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"Soy Totalmente
de Hierro"
Espectaculares en calles
de la Ciudad de México |
En la céntrica avenida Revolución de la ciudad de México
solía haber un par de anuncios espectaculares que llamaron
mi atención por algún tiempo. Se trataba de los anuncios
de la marca Vicky Form, productora de lencería. Lo que me atrajo
fue el que los textos que enmarcaban la figura de la mujer habían
sido tachados sistemáticamente con aerosol; alguien decidió
eliminar el eslogan de la campaña y había tenido todo
el tiempo y la oportunidad para hacerlo. Ese hecho marcó el
comienzo de una batalla en la ciudad que resultaría única
en su tipo: la lucha por dignificar la imagen pública de la
mujer en contra de cualquier adversario, sin importar sus intenciones
legitimadoras. |
En cualquier lugar del mundo existen
imágenes publicitarias que utilizan a la mujer como cebo
para vender. En algunos países, como Canadá, está
prohibido el uso del cuerpo femenino en publicidad cuando no obedece
a ciertos criterios establecidos por un consejo consultivo integrado
por mujeres. En México la imagen femenina sigue siendo
un tema abierto, o más bien seguía siendo, hasta
que artistas como Lorena Wolffer decidieron emprenderla contra
estos 'árbitros del gusto y la educación visual',
mercaderes que frecuentemente recurren a un medio tan manipulable
como es la publicidad para promover el consumo, pero también
una serie de valores que en el mejor de los casos resultan banales
por reiterativos y en el peor -como en el caso de Vicky Form-
son denigrantes y crean estereotipos.
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Lorena Wolffer
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Simultánea a la
presencia de aquellos anuncios de lencería tachados por orden
de un juez de la Comisión de Derechos Humanos que respondió
a la solicitud de grupos feministas, comenzaron a proliferar anuncios
de la tienda departamental El Palacio de Hierro. La campaña
fue conocida por su eslogan Soy totalmente Palacio. La estrategia
publicitaria consistió en utilizar observaciones cínicas
que supuestamente reflejan la ideología de la mujer urbana,
clase media-alta, consumidora habitual de productos de marca. por
ejemplo: A las mujeres siempre nos sobran kilos y nos falta ropa,
o Hay dos cosas que ninguna mujer puede evitar: llorar y comprar
zapatos. Junto a estos eslóganes aparecen las ya arquetípicas
imágenes de mujeres jóvenes, delgadas, de mirada seductora,
colocadas sobre fondos que recuerdan al Arte Pop, como lo son unos
cerditos alados color de rosa, héroes de las tiras cómicas
estadounidenses, en fin, imágenes a propósito de los
eslóganes. Al igual que en el caso de los anuncios de lencería,
la controversia proviene de lo que se dice en el texto sobre la
mujer más que de la imagen, cuyo tratamiento es el mismo
al que ya nos tienen acostumbrados los medios.
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En ciertos momentos de represión política
y social, los medios publicitarios han sido un agente de cambio
de las conductas sociales, especialmente en regímenes donde
el arte ha permanecido ajeno a los cambios, prefiriendo centrarse
en fórmulas y agendas políticas predeterminadas,
tratadas desde la seguridad del museo, la galería y los
cenáculos de especialistas. El caso inverso, en el cual
el arte decide salir a la vía pública y hacer frente
a seudo valores de la cultura imperante, es la excepción.
Esto se debe en gran medida a la absorción o dilución
de las propuestas de cambio más radicales en un medio amorfo
y despolitizado. En la actualidad mexicana algunos artistas han
dado pasos importantes en la crítica hacia la imposición
de seudo valores culturales.
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Lorena Wolffer es una artista
del performance cuya carrera ha tenido algunos altibajos, pero que
conceptualmente se ha conservado fiel a una línea, si bien
no exclusivamente feminista, sí preocupada por la persona,
el contacto íntimo, la pareja, los sentimientos. Ella ha
sido directora del principal centro de arte alternativo de México
(Ex Teresa Arte Actual) y ha colaborado con artistas que, como ella,
hacen del arte una herramienta de cambio social. Su más reciente
producción consiste en una serie de carteleras que se oponen
a la campaña publicitaria de El Palacio de Hierro. Desde
un punto de vista estético estas carteleras sientan los puntos
para un debate entre imagen corporativa y artística, la relación
entre diseño publicitario y arte, sus interdependencias,
puntos de contacto y las posibilidades de un discurso apropiado
dentro del espacio público. |
Es obvio que las diez carteleras
espectaculares que ha colocado la artista constituyen un arma desigual
para contrarrestar la influencia de los cientos de anuncios que
invaden el horizonte urbano e incluso rural. Sin embargo, la controversia
que despiertan en un momento político de cambio, sin duda
alimenta la esperanza de que se impongan límites al poder
corporativo en cuanto a los derechos e integridad de la persona.
Las obras de Wolffer y otros artistas como Francisco Marcial y Minerva
Cuevas (ambos artistas mexicanos jóvenes) han reaccionado
críticamente a la provocación. Sumando acciones como
estas el arte deja de centrarse en problemas meramente artísticos
para tratar aspectos sociales que demandan nuestra atención
. Quizá el campo de la educación sea aún más
fecundo para crear una respuesta articulada y constante. En ese
sentido el arte sería una llamada de atención que
demostraría una estrategia a seguir. |
En el caso de los artistas que mencioné arriba las estrategias
utilizadas resultan inusitadas, pues lejos de combatir a la publicidad
con medios propios del arte, han decidido utilizar los recursos
publicitarios como soporte de una campaña de resistencia.
Ante el uso por parte de la publicidad de los medios y avances
artísticos para promover sus fines, era de esperarse que
el arte contraatacara con apropiaciones que, variando el tono
y subvirtiendo la forma, permitiesen al público participar
en un discurso familiar pero con una óptica opuesta.
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La imagen publicitaria es un monstruo de mil cabezas. Lo que
hoy se le critica mañana será reutilizado a su
conveniencia, por ejemplo, en sus más recientes anuncios
la firma Wonder Bra destaca la inteligencia de la mujer por
encima o en conjunto de sus atributos físicos.
Considerando que la penetración que alcanza el diseño
publicitario en los más diversos ámbitos provoca
que sus valores e imágenes lleguen a públicos
heterogéneos y que el mensaje artístico tradicionalmente
se dirige a públicos especializados, el mérito
del trabajo de Lorena Wolffer es extender la difusión
del mensaje artístico entre un público más
amplio a través de estrategias que tienen mayor alcance
reivindicando la imagen femenina. Esto me lleva a pensar si
sería aconsejable pensar en una redefinición de
la imagen artística como algo consumible, transitorio,
revocable y revelador, en la cual el espectador tenga la opción
de discernir, evaluar y hacer suyo el mensaje si así
lo cree necesario.
La propuesta de imagen pública de Lorena Wolffer es
en ese sentido ilustrativa de la potencialidad que tiene el
arte como discurso público. Los carteles diseñados
por ella ponen énfasis en la mujer promedio, aquella
que habita los espacios reales de la urbe (una escuela, un autobús
o simplemente la calle). Además de oponerse a los elementos
de una campaña, también los utiliza para resignificarlos
de una manera contestataria. Frases como Ninguna campaña
publicitaria es capaz de silenciar mi voz, o El problema es
que pienses que mi cuerpo te pertenece, son significados que
tienen eco en la memoria del espectador. En este sentido la
imagen artística trasciende las limitaciones propias
de su discurso críptico e incide en la creación
de una opción diferente de lectura del mensaje publicitario,
al revelar su índole uniformadora y mitificadora de conductas
arquetípicas.
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