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Las Razones de la iniciativa
de la COCOPA
(Argumentos de un dirigente indio) |
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Quienes habitaban los territorios americanos antes de la llegada
de los colonizadores eran pueblos en todo el sentido del término.
Nosotros, herederos de esos pobladores originales, seguimos
reuniendo tanto las características objetivas que se
atribuyen tradicionalmente a los pueblos (idioma, historia,
cultura, comunes y distintivas), como subjetivas (identidad,
voluntad de seguir unidos).
Los indígenas obtenemos nuestra identidad en tanto que
somos miembros de una familia y de una comunidad, y nunca como
individuos separados. El reconocimiento de que somos pueblos
constituye el punto de partida para que se admita que tenemos
derechos colectivos. Individuo es a derechos individuales como
pueblo es a derechos colectivos.
El
término pueblo es una noción y un sentimiento
que defendemos de manera profunda. Sólo los pueblos tienen
derecho a la libre determinación. El Estado mexicano
se ha negado a reconocernos como pueblos por el hecho de que
no quieren aceptar el derecho a la libre determinación
y autonomía que históricamente nos corresponde.
Por eso nos han llamado grupos indígenas, grupos étnicos,
minorías étnicas.
¿Qué significado tiene la libre determinación
y autonomía de los pueblos indígenas?
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El derecho a la libre determinación que poseen todos
los pueblos se puede ejercer de diferentes maneras, una de las
cuales es la autonomía. Esta permite la expresión
de la libre determinación interna de los pueblos y no
implica la facultad de establecer relaciones directas con otros
Estados de manera independiente.
"Autonomía", por consiguiente, no debe confundirse
con "soberanía", pues esta última es
una facultad que únicamente poseen los Estados.
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Podemos considerar a la autonomía como la capacidad
que tenemos los pueblos indígenas para decidir
nuestro destino en todos los ámbitos de la vida
cotidiana, con identidad y conciencia propias, y con la
suficiente capacidad de apertura para relacionarnos con
los demás ciudadanos del país y del mundo.
¿Por qué son indispensables la libre determinación
y la autonomía de los pueblos indígenas?
Porque los indígenas somos pueblos y, por tanto,
precisamos del reconocimiento de nuestros derechos colectivos
para que sea posible el pleno disfrute de nuestros derechos
individuales.
Porque nuestra diferencia cultural debe tener un reflejo
en lo político. Es decir, si los pueblos indígenas
somos una unidad cultural, también debemos ser
una unidad política.
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Porque queremos mayores espacios de libertad
para poseer, controlar y gestionar nuestros territorios,
para normar nuestra vida política, económica,
social y cultural, así como para intervenir en las
decisiones nacionales que nos afectan.
Además, la autonomía constituye una experiencia
ancestral. Gracias a sus valores nuestras comunidades han
sabido salir adelante con el esfuerzo propio, y así
se han construido con los tequios los palacios municipales,
las escuelas, los templos, sin ayuda externa.
Deseamos poder mantener estos valores y la organización
social, económica, política, jurídica
y cultural que deriva de ellos, tal como hemos venido haciéndolo
hasta el presente. En particular, nos preocupa el fortalecimiento
de nuestra autonomía en lo referente a mantener el
control sobre nuestras tierras comunales, y en el sentido
de seguir funcionando mediante asambleas comunitarias para
tomar nuestras decisiones y para elegir a nuestras autoridades.
Por eso se formula que la autonomía que ya se da
de hecho en nuestras comunidades y municipios sea reconocida
de derecho, y que también sea ampliada a nivel regional.
Si únicamente nos conformamos con disfrutar la autonomía
de hecho, corremos el peligro de que el Estado quiera recortárnosla.
Sin embargo, si llega a instituirse la autonomía
en el ordenamiento constitucional, estaríamos hablando
entonces de un régimen político-jurídico
acordado, y no concedido
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Porque hemos sido ignorados y marginados históricamente.
Mientras las leyes han establecido la supuesta igualdad
entre todos los mexicanos, en la práctica real
las instituciones del Estado no nos han servido, y nuestros
pueblos se han visto sometidos a una total situación
de desigualdad desde el tiempo de la colonia. Por ello,
es preciso que se instituya una asimetría positiva
entre los pueblos indígenas y los demás
sectores sociales del Estado mexicano, que haga posible
que paulatinamente nos vayamos equiparando al resto de
la nación en el disfrute de las prerrogativas de
que gozan nuestros compatriotas no indios. Esto no implica
crear desigualdades entre los mexicanos, sino tratar de
paliar las ya existentes.
Porque es una manera de hacer realidad la democracia
y la participación política en nuestras
regiones. Sostenemos que, sin ser la llave que va a resolver
de golpe todos los problemas de marginación y explotación
que viven nuestras comunidades, el reconocimiento de los
distintos niveles de autonomía en las regiones
indígenas constituirá un primer paso para
posibilitar el fortalecimiento de nuestra cultura e instituciones
sociales, políticas, económicas y jurídicas;
que nos permitirá deli-near nuestro futuro y que
al mismo tiempo comprometerá al Estado a respetar
nuestros derechos colectivos e individuales.
Porque es un mecanismo eficaz que permitirá llevar
a cabo la profunda reforma del Estado. Si solicitamos
mayor participación en las instancias nacionales
es también porque queremos que algunas instituciones
mejoren y estamos convencidos de que los indígenas,
desde nuestra especificidad, podemos hacer aportaciones
al resto de la sociedad nacional.
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Porque el reconocimiento de nuestra
autonomía beneficiará y fortalecerá
no sólo a los indígenas sino que consolidará
la unidad de todo el país, al abrir caminos hacia
la verdadera integración de todos los pueblos que
conformamos México y al permitirnos verter abiertamente
en el país los aportes de nuestras diferentes culturas,
en una relación de igual a igual. También,
la autonomía indígena nos permitirá
recibir en condiciones de mayor capacidad y fuerza un
mundo cada vez más globalizado e interdependiente.
¿Los pueblos indígenas queremos dividir
o balcanizar al país?
De ninguna manera. De hecho existen varias formas en que
los pueblos pueden ejercer en su vida cotidiana la libre
determinación. Pero podríamos afirmar que
existen básicamente dos formas: la primera se da
mediante cualquiera de las formas de independencia, y
la segunda mediante el ejercicio de la autonomía.
La independencia significa separación y por lo
tanto el ejercicio pleno de la soberanía. Por el
contrario, la autonomía significa demandar el ejercicio
de la libre determinación dentro de un Estado para
hacer real la unidad, el federalismo y la democracia.
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Los pueblos indígenas hemos
afirmado que demandamos el ejercicio de la libre determinación
mediante la autonomía. No hemos demandado separarnos
del resto del país, ni mucho menos de cada una las
entidades federativas existentes. Y esto es así dado
que se quiere ejercer la autonomía en un marco de
respeto a la integridad de la Federación. Es decir,
en los pueblos indígenas no hay ánimo para
declararnos independientes de México, sino queremos
ser parte esencial del país.
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¿Por qué los pueblos plantemos
el reconocimiento de nuestras normas, instituciones, procedimientos
y autoridades?
Se nos ha dicho que los pueblos indígenas no tenemos
normas, reglas, derecho. Que sólo tenemos unos usos,
unas costumbres, que no sirven, que no valen, y que sólo
han servido para mantenernos en el atraso y la marginación.
Pero no es cierto. En el mundo, todas las sociedades cuentan
con un conjunto de normas que rigen la convivencia colectiva,
que en su totalidad podemos denominar sistema jurídico
o derecho. En el caso de las sociedades indígenas,
este conjunto de normas propias ha demostrado tener una
gran vigencia y eficacia, al grado de que la gran mayoría
de los conflictos que se suscitan en las comunidades se
resuelven al interior de las mismas mediante instituciones,
procedimientos y autoridades propias.
Estas normas no sólo sirven para resolver problemas,
sino que son la base fundamental para la organización
comunitaria. A partir de estas normas indígenas se
organizan el tequio o las faenas, se establecen las obligaciones
y derechos comunitarios, se celebran las fiestas, y sobre
todo, a partir de ellas se estatuyen las formas de autogobierno
y los procedimientos de nombramiento de las autoridades.
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Todo ello nos permite afirmar la existencia
de un sistema normativo indígena, que tiene unas
características específicas y diferenciadas
con respecto al sistema jurídico del Estado, como
son su carácter oral, su enfoque integral y flexible,
la colegiabilidad en el dictamen de resoluciones, y cuya
importancia es tan grande que lo podemos considerar como
la columna vertebral que amarra la estructura de las comunidades.
El planteamiento del sistema normativo indígena y
la autonomía están estrechamente ligados.
Uno de los requerimientos más importantes para que
los pueblos indígenas podamos gozar del derecho a
la autonomía es que el ordenamiento jurídico
nacional reconozca que en México conviven diversos
sistemas jurídicos y que existe, por tanto, un pluralismo
legal.
También sería preciso delimitar los espacios
culturales en los que no debe interferir el orden jurídico
nacional y reconocer constitucionalmente la facultad jurisdiccional
de las autoridades indígenas para resolver los conflictos
que se dan en sus ámbitos espaciales y materiales.
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En este marco, los pueblos
indígenas necesitamos garantizar plenamente el
respeto a la dignidad e integridad de la mujer indígena.
Es justo y necesario que en todas las decisiones haya
una participación plena de las mujeres.
Finalmente, el reconocimiento que estamos defendiendo
no debe únicamente tener repercusión en
nuestros tribunales internos. Esto implicaría que
se ejercitara realmente el derecho a que los indígenas
contemos con traductores en todas las fases del procedimiento,
así como la creación de mecanismos que permitan
que las personas encargadas de juzgar a un indígena
tengan un conocimiento cabal de las formas jurídicas
específicas de nuestros pueblos.
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¿Por qué la participación y representación
política de los pueblos indígenas en el
contexto nacional y estatal?
En las campañas electorales se nos invita a votar
por determinado candidato postulado por un partido político.
Este sistema, que los expertos llaman democracia representativa,
ha excluido tajantemente a nuestros pueblos indígenas.
En primer lugar, los partidos políticos han dividido
y confrontado a nuestras comunidades. Además, la
distribución territorial de los distritos electorales
ignora la ubicación geográfica de nuestros
pueblos, y finalmente, el mecanismo de elección
de los representantes populares no toma en cuenta nuestras
tradiciones y mecanismos democráticos ancestrales.
Por eso, una de nuestras exigencias básicas es
la relativa a la participación y representación
en los espacios de decisión nacional y estatales.
Conforme a la propuesta de la Cocopa, se estaría
posibilitando legalmente el nombramiento de las autoridades
municipales y de los diputados locales y federales, conforme
a los mecanismos de democracia directa que ancestralmente
nos han heredado nuestros antepasados, sin la intervención
de los partidos políticos.
En cada región indígena se tendrían
que acordar las formas y mecanismos concretos para su
realización. Para hacerlo posible, se tiene que
realizar una labor de redistritación electoral
a nivel federal y estatal, tomando en cuenta la ubicación
geográfica de los pueblos indígenas.
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¿Por qué
la demanda del reconocimiento constitucional de las tierras,
territorios y recursos naturales de los pueblos indígenas?
Para el caso de las comunidades y pueblos indígenas,
la ley no utiliza el concepto de territorios, sino el de
tierras. Sin embargo, nosotros reivindicamos el uso del
concepto de territorio, pues éste implica la totalidad
del hábitat de las regiones que nuestros pueblos
ocupan o utilizan, tal como lo recoge el Convenio 169 de
la OIT.
Por otro lado, en nuestros pueblos, un individuo o una familia
obtienen el derecho a usufructuar una porción de
tierra en tanto que forma parte de una colectividad social.
Sólo a partir de formar parte de un grupo de parentesco
y de una comunidad se relaciona una persona con la tierra.
De ahí la importancia de la forma comunal de tenencia
de la tierra entre nosotros.
Es importante destacar también que, además
de ser el espacio donde desarrollamos nuestra cultura y
el lugar de donde obtenemos lo necesario para nuestra subsistencia,
para los indígenas la tierra está revestida
de un fuerte significado espiritual.
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No podemos concebir a la tierra
como una mercancía. Por eso mismo, debemos estar
atentos a los actos de destrucción de nuestros territorios
por las imposiciones de proyectos que en diversas regiones
indígenas del país están pretendiendo
efectuar el gobierno federal y los gobiernos estatales.
Para los pueblos indígenas es básico seguir
conservando íntegramente nuestros territorios y continuar
manteniendo la tenencia comunal de nuestras tierras, pues
sólo así es posible preservar nuestra cohesión
social, conservar las formas de trabajo gratuito y colectivo
en beneficio de toda la comunidad y asegurar el patrimonio
y el futuro de las próximas generaciones. Por eso
es importante el reconocimientos de los territorios de nuestros
respectivos pueblos, entendidos como el espacio donde podamos
ejercer nuestra jurisdicción propia y nuestra autonomía.
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¿Por qué el reconocimiento
constitucional de la cultura indígena, así
como la educación bilingüe e intercultural?
El valor de nuestras culturas ha sido ocultado y desconocido
por Occidente dentro del ámbito universal de las
culturas: a nuestra medicina la consideran brujería;
a nuestra religión, superstición; a nuestra
historia, mitos; a nuestro arte, folclor; a nuestros idiomas,
dialectos; a nuestros sistemas normativos, simples usos
y costumbres, etcétera.
En los albores de este nuevo milenio, es muy común
todavía el prejuicio de que hay razas o culturas
superiores e inferiores, y es tristemente frecuente que
nos perciban como ignorantes, atrasados y menesterosos.
El mismo uso popular que se hace del término indio
conlleva un matiz discriminatorio.
Por ello, es importante para nosotros manejar y reivindicar
el concepto de cultura indígena. Reclamamos nuestro
derecho a la diferencia, el reconocimiento y respeto del
derecho a seguir manteniendo globalmente nuestras culturas
y formas de vida específicas en todos los aspectos
(idioma, instituciones económicas, prácticas
sociales, políticas, jurídicas, religiosas,
etcétera).
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Nuestra cosmovisión se caracteriza por su énfasis
en la coexistencia armónica y comunitaria del ser
humano con su entorno natural. De ahí parten nuestras
normas sociales: somos profundamente comunitarios; nuestros
vínculos sociales se fundamentan en la reciprocidad
e intercambio respetuoso.
A partir de estas culturas ancestrales, nuestros pueblos
han construido su propia identidad. Estamos conscientes
de que tenemos unos rasgos culturales y una manera de entender
la vida que nos distinguen de los demás mexicanos
y de otros pueblos. Tenemos la conciencia de que somos pueblos
con culturas propias y específicas. Así queremos
que nos reconozca la Constitución mexicana.
Particularmente el sistema educativo nacional debe tomar
en cuenta esta situación. Como todos sabemos, la
llamada educación bilingüe e intercultural hasta
hoy ha sido un mito. Pero es fundamental que se haga realidad.
Y en este sentido se debe hacer una amplia revisión
de los planes y programas de estudio en las diversas regiones
indígenas del país, para adecuarlos a las
culturas y realidades específicas de los mismos.
Es importante renovar los métodos y materiales educativos,
para concretar verdaderamente una educación bilingüe
e intercultural en todas las modalidades y niveles educativos.
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¿Por qué un desarrollo y
crecimiento con identidad y respeto a la naturaleza?
Las ideas del Estado nos han llevado a la lógica
de que los indígenas mexicanos debemos integrarnos
al "desarrollo nacional". Siguiendo este razonamiento,
la condición para tener acceso a dicho desarrollo
nacional es dejar de ser lo que somos. Frente a esta idea
ha surgido la propuesta indígena de que el crecimiento
y el florecimiento de nuestros pueblos debe partir de nosotros
mismos. Todo proyecto de desarrollo planteado desde afuera
y sin tomarnos en cuenta será un atentado hacia la
integridad de nuestros pueblos.
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Los criterios que orientan esta propuesta toman como base
del desarrollo y crecimiento indígena nuestra cultura,
así como un profundo respeto a la naturaleza. Decimos
que los conceptos de desarrollo, cultura y naturaleza van
íntimamente ligados y vienen a constituir el trinomio
de la vida presente y futura de los seres vivos. La propuesta
es entonces la de buscar en nuestra cultura propia las alternativas
de desarrollo, a la vez que aprovechamos conscientemente
las tecnologías y conocimientos de afuera siempre
que nos resulten útiles. También se trata
de aprovechar racionalmente a la naturaleza, pensando en
el equilibrio ecológico y en las generaciones futuras.
¿Por qué los indígenas debemos tener
medios de comunicación?
Los diversos medios de comunicación hasta hoy han
sido ajenos a la vida de nuestras comunidades y pueblos.
En dichos medios poco se habla de nuestras realidades y
casi nunca se retoma ahí nuestras culturas. Por el
contrario, es a través de dichos medios de comunicación
que se han reproducido todas las formas de discriminación
hacia nosotros.
Esta lamentable situación debe revertirse. Y por
eso en el marco de la autonomía indígena,
los pueblos podrán adquirir, operar y administrar
sus propios medios de comunicación. Sólo de
esta forma podremos garantizar el impulso de una real y
verdadera interculturalidad en México.
¿Por qué el Estado debe proteger a los migrantes
indígenas?
La migración indígena está tomando
niveles alarmantes. Es en muchos de los casos una emigración
provocada cuya tendencia es despoblar y en consecuencia
debilitar la estructura social comunitaria. Para atender
esta situación se requieren del impulso de políticas,
planes y programas que resuelvan de fondo la extrema pobreza.
Además, para paliar la emigración creciente,
también se requiere de programas específicos
para proteger los derechos de los migrantes indígenas,
tanto en el territorio nacional como en el extranjero.
¿Por qué la remunicipalización en
las regiones y pueblos indígenas?
Muchas de nuestras comunidades indígenas forman parte
de municipios cuya cabecera municipal está ubicada
en una localidad no indígena. Esto evidentemente
ha traído enormes abusos de diverso tipo. Por ello
se ha planteado la necesidad de hacer una remunicipalización
en las regiones y pueblos indígenas, para adecuarlos
a las necesidades reales de nuestros pueblos y a sus circunstancias
geográficas, culturales, sociales, económicas
y políticas.
Esta remunicipalización debe ser vista como un proceso,
mismo que debe ser producto de un acuerdo entre nuestros
pueblos y las instancias que competan. Es decir, no debe
de ser un proceso impuesto por los gobiernos estatales y
federal. Además, para nuestros pueblos es importante
que veamos esta remunicipalización como parte de
la gran tarea de reconstitución que ya hemos emprendido
en diversas partes.
¿Por qué es necesaria la reforma legal e
institucional indígena?
Así como un árbol tiene sus raíces
y estas raíces se reflejan en el tallo, las ramas,
las hojas y las flores, también así sucede
con una reforma constitucional. La raíz en este caso
es la reforma constitucional y el tallo, las ramas, las
hojas y las flores serían la reforma legal e institucional.
Es decir, una vez realizada la reforma constitucional sobre
derechos indígenas, se tendrán que adecuar
todas las leyes del país para dar cabida en ella
los derechos indígenas reconocidos constitucionalmente.
Pero para que la ley no quede en letra muerta, también
se deben transformar todas las instituciones federales y
estatales del país que de algún modo u otro
tienen que ver con los pueblos y regiones indígenas.
Serán nuestras propias comunidades, municipios y
pueblos indígenas quienes con dichas instituciones
del Estado deberán vigilar el cumplimiento de la
Constitución y las leyes reformadas.
Y desde luego, la transformación de las leyes e instituciones
del país es una tarea que corresponde al Congreso
de la Unión.
Este texto fué publicado el día 18 de marzo
en el periódico La Jornada y lo reproducimos aquí
dada su importancia comunitaria.
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