Estoy muy en contra de la sofisticación
cultural, a la pintura hay que verla. Se ha hecho cierta música
de vanguardia que acabó siendo música para sordos,
cierto arte de vanguardia terminó siendo una imagen para
ciegos. Por desgracia, no existe un mestizaje en las disciplinas,
hay gente muy interesante que no se ha podido acercar al arte
al no contar con un lenguaje que pueda comunicarle la propuesta
del artista.
Mis cuadros
funcionan como un bombón al que se le ha quitado el celofán,
se vuelve chocolate que puede estar relleno de licor. Establece
un guiño con el mundo de las apariencias. El acto de pintar
es totalmente erótico... mis pinturas están hechas
con placer y con dolor, el acto creativo es un acto esquizofrénico,
pues el tener que eliminar y calcular es un proceso a veces más
placentero y a veces lo es menos.
La sensualidad de los materiales y la relación que mantengo
con ellos, sus olores, su tacto y su color, influyen en mi trabajo
de forma definitiva. En toda mi pintura está presente la
sensualidad en mayor o menor medida, lo que pasa es que siempre
manda el juego de las apariencias, algo imprescindible en el arte
del amor.
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