OROXXO: Una instalación, mucha controversia y demasiada verborrea

Gabriel Orozco

Por Emilio Marcelli

 

Gabriel orozco: OROXXOHabemos algunos obsesivos que, cada año, como si fuera una especie de ‘manda’, vamos a la gran tertulia de la feria MACO con la esperanza de que, ésta vez, sí me va a sorprender.

Lo cierto es que cada año, por lo menos a mí, me sucede algo parecido: veo lo ya visto muchas veces, veo lo que ya había supuesto que iba a estar ahí, veo mucho de eso que no me interesa en lo más mínimo, veo con alegría que trajeron lo que siempre me alegra ver y una que otra vez, rara vez, veo algo que me sorprende y emociona.

Pero de las cosas que son infalibles y que invariablemente suceden en cada nueva edición de la MACO, es algún artista que provoca controversia (en ocasiones, gran controversia), pero de la que resulta la misma respuesta idéntica de cada año: “Qué farsa... eso no es arte.”

Personalmente, me encantan esas obras, porque me encanta la controversia, y sobre todo, me deleita enormemente ver a los que aún se enfurecen y hacen pataletas porque una obra es un simple montoncito de mierda, o, como este año, una bolsita de papas fritas, adornada con unas bolitas de colores, que puede llegar a costar hasta 15 mil dólares (no puedo evitar, pensar qué clase de berrinche estará haciendo la señora Lésper en este momento).

La instalación de Gabriel Orozco, que presenta la Galería Kurimanzutto, es el tema de esta feria (aún cuando la instalación está fuera del espacio de la MACO). Se trata del montaje de una réplica de una tienda OXXO dentro de la galeria, en la que se exhiben y venden los mismos productos que en la tiendita de la esquina, pero 300 de ellos (posteriormente parece que habra más), con sutiles intervenciones del artista.

Más allá de la obvia ironía de la instalación (que no sé por qué hay quienes se siguen sorprendiendo, de las obras de quien ya nos había vendido hace años una caja de zapatos vacía) lo que me pareció una verdadera joya, es un párrafo del texto que explica la obra, presentado por la propia galería como comunicado de prensa, y que ha sido reproducido tal cual, por todos los periódicos, blogs y noticieros como “la explicación justa” de la pieza; sin embargo es un párrafo casi indescifrable, o más bien, bizarro e incomprensible. El párrafo dice así:

 “OROXXO, le ofrece a Orozco un espacio nuevo para explorar la fenomenología de sistemas y estructuras, las relaciones y el ejercicio de la entidad privada e individual, algo que se consigue a través de un marcaje topográfico de objetos de supermercado, aparentemente banales”.

A manera de ejercicio y casi como necedad para entender, lo analizaré frase por frase. Empezamos con que la instalación titulada OROXXO es la que le ofrece al artista una posibilidad de exploración. Suena un poco raro, pero digamos que aceptamos que la obra, como objeto, cuenta con una especie de voluntad individual que es capaz de ofrecer un espacio de reflexión al propio artista que la creó [sic].

De ahí pasamos a la exploración fenomenológica, para empezar admiro el valor de utilizar el concepto de fenomenología, mismo que, después de Husserl hasta la Wikipedia nos advierte que debe manejarse con cuidado; por ello, dejaré a los auténticos fenomenólogos de lado y me quedo con la definición más burda y simplona, en la que se considera a la fenomenología como la ciencia que analiza y estudia los fenómenos lanzados a la conciencia, es decir, la esencia de las cosas. De ahí, podemos decir entonces que, la instalación OROXXO, tiene la capacidad para que el artista (nosotros no, o quién sabe) llegue a la esencia misma de las estructuras y sistemas (no sabemos de qué sistemas ni estructuras habla, pero deben ser muy importantes), y no sólo eso, llegará a la conciencia plena de la entidad privada e individual, entendiendo entonces que lo individual y lo privado también es un ente.

Gabriel orozco: OROXXOEsto suena como que Gabriel estará a punto de alcanzar el mismísimo Ser Absoluto hegeliano. Y para finalizar, nos da la clave de cómo va a alcanzar este nivel de éxtasis, ya que todo esto se produce gracias al “marcaje topográfico de los objetos aparentemente banales”. O dicho de otro modo, se debe a esos objetos a los que se les plantó una calcomanía con bolitas de colores que, aunque parecen banales, son tan relevantes que le permitirán a Orozco alcanzar el entendimiento de la esencia misma de todas las cosas... Guau!!!

Me parece que este es un perfecto ejemplo del síndrome verborréico que sufre el arte de nuestros días. Enfermedad que parece haberse diseminado como plaga entre algunos curadores, galeristas y críticos de arte. La instalación de Orozco, me parece que tiene un buen sustento en sí misma, ¿qué necesidad hay de lanzar textos con palabras muy sesudas, pero que no dicen nada?

El interés de esta pieza, como muchas de este artista, no está en la pieza misma, sino en la afrenta que representa. Además del montaje de la tienda, Orozco ideó todo un sistema matemático exponencial para calcular el precio de los productos, y que va al contrario de las cotizaciones internacionales del propio artista. En esta tiendita, montada con toda intención a la par de la Gran Feria, se venden Orozcos que en lugar de subir de precio, se deprecian. El asunto del mercado del arte, por más que algunos tratamos de darle la vuelta, ha ido adquiriendo tal relevancia que, por momentos, parece que es el que determina no sólo el precio de las obras, sino también su valor estético, moral e historico. Orozco se burla del mercado y de todos aquellos que se enfurecen con su tiendita.

Yo seguiré aplaudiendo propuestas atrevidas, irónicas y transgresoras, aún cuando algunas de ellas no sean tan afortunadas, pero lo que debemos detener, es ese afán por justificar el arte con discursos mal escritos, mal fundamentados y mal citados; el síndrome del discurso “rollero” no hace más que dañar obras que deben sostenerse por sí solas.

En este caso, si quieren leer un buen texto de la pieza de Orozco, eviten el texto de sala y lean el análisis que hace Juan Villoro, El Tianguis de los Signos y, para todos aquellos que sientan ese impulso por escribir textos con palabras rimbombantes que desconocen su significado, les recomiendo que antes, revisen un genial ensayo de Steve Kats, publicado por nuestra revista hermana Replicante hace ya varios años: Cómo hablar y escribir en Posmoderno. Pues como bien dijo el gran Groucho: “Es mejor permanecer callado y parecer un tonto, que hablar y despejar toda duda.”

Gabriel orozco: OROXXO

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Fotografías: tomadas del sitio de la Galería Kurimanzutto.


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Fecha de publicación: 10 de febrero, 2017