| |
|
|
|
La
popularidad de la lucha libre no es gratuita. En este espectáculo,
mezcla de mito y rito, se concentran la fantasía, el enfrentamiento
entre el bien y el mal, la estrategia y la fuerza bruta con el barroquismo
visual. El tratamiento de la lucha libre en el arte ha llegado a formar
un subgénero de las artes, que se encuentra a la par del retrato,
el desnudo o el bodegón. Así como en las luchas, en
las artes visuales tienen también sus técnicos y rudos.
Demián Flores (Juchitán, 1971) es de los técnicos
más depurados en esto de la expresión de una forma de
vida enmarcada por el cuadrilátero. |
Con un pulso dibujístico muy depurado Demián
retrata al ubicuo gladiador de corpulenta figura, que no es
otro que el representante del espíritu popular de la
lucha. Los grabados expuestos resumen la ideología del
luchador: no dejarse vencer, prevalecer sobre cualquier enemigo
y aceptar la derrota con dignidad. Las máscaras permiten
mantener el anonimato y facilitan el intercambio de identidades.
La victoria elegiaca y la derrota trágica son solo los
parámetros en los que se mueve la vida. Cada lucha es
una puesta en escena del conflicto y cada llave una forma de
superación del mismo.
La exposición llama la atención por su prestidigitación
gráfica. La obra es un compendio que demuestra como el
grafismo se ha convertido en elemento primordial de la artes
visuales de la última década. Tipografías
sin patines, carteleras antiguas, textos dibujados, pintados
y recortados, collage de periódicos, son combinados con
técnicas propiamente artísticas: la xilografía,
el grabado a la punta seca y la serigrafía. Demián
es elegante en su trazo, sobrio en su uso del blanco negro y
rojo, ágil para decir y contundente en su impresión.
La obra del juchiteco es una manera de ver con los medios que
ofrece la comunicación gráfica relacionada con
este espectáculo.
|
Sin alterar su significado o incurrir en la paráfrasis
irónica, los grabados convierten la lucha en derroche de
formas plásticas. Los valores artísticos están
asociados a la figura carnal del luchador, su ballet de movimientos,
y la teatralidad de su máscara. Escondidos, detrás
del dibujo, que en ocasiones es denso en otras parco, se encuentran
plasmados tenuemente otros signos de un pasado mítico:
conejos, serpientes prehispánicas, detalles floridos.
Esas referencias entremezcladas hacen pensar en la fusión
de pequeños ideales, aquellos que forman parte de nuestro
ser individual. ¿Quién no se ha sentido en alguna
ocasión un luchador, un héroe anónimo, abatido
por la costumbre, con victorias arregladas por fuerza de las circunstancias.
O quién no se ha subido al trono de la victoria, disfrutando
los logros de los héroes como si fueran los propios? La
lucha libre es una metáfora de la vida en común.
|
 |
Hay en la obra gráfica de Demián
un resabio de la historia juchiteca, que se traduce en la celebración
de lo vital. La acumulación de narrativas y la reiteración
de motivos plásticos, como forma de plasmar la continuidad
de la vida. El tono anecdótico popular de los temas y la
ausencia de composición que le dan su tono informal. Estos
elementos han sido hilvanados de manera tan certera con el tema
de la lucha.
Luego de ver estas estampas lo que
perdura es ese sentimiento que se encuentra en la multitud que
se que asiste a la lucha con regularidad: el olvido del sentimiento
trágico de la vida, la banalización del sufrir como
una necesidad, el carácter efímero de los descalabros
y las caídas, y la solidaridad con los que han hecho de
los golpes y las caídas una forma de vida.
|
|
|