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Estamos recostados en el pasto. Arriba de nosotros se encuentra una
palmera, alta y frondosa, con algunas de sus palmas secas cayendo
sobre el tronco. Al fondo está el cielo cubierto por una niebla
apenas distinguible. El aire mece las ramas secas. El sol pasa a través
de ellas. Con los ojos entrecerrados vemos esas navajas amarillas
cortar el cielo. Es reconfortante imaginar que estos elementos se
pueden acomodar para darles un sentido. La naturaleza es extasiante
en sí, pero el orden que impone la mano del artista descubre
un nuevo sentido a su existencia. |
Hace un año cuando los bosques
ardieron con la prolongada y aguda sequía, perdimos algo
que estaba ahí para nosotros. Luego vino la caminata entre
el bosque arrasado por las llamas y la sensación que de
ese paisaje devastado quedó algo: la huella de la existencia
de la naturaleza, transformada por el fuego. No lejos de ahí
el terreno calcáreo está surcado por el agua de
las lluvias que también cayeron abundantemente, ellas también
dejaron su impronta. Tierra erosionada, agua, fuego, viento. La
obra de Ofelia Iszaevich que integra esta exposición es
la visión sensible de estos cuatro elementos sintetizados.
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Abanico para invocaciones; material
vegetal
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Entre la pulpa de la fibra y las hojas muertas,
encima de las cortezas arrancadas, sobre la piel de la tierra,
la artista va creando un sentido estético. Es la elegía,
la sensación del campo después de la batalla de
los elementos. Es el sentido de la riqueza y la abundancia transformadas
hasta su mínima esencia. El frágil destello de un
mundo que resta cuando todo lo demás se ha ido. Esencia
pura carente de accidentes. Color y textura son la única
información que registra nuestra experiencia visual.
Hace algunos años Ofelia Iszaevich recurrió
a la pintura para comunicar el sentido estético de la energía
de la tierra. Las formas pintadas eran una extensión de
la naturaleza, siguiendo su ritmo propio, acentuando el empalme
de texturas y luces. La solidez de la piedra, la transparencia
de sus vetas marmoleadas invitaban a tocar la superficie con las
manos y los ojos.
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Sin título; material vegetal, 1996
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De un tiempo para acá ese reino mineral
que aparecía en sus pinturas cedió a lo vegetal
en los collages. Las texturas se hicieron más reticulares
y delicadas. La pintura se mimetizó y en su lugar quedó
la impronta manual del oficio de hacer papel, aglutinando fibras,
tramando la superficie. ' De la pintura Ofelia dio el paso hacia
el relieve escultórico, la topografía del terreno.
Lo que en esta exposición se aprecia es el camino andado
desde las dos dimensiones que tenían sus pinturas hacia
el volumen de la serie de relieves con fibras, del pigmento del
óleo hacia la vibración de color que surge naturalmente
de las materias.
Tuve el privilegio de estar en el estudio de Ofelia.
Ocasión que me permitió ver la génesis de
sus obras y penetrar en su urdimbre. Ahí vi el magnífico
abanico que me hizo reconciliarme con ese paisaje desolado que
rodea el valle de México. Vi y me convencí de la
autenticidad de sus argumentos plásticos y me fui enriquecido
de esa experiencia, sintiendo que Ofelia ha creado un vínculo
que nos lleva a reconocer nuestra verdadera naturaleza. ' En las
obras más recientes que vi en el estudio la artista da
el siguiente paso, esta vez hacia el reino animal. Las formas
- espirales ondulantes, concavidades y salientes - representan
la estructura de los cuerpos vivos. Formas que hablan de movimientos
deliberados y mecánicos, acción de estas formas
para cumplir su función biológica. Tejidos que se
generan de la función para crear su propia forma orgánica.
Para la artista crear esas formas con fibras y aglutinantes es
descubrir su propia interioridad. Características que definen
su producción artística, Ofelia crea exterioridades
que revelan sus adentros.
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La cautivación que surge de
contemplar las obras me remite a un mundo inefable; un lugar donde
las hojas son más que objetos naturales, son poesía
visual que capta el sonido de las cosas, como las palabras del
poeta imitan los sonidos del agua o la vibración de las
notas de la música encierran un sentimiento. Obra lírica,
canto a la tierra y sus pobladores, materia de los recuerdos que
afloran a la vista, esta obra no puede explicarse con palabras,
debe ser sentida, debe ser experimentada como sentimos la nostalgia
o la tranquilidad.
Durante los últimos treinta
años, desde que Ofelia Iszaevich comenzó a pintar,
ha sido difícil para el público captar los muchos
sentidos de la abstracción en las artes visuales.
Quizá debido al surgimiento
de los medios de comunicación y el embotamiento de imágenes
narrativas - que aunque parecen decir algo pocas veces lo hacen
o su mensaje resulta superficial - el público ha perdido
su capacidad de contemplación de lo natural. Vemos la obra
como Abstracción (como género e ismo) y cuesta trabajo
admitir que esa abstracción no es otra cosa que la realidad
natural.
Nuestra dificultad como objetos expuestos
ante el arte radica en que no nos podemos ver como una unidad
con lo que está ante nuestros ojos, que sólo vemos
estilos y escuelas que fragmentan nuestra percepción. Ante
tales dificultades es arriesgado para un artista proponer a sus
contemporáneos una visión más profunda de
la vida so pena de ser mal interpretada. Por ende la vida artística
de Ofelia pende de un hilo, ese hilo es su vínculo consigo
misma, su voluntad de permanecer fiel y sincera a sí misma,
pese a lo que digan o piensen los filisteos. Precisamente porque
Ofelia sigue empeñada en su visión del todo (en
el que la Naturaleza, el espacio y la acción tienen su
lugar), que su obra debe ser vista, a través de ella podemos
reconocer lo que todavía nos es común.
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