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De los paraísos y máscaras del
México actual
Obra pictórica de Gustavo Monroy
Siempre imaginé
que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca.
Jorge Luis Borges |
| I. Ergonomía
y dilatación de la metáfora
En el nuevo foro cultural de la colonia Condesa encontramos
el Centro Cultural Bella Época. Lugar
emblemático a mitad de la neo-colonización restaurantera
del barrio La Condesa, la librería-café, sala de
exposición funciona como punto de encuentro en varios sentidos,
pues apela más allá del sentido del gusto, del buen
gusto y de la época en que vivimos.
Al entrar a este foro, observamos que el edificio conserva
rasgos relevantes del art deco originales del antiguo
cine, como la torre en forma de aguja, algunos detalles exteriores
e interiores, así como el concepto circular de la entrada
del edificio, cuyo rediseño arquitectónico que estuvo
a cargo de Teodoro González de León.
Vemos desde el inicio la gran librería dedicada a la
memoria de la escritora Rosario Castellanos y llama la atención
el vitral que hace las veces de plafón de la librería,
una obra de arte del artista de origen holandés Jan Hendrix,
que es una invitación en sí misma a la lectura,
por el impacto luminoso que ofrece al espacio a los visitantes.
Los trazos lineales negros impresos sobre vidrio esmerilado
con fondo blanco, e iluminado, dan claras referencias a las ramas
de un gran árbol. Con ello, nos permite suponer que abajo
se desvelan las hojas del saber como páginas de
un árbol o, ¿son las páginas del
saber las que lo hacen árbol? La obra mural de Jan Hendrix,
cobija con su “luz” la búsqueda del saber y
reafirma al árbol como símbolo de conocimiento.
Nos remite a un bosque del saber ver porqué adentro
hay un árbol
<1>. La galería llamada Luis Cardoza y
Aragón acoge la muestra del veterano pintor Gustavo
Monroy titulada La Expulsión del Paraíso.
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II.
La Agonía del éxtasis y el Génesis del Apocalipsis

EVA. 180 x 180 cms. Óleo/ tela 2004
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Para Adán, el
Paraíso era donde estaba Eva.
Mark Twain
Con clara alusión a La expulsión
del paraíso pintada por el artista Masaccio en el Quattrocento<2>,
Gustavo Monroy nos presenta un nuevo look de lo que puede ser un
Paraíso perdido en el Quebracento XXI<3>;
un oasis existencial extraviado y nuevo, para los que no han visto
“paraíso” alguno. Vemos otra gran referencia
vinculada a un árbol, pero ahora se trata de un eje que funciona
de otra forma en el inconsciente colectivo, mismo que “murmura”
un paraíso inventado que tiene un árbol de conocimiento,
que tuvo que ser prohibido y negado a los descendientes de Adán
y Eva. Una reversa metáfora que impide ver a muchos
que cada uno de nos-otros tenemos más, y las mismas y mejores
inquietas intenciones que los primeros habitantes del paraíso.
Con Eva nació un simbolismo
machista que dio inicio a otros mitos y ritos manzaneros que desencadenó
toda una serie de episodios psíquicos: una EVAluación
vinculada a una “gran manzana” que ha ido generando
otro tipo de séxitos en la historia de la
humanidad.
El “instante” en que
Eva y Adán son expulsados y huyen por la desolación
de una desobediencia, es capturado en varias pinturas de Gustavo
Monroy, pero los ubica en otros contextos y a otras escalas, desobedeciendo
las leyes de perspectiva y volumen aportadas por el precursor del
Renacimiento, ya que nos muestra no un sólo punto de fuga,
sino varias fugas. Los primeros humanos creados por Masaccio son
pintados ahora por Monroy como recién llegados a una ínsula-diagnóstico,
que funciona como esa sentencia existencial en nuestra condición
humana que nos condenó a vivir como víctimas de nuestras
propias fantasías eróticas<4>.
Las crucifixiones de cabeza, los santos redimidos en el dolor, la
sangre que sube o baja y que a su vez contradice el fluir de las
heridas, el martirio del misterio, las casas a lo lejos, uno que
otro mamífero o bien los retratos de decapitaciones del propio
autor, son recurrentes elementos simbólicos utilizados que
escurren inquietantes preguntas cuando se contempla el trabajo de
este artista mexicano. |
| III. Los desollados
por la crisis de valores y los valores de la crisis
La búsqueda de un Paraíso perdido
es algo que existe gracias a la imaginación eclesiástica,
y responde a ciertas necesidades fantasiosas que no todos compartimos.
Pero en su sentido más propositivo, es a la vez
una gran fuente de creación, es todo un génesis conceptual.
El nacimiento emergente de la humanidad a través del modelado
del barro y su sucesiva trascendencia gracias a un hueso puede ser
una inquietud todavía existente y perversa que ubica a Dios
como un gran escultor quiropráctico. Pero la creación
de Eva a partir de una costilla es la “legalización”
bíblica<5>
del machismo fundamentalista, es la confirmación y el origen
de la violencia de género justificada y apoyada por la Iglesia.
Eva es la pecadora insurrecta que reta a la masculinidad de Dios
y que por tanto condiciona su estancia en el paraíso. En
la inquietud de esa quietud y paz prometida durante y al final de
nuestras vidas según la explicación del libro del
Génesis, es que los susexos se han sucedido
sin suceder. El Paraíso es el “lugar
de origen”, pero también el del origen del mal, y como
tal descrito nunca ha existido sino sólo a través
de la imaginación literaria y plástica del arte; y
a lo largo de la historia hasta el siglo XIX ha sido una recurrente
creación bajo un dominante panóptico eclesiástico
y no exclusivamente “poético”. Edén sin
Big Bang, y del que supuestamente provenimos todos nos-otros,
el Paraíso inventado<6>
nos acerca a una gran verdad como vacilación, ya
que el edén subvertido ha sido recreado por muchos artistas
y, nos cuenta didácticamente un posible paraíso visual
en (de) nuestras “vidas”. Una imagen-promesa
que convierte a la incertidumbre en una certeza bien imaginada.
Pero en nuestra bella época, el tema ha sido liberado
de la parábola eclesiástica para recrear
conceptualmente otra idea del Jardín del Edén. Sin
embargo, a no ser del infierno, y ya sin limbo<7>,
la otra receta todavía sigue marcando entre la vida y muerte
un intervalo que “debe ser” un sufrimiento perplejo,
que puede convertir a el breve resto de la vida en un infierno sólo
por (in)convicción propia.
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Sobre
estas hipótesis, Gustavo Monroy nos muestra una serie de
sombras de este “paraíso” extemporáneo,
que continua desolado por el gran mito de un dolor erotizado. Aunque
Erich Fromm nos dice que el acto de desobediencia, como acto
de libertad, es el comienzo de la razón<8>,
todavía el mito en nuestra bella época cuestiona que
esta “tentación por saber” se convierta en una
maldición, y por tal motivo se le impida al ser humano gobernarse
a sí mismo y por ello como tal realizarse como individuo.
Pero Fromm nos asegura que se ha realizado el primer acto de
libertad y en esta serie de pinturas también se rompe
la condena y se liberan otros parámetros en otra dirección
y con otra intención que nos deja ver un lado oscuro del
mito desvelado: su sombra.
Eva y Adán la cagaron por
todos nosotros porque se atrevieron a conocer y por ello Adán
se avergüenza, se tapa el rostro, y corre despavorido por varias
de las pinturas de Monroy; Eva grita el tabú de su ansia
de saber, y luce en su rostro toda una gran desvergüenza que
genera angustia por haber considerado al conocimiento un acto biológico:
se fundamenta una crisis, la de los fundamientos:
los intestinos eclesiásticos y los destinos gruesos
ahorcaron su buena voluntad. Con ello, Eva y Adán no son
los seres que dieron origen a la vida sino el inicio de un fantasma
religioso, psicosocial y antropológico, del que Gustavo Monroy
retrata y calcula con una nueva atmósfera. Tal es así
la inquietante escultura de un Cristo crucificado, suspendido en
la nada y que en vez de cinco llagas tiene cinco embudos sujetos
a su propio cuerpo. |

SAN PEREGRINO. 180 x 180 cms. óleo/tela 2004
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IV. El Paraíso como un inquietante tabú
En el oasis edénico el conocimiento está prohibido,
la curiosidad científica es castigada y la orden “divina”
para permanecer en el “Paraíso (Fiscal)”,
está condicionada a un (buen) comportamiento o “acondicionamiento
clásico” que puede significar la renuncia al placer
de existir y del intento en vano de reivindicar otros valores como
el de la libertad social y la voluntad individual.
Quizás todo tenga una finalidad política que nos
indica que la redención es una pasión con gran pulsión
hacia la muerte, y que sólo se puede vivir una vida llena
de sumisión y obediencia; un “genocidio” eclesiástico
y político; y, peor aún, un terrorismo fundamentalista
cristiano, bajo el matiz temeroso del miedo y sus acondicionamientos
en todos los días. La dEVAluación
de los valores eclesiásticos y de las finanzas actuales lleva
a muchos a realizar evacuaciones antes de ser expulsados.
V. La decapitación de
la identidad
El que busca la verdad
corre el riesgo de encontrarla.
Manuel Vincent
Gustavo tiene una controvertida
manera de trabajar con los símbolos religiosos y su sagrado
sentido, y con ello nos pone a pensar en otra trinidad política
actual mexicana, integrada por tres partidos políticos ya
conocidos:
El PAN, que no es tal, el PRI
y el PRD.
Hoy el PRD es el PRI del viejo PAN.
Hoy a los que piden PAN
puro PRI les dan
con PRD, y sin PAN.
Es cierto que ninguno de estos símbolos
partidistas están presentes literalmente en La expulsión
del paraíso versión de Gustavo Monroy, pero nos
sentimos partidos en pedacitos con los nuevos desvalores
políticos y religiofinancieros, que sólo
hacen milagrosos al clero de la clase política. Esta obra
está muy relacionada con el momento político y crítico
que se vive en México actualmente, y por ello, debido a esta
relación de hechos, existe cierta sincronía con lo
que este pintor-redentor expone, al mismo tiempo, en el
Antiguo Palacio del Arzobispado, bajo el título Polítika
Ficción. |
VI. Polítika
de Ficción, una irrealidad real
Todos nacemos originales
y morimos copias.
Carl Gustav Jung
El Antiguo Palacio del Arzobispado es ahora el actual Museo de
la Secretaría de Hacienda y Crédito Público.
Cuenta con más de 500 años de historia, y ha sido
construido sobre un templo del Imperio Mexica que estaba dedicado
al dios protector de los guerreros y señor del inframundo:
el omnipresente Tezcatlipoca. Según la leyenda, fue el sitio
donde el indio Juan Diego Cuauhtlatoatzin mostró su tilma
con la imagen de la Virgen de la Guadalupe al que fue el primer
obispo de la Nueva España, Fray Juan de Zumárraga.
La construcción de otro gran mito como el Guadalupano se
gestaba<9>
como otro rito político más, y fue utilizado para
la domesticación ideológica y espiritual de un gran
grupo social indígena que era politeísta; inclusive
el símbolo guadalupano fue creado como esperanza de salvación
para aminorar el dolor de la existencia, que ya era vista como una
tragedia por la recién caída de un imperio y por la
sumisión a una serie de valores completamente ajenos y distintos.
Otro poder de sometimiento surgía como experiencia visible:
hacer visible la invisible divinidad con la ayuda del arte. La pintura
que ha cambiado vidas enteras es ejecutada bajo un extraordinario
performance art. El poder del arte que puede someter se
convierte en manifiesto el cual Gustavo Monroy intenta desenmascarar.
No hay duda sobre el valor y poder que la pintura tiene sobre la
existencia humana, pero… ¿se trata realmente de la
transfiguración del arte? Sea cual fuere, la respuesta nos
permite creer que la pintura no ha muerto.
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CABEZA. 180 x 180 cmts. óleo/tela 2005
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| En esta serie, Gustavo Monroy retrata la baja
estima política que se vive en México y que lamentablemente
se ha hecho una mala costumbre: nuestros valores han sido subestimados
desde nuestro diario cotidiano como si se tratase de un martirio
conSAGRADO. En este ciclo de pinturas recientes, de cierta forma,
podemos ver más directamente como el artista pinta otro “Paraíso
perdido”, pero ya sin la influencia de Masaccio: nos demuestra
la pérdida de la credibilidad política, un edén
donde la verdad que se ha esfumado. En nuestro país se han
creado grandes mentiras, cual si fuese este un nuevo credo totalitario:
la verdad no se crea, “la verdad es lo que es, y sigue
siendo verdad aunque se piense al revés”<10>.
Pero en este país, debido a la perversión de la clase
política, la verdad es completamente nula. Vivimos en un
laberinto político de mentiras que cada vez se hace más
evidente. La verdad no existe en nuestro país, ya no hay
camino ni verdad, ni vida; se hace mentira al VOTAR. Todo está
transformado por un gran engaño y su injusticia es un cuerpo
torturado porque “ni Dios sabe lo que hace ni la verdad
nos hará libres”<11>.
Pero en este ciclo de obras se tocan
otras fibras de la muerte verdadera del sistema. Se trata de un
recinto y cementerio lleno de formas vivas que pone en evidencia
que somos víctimas involuntarias de una crisis político-financiera
generada por un aPRIcalipsis,
que dejó una pobreza intelectual reconvertida en PANdemia
con síntomas de grandes PéRDidas
que se ceba sobre nos-OTROS. El partido verde
necrologista no existe, se ha suicidado con su nueva sentencia de
matar para vengar<12>.
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VII. De la
máscara a la más barata
Si dices la verdad,
no tendrás que acordarte de nada.
Mark Twain
En esta muestra, Monroy recurre al uso de diversas máscaras
para denotar ciertos aspectos. La máscara, según sea,
nos aporta una serie de identidades, que nos ayuda en su diversidad
de formas a asumir y verificar la conciencia temporal en otro ser
que puede tener otro comportamiento, diferente al nuestro, al original
y auténtico, que supuestamente somos nosotros. O quizás
a lo mejor, la máscara es lo que realmente queremos
o pretendemos ser.
El tocayo de Gustavo Monroy, Mr. Gustav Jung nos dice que en la
máscara se afirman ciertos contenidos inconscientes, y quizás
en algunos casos esta pueda ser nuestra verdadera identidad, la
que nos permite sin ser vistos asumir lo que somos de verdad<13>.
“Creer” que somos la máscara es una disociación
psíquica, es una escisión en la psique, que produce
una neurosis; es un problema de conciencia, una ruptura perceptible,
que pone en peligro nuestra identidad. Jung nos pone como ejemplo
literario a la novela escrita por el escocés R.L. Stevenson:
El Dr. Jekill y Mr Hyde. Historia en la que se da en el
mismo individuo un cambio psíquico y físico de grandes
contrastes. Una bipolaridad que en este momento nos remite más
a una tripolaridad, dado el hecho de que la bipolaridad
está tan de moda actualmente, que podemos considerar que
esta disparidad puede resultar en un sistema partidista que funciona
como la estructura psicoanalítica: donde el PRD es el ello,
el PAN el deber ser y PRI el Yo.
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M7. 110 x 100 cmts. óleo/tela. 2008
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| Si bien Karl Gustav Monroy no es Gustavo Jung,
sino un gustazo por afrontar pintando varias máscaras que
nos revelan que podemos estar poseídos y alterados, tanto
para el que la ve como para el que la porta. La máscara supone
una cierta verdad, simulada y/o representada, que puede ser simultánea
pero a destiempo. Es un engaño conciente que nos permite
recurrir a ciertas libertades. O, ¿liVERdades?
VIII. La vida + cara después
de Carlos Salinas
Logramos ver en una las pinturas
de Gustavo Monroy, un medio cuerpo de mujer con máscara del
expresidente Carlos Salíneas de
Gortari. Se dispara con la mano a la sien de este cuerpo enmascarado.
Es tan vaga la interpretación que la pistola es menos de
verdad que llena de mentiras. Miles de balas falsas y no de salva
recuerdan el acto de dispararse así por así.
Artificio y simulación, ¿una
alteración del alter ego? Qué va. Ninguno de nosotros
desea ser Salinas de Gortari pero su sombra todavía nos acosa.
Carlos y sus hermanos y familia nos demostraron lo que significa
ser repugnante en este país. En cada segundo de su existencia,
han consolidado al sentido del odio en la sociedad mexicana como
un “cotidiano incómodo”. Monroy utiliza este
símbolo enmascarado salinista y lo escenifica pictóricamente
como una acción corporal que puede denotar por el señalamiento
de la mano una gran ausencia de cordura. “Acción plástica
pintada” que nos remite a las acciones políticas “performativas”
ejecutadas en la vía pública del Distrito Federal
bajo la autoría de un grupo llamado Los 400 pueblos. La protesta
pública consiste en un numeroso grupo de indígenas
provenientes del estado de Veracruz, y cuya protesta e inconformidad
la hacen valer con su cuerpo desnudo en la vía pública.
En ocasiones, estos cuerpos recurren al uso de una máscara
del expresidente Salinas, o bien del expresidente Ernesto Zedillo,
o más recientemente a la máscara del expresidente
Vicente Fox, y con ello han generando una experiencia alucinante.
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Esta fuerza comunitaria en cueros,
que consta de entre 100, 200 ó 300 hombres, mujeres y a veces
hasta niños (y no niñas), se ha manifestado en espacios
urbanos de la Anxiudad de México que gozan de una
carga simbólica específica. Tienen una razón
más poderosa, digna e inquietante que la instalación
de 18 mil desnudos que Spencer Tunick logró en el Zócalo
de la Ciudad de México. Aquí el record no sería
la cantidad, sino que este grupo social ha dignificado y dejado
ver con su cuerpo a una miseria política y mal acostumbrada:
la indeferencia. Obsceno no es estar en bolas, lo que indecora
e incómoda es una realidad política que les ha obligado
a estar así, al descubierto, desnudo social que sobresalta
como una protesta llena de fuerza que permite visualizar nuestra
decadencia política. A pregunta expresa sobre esta conexión
con Los 400 pueblos, Gustavo Monroy me comentó que
nada tiene que ver con las acciones públicas de este grupo
social o movimiento civil. Él conoce movimiento, los ha visto
y fotografiado inclusive, pero sus intenciones son distintas en
esta “acción pictórica”. Este cuerpo travestido
nos remite pues, a la locura catapultada por el salinismo:
la actual demencia de su legado político y o política
de ficción. La razón del título Polítika
Ficción se debe a una entrevista realizada a Carlos
Salinas por la reportera Denise Maerker, y transmitida por la televisión,
en el canal 4 de Televisa en el mes de septiembre de 2005. Se utilizó
el término para denotar al momento político tan irreal
y confuso que se vivía (y que perdura). Gustavo juega con
la K para asociarlo con la terrible “Real PolitiK”
del antiguo bloque soviético.
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PISTOLA . 110 x 150 cms. óleo/tela. 2008
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| Hay otras versiones pictóricas dentro
de esta muestra donde Gustavo “utiliza” otras máscaras
o la misma pistola en diferente escala que inquietan en el espacio
pictórico. La máscara es simbólica y representativa
de una identidad no elegida, sino impuesta que confunde nuestra
elección, cual si fuera una esquizofrenia conciente.
La pistolas pintadas en esta serie apuntan a varias direcciones,
incluso en una de ellas la cabeza del artista parece ser la “bala
perdida” de una de ellas. También está el recurrente
Cristo de cabeza del que se vale en otras ediciones, hay una Victoria
de Samotracia, y un crucifijo en la cacha de la pistola. La paloma
posada sobre esta arma incrementa el desasosiego provocado por una
serie de manchas de sangre que salpican a la pintura.
Estos elementos aparecen de otra manera en muchas de sus composiciones
y con ello el artista nos demuestra la posibilidad de generar con
escasos elementos distintas interpretaciones insólitas.
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MÁSCARA XI. 110 x 150 cms. 2008.
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La
máscara que pinta es un recurso con el que Monroy hace manifiesto
en este ciclo diversas realidades políticas que nos imponen
un rostro que muchas veces no es nuestro, y que según las
circunstancias se nos “obliga” a asumir como una condición
sin escrúpulos: la pérdida de nuestra identidad. No
creo que Gustavo Monroy se identifique con las máscaras que
a medias se pone, y a las que luego pictóricamente se dispara
con la misma pistola que pinta en algunos de sus cuadros; él
mismo nos indica que estas mascaradas disfrazan y condicionan nuestra
realidad con su tributo abrumador: es una sumisión llena
de disociaciones que extravían la analogía de
uno mismo, que esconden una libertad condicionada; lo que convierte
a la máscara en instrumento que expone una verdad difícil
de aceptar.
La máscara que usamos todos
los días, fingiendo lo que somos, es en este momento, de
nuestro México lindo y herido, no una elección propia
sino una imposición política. La bala perdida puede
ser aquella identidad impositiva que da en un blanco irreal pero
seguro. |
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NOTAS
1. Con clara referencia
al poema de Octavio Paz Árbol Adentro. Creció en mi
frente un árbol. / Creció hacia adentro. / Sus raíces
son venas, / nervios son sus ramas, / sus confusos follajes pensamientos.
/ Tus miradas lo encienden / y sus frutos de sombras / son naranjas
de sangre, / son granadas de lumbre. /Amanece / en la noche del
cuerpo. / Allá adentro, en mi frente, / el árbol habla.
/ Acércate, ¿lo oyes?
2. Período italiano correspondiente al arte del siglo XV
de Italia, la antesala del Renacimiento. Masaccio fue el primero
en aplicar las reglas científicas de la perspectiva científica
desarrolladas por Brunelleschi.
3. La trágica y quebrada época, legado del Sr. Bushit,
que aunque ya se fue y que el mundo celebra, dejó una estela
de tenebrismo macabro económico y errorismo financiero.
4. Para mayor profundidad sobre este concepto, consulte: Gustav
Jung, El hombre y sus símbolos, Ed. Paidos, 2ª edición
, España, 1997, páginas 177-188.
5. o, ¿sagrada?
6. Diríamos el paraíso pintado.
7. El Papa Benedicto ha declarado que el limbo no existe gracias
al poder de su firma.
8. Sobre este concepto, consultar: Erich From, Miedo a la libertad,
Ed. Paidos, España 2008. p 73-75.
9. O dado el caso de ahora mismo en vez de que se gestaba ¿se
gustava?
10. Eso dice Antonio Machado
11. Dice Jorge Morales, osociólogo de cabecera de varios
artistas, en algún bar de Azcapotzalco. Década de
los ‘90´s.
12. El partido Verde Ecologista ha propuesto a consideración
la pena de muerte para asesinos y secuestradores, todo un principio
contradictorio a los valores que puede implicar un partido que debería
apostar por la vida de otra manera.
13. Veáse Carl Gustav Jung, El hombre y sus símbolos,
Ed. Paidós, España, pp 24-28.
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