Una semana de sermones, sexo y extraterrestres;
la reunión de los raelianos en Québec.

Replica21

Por Brian Preston
Traducción de José Manuel Springer

A mediados de los 90 escribía artículos con regularidad para la revista masculina estadounidense Details, que durante un par de años (días de alción para mi) se enfocaban al hombre casi andrógino sensible del que todos hablaban en ese entonces. El número de lectoras femeninas subió casi un 40 por ciento. Yo tenía la esperanza de que la revista se posicionara entre Esquire y Cosmopolitan, satisfaciendo a ambos sexos, convirtiéndose en una revista por la que se peleara una pareja durante un vuelo o que pudieran leerse uno al otro en la cama.

Esta fantasía se extinguió abruptamente cuando Maxim puso de moda en Norteamérica la sensibilidad masculina por la cerveza y los bikinis. Una nueva generación de hombres fue seducida por las fotografías retro que dejaban “entrever el pezón” las cuales no podrían ser objetadas por sus mamacitas, y la línea editorial de Details de igualdad sexual entre gays y heterosexuales, hombres y mujeres, cayó en el olvido.Uno de los artículos que propuse a Details en esa época trataba sobre un grupo de adoradores de los OVNIS localizado en Québec, llamado los Raelianos. Hice la propuesta por teléfono y de manera breve. Dos palabras: Culto Sexual. Yo infiltraría la organización disfrazado e informaría. En Detalis la única objeción era que los Raelianos no eran gringos, y como es sabido los gringos solo quieren leer sobre “América”. El obstáculo fue superado cuando les dije que el “Seminario de Meditación Sensual” al que pensaba asistir durante cinco días tendría lugar en un campamento oculto en Québec, a solo media hora de la frontera estadounidense. Suficientemente cerca.

Fue así como me encontré en un camión escolar amarillo saliendo de Montreal un bochornoso día de julio, en dirección a una reunión campirana de 700 de los supuestamente más de 35,000 seguidores de Rael. En el autobús viajaban 14 mujeres y diez hombres, lo que parecía un buen pronóstico para un hombre promedio que se dirigía a la reunión de un culto al amor. Y digo culto al amor porque el mensaje de Rael a la humanidad es un orgasmo repentino luego de milenios de gratificación postergada: no hay dios, no hay alma y los más grandes talentos que nos han sido otorgados por nuestros creadores son la belleza y la sensualidad de nuestros propios cuerpos. O sea, que los seres extraterrestres que crearon a nuestros ancestros a partir de su propio DNA, que nos clonaron a partir de ellos podría decirse, y a través de siglos han enviado mensajeros como Jesús y Buda o Rael para iluminarnos. Rael dice que él es el último mensajero.

Dos chavas japonesas que acababan de bajarse del avión platicaban en el asiento frente a mi. Una de ellas se puso altanera cuando descubrió que yo era un novicio y me preguntó: “¿Cuándo fue la primera vez que recibiste el mensaje?” Para los raelianos esto es como preguntarle a uno de dónde es. En los próximos cinco días supe la respuesta ideal a esta pregunta: “Cuando descubrí el libro de Rael y lo leí dos veces de principio a fin. Todo lo que había sabido intuitivamente durante años quedó claro”. De hecho nunca dije eso, porque son un terrible mentiroso, y no puedo poner cara de poker. Toda la semana me dediqué a murmurar cosas como “ todavía estoy en proceso”, que es lo que había dicho en el camión amarillo. La otra japonesa se llamaba Noriko, hablaba un inglés pésimo y este era su primer seminario raeliano fuera de Japón: me sonrió como si quisiera decir “acabo de volar de un lado a otro del mundo para coger con hombres occidentales y tú eres el primero que conozco”.

Un par de horas más tarde el camión escolar amarillo se detiene en el campamento de Rael. Hay hermosas mujeres vestidas de shorts y camiseta que nos reciben con galletas y jugo. Tres de ellas corren para abrazar a mi compañero de autobús. Maurice, un gay de Vancouver que las conoció cuando vivían en Francia. Maurice me presenta. Lilia. Xania y Candide.

Caminamos por un sendero cubierto de hojas y me informan que las tres trabajan en Toronto como table dancers. Entre risas se llaman a sí las tres poufiares, que en francés es algo así como entre puta y perra. Cada una rentó un pequeño trailer como esos que los viejitos usan para visitar el parque Yellowstone, pero estos se ven muy acogedores bajo los árboles. Nos detenemos a ver el de Xania. Dentro del trailer hay una mesa adornada con un mantel de águilas. Al mostrarlo nos dice con una expresión de tristeza fingida “pero no tengo con quien compartirlo”. Todo el cotorreo es en francés y el mío es muy rudimentario. Le digo “On va voir”. Ya veremos.

Yo renté una tienda. El raelinano que me ayuda a levantarla es un chavo delgado de pelo rizado. Los rayos de sol que atraviesan los árboles hacen brillar su torso desnudo y bronceado. Al igual que la mayoría de los raelianos que he conocido hasta ahora el chavo es muy guapo. Da miedo. Irradia una vibra que dice “Soy un joven y hermoso semental y mi religión me permite sentirme orgulloso de esto”. Una vez que hemos alzado la tienda me abraza y de cerca viéndome a los ojos me dice “Bonne stage, Brian”. Buena estancia. Rael nos espera para darnos la bienvenida.

Nos juntamos en el Cahpiteau, un establo a medio terminar hecho de triplay sin pintar, con asientos de segunda mano comprados a cines. Somos 720 personas en espera de la llegada de Rael, todos moviéndonos suavemente a ritmo de música disco francesa. Uno o dos tipos están completamente desnudos y algunas mujeres topless, la mayoría lleva raras combinaciones de ropa sexy, como la mujer que se encuentra mi lado que trae una tanga blanca y medias de red negra. Rael sube al escenario vestido con unos pants blancos que parecen sacados de un viejo episodio de la Guerra de las Galaxias. Está calvo de la mollera y tiene profusas patillas tipo payaso sobre los oídos, lo que lo hace verse como Larry el de Los Tres Chiflados. “Este será el centro espiritual del planeta durante esta semana”, proclama en francés. La gente se vuelve loca.

Hay que darle su crédito: considerando que según algunos cálculos cada tres minutos alguien en la Tierra ve un OVNI, pocos son los que han convertido esa experiencia en un culto decente. En 1973 Rael era tan solo Claude Vorilhon, editor de una revista francesa de autos de carreras, que escalaba un cráter volcánico cerca de su domicilio en Francia cuando una nave espacial bajó del cielo y un pequeño hombre de pelo largo salió para decirle que de ahí en adelante él era Rael, el mensajero. ¿Por qué escogerían al mediocre e insignificante Claude Vorilhon?, se preguntó. El extraterrestre dio un montón de razones, entre ellas: “dado que tú no eres un científico no vas a complicar las cosas, sino que las explicaras de manera sencilla. Ya que no eres un literato, no vas a armar frases complicadas que sean difíciles de leer para mucha gente”.

Rael es el primer Mesías que ha recibido de su creador el encargo explícito de simplificar las cosas. Dos años después los extraterrestres regresaron y se llevaron a Rael a su planeta, donde le presentaron a Jesús, Moisés, Elias, Buda y Mohamed: “Todos me verían con expresiones fraternales y curiosas, probablemente se acordaban de su propia sorpresa al llegar a este mundo”, recuerda.

Inmediatamente le regalaron seis robots muy parecidos a seres humanos: “una magnífica castaña, una rubia encantadora y una tercera mujer, más sensual que las dos primeras pero de pelo rojo, una negra excelente, una mujer china muy delgada y una “joven oriental muy voluptuosa”. Naturalmente, este harén tipo tripulación Viaje a las Estrellas era absolutamente dócil a cualquiera de sus deseos y le proporcionaron “la noche más extravagante” de toda su vida. Rael dice que los extraterrestres que nos crearon no son dioses y no desean ser adorados. Son inmortales porque se clonan cuando sus cuerpos decaen. De alguna manera son capaces de transferir su personalidad y sus recuerdos al nuevo cuerpo. Quieren venir a la Tierra y vivir entre nosotros y enseñarnos su fabulosa tecnología. Nos crearon a su propia imagen y por lo tanto somos sus iguales, pero por el momento somos demasiado bélicos y agresivos, somos como una especie de delincuentes juveniles que patean hasta a su abuelita. No vendrán a la Tierra hasta que demostremos que hemos superado esta fase adolescente. Sabrán que su seguridad estará garantizada cuando les construyamos una embajada, una casa que pueda alojar a 21 huéspedes en una terreno de tres y medio kilómetros cuadrados en Jerusalén.

Se supone que debemos llamar a nuestros creadores los Elohin, palabra hebrea que se usa para llamar a Dios en el libro del Génesis, pero que Rael sostiene es una palabra en plural que significa: “Ellos llegaron del cielo”. Si nos ponemos psicoanalíticos por un momento, podríamos decir que Claude Vorilhon quiere que el padre que nunca conoció le ponga atención: él es hijo de una madre soltera francesa y un padre judío refugiado que pasó por el pueblo de ella poco después de la Segunda Guerra Mundial.

Hasta ahora la campaña para construir una Embajada en Jerusalén no ha despertado precisamente la excitación de todo el mundo, lo que explica porqué en los próximos cinco días Rael la mencionó en pocas ocasiones.

En lugar de ello nos soplamos seis horas diarias de discursos como este: “La belleza interior es importante pero no tanto como la exterior. No sacrifiquen el exterior por el interior. Fuimos creados hermosos para dar placer, como los pájaros y las rosas. Existen cien millones de plantas y flores alrededor nuestro, cien millones de órganos sexuales. En este momento estamos respirando el esperma de las flores! Su francés suena como sacado de una balada cómica a la antigüita del tipo de l’amour, la sexualité, la pasió.

En la primera noche nos dan a conocer algunas de las reglas: Todos tienen la libertad de negarse a una invitación sexual. Nadie tiene derecho a sentirse celoso o posesivo si su amante desea a otro, y no olviden el uso del condón, o el SIDA “no se olvidará de ustedes”. Comenzamos con una meditación de 24 horas. No se permite hablar, ni comer , ni beber otra cosa que no sea agua y por supuesto no se permite tocar a otra persona. Se supone que no debemos ver a nadie.

El siguiente día me la pasé tomando el sol desnudo y nadando en el estanque, rodeado de diosas y dioses bronceados, lo cual resulta intimidante para un canadiense de pansa blanca con las chichis caídas como yo. Como dijo Rael un día sobre la forma en que nos obsesionamos con un solo barrito: “Son los detalles lo que nos hacen ser tímidos”.

Después de la cena podemos volver a hablarnos y se organiza una fiesta disco para que celebremos. Busqué a Noriko, la chava que conocí a en el camión, pero ya se la había apropiado un sátiro cuarentañero bañado en sudor que pertenece a la alta jerarquía de la organización y que baila como un trompo. Xania ha sido seducida por un músico cuyo nuevo CD inspirado en Rael está a la venta aquí. Su cabello es tan largo que podría limpiarse el culo con él; el pelo largo es de rigor entre los raelianos porque creen que les facilita recibir las transmisiones telepáticas de Elohin. Desde que reveló su verdad en los 70 el Rael de melenita se ha quedado calvo de la coronilla.

Todos a bailar! ¿Quién esta cantando esa música? Hay cincuenta hombres más que mujeres en el baile y comienzo a sentir que hay mucha gente que me está boicoteando. Soy un canadiense de pelo corto con cabeza de huevo dentro de una masa de hedonistas franceses de pelo largo. Soy un tornillo en la pasta para galletas.

Al día siguiente Rael muestra un video en donde él conduce un automóvil de carreras en una competencia automovilista en Japón. Puede que él sea el Mesías pero también es Claude Vorilhon, todavía le gustan las carreras de autos. La cámara ha sido montada sobre su hombro y la pista se ve como un video juego; mientras Rael camina por el estrado todo entusiasmado, criticando su forma de manejar. Las 720 personas que lo escuchamos como si la carrera ocurriera en vivo, lo aplaudimos. Él es comentarista y participante.

Poco más tarde Rael se pone serio. Nos cuenta que una bailarina le hizo una pregunta: “Sería vergonzoso y deshonroso para el movimiento raelina si una bailarina de teibol le permite a sus clientes tocarla? En Toronto los estándares locales han caído y se permite que las bailarinas bailen sobre las piernas de los clientes y se dejen tocar, de hecho algunos bares invitan a los clientes a que jueguen con las bailarinas. Rael le responde: “No confundas tu trabajo con lo que tú eres. Si no te gusta lo que haces, consíguete otra chamba”.

En la noche asistimos a un show de talento. Vemos lamentables imitaciones de Luis Armstrong con acento francés y cosas por el estilo. La japonesa del camión lee algo de su poesía, que trata de hojas que vuelan sobre las holas y termina diciendo como aprendió a no tener vergüenza de su cuerpo. Al finalizar se quitó el kimono y se presentó totalmente desnuda ante el público en una pose tipo odalisca griega.

El único libro que traje al retiro fue la edición Penguin de Shchopenhauer. Con la linterna de mi tienda de campaña leo: “Para encargarse de la propagación de la raza humana la Naturaleza escogió a los hombres jóvenes, fuertes y guapos. Esa es la voluntad de la madre Naturaleza en lo que concierne a este asunto y su expresión es la pasión femenina”. Yo no soy particularmente joven o fuerte, lo cual explica el porque estoy acostado solo en mi tienda leyendo a un pesimista alemán cuando el aire nocturno y unas cuantas capas de tela tensada me separan de los sonidos febriles de excitación de otras personas. ¿Por qué las mujeres hacen más ruido? Cantan como pájaros, sus quejidos amorosos se escuchan como ritmos insistentes y cada vez más elevados durante el largo camino al orgasmo; escucho a los hombres solamente al llegar a su tenso climax, gruñendo y rindiéndose durante algunos segundos.

Al día siguiente una mujer suiza de unos treintaitantos años unta protector solar sobre mis nalgas desnudas. Y me dice que tengo ojos preciosos que le recuerdan a los de su ex esposo. Cuando sonríe su boca forma un triángulo, como la de Elvis. Además de esto se ve bastante bien. Como la mayoría de la mujeres que se encuentran aquí tiene una cara que dice: “tengo todos los orgasmos que necesito en la vida, pero uno más no estaría mal”.

En la noche vamos a otra fiesta. Esta es de transvestis. Todos los chavos se tienen que vestir de mujeres y sentarse alrededor de las paredes del cuarto mientras que las chavas vestidas como hombres caminan como sementales y se encargan de llevar la conversación. Yo llevo puesto un camisón de los ochenta color pastel que me da un aire de ser una bibliotecaria de un pequeño pueblo, lo cual probablemente es mi equivalente en mujer. El maquillaje es cortesía de Cindy, una gringa de cuarenta años de Miami, que me dijo que las mujeres se volverían locas por las pestañas enchinadas. Las mujeres se han vuelto locas conmigo pero jamás debido a mis pestañas. Cuando digo esto Cindy me responde que piensa que soy demasiado irónico y que lo que estoy a punto de experimentar no es una broma. “La intención es muy seria, se trata de explorar tu lado femenino”.

Más tarde escribo en mi diario a la luz de linterna: No hay nada más triste que un buga de 40 años a media noche, sobrio, sin suerte. Eso fue en lo que terminó el baile. Ya en mi tienda de campaña me resulta casi imposible desabrocharme el brassiere. Eventualmente logro bajármelo por la cintura hasta sacármelo por los pies. Al explorar mi lado femenino aprendi lo que se siente ser una bibliotecaria fea con la nadie quiere bailar y tiene dificultad para quitarse la ropa interior cuando llega a casa. Yo esperaba que cierta señorita suiza con la sonrisa de Elvis llegara con una chamarra de cuero negra y me sacara a bailar. Pero nunca llegó.
NO puedo dormir. Me pongo mis jeans y salgo a unirme al círculo que se encuentra afuera en la fogata. Noriko la japonesa está ahí, subida sobre el tipo de ojos azules que tiene un cuerpo tipo bailarín del Chippendale con camisa a cuadros, pantalones recortados y botas negras con calcetines blancos enrollados. Es la moda. Sus enormes dedos podrían rodear el tobillo de ella más fácilmente de lo que los míos podrían rodear su muñeca. A pesar de su cuerpazo el tipo tiene una cara bonita. No habla inglés y Noriko no habla francés. Ella quiere que yo le traduzca. Que se vaya al diablo. Yo me voy a la cama. Solo.

Maurice es un gay chistoso y amanerado con el que he hecho buenas migas. Me pregunta qué es lo que más me ha gustado del campamento y yo le respondo que los cuerpos, la desnudez, las sonrisas, el aire de sensualidad en el que el sexo resulta secundario. Pero “he tenido problemas con el aspecto extraterrestre”, fueron mis palabras exactas. Un tipo llamado Jeanm Paul, que es raeliano desde 1975, me dijo que durante los primeros siete años como miembro del movimiento nunca creyó en el rollo extraterrestre. “¿Por qué te quedaste?” le pregunté, “Yo me quedaré siempre que mi placer sea mayor que mi displacer”. No hay duda, es placentero estar aquí, caminar desnudo a la alberca, comiendo bien en la pequeña cafetería, bailando en las noches. Sería el paraíso si no tuviéramos que oír a Rael casi seis horas diarias. “Tomen a un amigo de la mano, hagan el bien a alguien que no conocen, hagan el amor junto a un árbol, hablen con las ranas. Díganlo: Estoy aquí y ahora, en el momento adecuado, juntos. El francés es un idioma hermoso, como para volverse poeta. “En cualquier dirección que apunten su dedo, aunque sea en el culo de su vecino, encontrarán el infinito. Hay un número infinito de planetas habitados y un número infinito de personas que escuchan a los profetas. Somos el infinito haciendo conciencia de sí mismo”. Me siento apenado con los japoneses y gringos (hay como veinte de cada uno) que no entienden suficiente francés para escuchar al Mesías directamente. En los walkman en los escuchan las traducciones simultánea oyen a un quebequense que habla en un seberbio inglesh: “Si stas sonando tu seno cambia su vida perque se convierte en una pesadila perque es tu propia decisón”, Seis horas de ese tipo de rollo debe ser terrible. Especialmente si lo que esperabas era participar de un culto al sexo.

Nos despedimos en una día soleado sobre el pasto, alrededor del estanque. Xania se ríe hasta llorar mientras se despide de su músico; Lilia y Candide me abrazan y prometen venir a Vancouver a verme. La Miss Suiza de abraza arrepentida pero regresa a los brazos de uno de los sementales quebequenses. Me acerco a Rael para despedirme de él, ya que se ha puesto a disponibilidad de todos por vez primera luego de una semana. Parece entusiasmado, tiene un aire de hippie con suerte. Sus ojos brillan, pero más de satisfacción que de fuego. No tiene el carisma y la intensidad que uno esperaría del Mesías. Le digo que soy escritor, a nadie se lo había dicho. Me responde: “Envíame algo que hayas escrito”. Nunca lo hice.

En uno de sus libros Rael describe una de las lecciones preparatorias que Elohin le ofreció cuando dudaba de cómo convencer a sus seguidores de que él es el último profeta. “Al igual que con aquellos que han perdido la confianza, dales una buena sacudida”, le dijo. “Hace dos mil años, aquellos que creyeron en nuestro mensajero Jesús fueron arrojados a la jaula de los leones, ¿qué es lo que hoy pueden perder? Que los tontos se burlen de ellos. Rael ha conseguido una vida de placeres sexuales con mujeres hermosas que piensan que es lo más cercano a Dios en el universo. ¿Y el precio es la ironía de un idiota ocasional como yo? Por su puesto que lo va a pagar. Estoy muy seguro.

Regresé a casa a escribir este articulo. Nunca fue publicado en la revista. Mi editor lo tiró a la basura. “Te fuiste a una orgía y no te cogiste a nadie”, fue todo lo que me dijo. Al revisar lo sucedido en mi semana como raelinano, luego de cinco años, no recuerdo ninguna mención a la clonación en las muchas horas de monólogos de Rael. Sin embargo, desde entonces, esta parte esencial del dogma raeliano se ha convertido en un tema de debate. El timing de Rael es impecable. Conforme envejece sus ideas giran menos en torno a la obsesión por el sexo y más en torno a la inmortalidad, y las verdades que enfatiza en su predica han cambiado en el mismo sentido. Estoy seguro de que en la lista que tienen los raelianos de personas que quieren reproducirse idénticamente, Rael tiene un lugar muy especial. Rael piensa seguir reproduciéndose tanto como pueda, hasta que Elohin vuelva del cielo.

FIN

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Fecha de publicación: 01/06/2006