Huellas de Eloy Tarcisio

Réplica21

José Manuel Springer

Eloy Tarcisio-- Beso y Hombre.

La más reciente exhibición de Eloy Tarcisio en la Galería de Arte Mexicano (GAM) demostró que no solo es la obra lo que hace al artista, también la forma en que se presenta la misma tiene una influencia definitiva. Eloy combina textos, imágenes y museografía para llevarnos al espacio íntimo de sus sentimientos e ideas.

Ayer, como hace tantos años, caminé sobre la Calle de Moneda, junto a Palacio Nacional. Di la vuelta en la primera calle a la izquierda para entrar a Licenciado Primo Verdad, donde se encuentra la vecindad en la que Eloy Tarcisio tiene su estudio desde hace muchos años. Como las obras de Eloy, también he seguido el paulatino cambio de esa zona tan entrañable.

En la sala principal del departamento había recargadas una seis pinturas en proceso. Al menos eso parecía. El lugar está lleno de rastros y huellas de la vida de Eloy, algunas pinturas de los noventa están colgadas de la pared. La alfombra acusa el embate de horas, dias y meses de trabajo. Ese estudio es la continuación de la obra, pero también podría ser a la inversa.

Eloy TarcisioEl Reflejo



Eloy TarcisioMi Princesa

Desde sus principios como dibujante y pintor Eloy ha tratado de eliminar la llamada cocina del arte. Su pintura es una obra que habla del proceso de creación como algo que requiere tiempo y circunstancia. Para él la pintura no es una receta, ni obedece a un principio ilusionista. Las pinturas van creciendo organicamente con el pintor. Son un reflejo de su vida.

Veamos la serie de pinturas que ostentan palabras como Mi Rey, Doncella. Hay en ellas un sentido de familiaridad con la narrativa del cuento fantástico. Ese discurso que aparece aludido convive paralelamente con la vida que lleva pintada la tela. Cada porción de la manta ha sido dejada en manos del accidente, de una acción no conciente ni predeterminada. Al verlas reunidas en el espacio pictórico la desconección entre la palabra y lo que podría esperarse un referente narrativo, crea un espacio poético. En 1992 escribí un artículo sobre la obra de Eloy, que en aquel entonces estaba realizada con sangre sobre telas que habían servido como parte de uno de sus performances. Comparé a Eloy con un chamán, por ritualismo que implicaban sus obras, mezcla de manipulación de plantas simbólicas (el nopal, el xoconoxtle, la rosa) con la sangre, el color rojo, el dibujo.

Eloy es un artista que se mueve dentro de varios soportes, conservando la fidelidad ciertos temas: la pasión, el dolor, la pareja, la familia. Pocos temas. Inagotables.
La sesión en el estudio de Eloy continuó con una serie de telas más inquietantes. Obras que a mi me parecieron difíciles de percibir. Los fondos no son ese universo de color, especie de vía lactea de color rosa. Ya no tienen el accidente ni el azar. . Los fondos de circulos concéntricos remiten a la estructura de la rosa. Repetida obsesivamente, automáticamente. Recuerdan la estructura de un tzompantli: hileras y columnas de cráneos que decoran los costados de templos prehispánicos. Sobre esas rosas apenas dibujadas, casí manchas casi gestos, aparecen los dibujos ejecutados libremente con pintura dorada. Si en la serie anterior el dibujo era escritura, en esta fondo y forma están a la par, compiten por nuestra atención y de ahí la inquietud que producen. En contraste con la contemplación de las primeras telas.

Eloy es un pintor que demanda nuestra atención. Su repertorio de recursos es limitado. El mismo lo ha decidido asi. La pintura no es colorismo, es entonación, es unidad de propósito y ambiguedad. La siguiente serie es contundente, es una verdadera toma de principios. Son cuadros pintados en azules y ocres que llegan a ese punto justo en que todo está donde debe. Hay materia que se transforma en sentimiento por el puro hecho de extenderse en la superficie de la tela. Hay una insinuación apenas dibujada de formas que sutilmente recuerdan el orden del tzompantli pero también eso que llamamos el accidente provocado.

La serie azul se fue acumulando sobre las otras anteriores, creando una secuencia de planos que aumentaba en intesidad. La suma de formas y tratamientos, la combinación de recursos pictóricos y dibujísticos daban al conjunto densidad. Le pedí a Eloy que en el futuro pintara cuadro sobre cuadro, haciendo un ensamblaje de rectángulos sobrepuestos que en la simultaneidad de sus bordes dieran las pistas de ese viaje desde la pintura al dibujo.

Se dice que el dibujo es la razón y la pintura la locura. Nada mejor que el trabajo de Eloy Tracisio para comprender el significado de la sentencia. Lo que hay en la serie azul es irracional, intuitivo y contundente. Si observamos esas telas pintadas en rosas y blancos, cubiertas de polvo de rosas, inscritas con una palabra y a continuación vemos la serie azul, hay entre ambas una distancia que va de un informalismo pictórico al conceptualismo accionista. Lograr semejante fusión con mímios recursos empleados al máximo, lograr que el texto siga a la acción del pigmento en su paso por una tela.

Eloy Tarcisio...de la serie Equivalente

Yo estaba más que satisfecho con lo que ya había visto esa noche. Pero Eloy es además de un buen artista un artista prolífico. Al silencio en que me dejaron sumidas las pinturas azules siguieron las telas pequeñas donde el motivo de la rosa se repite como un entramado. El fondo uniforme sirve para dar pie a varios dibujos que en su concreción, casi esquemática, se vuelven emblemáticos, más aún cuando el texto que los acompaña polariza la semántica de la imagen y el texto. El recurso, una trasliteración de significados, me hizo preguntarle a Eloy sobre su añeja obsesión con las culturas prehispánicas. Su respuesta fue que desde sus inicios como artista ha tratado de recuperar el pasado cultural. No se trata de negar la fusión de los imaginarios autóctonos con lo extraño,o de un neomexicanismo a ultranza, sino de resistir la asimilación total de uno en otro.

La noche llegó a su fin con una serie de dibujos realizados sobre papel hecho a mano con pétalos de rosas. Cuerpos a medio camino entre la silueta y el contorno, rosas rosas, pirámides mayas, parejas besándose, torsos mancos, pedernales ovalados, estructuras geométricas apenas insinuadas. El alfabeto de constelaciones que forman la imaginación del artista ha sido cuidadosamente ordenado en un tramado que otra vez recuerda esa estructura tzompantli, esa acumulación de formas reiteradas que forman el vocabulario de un artista cuyo trabajo es ya indispensable para entender las estaciones del arte de las últimas tres décadas.

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Fecha de publicación: 02.07.2000