¿Y ahora qué vamos a hacer?
Arte y cambio social*

Mural en Oventic, Chiapas

Antonio Ortiz 'Gritón'

“Una acción artística nunca podrá provocar el fuego que mueve a una revolución social,
pero si puede llegar a ser parte de la gasolina que lo alimenta”

Neil Young

Voy a partir de una pregunta muy sencilla, en la que seguramente todos ustedes alguna vez han pensado: ¿puede una obra de arte cambiar el rumbo político de una nación? Generalmente, después de pensarlo un rato, hay un par de imágenes que suelen surgir en la mente de todos: El Guernica de Picasso o la fotografía del Ché Guevara, de Alberto Díaz Korda.

DelacroixDelacroix, La libertad guiando al pueblo, 1830.

Aún  cuando Picasso pintó el Guernica durante la Guerra Civil Española para llamar la atención mundial sobre el bando republicano, lo cierto es que dos años después se instauró la dictadura franquista en España,  mientras que la fotografía del Ché fue publicada años después del triunfo de la revolución cubana. A pesar de que  estas dos obras artísticas no desataron por sí mismas ninguna revolución o cambio político-social, lo cierto es que siempre las vemos acompañando las manifestaciones que pugnan por un cambio social o en los muros de las habitaciones de cientos de miles de jóvenes inconformes con la sociedad que les rodea, como “símbolos de lucha”

Si nos remontamos hasta 1830 año en el que se produjo en París, Francia,  una revuelta revolucionaria que terminó con la restaurada monarquía borbónica y mismo año en el que, inspirándose en este hecho, Eugene Delacroix pintó el cuadro de “La libertad guiando al pueblo” como un símbolo de los ideales de la revolución francesa y la reinstauración de la república y el fin de cualquier monarquía escribiendo en su diario: “He emprendido un tema moderno, una barricada, y si no he luchado por la patria, al menos pintaré para ella”. La reinstauración plena de la República se logró hasta 18 años después y el cuadro de Delacroix se ha convertido en un icono de la lucha por la libertad.

En México hacia finales de los años 30 del siglo XX, surgió el  Movimiento muralista encabezado por Diego Rivera y otros como él. Después del fin de la Revolución Mexicana, un intelectual, José Vasconcelos, Secretario de Educación Pública (ministerio de Educación y Cultura) elaboró los planes de educación y cultura que a largo plazo, dieron forma a ese México “imaginado” por los revolucionarios: un país conciente de sus raíces culturales, igualitario y en el que se concretaran los ideales de la primera revolución socialista del siglo. En mi opinión, este movimiento artístico ha sido el único en la historia de este país en el que existiendo un proyecto de país más o menos claro, las políticas públicas de educación y cultura se ciñeron precisamente para lograr ese proyecto, echando mano de todo lo que estuviera a su alcance, incluido el arte, privilegiándose la subvención a obras de arte público, como lo fue la amplísima producción de murales en edificios públicos y escuelas.  Si miramos al México actual, con su alta cuota de violencia y una cifra de habitantes sumida en la pobreza extrema que va más allá del 60 por cien de la población y que no tiene nada que ver con el “proyecto de país” de los años 30, es debido a que  entre las décadas de los 40 y 50, el proyecto de país se desdibujo completamente debido a muy lamentables errores políticos y la incipiente corrupción.

Francisco ToledoFrancisco Toledo.

Ahora situémonos en la actualidad, en los “zapatos” o “pinceles”, por así decirlo, de cualquier estudiante de artes visuales o artista emergente. Obviamente, tanto al estudiante como al joven artista, además de explorar sus propuestas plásticas,  les interesa fundamentalmente  exponer (y vender, claro, para poder vivir de su trabajo) en una muy buena galería de prestigio, en las grandes bienales internacionales o en un museo de prestigio internacional para que “su” arte, lo “que quiere decir”, su “discurso”, su propuesta,  o lo que sea, cuestione los cimientos del arte, mientras que los artistas “comprometidos” con alguna o varias causas sociales, también querrán que sus obras llegue a las “masas” y provoquen un cambio social.

Sin embargo, uno se pone a pensar: ¿A quiénes les vende una galería de “prestigio”? ¿Quiénes financian los museos en cualquier país del mundo? ¿Quiénes proporcionan dinero a los diversos ministerios de cultura  para que hagan algo más allá de cubrir sus gastos “operativos”?

Las respuestas siempre es la misma: los grandes empresarios-coleccionistas y el partido en turno en el poder. ¿Qué tipo de cultura querrá apoyar un gran empresario, por más “bueno” que sea? A los grandes empresarios no les interesa una cultura que ponga en entredicho el modo de explotación, al contrario, les interesa una cultura que haga ver “bonita” a la explotación y la pobreza, una cultura que esté “acorde” con sus gustos estéticos. ¿Qué tipo de cultura apoyarán los “políticos” del partido en el poder cuándo no tienen ni la más remota idea de un  “proyecto de país” y sí una clara idea de sus aspiraciones personales y de la manera más fácil de “ganarse” los votos de una inmensa masa a la  que ellos mismos se han preocupado, por omisión, de escatimarles la menor educación posible? El único tipo de cultura que conviene a un partido político en el poder, cualquiera que sea y sin un proyecto claro de país, es la cultura que “divierte” y “entretiene”.

 

Daniel Lezama, La Madre Pródiga, 2009 Daniel Lezama, La Madre Pródiga, 2009.

Tanto para los empresarios-coleccionistas y políticos-sin-proyecto-de-país resulta  inviable de apoyar cualquier proyecto de cultura orientado a “hacer pensar” o formar  personas que sean críticas del estado en el que se encuentre socialmente un país.

Como ejemplos citaré dos. Hay un pintor en México de quien siempre he admirado su trabajo por lo impecable de su técnica y lo descarnado de su trabajo. Daniel Lezama ha expuesto en museos y galerías muy importantes. Los precios de sus cuadros se sitúan en las decenas de miles de dólares y, obviamente, sus compradores son adinerados empresarios las más de las veces. Imagino estos cuadros de personas extremadamente pobres, sumidas en la miseria, colgando en la espectacular sala del dueño de una fábrica en la que abusa precisamente de aquellos que  podrían ser cualesquiera de los personajes de este gran cuadro. Un recuerdo macabro de cómo los cazadores adornan con las cabezas de leones y tigres sus lujosas salas.

Teresa Margolles, Limpieza, 2009Teresa Margolles, Limpieza, 2009 [Foto: Gabriela Galindo]

El otro ejemplo es Teresa Margolles, quien presentó su obra en el pabellón de México en la Bienal de Venecia 2009.  Entre otras cosas, su intervención consistía en que a lo largo del día, una trabajadora de la bienal trapeara los pisos del palacio veneciano con agua mezclada con sangre que  la artista recogió de los escenarios de crímenes relacionados con el narcotráfico. En la última habitación del pabellón se encontraba la explicación que por lo general sorprendía al visitante, las cifras de muertos por la guerra del narcotráfico en México (alrededor de 40 mil al día de hoy) y obsequiaba al visitante con unas tarjetas, parecidas a las tarjetas bancarias, que por un lado indicaban que sirven "para picar cocaína" y por el otro muestran la espeluznante imagen de una víctima asesinada.

Aún no terminaba la Bienal, cuando las altas esferas gubernamentales mexicanas, más preocupadas por la “buena” imagen de México, decidieron cortar la cabeza, es decir, despedir, a los responsables de invitar a esta artista. En contraste, llama la atención el elevadísimo gasto gubernamental en la conocida Fiesta del Bicentenario de la Independencia de México, en la que se invirtieron cientos de millones de dólares para divertir y entretener a la gente durante estas fastuosas fiestas de celebración.

Dado lo anterior, para un artista que está conforme absolutamente con el estado actual del mundo, como quién dice, el camino es sencillo: aplícate durísimo para poder exponer en las galerías de prestigio y en los mejores museos y, si al Sistema le gusta tu trabajo, obviamente con el tiempo te verás recompensado con un buen ingreso anual, una casita en la playa, viajes por todo el mundo y, sobre todo, siempre te hará feliz saber que estás satisfaciendo las necesidades estéticas y de reflexión de esa clase dominante que al menos en México vive el sueño del Sistema mientras sus empleados viven en su peor pesadilla.

Para los artistas que tienen un cierto compromiso social, obviamente el camino no es fácil, ya que con las puertas de galerías, museos y bienales “casi” cerradas muy bien se puede plantear la pregunta de ¿y ahora qué vamos a hacer?.

Emma VillanuevaEmma Villanueva, Pasionaria:
caminata por la dignidad
, 2000
[Foto: www.artesescenicas.uclm.es]

La respuesta no es para nada sencilla; aunque lo cierto es que si las puertas de museos, galerías y bienales se te medio cierran, las que si se te abren son las del descomunal espacio público, que es el terreno dónde actualmente se da la batalla entre las diversas corrientes estéticas del arte contemporáneo, al tiempo que también se te abren las puertas del ciberespacio. También, otra de tantas opciones es la de estar presentes en los circuitos comerciales del arte y con parte de los recursos así obtenidos, financiar nuestros proyectos sociales, obras contestararias en el espacio público, etc.

Tal vez el más destacado de estos artistas comprometidos en México, y que navegan entre las dos aguas, es el oaxaqueño Francisco Toledo, quién con las ganancias que recibe por la venta de su obra y los donativos de diversas organizaciones e instituciones ha logrado a través de los años dotar a la ciudad de Oaxaca de una formidable infraestructura cultural: Un museo de arte contemporáneo (MACO) Un Centro fotográfico, bibliotecas y una escuela de artes y oficios entre muchas otras acciones, además de siempre apoyar con el regalo de su obra a un sinfín de organizaciones no gubernamentales que luchan a favor de los derechos civiles y culturales de indígenas, obreros, campesinos, etc.

Otros muchos artistas, también comprometidos con diversas causas sociales, aún y cuando solemos exponer en galerías y museos, solemos autofinanciarnos nuestras obras destinadas al espacio público. Cabe señalar que en la mayor parte de las ocasiones, estas obras se realizan al calor de determinados momentos de efervescencia política o en reacción a la omisión o denuncia de determinadas políticas públicas.

El trabajo en el espacio público no es fácil, sobre todo si por un momento pensamos que nuestra formación artística está orientada fundamentalmente a la producción de obra para “interiores” de museos y galerías por decirlo así. El espacio público es de todos y al mismo tiempo no es de nadie, es un espacio apenas “vigilado” y hasta ahora únicamente utilizado por las grandes corporaciones, el gobierno y los partidos políticos (o sea, el Sistema) con toda su propaganda de consumo, diversión y electoral.

Rolando de la Rosa, Caballo de Troya, 2005Rolando de la Rosa, Caballo de Troya, 2005
[foto de: Galería de lordahrimanwww.flickr.com]

En el año 2000, cuando la PFP tomó La Ciudad Universitaria por las protestas estudiantiles contra el alza de colegiaturas, la joven artista Ema Villanueva recorrió Insurgentes, apenas vestida con un bikini y pintado su cuerpo con los colores rojo y negro de la bandera de huelga, informando a los transeúntes de lo que ocurría en CU; durante esta acción, Emma recibió desde aplausos de los transeúntes y automovilistas, hasta insultos y, por supuesto, muchos piropos.

En el 2005, cuando el gobierno de México quería quitar de en medio al candidato presidencial de Izquiera, Andres Manuel López Obrador, durante una multitudinaria manifestación, el artista Rolando de la Rosa, junto con otros artistas más, construyeron con huacales una enorme escultura semejante al caballo de troya. Esta escultura, desde el primer momento que estuvo presente en esa manifestación, pasó a ser todo un ícono del movimiento lopezobradorista.

En el verano del 2006, en la ciudad de Oaxaca y derivado de un conflicto magisterial (en México todos los maestros y empleados del ministerio de educación se encuentran afiliados obligatoriamente al SNTE, un sindicato sumamente corrupto lidereado por Elba Esther Gordillo; al interior de éste sindicato existe una corriente democrática con fuerte presencia en Oaxaca), surgió un movimiento popular que pedía la destitución del Gobernador Ulises Ruiz por corrupto, cacique y asesino. Creo que, desde 1968, no había existido en México un movimiento así, de insurgencia popular, de arte desbordado por las calles y tan duramente reprimido. Estas son algunas intervenciones callejeras realizadas al calor de la lucha.

Apenas el año pasado y como “respuesta” a los anodinos festejos del bicentenario propuestos tanto por el gobierno federal como por el capitalismo, alrededor de 300 artistas participamos en la acción colectiva La Ira y el Deseo, una exhibición multidiciplinaria y totalmente independiente sobre los camellones de la avenida Miguel ángel de Quevedo. Pero el espacio público no solamente es el espacio físico de calles, y carreteras. Existe otro espacio público, el ciberespacio, un lugar en el que incluso con muy pocos recursos y la adecuada difusión se pueden realizar obras extremadamente propositivas y cimbrantes de una sociedad como lo es el caso de estos dos videos, el primero realizado para una campaña por televisión del gobierno federal y el segundo, como réplica al primero, realizado por un pequeño grupo de activistas:

César Martínez, LoCura Hidalgo, 2010César Martínez, LoCura Hidalgo, 2010.El 1 de enero de 1994 salió a la luz del mundo el EZLN en el estado mexicano de Chiapas, declarándole la guerra al estado mexicano y reivindicando los usos y costumbres de los pueblos indígenas, su cultura y su derecho a existir. El gobierno federal los masacró y fue la sociedad civil quién detuvo esa masacre y tras años de presión, el ejercito mexicano los dejó relativamente en paz. Durante todos estos años, en las diversas comunidades indígenas de Chiapas  el EZLN ha continuado trabajando en ese gran proyecto de nacioncita, y estas son algunas de las “pequeñas” grandes obras de arte público que ha fomentado el “autogobierno” de estas comunidades indígenas: modestos murales en los que finalmente los habitantes de la región finalmente han visto reflejadas su identidad, su organización del trabajo comunitario, su cultura y sus sueños.

 

Finalmente, a manera de conclusión quiero subrrayar lo siguiente: Hay una gran tarea pendiente para con la cultura por parte de todos los gobiernos latinoamericanos socialistas o medianamente socialistas que tienen esbozado un proyecto de país. Pienso que todos estos gobiernos deben de hacer una fuerte apuesta por el arte público, suvenncionarlo con los mayores recursos posibles, permitir que los artistas experimenten con el espacio público. En los primeros años obviamente aparecerán centenas de murales y esculturas estéticamente previsibles, pero con el paso del tiempo, podrán comenzarse a ver creaciones estéticas absolutamente inimaginables para nosotros ahora.

Pero mientras esto llega a suceder, el artista que desea llevar su discurso al espacio público hoy más que nunca está urgido de encontrar formas de representación que no sean obvias. El trabajo en proyectos comunitarios tendrá que partir de la educación para una forma de vida autogestiva, donde las acciones de resistencia sean tarea de todos los días y la creatividad no devenga en creación de objetos de consumo.  

Mural OventicMurales en Oventic, Chiapas.

 

Versión resumida de la ponencia impartida por Antonio Ortiz en el Primer Simposio Internacional de Prácticas del Compromiso, Auditorio Facultad de Bellas Artes, de la Universidad Bolivariana de Venezuela,  Caracas, Abril, 2011.

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Fecha de publicación: 07.05.2011