Rituales de tierra. Obra de Ofelia Iszaevich

Réplica21

José Manuel Springer

 

Estamos recostados en el pasto. Arriba de nosotros se encuentra una palmera, alta y frondosa, con algunas de sus palmas secas cayendo sobre el tronco. Al fondo está el cielo cubierto por una niebla apenas distinguible. El aire mece las ramas secas. El sol pasa a través de ellas. Con los ojos entrecerrados vemos esas navajas amarillas cortar el cielo. Es reconfortante imaginar que estos elementos se pueden acomodar para darles un sentido. La naturaleza es extasiante en sí, pero el orden que impone la mano del artista descubre un nuevo sentido a su existencia.

Ofelia IszaevichAbanico para invocaciones; material vegetal

Hace un año cuando los bosques ardieron con la prolongada y aguda sequía, perdimos algo que estaba ahí para nosotros. Luego vino la caminata entre el bosque arrasado por las llamas y la sensación que de ese paisaje devastado quedó algo: la huella de la existencia de la naturaleza, transformada por el fuego. No lejos de ahí el terreno calcáreo está surcado por el agua de las lluvias que también cayeron abundantemente, ellas también dejaron su impronta. Tierra erosionada, agua, fuego, viento. La obra de Ofelia Iszaevich que integra esta exposición es la visión sensible de estos cuatro elementos sintetizados.

Entre la pulpa de la fibra y las hojas muertas, encima de las cortezas arrancadas, sobre la piel de la tierra, la artista va creando un sentido estético. Es la elegía, la sensación del campo después de la batalla de los elementos. Es el sentido de la riqueza y la abundancia transformadas hasta su mínima esencia. El frágil destello de un mundo que resta cuando todo lo demás se ha ido. Esencia pura carente de accidentes. Color y textura son la única información que registra nuestra experiencia visual.

Ofelia Iszaevich Sin título; material vegetal, 1996

Hace algunos años Ofelia Iszaevich recurrió a la pintura para comunicar el sentido estético de la energía de la tierra. Las formas pintadas eran una extensión de la naturaleza, siguiendo su ritmo propio, acentuando el empalme de texturas y luces. La solidez de la piedra, la transparencia de sus vetas marmoleadas invitaban a tocar la superficie con las manos y los ojos.

De un tiempo para acá ese reino mineral que aparecía en sus pinturas cedió a lo vegetal en los collages. Las texturas se hicieron más reticulares y delicadas. La pintura se mimetizó y en su lugar quedó la impronta manual del oficio de hacer papel, aglutinando fibras, tramando la superficie. ' De la pintura Ofelia dio el paso hacia el relieve escultórico, la topografía del terreno. Lo que en esta exposición se aprecia es el camino andado desde las dos dimensiones que tenían sus pinturas hacia el volumen de la serie de relieves con fibras, del pigmento del óleo hacia la vibración de color que surge naturalmente de las materias.

Ofelia IszaevichAtrapa sueños I;
madera y material vegetal, 1999

Tuve el privilegio de estar en el estudio de Ofelia. Ocasión que me permitió ver la génesis de sus obras y penetrar en su urdimbre. Ahí vi el magnífico abanico que me hizo reconciliarme con ese paisaje desolado que rodea el valle de México. Vi y me convencí de la autenticidad de sus argumentos plásticos y me fui enriquecido de esa experiencia, sintiendo que Ofelia ha creado un vínculo que nos lleva a reconocer nuestra verdadera naturaleza. ' En las obras más recientes que vi en el estudio la artista da el siguiente paso, esta vez hacia el reino animal. Las formas - espirales ondulantes, concavidades y salientes - representan la estructura de los cuerpos vivos. Formas que hablan de movimientos deliberados y mecánicos, acción de estas formas para cumplir su función biológica. Tejidos que se generan de la función para crear su propia forma orgánica. Para la artista crear esas formas con fibras y aglutinantes es descubrir su propia interioridad. Características que definen su producción artística, Ofelia crea exterioridades que revelan sus adentros.

La cautivación que surge de contemplar las obras me remite a un mundo inefable; un lugar donde las hojas son más que objetos naturales, son poesía visual que capta el sonido de las cosas, como las palabras del poeta imitan los sonidos del agua o la vibración de las notas de la música encierran un sentimiento. Obra lírica, canto a la tierra y sus pobladores, materia de los recuerdos que afloran a la vista, esta obra no puede explicarse con palabras, debe ser sentida, debe ser experimentada como sentimos la nostalgia o la tranquilidad.

Durante los últimos treinta años, desde que Ofelia Iszaevich comenzó a pintar, ha sido difícil para el público captar los muchos sentidos de la abstracción en las artes visuales.

Quizá debido al surgimiento de los medios de comunicación y el embotamiento de imágenes narrativas - que aunque parecen decir algo pocas veces lo hacen o su mensaje resulta superficial - el público ha perdido su capacidad de contemplación de lo natural. Vemos la obra como Abstracción (como género e ismo) y cuesta trabajo admitir que esa abstracción no es otra cosa que la realidad natural.

Nuestra dificultad como objetos expuestos ante el arte radica en que no nos podemos ver como una unidad con lo que está ante nuestros ojos, que sólo vemos estilos y escuelas que fragmentan nuestra percepción. Ante tales dificultades es arriesgado para un artista proponer a sus contemporáneos una visión más profunda de la vida so pena de ser mal interpretada. Por ende la vida artística de Ofelia pende de un hilo, ese hilo es su vínculo consigo misma, su voluntad de permanecer fiel y sincera a sí misma, pese a lo que digan o piensen los filisteos. Precisamente porque Ofelia sigue empeñada en su visión del todo (en el que la Naturaleza, el espacio y la acción tienen su lugar), que su obra debe ser vista, a través de ella podemos reconocer lo que todavía nos es común.

 

Ofelia IszaevichEspiral, materia vegetal, 1999
Ofelia IszaevichNido I; material vegetal, 1999

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Fecha de publicación: 18.06.2000