Recorridos Míticos por el Espacio : Obra de Ofelia Márquez Huitzil

Réplica21

José Manuel Springer

Ofelia Márquez HuitzilLos cuadros de Ofelia Márquez Huitzil fueron conocidos por el público a partir de una exposición de 1978, en el Salón de Pintura que organizara el INBA. Entonces, Ofelia presentó una visión híbrida que enlaza dos tradiciones casi opuestas que confluyen en el arte popular de manera extraña.

Me refiero a los cuadros cuyo tema central fueron las sirenas; una mezcla de imágenes ingenuas de vivos colores en fondos neutros y de tonos apastelados. La artista reinterpretó estas figuras, pertenecientes a la mitología griega originalmente, a partir de una costumbre popular mexicana, que las ha representado en tallas en madera, como decoraciones cerámicas y como parte de una memoria colectiva expresada, por ejemplo, en rótulos y cartas de la lotería; estas lecturas provienen de la tradición oral de los Nahuas y de la tradición dancística de la cuenca del río Balsas.

Estas figuras emanaban un sentido de sensualidad y de fantasía. El ambiente hacía creíble estas escenas como una actualización no estereotipada de esas criaturas que volvían locos con sus cantos a los marineros de la mitología clásica. En los cuadros, los semblantes eran, lejos de lo que podría esperarse, de una dulzura que rayaba en lo infantil. Los ojos rasgados y los gestos hacían recordar a las figuras de barro de muñecas sonrientes típicas de La Venta, pero su colorido y sobretodo el tratamiento corporal, a base de ricos enjambres de colores oscuros y algunos acentos brillantes, les daban una presencia artística no convencional. La referencia hacia la seducción letal fue sustituida en los cuadros de Márquez por una asociación erótica-amorosa-femenina.

Ofelia Márquez HuitzilEs importante hacer esta referencia a obras pretéritas que no figuran en esta exposición, dado que esa interrelación entre mitologías, con la distancia temporal y geográfica que implica, se ha hecho todavía más patente en su producción de los últimos dos años. ¿Qué sucede entre la obra pintada en los 80 y la de finales de los 90? Ofelia viajó en un par de ocasiones a Francia. La primera en 1982 por espacio de tres años, en donde lejos de participar en el ambiente artístico parisino, ya para entonces dominado por una búsqueda de valores primigenios (el Neoexpresionismo alemán, la Transvanguardia italiana, por citar a dos de las tendencias predominantes de la época), Ofelia se dedica a recorrer los bosques y la campiña francesa. Estas travesías en bicicleta y a pie por paisajes y pueblos tan pequeños como desconocidos, que cuentan con fascinantes ejemplos de la tradición mitológica medieval, tienen una influencia definitiva en la obra de la autora que habría de venir después.

A partir de entonces, Ofelia enfoca su atención en la cerámica griega. Vasos, ánforas, platones, le revelan el uso de la imagen humana y mitológica. Cada artefacto reproduce en forma menos virtuosa, pero igualmente expresiva, fragmentos y personajes de las tragedias y las epopeyas griegas. Lejos de abundar en ese dibujo lineal majestuoso, cuya influencia es patente en los grabados y dibujos de Picasso, Ofelia se interesa por la inserción de figuras dentro de un espacio reducido, concreto, limitado por el soporte cerámico y la forma de los objetos. Es aquí donde hay un punto de contacto con la cerámica popular mexicana, en la que se recurre a la figura como un pretexto decorativo (pienso en las figuras de las Culturas de Occidente), y también como elemento central de una creencia (aquí habría que pensar en las figuras de diablos de Ocumicho), que se convierte en tema reiterativo y dominante. Ofelia Márquez Huitzil

La experiencia del paisaje como espacio puro, cuasi-abstracto, pletórico de atmósferas intangibles y de referencias a grandes formaciones naturales -horizontes oceánicos y celajes compactos- deja su impronta. Poco a poco el espacio domina a la figura y ésta se despoja de la concreción que tenía en las sirenas, para dar origen a formas antropomórficas apenas dibujadas sobre la tela. En estas composiciones, el color va cediendo, también; deja de ser el cálido reflejo del cielo azul o de la montaña color tierra, para volverse antinatural.

Las pinturas presentan entonaciones moradas, amarillas, rojizas, verdes pthalo. La referencia visual del color cambia de lo natural a lo cerámico. Envuelve los resquicios, elimina la distinción entre el arriba y el abajo, la profundidad y la cercanía, negando así el papel de la imagen como una construcción puramente decorativa o narrativa. Sin embargo, existe un detalle que permanece: fiel a su vocación por la mitología: Márquez ha conservado diminutas figuras casi imperceptibles para el ojo apresurado. Envueltos en la bruma de colores reducidos por el blanco, sin sombras o contornos cerrados, aparecen como líneas apuntadas con suavidad y delicadeza, la barcaza de los argonautas, la diana cazadora, Ariadna y tantos otros.Ofelia Márquez Huitzil

Estas pinturas, que son la respuesta a una necesidad de abrir vías de reflexión hacia temas recurrentes en el arte como el espacio, el tiempo y la humanidad, facilitan el deslizamiento desde la figura decorativa a la y al arte abstracto. La necesidad de trabajar en un espacio -tanto histórico como natural, como del soporte físico mismo- y la reminiscencia de las mitologías como parte integral de una memoria, conforman la voluntad de la autora por reunir experiencias individuales y culturales. La pintura de caballete es el medio por excelencia para tratar estos terrenos híbridos. Márquez deja de lado los aspectos folclorizantes -a los que tantos artistas recurren como herencia del arte prehispánico- y explora con destreza el mestizaje de las culturas en pro de la construcción de un estilo propio. Lejos de seguir el precepto clásico griego, en el sentido de que la pintura debe imitar a la naturaleza para llegar a la verdad; las imágenes de Ofelia Márquez pueden tornarse en verdaderas o falsas -hoy en día reconocemos que el arte no es el terreno de estas especulaciones-,son antes que nada creatividad que invita a creer en el principio de que todas las imágenes están ligadas unas con otras y son, paradójicamente, una: la imagen de nosotros mismos.

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Fecha de publicación: 07.01.2000