| |
Huellas de Eloy Tarcisio |
|
|
Galería
de Arte Mexicano Eloy Tarcisio |
La
más reciente exhibición de Eloy Tarcisio en la GAM
demostró que no solo es la obra lo que hace al artista,
también la forma en que se presenta la misma tiene una
influencia definitiva. Eloy combina textos, imágenes y
museografía para llevarnos al espacio íntimo de
sus sentimientos e ideas.
Ayer, como hace tantos años, caminé sobre la Calle
de Moneda, junto a Palacio Nacional. Di la vuelta en la primera
calle a la izquierda para entrar a Licenciado Primo Verdad, donde
se encuentra la vecindad en la que Eloy Tarcisio tiene su estudio
desde hace muchos años. Como las obras de Eloy, también
he seguido el paulatino cambio de esa zona tan entrañable. |

Beso y Hombre
|
En la sala principal del departamento había recargadas
una seis pinturas en proceso. Al menos eso parecía.
El lugar está lleno de rastros y huellas de la vida
de Eloy, algunas pinturas de los noventa están colgadas
de la pared. La alfombra acusa el embate de horas, dias y
meses de trabajo. Ese estudio es la continuación de
la obra, pero también podría ser a la inversa.
Desde sus principios como dibujante y pintor Eloy ha tratado
de eliminar la llamada cocina del arte. Su pintura es una
obra que habla del proceso de creación como algo que
requiere tiempo y circunstancia. Para él la pintura
no es una receta, ni obedece a un principio ilusionista. Las
pinturas van creciendo organicamente con el pintor. Son un
reflejo de su vida.
Veamos la serie de pinturas que ostentan palabras como Mi
Rey, Doncella. Hay en ellas un sentido de familiaridad con
la narrativa del cuento fantástico. Ese discurso que
aparece aludido convive paralelamente con la vida que lleva
pintada la tela. Cada porción de la manta ha sido dejada
en manos del accidente, de una acción no conciente
ni predeterminada. Al verlas reunidas en el espacio pictórico
la desconección entre la palabra y lo que podría
esperarse un referente narrativo, crea un espacio poético.
|
En 1992 escribí un artículo
sobre la obra de Eloy, que en aquel entonces estaba realizada
con sangre sobre telas que habían servido como parte
de uno de sus performances. Comparé a Eloy con un chamán,
por ritualismo que implicaban sus obras, mezcla de manipulación
de plantas simbólicas (el nopal, el xoconoxtle, la rosa)
con la sangre, el color rojo, el dibujo.
Eloy es un artista que se mueve dentro de
varios soportes, conservando la fidelidad ciertos temas: la
pasión, el dolor, la pareja, la familia. Pocos temas.
Inagotables.
La sesión en el estudio de Eloy continuó con una
serie de telas más inquietantes. Obras que a mi me parecieron
difíciles de percibir. Los fondos no son ese universo
de color, especie de vía lactea de color rosa. Ya no
tienen el accidente ni el azar. . Los fondos de circulos concéntricos
remiten a la estructura de la rosa. Repetida obsesivamente,
automáticamente. Recuerdan la estructura de un tzompantli:
hileras y columnas de cráneos que decoran los costados
de templos prehispánicos. Sobre esas rosas apenas dibujadas,
casí manchas casi gestos, aparecen los dibujos ejecutados
libremente con pintura dorada. Si en la serie anterior el dibujo
era escritura, en esta fondo y forma están a la par,
compiten por nuestra atención y de ahí la inquietud
que producen. En contraste con la contemplación de las
primeras telas.
|
Eloy es un pintor que demanda
nuestra atención. Su repertorio de recursos es limitado.
El mismo lo ha decidido asi. La pintura no es colorismo, es
entonación, es unidad de propósito y ambiguedad.
La siguiente serie es contundente, es una verdadera toma de
principios. Son cuadros pintados en azules y ocres que llegan
a ese punto justo en que todo está donde debe. Hay materia
que se transforma en sentimiento por el puro hecho de extenderse
en la superficie de la tela. Hay una insinuación apenas
dibujada de formas que sutilmente recuerdan el orden del tzompantli
pero también eso que llamamos el accidente provocado.
La serie azul se fue acumulando
sobre las otras anteriores, creando una secuencia de planos
que aumentaba en intesidad. La suma de formas y tratamientos,
la combinación de recursos pictóricos y dibujísticos
daban al conjunto densidad. Le pedí a Eloy que en el
futuro pintara cuadro sobre cuadro, haciendo un ensamblaje de
rectángulos sobrepuestos que en la simultaneidad de sus
bordes dieran las pistas de ese viaje desde la pintura al dibujo.
|

Mi Princesa
|

...de la serie Equivalente
|
Se dice que el dibujo es la
razón y la pintura la locura. Nada mejor que el trabajo
de Eloy Tracisio para comprender el significado de la sentencia.
Lo que hay en la serie azul es irracional, intuitivo y contundente.
Si observamos esas telas pintadas en rosas y blancos, cubiertas
de polvo de rosas, inscritas con una palabra y a continuación
vemos la serie azul, hay entre ambas una distancia que va de
un informalismo pictórico al conceptualismo accionista.
Lograr semejante fusión con mímios recursos empleados
al máximo, lograr que el texto siga a la acción
del pigmento en su paso por una tela.
Yo estaba más que satisfecho
con lo que ya había visto esa noche. Pero Eloy es además
de un buen artista un artista prolífico. Al silencio
en que me dejaron sumidas las pinturas azules siguieron las
telas pequeñas donde el motivo de la rosa se repite como
un entramado. El fondo uniforme sirve para dar pie a varios
dibujos que en su concreción, casi esquemática,
se vuelven emblemáticos, más aún cuando
el texto que los acompaña polariza la semántica
de la imagen y el texto. El recurso, una trasliteración
de significados, me hizo preguntarle a Eloy sobre su añeja
obsesión con las culturas prehispánicas. Su respuesta
fue que desde sus inicios como artista ha tratado de recuperar
el pasado cultural. No se trata de negar la fusión de
los imaginarios autóctonos con lo extraño,o de
un neomexicanismo a ultranza, sino de resistir la asimilación
total de uno en otro.
|
La noche llegó a su fin con una serie
de dibujos realizados sobre papel hecho a mano con pétalos
de rosas. Cuerpos a medio camino entre la silueta y el contorno,
rosas rosas, pirámides mayas, parejas besándose,
torsos mancos, pedernales ovalados, estructuras geométricas
apenas insinuadas. El alfabeto de constelaciones que forman
la imaginación del artista ha sido cuidadosamente ordenado
en un tramado que otra vez recuerda esa estructura tzompantli,
esa acumulación de formas reiteradas que forman el
vocabulario de un artista cuyo trabajo es ya indispensable
para entender las estaciones del arte de las últimas
tres décadas.
|
|