Sólo así su obra podrá enriquecerse y alcanzar la proyección que, sin duda, se merece.

 

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Fecha de publicación:10.12.2000